¡El Ibex ha muerto! La generación tapón, frente a Cabify e Idealista
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¡El Ibex ha muerto! La generación tapón, frente a Cabify e Idealista

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Esta sección da pistas para entender a sus protagonistas

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Montaje: Juan de Antonio, fundador de Cabify

El Ibex 35 ha muerto. En realidad, lleva demasiado tiempo zombi, prisionero de una cesta de compañías muy alejadas de las tendencias que mueven el mundo. Al contrario, es un reflejo del modelo económico de España, de su historia reciente y de la cohabitación tan castiza entre poder empresarial y político enraizada en la idiosincrasia del país. Todavía los antiguos monopolios y los sectores regulados (dependientes del BOE para hacer su cuenta de resultados) conforman el grueso del selectivo, el reflejo más fiel del proyecto que somos y por tanto del fracaso colectivo para construir nuevos referentes. Y aunque los hay, son la excepción.

No hace falta compararse con EEUU, con el Nasdaq en máximos históricos ajeno a la pandemia, para salir mal en la foto. Hace décadas que el S&P 500 recogió en su composición el peso del sector tecnológico en detrimento de los vinculados al desarrollo de la economía de gran consumo parida a mediados del siglo XX. En el caso que nos ocupa, cualquier ‘benchmark’ del Ibex 35 sale peor parado este año (-30%) con sus iguales de Reino Unido (-22%), Francia (-18%), Alemania (-7%) o Italia (-17%), pero también a cinco o 10 años. Algo extrapolable también a otros indicadores económicos como PIB, desempleo, temporalidad...

Foto: EC.

En un reciente ensayo titulado 'Generación tapón. La herencia envenenada de los hijos de la Transición', el medioambientalista Josep Sala i Cullell, representante de la supuesta generación taponada (1978), hace responsable a la clase dirigente nacida entre 1943-63, “los amos del cotarro durante tres décadas”, del deterioro actual de nuestro sistema, siendo ellos “los únicos que disfrutarán plenamente del estado de bienestar, aunque lo consigan arruinando a los descendientes”. Y aunque la tesis responde a un conflicto clásico, cabe hacer algunos paralelismos con el mundo empresarial y, por extensión, con la aristocracia del Ibex.

Nuestro índice sigue colonizado por sectores poco representativos de las tendencias de cambio. Casi un tercio está copado por las 'utilities' (28%), sector regulado y con compañías semipúblicas (REE y Enagas), donde la excepción es Iberdrola, que pondera casi un 20% y ha duplicado su tamaño en una década gracias a su apuesta renovable y su dimensión internacional. El resto del podio lo componen la banca tradicional (16%), con todo el sector menguando, y las telecos (12%), con la vieja Telefónica subordinada a Cellnex. La otra gran anomalía es Inditex, único actor ‘retail’ ante la ausencia de Mercadona y El Corte Inglés, que pesa un 13%.

Hace tiempo que la generación de los Encinar tendría que haber tirado la puerta y ocupado el espacio que le corresponde por edad y méritos

Ninguna de las firmas del Ibex está en la carrera de los nuevos sectores, siendo nuestros referentes en tecnología Amadeus, y en sanitario, la farmacéutica Grifols. Y mientras China ha conseguido levantar más de 100 gigantes mundiales capaces de retar a las multinacionales de EEUU, nuestra generación tapón estiraba sus últimos años de poder (Consejo Empresarial de la Competitividad) y el país se vanagloriaba por llenar el mundo de ingenieros para hacer carreteras y puentes, un negocio tan importante como de poco margen. Eso sí, exportamos talento científico para hacer carrera más allá de los Pirineos.

Muy poco de lo que ocurre ahora tiene su explicación en el presente. Hace tiempo que la generación de los Encinar tendría que haber tirado la puerta del Ibex y ocupado el espacio que le toca por edad y méritos. Sin embargo, proyectos de éxito de la nueva economía como Idealista o Cabify son una excepción, ya que el dinamismo del país se ha medido históricamente por la capacidad de autoempleo con un negocio de hostelería. Éramos un gran sitio para beber, comer, viajar y jubilarse, sin embargo, esta crisis tan singular, con el turismo amenazado como nunca imaginamos, nos ha dejado sin la base de nuestra economía de servicios.

Una parte de los motivos que han permitido ese desarrollo en otras latitudes comienza a traccionar en nuestro país con más de una generación de retraso. Los que pudieron ser referentes quedarán para el imaginario nacional como pioneros y serán las posteriores quienes abanderen ese relevo. El ecosistema del cambio cada vez cuenta con más actores y recursos. Solo este 2020, la industria del 'venture capital' español ha levantado 1.000 millones de euros para invertir en los próximos años. Hasta que estas nuevas añadas crezcan, hay que tragar con que la renovación del Ibex pasa por la coronación de un chicharro como PharmaMar.

El Ibex 35 ha muerto. En realidad, lleva demasiado tiempo zombi, prisionero de una cesta de compañías muy alejadas de las tendencias que mueven el mundo. Al contrario, es un reflejo del modelo económico de España, de su historia reciente y de la cohabitación tan castiza entre poder empresarial y político enraizada en la idiosincrasia del país. Todavía los antiguos monopolios y los sectores regulados (dependientes del BOE para hacer su cuenta de resultados) conforman el grueso del selectivo, el reflejo más fiel del proyecto que somos y por tanto del fracaso colectivo para construir nuevos referentes. Y aunque los hay, son la excepción.

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