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El futuro de la biomasa, un recurso renovable, rural y distribuido
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Transición energética

El futuro de la biomasa, un recurso renovable, rural y distribuido

La producción de energía a partir de este combustible no libera CO₂, previamente fijado. Sin embargo, preocupan algunos efectos negativos, como la liberación de determinadas micropartículas

Foto: Central eléctrica de biomasa en Kemi (Finlandia). (EFE)
Central eléctrica de biomasa en Kemi (Finlandia). (EFE)

En numerosas ocasiones, cuando se habla de energías renovables, no se tienen en cuenta otras fuentes más allá de las que nos proveen el agua, el sol y el viento. Si analizamos nuestra historia energética, nos damos cuenta de la importancia que ha tenido la biomasa, una fuente de energía renovable, para la evolución de nuestra sociedad. Ciertamente, hay que exigir criterios de sostenibilidad estrictos para esta actividad, tanto en su origen como en el consumo, pero no por ello se la debe excluir de la transición energética.

El aire de Villanueva del Arzobispo tuvo niveles récord de contaminantes, 48 veces más del límite legal permitido de partículas PM10

La biomasa, en un contexto puramente energético, es materia orgánica empleada como fuente de energía para diferentes usos como la generación de electricidad o de calor. El abanico de esta materia orgánica es amplio y heterogéneo, y generalmente se agrupa en biomasa con origen agrícola o forestal. La poda tras las cosechas, el desbroce arbóreo y las cáscaras o huesos de frutos, son focos para la producción de una energía que es respetuosa con el medio ambiente y tiene numerosos beneficios.

El gran valor rural

Como se recoge en la definición de la biomasa en la Directiva (UE) 2018/2001 del Parlamento Europeo y del Consejo, relativa al fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables, tiene un alto valor local y distribuido, ya que se puede generar y consumir a partir de recursos renovables propios —con la consiguiente fijación de empleo— y su almacenaje no es nada complicado. Teniendo en cuenta estos atributos, es una tecnología muy gestionable y que no se tiene que importar, sea de otras provincias, países o continentes. Este es uno de los principales requisitos y exigencias para ser considerada sostenible; no es nada sostenible importarla del otro lado del Atlántico.

placeholder Planta de biomasa de Gestamp. (Fuente: gbsenergy.es)
Planta de biomasa de Gestamp. (Fuente: gbsenergy.es)

Su aprovechamiento para generación eléctrica se encuentra regulado por el Real Decreto 661/2007, que regula la actividad de producción de energía eléctrica en régimen especial. El combustible para las centrales de biomasa procede de cultivos energéticos agrícolas y forestales, pero también de los residuos de estas actividades y de la silvicultura en los bosques y masas forestales. En total, según el 'Estudio del impacto macroeconómico de las energías renovables en España 2020', de APPA Renovables, disponemos de 714 MW de potencia instalada de biomasa que, unida al biogás y a los residuos, produjeron 5.066 MWh de electricidad.

Foto: Las calderas de biomasa son más limpias y sostenibles. (EFE)

Si bien el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) fija un objetivo para 2030 de 1.408 MW, su escaso crecimiento en 2020, si se compara con los 643 MW de 2019, ha provocado que el Gobierno otorgue un cupo para la biomasa en las nuevas subastas de energía renovable para este 2022. Así, de un total de 500 MW nuevos de energías renovables, 140 MW se destinarán a nueva potencia de biomasa.

Calderas, una tradición arraigada

Además de la producción de electricidad, los otros usos clave de la biomasa son para la calefacción de viviendas en zonas rurales y el térmico industrial en fábricas madereras, papeleras y agroalimentarias. Entre ambos se reparten prácticamente al 50% un consumo de 4 Mtep. Y es que la calefacción de estufas o calderas de biomasa no para de crecer. Según la Asociación Española Valorización Energética de Biomasa (Avebiom), en España más de 403.618 viviendas particulares se calientan con esta tecnología.

placeholder Las calderas de biomasa aumentan la cantidad de micropartículas en el aire. (EFE/Stringer)
Las calderas de biomasa aumentan la cantidad de micropartículas en el aire. (EFE/Stringer)

Solo durante la pandemia se vendieron 49.589 nuevas estufas y calderas de hasta 50 kW de potencia que emplean pellets, astillas, cáscaras de frutos o huesos de aceituna. Siguen lejos de los 6,5 millones de calderas (el 73,75% del total) de gas y gasóleo que son ineficientes y contaminantes.

El riesgo de concentrar las emisiones

A pesar de ser una fuente de energía renovable, tiene emisiones asociadas de gases de efecto invernadero y micropartículas. Es un riesgo que, de forma descentralizada y reducida, no llega a mayores por su alta dispersión, pero que si se concentra en un núcleo urbano puede suponer un riesgo para la salud.

Un ejemplo representativo es el de la calidad del aire de Villanueva del Arzobispo, en la provincia de Jaén, una localidad de 8.500 habitantes que en 2019 fue objeto de un expediente sancionador por parte de la Unión Europea, junto con grandes ciudades como Madrid o Barcelona. Las causas fueron varias, pero las calderas de biomasa tuvieron mucho que ver.

Foto: Las emisiones de la calefacción agravan la contaminación urbana. (EFE)

A principios de este siglo, la mala calidad del aire causada por una orujera situada en el casco urbano provocó su relocalización en un terreno de la periferia. Unos años más tarde, en 2011, la Agencia Andaluza de la Energía promocionó y subvencionó una campaña para emplear la biomasa en las calderas domésticas. El problema es que las sanciones fueron dirigidas a los vecinos y no a la administración pública, que fue la promotora.

El resultado, más allá del expediente, fue que el aire de Villanueva del Arzobispo, sobre todo en días en los que el viento desplazaba los gases de la orujera al centro urbano, tuvo niveles récords en partículas contaminantes, más del doble del nivel máximo de benzopireno y 48 veces más del límite legal permitido de partículas PM10, ambos causantes de enfermedades cardiorrespiratorias. Está claro que la biomasa tiene un papel muy importante en zonas rurales que disponen de gran cantidad de este recurso, pero controlar el origen, la promoción, la quema e informar con precisión es clave para su expansión en la transición energética.

En numerosas ocasiones, cuando se habla de energías renovables, no se tienen en cuenta otras fuentes más allá de las que nos proveen el agua, el sol y el viento. Si analizamos nuestra historia energética, nos damos cuenta de la importancia que ha tenido la biomasa, una fuente de energía renovable, para la evolución de nuestra sociedad. Ciertamente, hay que exigir criterios de sostenibilidad estrictos para esta actividad, tanto en su origen como en el consumo, pero no por ello se la debe excluir de la transición energética.

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