El abuso de la calefacción también envenena el aire
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Más allá del tráfico urbano

El abuso de la calefacción también envenena el aire

El uso eficiente de la calefacción, mediante fuentes de energía limpia, contribuiría de manera decisiva a reducir los niveles de contaminación urbana y las muertes asociadas a esta causa

placeholder Foto: Las emisiones de la calefacción agravan la contaminación urbana. (EFE)
Las emisiones de la calefacción agravan la contaminación urbana. (EFE)

Hemos insistido tanto en señalar al coche privado como responsable de la contaminación del aire que nos hemos olvidado del resto. Pero eso no es justo. Por eso, si el lector cree que esto no va con él porque no conduce, permítame que le haga una pregunta: ¿tiene calefacción en casa? ¿Sí? Pues entonces creo que debería seguir leyendo porque, entonces, esto también va por usted.

Todos hemos entendido que para reducir los niveles de contaminación que sufrimos en nuestras ciudades es necesario reducir el tránsito de vehículos de combustión. Está demostrado que los tubos de escape emiten más de la mitad de los principales contaminantes urbanos: como el dióxido de nitrógeno (NO2), el monóxido de carbono (CO) o las dañinas micropartículas y nanopartículas (PM).

La mayor parte de las emisiones vinculadas al uso de la calefacción están asociadas al derroche energético: perdemos dinero y salud

Sin embargo, más allá de la exigencia de prohibir la circulación de los vehículos más contaminantes y avanzar hacia una movilidad más limpia y segura, es igual de urgente y necesario promover un uso más responsable de la calefacción, porque la acción climática y contra la contaminación del aire no puede ni debe acometerse a plazos, sino de manera integral.

Según los cálculos de la Oficina Española del Cambio Climático las emisiones contaminantes generadas por el uso de la calefacción y el agua caliente sanitaria pueden llegar a representar un 20% del total de emisiones del hogar. En una vivienda de cien metros cuadrados habitada por cuatro personas, eso se traduciría en unas dos toneladas anuales de CO2 y otros gases y partículas.

placeholder Chimeneas humeantes. (EFE)
Chimeneas humeantes. (EFE)

Por eso, y si tenemos en cuenta que un coche emite de media una tonelada cada 5.000 kilómetros, concluiremos que cuidado, porque las calderas y los calentadores también deben ser señalados a la hora de hablar de contaminación urbana. Un problema de salud pública además de medioambiental.

Principal amenaza para la salud

Según la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) el 87% de la población urbana de la Unión Europea (UE) está expuesta a niveles de contaminación del aire que superan los límites establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El último informe sobre la calidad del aire en Europa elaborado y publicado por dicha agencia (2019) en base a los datos de las estaciones de control repartidas por las principales ciudades de la UE señala a la contaminación atmosférica como la causa directa de más de 430.000 muertes prematuras en Europa. Estamos, pues, ante un problema no ya de medio ambiente, sino de salud pública.

Las conclusiones de dicho informe no podían ser más categóricas. Para la AEMA, "la contaminación atmosférica es el mayor riesgo medioambiental individual para la salud de los ciudadanos europeos. Reduce la esperanza de vida y contribuye a la aparición de enfermedades graves como afecciones cardiacas, problemas respiratorios y cáncer". Lo podríamos escribir en mayúsculas, pero no más claro.

placeholder Altos niveles de contaminación este invierno en Madrid. (EFE)
Altos niveles de contaminación este invierno en Madrid. (EFE)

En el caso de España, nuestras dos principales capitales, Madrid y Barcelona, llevan casi una década incumpliendo la legislación de la UE sobre calidad del aire (Directiva 2008/50/CE). No en vano las estimaciones para España publicadas por la AEMA denuncian más de 40.000 muertes prematuras producidas por la contaminación urbana. Y una de las principales fuentes de contaminación del aire de Madrid, de Barcelona y del resto de nuestras grandes ciudades es el mal uso de la calefacción.

Lo peor en este caso es que la mayor parte de las emisiones asociadas al uso de la calefacción se debe al derroche energético, es decir, a su mal uso. Por eso, una vez más, conviene señalar que nadie está pidiendo que renunciemos a ella sino que seamos mas eficientes a la hora de usarla. Porque abusar de la caldera también contribuye a tiznar el aire que respiramos de contaminantes; unos contaminantes que, como dicen no ya los grupos ecologistas sino los médicos, nos están matando.

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