Ojo con subir el termostato porque puede salir muy caro
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Ojo con subir el termostato porque puede salir muy caro

Elegir la temperatura adecuada de la calefacción reduce el gasto energético de la vivienda y las emisiones domésticas de CO2

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Foto: EFE

Hay quienes llevan mal lo de recibir consejos sobre el uso responsable de la calefacción. Lo consideran un territorio privado y no admiten cambiar de hábito. A mí me gusta ir por casa en calza corta y camiseta –dicen– y además para eso tengo la casa llena de radiadores. Ante este tipo de casos siempre he sostenido que si el termostato marcase el consumo de energía en euros en vez de en grados seríamos mucho más cautos a la hora de subirlo.

Hace unos años, un informe en el que se analizaban los hábitos de consumo de energía de más de cuatro mil hogares españoles cifró el malgasto doméstico de energía en más de setecientos millones de euros anuales y diez millones de toneladas de CO₂. Y para 'aterrizar' los datos, ponía un ejemplo que no dejo de citar siempre que tengo ocasión: con toda la energía que los españoles malgastamos en casa se podrían iluminar todos los campos de fútbol de primera división durante 400 temporadas seguidas.

Llevado al uso doméstico de la calefacción, si sumáramos todo ese dispendio podríamos poner la lavadora quinientas veces a plena carga o mantener un frigorífico en funcionamiento durante más de año y medio.

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Foto: EFE

Por eso cuando llega el frío conviene insistir en las posibilidades de ahorrar dinero y reducir emisiones mediante un uso más razonado, sostenible y eficiente de la calefacción. Que no quiere decir pasar frío, que no es ir en casa con anorak y descansos, sino tan solo anteponer el sentido común a los malos hábitos adquiridos en la aclimatación de la vivienda y en la forma de manejarnos con el termostato, a menudo debido a su mala ubicación y a su ineficaz uso.

Hace unos años, entrevistamos para una serie de televisión a una persona que nos mostraba el equipamiento de su hogar para hacer frente al invierno. "La caldera la tenemos en la galería", nos decía la protagonista mientras nos conducía hasta ella. Al grabar las imágenes de la caldera, la cámara pudo mostrar que el termostato estaba en la propia galería, lo que podía llegar a dar una lectura de cuatro a cinco grados inferior a la de la sala de estar o el comedor, disparando así el consumo y provocando un malgasto innecesario.

Foto: Recibo de la calefacción para saber cuánto consume cada habitación / Foto: Corbis

En el uso del termostato está una de las claves para lograr un uso eficiente y sostenible de la calefacción. Más allá de las cuestiones relacionadas con el aislamiento (de las que ya les hablamos aquí la semana pasada), acertar con su correcta ubicación es esencial para que la lectura se ajuste correctamente a las necesidades de aclimatación de los espacios más habitados de la vivienda.

Hoy en día existen los termostatos digitales programables que ofrecen la posibilidad de seleccionar una temperatura diferente para cada lugar de la casa y programar el horario en el que deben alcanzar esa temperatura deseada. Puede parecer algo sofisticado, pero gracias a su uso podemos ahorrar hasta un 20% de la factura eléctrica y –lo que nos trae a hablar aquí de ello– una proporción equivalente de las emisiones de CO₂ que están provocando la crisis climática.

Para acabar, permítanme que continúe insistiendo en que los expertos en habitabilidad del hogar sitúan el nivel de confort ideal entre los 19 y 21 grados centígrados y que, como recordábamos, cada grado que subimos incrementamos un 8% el consumo. Lo dicho, miren el termostato en euros en lugar de en grados y tal vez contengan el hábito de subirlo; y de ese modo lograremos reducir el malgasto y contribuir entre todos a mitigar la crisis climática.

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