Las ciudades mienten: declaran menos emisiones de las reales
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En Estados Unidos

Las ciudades mienten: declaran menos emisiones de las reales

Un estudio revela que las ciudades norteamericanas declaran, de media, un 20% menos de sus emisiones contaminantes. En algunos casos la cifra real alcanza el 90% 'extra'

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Foto: Unspash/@instagramfotografin

Las ciudades son uno de los principales ejemplos del desarrollo del ser humano, una muestra de lo que podemos hacer, de nuestras ambiciones, de nuestra prosperidad y de nuestro ingenio. Además, (aunque algunas son más bonitas que otras) cada una de ellas es única, pero todas ellas tienen una cosa en común: la densidad inmensa de la población. Esto, a su vez tiene factores positivos, como la facilidad de proporcionar a una gran cantidad de habitantes de forma eficiente, alimento, agua, electricidad y otros servicios, mucho más que si todos viviéramos 'desperdigados' por el territorio de los países. La parte mala (o una de ellas) es que también son uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero.

Miles de coches, con sus motores convirtiendo hidrocarburos y aire en agua y CO₂, calderas para mantener calientes millones de hogares (y dándoles agua caliente) haciendo lo mismo, aires acondicionados consumiendo ingentes cantidades de electricidad para enfriarlos. Las ciudades son un sumidero energético, y un volcán de emisiones. Si todos viviésemos repartidos en un espacio mucho mayor, las emisiones serían probablemente peores, pero eso no quita que en un espacio muy concentrado se emitan ingentes cantidades de contaminantes y gases de efecto invernadero.

"Se descubrió que las emisiones que declaraban las ciudades eran un 20% menores a las que el sistema 'Vulcan' determinó"

Es por esto que las ciudades más 'modernas' del planeta están acelerando todo lo que pueden la transición ecológica, intentando reducir todo lo posible su huella sobre el medioambiente. Debemos tener en cuenta que, en total, las áreas urbanas producen hasta un 70% del total de las emisiones de este tipo de gases, y su énfasis en reducirlas en mayúsculo. El problema es que todo no es tan bonito y bueno como pueda parecer a simple vista.

Así lo explica en un estudio el Profesor Kevin Gurney de la Northern Arizona University. En él, el investigador y su equipo han comparado los datos de emisiones proporcionados por 48 de las principales ciudades de Estados Unidos con los datos oficiales de otras fuentes oficiales como el nuevo 'Vulcan Information System', diseñado para hacer estimaciones de emisiones con unos parámetros mucho más exactos que los que utilizan las propias ciudades.

Como explica el investigador: "Los resultados de esta comparación han sido más que sorprendentes. Las diferencias son muy amplias y varían enormemente de una a otra ciudad. Una vez hecha la media, se descubrió que las emisiones que declaraban las ciudades eran un 20% menores a las que el sistema 'Vulcan' determinó". Por supuesto, las medias son una herramienta estadística tramposa: mientras que la ciudad de Cleveland, en Ohio, declaró unas emisiones un 90,1% menores a las reales, Palo Alto, en el estado de California, declaró un 41,7% más de gases de efecto invernadero de los que realmente emitía.

Foto: Contaminación sobre Madrid. (EFE)

Cierto es que medir las emisiones de gases de efecto invernadero no es algo sencillo. Requiere una infraestructura compleja y muy cara, que muchas ciudades tanto a ese como a este lado del charco tienen dificultades para cumplir. El problema es que es un tema crítico, dado que no son solo los efectos que estos gases tienen sobre el clima, sino que muchos de ellos suponen también un empobrecimiento de la calidad del aire que respiran millones de personas. Recientemente, algunas de las principales asociaciones del corazón del mundo emitieron un comunicado conjunto en el que detallaban los riesgos de los contaminantes ambientales para la salud cardiovascular. Como es lógico, esto tiene una especial relevancia en el caso de las ciudades, dada la mayor concentración de esas sustancias, así como la mayor cantidad de habitantes sometidos a ellas.

Realizar avances en la reducción de los gases de efecto invernadero por parte de las ciudades es ahora, después de esta revelación, más complicado todavía. Esto se debe a que marcarse objetivos basados en suposiciones erróneas (dado que, como muestra el estudio, las emisiones son, de media, un 20% superiores a las reales), complica mucho cumplir objetivos que realmente sirvan de algo.

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