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San Isidro en campaña electoral y ese Madrid hecho de retales
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San Isidro en campaña electoral y ese Madrid hecho de retales

Por la pradera andaban desperdigadas unas cuantas personas demasiado simpáticas, empeñadas en hacerse fotos con desconocidos y en hacer preguntas como si les importara la respuesta

Foto: Varias personas ataviadas con los trajes típicos de chulapos. (EFE/Daniel González)
Varias personas ataviadas con los trajes típicos de chulapos. (EFE/Daniel González)

Por más que se empeñen los fallidos arquitectos del nacionalismo madrileño, la gracia de la ciudad reside en que somos producto de los retales. De cosas que trajeron otros y a las que sumamos un puñadito escaso de rasgos identitarios. La parpusa, el organillo y el barquillo, el clavel, cierta chulería, gallinejas y entresijos. El chotis Cocidito madrileño que este año coreaba un puñado de jubilados, chulapos perdidos, en la pradera de San Isidro. A mí el chotis, por cierto, me lo enseñó a bailar una gallega que me daba clases de gimnasia en el colegio. Pues eso, retales.

Este lunes 15 de mayo, día de San Isidro, por la pradera andaban desperdigadas unas cuantas personas demasiado simpáticas, empeñadas en hacerse fotos con desconocidos y en hacer preguntas como si les importara la respuesta. "Ay, qué guapas estáis todas". "¿Y el niño, qué tiempo tiene?". "¿Lo estáis pasado bien?". Solo que, entre selfi y selfi, en vez de pedirte la cuenta de Instagram, buscan votos.

placeholder El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, visita la Pradera de San Isidro. (EFE/Daniel González)
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, visita la Pradera de San Isidro. (EFE/Daniel González)

El personal hace como si no se enterara de semejante argucia, así que posa, de paso bichea para sacar defectos al candidato y se va a casa, con un poco de suerte, con un regalo poco vistoso que consiste en media cartulina con logo para abanicarse. "¡Para que luego digáis que no hemos visto a ningún famoso!", gritaba una quinceañera a dos amigas, tras ver pasar a José Luis Martínez-Almeida. Qué altas son Rita Maestre y Begoña Villacís.

Son bonitos días como los de hoy, en los que se mezclan claveles de tela con chándal y tatuaje. Suena reguetón y la Terremoto de Alcorcón hace pruebas de sonido en el escenario. Rosalía canta LLYLM y huele a grasa de panceta y de otros cuantos alimentos hipercalóricos que saben a gloria. En la caseta de Más Madrid hay pinchos morunos, salchipapas y carta vegana. Enfrente, café de puchero y un cartel de "No a la tala", por el arboricidio de Madrid Río.

placeholder El secretario general del PSOE-M y candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Juan Lobato. (EFE/Daniel González)
El secretario general del PSOE-M y candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Juan Lobato. (EFE/Daniel González)

Te puedes tomar un montado de vegalomo y luego unas rosquillas de Fuenlabrada de las que desconocía semejante fama y volver a casa con una docena para el desayuno. Te puedes reír al leer "Soy un triatleta de los de chorizo y panceta" y, debajo, el cartel electoral de Juan Lobato. Puedes llorar al ver el precio de un mojito, aunque siempre puedes echarle la culpa al sanchismo de semejante robo.

Por la pradera, convertida estos días en espacio de feriantes, pululaban este lunes familias con bebés, todos vestidos de madrileños, con atuendos adquiridos en cualquier comercio asiático. Trajes sin forros, pañuelos en la cabeza de poliéster, botas militares en los pies, a veces New Balance. Todo vale, porque todos caben.

placeholder La candidata de Vox a la presidencia de Madrid, Rocío Monasterio (2-i), y su homólogo al ayuntamiento, Javier Ortega Smith (2-d). (EFE/Daniel González)
La candidata de Vox a la presidencia de Madrid, Rocío Monasterio (2-i), y su homólogo al ayuntamiento, Javier Ortega Smith (2-d). (EFE/Daniel González)

Hay chulapas haciendo twerking y, a escasos metros, Rocío Monasterio descansa las piernas en un trocito de césped a la sombra donde también reposan otros secundarios en este otro día de campaña electoral. Andrea Fernández y Felipe Sicilia, diputados del PSOE. Enma López, jefa de campaña de Reyes Maroto, chulapa y de Vigo. Señoras con camisetas blancas y el eslogan de campaña de Begoña Villacís.

Cayetanos y chonis, progres aseados y otros de vuelta, Malasaña y Carabanchel, tres veinteañeros vestidos de neonazis que pasean sin que nadie les haga caso, salvo dos veinteañeras que esperemos que no tarden mucho en escapar de semejante percal. Bolsos de Loewe y bolsas de tela.

Turistas que comparan, rosquilla en boca, la receta de Madrid con la de Canarias. Puestos en los que se venden "pulseras de madrileño" por un euro. Sobaos y quesadas de Cantabria que harían las delicias de Don Hilarión. Una paella gigante. Dos mascotas también gigantes de un oso y un gorila por el paseo del 15 de Mayo.

Viva San Isidro. Viva Fuenlabrada.

Por más que se empeñen los fallidos arquitectos del nacionalismo madrileño, la gracia de la ciudad reside en que somos producto de los retales. De cosas que trajeron otros y a las que sumamos un puñadito escaso de rasgos identitarios. La parpusa, el organillo y el barquillo, el clavel, cierta chulería, gallinejas y entresijos. El chotis Cocidito madrileño que este año coreaba un puñado de jubilados, chulapos perdidos, en la pradera de San Isidro. A mí el chotis, por cierto, me lo enseñó a bailar una gallega que me daba clases de gimnasia en el colegio. Pues eso, retales.

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