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Vivir en Madrid será demasiado caro para tu sueldo: ¿vamos hacia el modelo de Londres?
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EL ALQUILER SE DISPARA EN UN AÑO

Vivir en Madrid será demasiado caro para tu sueldo: ¿vamos hacia el modelo de Londres?

El suelo de la capital se reprecia a un nivel muy superior al de los salarios, un fenómeno que acabó convirtiendo Londres en el parque de atracciones de los ricos y los turistas

Foto: Un artista ambulante retrata a una turista en la plaza de Neptuno de Madrid. (EFE/Mariscal)
Un artista ambulante retrata a una turista en la plaza de Neptuno de Madrid. (EFE/Mariscal)

Álvaro H. llegó a Madrid en 2006 desde un pueblo de Ávila para estudiar Economía en la Complutense. Se instaló en un ático de la calle Espoz y Mina, en el centro de la capital, que consiguió por 650 euros al mes. "Era muy pequeño y tenía mil problemas, como que no tenía calefacción, no cabía una lavadora y estaba fatal aislado, pero las vistas a la Puerta del Sol, que eran increíbles, y el precio me hicieron quedarme allí toda la carrera", recuerda el ahora economista a este periódico.

Vivía en un edificio decimonónico, clásico del centro, con solo dos puertas por planta, sin ascensor. "Ahí los vecinos nos conocíamos bien, porque coincidíamos a menudo en las escaleras. Y noté cómo, en mi último año de carrera, en torno a 2011, los vecinos que se iban yendo eran sustituidos por pisos para turistas". Pasaron de ser ocho vecinos a cuatro en dos años. Para comienzos de 2014, solo vivían allí Álvaro y una actriz que apenas pasaba por casa. "Cuando me llamó el casero, estaba preparado", recuerda el economista. "Ya me había hecho alguna pequeña subida, pero de repente me pidió 1.600 euros al mes, casi el doble de lo que estaba pagando. Me comentó que entendía que eso no lo podía pagar, pero que había tenido una reunión de la comunidad y se había dado cuenta de que estaba perdiendo mucho dinero teniéndome allí. Me dijo que los otros propietarios estaban haciendo 2.000 euros al mes con los pisos turísticos, pero que estaba dispuesto a perder 400 porque yo había sido muy buen inquilino".

Álvaro se marchó a un piso en la calle Ibiza, a un paso del Retiro, pero a 25 minutos en metro del núcleo de sus amigos. "Ese era una oficina de 150 m2 reconvertida a casa". Carísimo de calentar, suelos de gres, hubo que pintarlo entero. Pagó 1.200 hasta unos meses antes del confinamiento, cuando su teléfono volvió a sonar. "Otra vez lo vi venir. Esta zona se ha ido animando cada fin de semana desde que llegué, hay mucho treintañero de copas a cualquier hora, parecía irles de maravilla a los 200 bares y restaurantes de la zona", dice. Su casera le pidió 2.000 euros y la necesidad de cerrar el acceso a un rellano que compartía con los vecinos, dado que iba a dedicar el espacio a la instalación de unas grandes consignas donde los turistas pudieran dejar sus maletas.

"Me volví a marchar. No podía pagar ese alquiler [cobra 2.700 euros netos] y tenía ya dos hijos. Quería seguir viviendo céntrico, porque yo no soy de aquí y es lo único que conozco, pero me di cuenta de que no me lo podía permitir. Por mucho que me alejase del centro, solo veía barrios de los que me iban a echar en cinco años", afirma el abulense. Hoy vive en San Sebastián de los Reyes, a 18 kilómetros de Madrid, en un piso que le cuesta la mitad de la nómina. "Creo que me he alejado lo suficiente para que esto no se ponga de moda, pero cuando veo que hay mucha vida en las terrazas, me recorre un escalofrío por la espalda", bromea.

El pasado año, los caseros de Madrid elevaron sus precios en promedio un 12,5%

La historia de Álvaro es la de cualquier madrileño que viva de alquiler. En el interior de la M-30, la conocida como almendra central, un piso que en 2010 costaba 650 euros, hoy cotiza casi al doble. Es más: de las 5.455 ofertas de alquiler que hay en Idealista, solo 16 están por debajo de los 650 euros, y ninguna supera los 35 m2. La muerte de la vivienda barata es un proceso global, pero en Madrid se vive aceleradamente. El pasado año, los caseros de Madrid elevaron sus precios en promedio un 12,5%, con picos del 25,1% en Usera, un barrio que cumple con la máxima gentrificadora de bien situado, mal conservado.

Basta dar un paseo por el centro de la ciudad para comprobar que la zona se ha rendido al turismo. Según datos del Ayuntamiento de Madrid, casi uno de cada tres habitantes del distrito Centro han nacido fuera de España, con Italia, Francia y Estados Unidos a la cabeza en cuanto a nacionalidades. Son, en su mayoría, estudiantes y teletrabajadores con un mayor poder adquisitivo que resiste al incremento de los alquileres. Se trata de una proporción que evoca el caso londinense, donde el perfil del británico clásico hace años que es minoritario en la capital. ¿Va Madrid camino de convertirse en Londres, el patio de recreo de ricos y turistas?

placeholder El Hotel Four Seasons, una de las últimas apuestas por el lujo de Madrid. (Cedida)
El Hotel Four Seasons, una de las últimas apuestas por el lujo de Madrid. (Cedida)

Álvaro Ardura, arquitecto y profesor de Urbanismo y Ordenacion del Territorio en la Politécnica de Madrid, ha elaborado su tesis doctoral en torno a esta cuestión. "Es obvio que Madrid se quiere parecer a Londres, pero no es tan fácil parecerse a Londres", explica a este periódico. "En un escenario de gentrificación globalizada, Londres ha sufrido, y sufre, un proceso gentrificatorio más intenso que el de ninguna ciudad del mundo, por encima incluso de Nueva York. Madrid intenta seguir su senda, y lo podemos comprobar en la constante llegada de negocios de lujo y de venezolanos de alto poder adquisitivo en el distrito de Salamanca, si bien no es un polo económico mundial como Londres".

No es ningún secreto que tanto la Comunidad de Madrid como el ayuntamiento se miran en el espejo londinense. Sin ir más lejos, el vídeo promocional que la CAM elaboró para Fitur vendiendo los encantos de la capital refleja una realidad mucho más próxima a la City que al rastro de Cascorro. Piscinas en áticos, reuniones con inversores, boutiques de calzado, un vino mirando el skyline... El concepto de global luxury que se puede encontrar en cualquier revista de avión. "Díaz Ayuso prefiere Londres a París, que en los últimos años está luchando por hacer la ciudad menos agresiva, con la implantación de la ciudad de los 15 minutos, construyendo vivienda social... Pero es lógico que Madrid, una ciudad que depende casi por completo del sector servicios, vea la vivienda como una inversión refugio. Y ahora la rentabilidad está en el build to rent, de modo que estamos pasando de ser un país de propietarios a uno de inquilinos", continúa el profesor.

El patio de recreo de los superricos

Sobre la gentrificación en Londres se han escrito miles de artículos, pero pocos han impactado tanto en la ciudad como el del periodista Henry Wismayer, londinense y colaborador del New York Times, quien no termina de reconocer su ciudad: "Pasear por ciertas partes es como vivir una espeluznante distopía del capitalismo enloquecido. Por toda la ciudad, desde Battershea hasta Stratford, se están construyendo enormes torres, siempre rodeadas de carteles publicitarios donde se puede ver a blancos atractivos disfrutando y descansando. Pero los londinenses sabemos que esto no son casas para vivir, sino bienes de mercado, oportunidades de inversión más seguras que cualquier bono soberano", escribe.

Wismayer se debate entre la rabia por ver a sus vecinos y amigos abandonar la ciudad y el éxito del modelo londinense: "Londres es el patio de recreo veraniego de los superricos, la lavandería de la cleptocracia global, el fondo icónico de las fotos de los turistas y las páginas doradas de los catálogos inmobiliarios de Hong Kong", dice el periodista. "Los londinenes, ante la reconversión de nuestra ciudad en lugar global, nos sentimos más desafectos que desplazados. Esa sensación de estar abruptamente alejado, ya sea emocional o físicamente, del lugar donde vives. Es normal que las ciudades cambien, pero cuando lo hacen tan rápido y a un ritmo tan inhumano, es imposible no sentir desafección".

"Cuando las ciudades cambian tan rápido, es imposible no sentir desafección"

Aunque Madrid vaya por la misma carretera que Londres, es muy difícil que alcance su velocidad: "Aquí no hay una presencia de fondos de inversión tan acentuada como en Londres, sino que la gentrificación sucede, en la mayor parte de los casos, como iniciativa de pequeños colectivos. Ya no existen lugares como Malasaña o Lavapiés, barrios muy céntricos rodeados de vivienda mucho más cara", dice Ardura. "Ahora el capital no actúa de forma coordinada, sino que va aprovechando oportunidades en Carabanchel, Usera o Puerta del Ángel, donde la propiedad está muy atomizada, algo que no es del gusto de los fondos, que prefieren obtener grandes paquetes de vivienda como el del paseo de la Dirección".

El plan en Madrid parece estar funcionando. Decisiones políticas como bonificar el impuesto de patrimonio y fomentar la llegada de negocios de lujo han triplicado el número de superricos en la ciudad (personas con un patrimonio de al menos 30 millones) desde los 173 de 2011 hasta los casi 500 de este año. Sin embargo, es una cifra insignificante si la comparamos con los más de 5.000 que viven en Londres. "Es peligroso convertirse en Londres. Todos esos rusos y árabes que han conquistado los barrios ricos no se han integrado en el tejido social, solo están esperando la oportunidad para recuperar su inversión con ganancia", dice Ardura.

De nuevo, podemos encontrar núcleos de londonización en Madrid, como el caso de Lagasca 99, el edificio con el alquiler más caro de la ciudad. Un apartamento sale por 16.000 euros al mes y ha sido tomado por inversores mexicanos, estadounidenses, venezolanos y colombianos, que a menudo compran a través de una sociedad para alquilarla temporalmente. El edificio, según cuenta un conserje de la zona, pasa meses deshabitado: "He visto a futbolistas y personas de negocios entrar y salir del garaje, pero no es raro pasar un día entero sin ver el menor movimiento".

La maldición verde

No obstante, si alguna fuerza gentrificadora se ha mostrado implacable durante los últimos años no es el lujo, sino los árboles. A medida que crece la concienciación ambiental y como herramienta para combatir la contaminación, cada día son más las ciudades que están replanteándose en torno a los espacios verdes. Y, pese a que se trata de una medida aplaudida desde todos los sectores, no hay nada como un nuevo parque para expulsar a los vecinos de una zona.

A diferencia de ciudades como Seattle, Barcelona o Nantes, Madrid apenas ha dado pasos hacia la renaturalización, pese a que los proyectos piloto se han demostrado efectivos. El caso a mayor escala es el de Madrid Río, el soterramiento de una parte de la circunvalación que ha sido sustituida, a nivel de calle, por un parque lineal. Ocho años después de su creación, todos los barrios adyacentes han disparado sus precios de alquiler, desde el 61% de Puerta del Ángel hasta el 50% de San Isidro.

Foto: Imagen aérea de Puerta del Ángel, a la izquierda del río. (Ayuntamiento de Madrid)

Según Isabelle Anguelovski, directora del Lab for Urban Environmental Justice and Sustainability de Barcelona y una de las mayores autoridades en materia de gentrificación verde, las ciudades más verdes se vuelven las más desiguales e injustas. "Si miras los rankings de las ciudades más vivibles del planeta, verás arriba a Vancouver o Copenhague, notarás también que son las más caras. Esto no significa que debamos hacer como Madrid, que hasta ahora no ha mostrado gran preocupación por las políticas medioambientales, porque la salud de las personas es una prioridad, pero esto no se puede hacer a lo loco", dice a este periódico.

Al respecto, el margen de crecimiento de la capital por la vía verde es mayor que el del resto de grandes capitales europeas. Está en ello: la ciudad plantea la creación de un macroparque de 14,5 hectáreas sobre las actuales vías del tren de Chamartín, en la zona norte, como parte del futuro Bosque Metropolitano y el Arco Verde de la ciudad. Pasos que acabarán con la imagen de Madrid como anomalía europea en la lucha contra el cambio climático, pero que, si no llegan con medidas de control, fomentarán la expulsión de los vecinos con menos recursos: "No hay que pensar que el espacio verde te va a resolver un problema social. Hay que diseñar el verde pensando en su impacto gentrificador. ¿Cómo? Apostando más por los pequeños espacios verdes en los barrios en detrimento de las grandes obras, pero también estableciendo unos límites al alquiler, construyendo más vivienda social de alquiler y compra protegida. España tiene un 3% de vivienda social, mientras que Estados como Bélgica o Países Bajos están en torno al 30%. Si Madrid construye espacios verdes solo por construirlos, se encontrará con una ciudad más desigual".

Álvaro H. llegó a Madrid en 2006 desde un pueblo de Ávila para estudiar Economía en la Complutense. Se instaló en un ático de la calle Espoz y Mina, en el centro de la capital, que consiguió por 650 euros al mes. "Era muy pequeño y tenía mil problemas, como que no tenía calefacción, no cabía una lavadora y estaba fatal aislado, pero las vistas a la Puerta del Sol, que eran increíbles, y el precio me hicieron quedarme allí toda la carrera", recuerda el ahora economista a este periódico.

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