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La verdad que le han descubierto a Almeida: junto al Retiro se vive muy mal
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'TRINCHERA CULTURAL'

La verdad que le han descubierto a Almeida: junto al Retiro se vive muy mal

Antes, la vulnerabilidad la medía la Universidad Carlos III, que es pública y madrileña y nos costaba ocho veces menos, pero que nadie dude de que la colaboración público-privada es la solución eficaz y eficiente a nuestros problemas

Foto: El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. (EFE/J. J. Guillén)
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. (EFE/J. J. Guillén)

El periodismo que corre por mis venas me impidió quedarme quieta ante este asunto. ¿Cómo es posible que el barrio de Ibiza, situado en el distrito de Retiro de Madrid, sea el más vulnerable de la ciudad? ¿Acaso puedo permanecer tranquila ante el dolor ajeno? Así que cogí el bolso y las llaves y me recorrí las 11 paradas de metro que separan mi casa de la de Sainz de Baranda. Necesitaba ver con mis propios ojos la fragilidad de esas 49,20 hectáreas de superficie que pertenecen a un distrito que, según la propia web del Ayuntamiento, es "próspero y pujante".

Antes de lanzarme, les pongo en contexto. Publicó Analía Plaza en 'El Periódico de España' que los madrileños hemos pagado 181.000 euros a la consultora Accenture para que elabore una cosa que se llama Iguala y que se define como "el sistema de analítica avanzada del Ayuntamiento de Madrid para elaborar el Índice de Vulnerabilidad Territorial Agregado". El objetivo de esta herramienta es radiografiar los 21 distritos para "poder asignar de manera equilibrada los fondos presupuestarios destinados al desarrollo de la ciudad de Madrid".

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Antes, la vulnerabilidad la medía la Universidad Carlos III, que es pública y madrileña y nos costaba ocho veces menos, pero que nadie dude de que la colaboración público-privada es la solución eficaz y eficiente a todos nuestros problemas.

El caso es que Iguala dice que Ibiza es más vulnerable que San Diego, en Puente de Vallecas, y que Goya también lo es más que Orcasitas, en Usera. Y el caso es que hace unas semanas que no pisaba Narváez. Así que, si son tan amables, acompáñenme en esta tarde primaveral de jueves con final feliz entre verdejo y alcaparras.

A la salida del metro de Sainz de Baranda me recibió una acera con obras (cero sorpresas) y un imponente Jeep Gladiator expuesto entre piedras blancas de 'atrezzo' a la entrada de un concesionario. Yo no conduzco, pero eso no me impide imaginarme el vehículo como el ideal para días de capea y/o cacerías con perretes.

Iguala dice que Ibiza es más vulnerable que San Diego, en Puente de Vallecas, y que Goya también lo es más que Orcasitas, en Usera

Ibiza, antes de que se me enfaden, es fiel reflejo de los resultados electorales de las últimas elecciones municipales celebradas en 2019. De los 12.299 considerados como válidos, 3.794 fueron a parar al PP y 3.502 a Más Madrid. Porque hay un poco de todo en estas calles en las que las terrazas son dueñas y señoras. No en vano (siempre he querido escribir esto), es el barrio del distrito de Retiro con más censo de locales destinados a la hostelería. Concretamente, 206.

Me gusta mucho pasear por bulevares. El de Sainz de Baranda y el de Ibiza. Sacar conclusiones por las que el Ayuntamiento no me pagaría nada. Por ejemplo, que el nombre de los locales dice mucho de los vecinos y de los que acuden al terraceo, porque un 'afterwork' con vistas a los árboles del Retiro mientras el sol se pone es para enamorarse como mínimo. Y porque hay un tipo de madrileño conservador y pijales que habla y compra como sus tres generaciones anteriores. Así, una se encuentra con locales llamados 'La pera limonera', 'Niña de papá' y 'Pirulo' mezclados con ese tipo de corseterías en las que se alternan batas, fajas y algún que otro encaje discreto, de 'dominatrix soft', para noches picantonas, que dirían las abuelas. Y que jamás deberían cerrar.

Chinos abiertos casi las 24 horas, locales decadentes, panaderías que se llaman 'El pan nuestro', gastrobares y 'bakery'. Una calle Lope de Rueda en la que dan ganas de quedarse a vivir del silencio que hay. Calles limpias, la imponente parroquia del Santísimo Sacramento, su despacho de Cáritas. Un sufrimiento atroz entre mesas en las que se escucha a una muchacha decir en voz muy alta: "Mi jefe es un 'cagao" y a un vecino paseando a un tekel con correa de la bandera de España al que regaña diciéndole: "Teo, por favor". Padres muy guapos, con hijos aún más guapos cargados a sus hombros a los que dicen: "Ahora vamos a ver a la abu, que está en casa". Toda esta gente, sin duda, lo pasa peor que en Orcasitas y pide a gritos más zonas infantiles en los balcones. ¿Acaso no acaban de ver mis ojos una tela pintada con letras de colores en la que dice: 'Podemos hacerlo'?

Foto: ¿Cuál es el barrio de Madrid más difícil para aparcar? ( EFE/Chema Angullo)

Un señor buscando dónde aparcar conduce un imponente Porsche Panamera. Una taberna (las aseadas triunfan mucho en la capital) de esas que reivindican los sabores propios de España. Chacinas, encurtidos, ibéricos, tostas, el vermú y las anchoas de Santoña y una concesión a los extranjerismos en forma de Apperol Spritz. Mujeres que regresan a sus barrios con los táperes de comida vacíos, vecinos que pasean con carros de la compra de la marca Rolser. Uno de esos hay también en mi casa y en la de Luis Rubiales. Información, no opinión.

Gimnasios con reclamos más propios de consultoras que de comercial 'espabilao': "Descubre la versión redimensional y concentrada de Fit up". Cuesta solo 29,90 euros al mes, accesible para personas vulnerables como las que frecuentan la zona.

Está el tramo de Menéndez Pelayo en el que se suceden un montón de bares casi iguales con clientes casi iguales. Personas que le han dado la mayoría absoluta a Isabel Díaz Ayuso, y de ese carro no me bajo, y con salarios anuales superiores a los 30.000 euros. Llevan bolsos buenos y/o mochila con el portátil. Hace frío, pero el sol aún se resiste a irse. Ya es primavera y ya hay rostros más naranjas de lo normal en la capital que sonríen a las ocurrencias de camareros simpaticones y de buen ver. En la calle Doctor Castelo emergen mesas altas plagadas de clientes con copas de vino blanco con hielo. Ojalá, mientras brindan, pidan al Altísimo que les libre de todas las vulnerabilidades. Amén.

Personas que le han dado la mayoría absoluta a Ayuso, y de ese carro no me bajo, y con salarios anuales superiores a los 30.000 euros

En el mercado municipal, el pescadero ya tiene el género recogido o vendido y hace bromas con otro encargado de puesto. La casquería está cerrada, pero están en plena hora punta los bares. Unos tienen música y otros el canal Real Madrid. Olvídense de las mollejas. Siempre nos quedará el ceviche. Y, cerca, una zapatería que vende náuticos, castellanos y otra serie de calzado que no encontrará tan fácilmente. Otro de esos comercios que jamás debería cerrar.

El sol ya se ha ido y yo debería marcharme a casa a hacer las tareas propias de mi sexo. La cena, por ejemplo. Pero entro en Hermanos Vinagre porque desde la calle oigo que suena 'Indiana' de Hombres G. Me olvido de las canas que aún no he tapado este mes, me reciben con enorme amabilidad y doy las gracias por poder pagar tres euros por un verdejo riquísimo acompañado de unas alcaparras que devoro con ansia viva. Aún me da tiempo a escuchar a Mecano y su 'Ay, qué pesado', el 'Sin documentos' de Los Rodríguez y me veo cantando dichosa "No sé lo que me pasa últimamente, no dejo de espiar a mi vecina de enfrente" de Un Pingüino en mi Ascensor. Me avergüenzo de lo mal que hemos envejecido la canción y yo. Pura vulnerabilidad. Como la que sufren los vecinos de Ibiza, alcalde. Que se lo ha dicho una consultora.

El periodismo que corre por mis venas me impidió quedarme quieta ante este asunto. ¿Cómo es posible que el barrio de Ibiza, situado en el distrito de Retiro de Madrid, sea el más vulnerable de la ciudad? ¿Acaso puedo permanecer tranquila ante el dolor ajeno? Así que cogí el bolso y las llaves y me recorrí las 11 paradas de metro que separan mi casa de la de Sainz de Baranda. Necesitaba ver con mis propios ojos la fragilidad de esas 49,20 hectáreas de superficie que pertenecen a un distrito que, según la propia web del Ayuntamiento, es "próspero y pujante".

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