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La pandemia, un bumerán para Almeida: del superalcalde al caso de las mascarillas
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Crisis en Cibeles

La pandemia, un bumerán para Almeida: del superalcalde al caso de las mascarillas

El alcalde de Madrid alcanzó los niveles más altos de popularidad en los primeros compases del covid, alabado por su tono y capacidad de diálogo. Una compra de material aquellos días, sin embargo, le ubica en una situación comprometida

Foto: José Luis Martínez-Almeida durante su comparecencia. (EFE/Víctor Lerena)
José Luis Martínez-Almeida durante su comparecencia. (EFE/Víctor Lerena)
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En el primer verano del coronavirus, cuando la popularidad de José Luis Martínez-Almeida estaba por las nubes, el propio alcalde advertía en algunas conversaciones que ese momento dulce no iba a ser eterno. "En unos meses pasa cualquier cosa y vuelvo a ser no sé qué", reconocía. Era plenamente consciente de que la política es una montaña rusa. Y el tiempo le ha dado la razón casi dos años después. Si su gestión durante los primeros compases de la pandemia lo encumbró como una especie de superalcalde, con un tono equilibrado y capaz de alcanzar acuerdos con la oposición, lo ocurrido aquellos días se ha vuelto contra él como un bumerán. El caso del pelotazo de las mascarillas, donde presuntamente está implicado uno de sus primos, ha caído como un meteorito en Cibeles.

Los denominados Acuerdos de la Villa, suscritos por todos los partidos políticos en Madrid, son la mejor representación de lo que Almeida fue en ese momento. Cuando la ciudadanía demandaba liderazgos fuertes y capacidad de diálogo ante una crisis sin precedentes, el alcalde que solo dos años antes era un completo desconocido se erigió como lo más parecido a lo que suele llamarse "político de Estado". Sirva como ejemplo un episodio durante la desescalada. El regidor popular atendía a una cadena de televisión con una entrevista a pie de calle cuando, espontáneamente, un grupo de madrileños le rodeó y empezó a aplaudirle. Era el hombre del momento. Tanto que, apenas unas semanas después, en agosto, Pablo Casado le nombró portavoz nacional del PP. Todos querían aprovechar la inercia de su imagen.

Foto: El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. (EFE/Víctor Lerena)

El tiempo, sin embargo, fue diluyendo esta percepción. La simultaneidad de los dos cargos desgastó en exceso a Martínez-Almeida, atrapado en la dinámica de la política nacional, primero, y en la pelea interna en su partido, después. Desde el mismo momento de su nombramiento fue uno de los argumentos más empleados por la oposición, pero lo cierto es que en el equipo de Gobierno también lamentaban que los asuntos de partido habían eclipsado la gestión de la ciudad en un momento crítico. "Cuando el PP ganó un portavoz, Madrid perdió un alcalde", señalan fuentes de Cibeles cuando recuerdan ese periodo.

"Hemos pagado de más"

El caso de las mascarillas ha terminado por cerrar el círculo. Precisamente una compra formalizada en el inicio de la pandemia se ha convertido en un nuevo contratiempo para el alcalde. Aunque es cierto que no pesa ninguna acusación judicial sobre José Luis Martínez-Almeida ni el Ayuntamiento de Madrid, no lo es menos que ciertos elementos en la operación plantean nuevas sospechas sobre la contratación municipal. Ahora por un notable sobrecoste. Pero esta vez no ha sido únicamente la oposición, sino su propio socio de Gobierno, quien ha planteado las dudas. "Han fallado los controles y eso nos tiene que llevar a una reflexión. Pedimos y exigimos una auditoría externa sobre los contratos de emergencia para que sea un tercero el que los audite. Hemos pagado más", declaró este jueves Begoña Villacís.

Aunque Villacís lo niega, el fantasma de una moción de censura contra Almeida ha resucitado a un año para las elecciones municipales

Las comparecencias del alcalde y la vicealcaldesa este jueves, tras conocer que el juez había admitido a trámite la denuncia sobre esta operación, son la prueba más clara de que la coalición en Cibeles atraviesa uno de sus momentos más delicados y tensos. Cuando todavía están sanando las heridas por el presunto espionaje con fondos del Consistorio al hermano de Isabel Díaz Ayuso, cuya comisión de investigación municipal está siendo un fracaso, el runrún de la moción de censura vuelve a escena. Aunque es habitual que Almeida y Villacís intervengan juntos en rueda de prensa tras la Junta de Gobierno, la líder de Ciudadanos quiso aparecer aparte, marcando distancias con el regidor y alimentando todo tipo de rumores. Lo hizo, aseguró, para "preservar la institución".

El gesto de José Luis Martínez-Almeida era la mejor expresión del ambiente que se respira ahora en el Ayuntamiento de Madrid. El regidor atendió a los medios para dar explicaciones durante una hora, visiblemente enfadado y con un tono cortante, inusual en él. Defendió la labor de los técnicos municipales en la compra de mascarillas y otro de tipo de material sanitario en marzo de 2020 y alegó que la Administración no cerró la operación con los empresarios Luis Medina y Alberto Luceño, sino con la empresa malaya. El alcalde de la capital, ante las preguntas de los periodistas, negó tener conocimiento de que su primo interviniera en la operación de ninguna manera. "Hay dos correos electrónicos de Luis Medina el 18 y el 19 de marzo a un buzón de correo electrónico", justificó, tras recordar que aquellos días el mercado era una "selva" y recibieron más de 1.000 ofrecimientos. "Niego que hubiera cualquier tipo de intermediación", añadió respecto a su familiar.

Foto: José Luis Martínez-Almeida y Begoña Villacís. (EFE/Rodrigo Jiménez)

Las ruedas de prensa se produjeron cuando ya se sabía que el juez había admitido a trámite la querella de la Fiscalía Anticorrupción. Como ha venido informando El Confidencial, el titular del Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid ha abierto una investigación en torno a Medina y Luceño, a quienes el Ministerio Público atribuye la supuesta comisión de los delitos de estafa agravada, falsedad documental y blanqueo de capitales por irregularidades en la compraventa de material sanitario con el Ayuntamiento de Madrid. El juez tiene previsto tomar declaración a los dos empresarios, así como a distintos testigos para esclarecer los hechos.

Auditoría externa

El papel del primo de Almeida es una de las principales incógnitas. Desde el sector de Ciudadanos en el Gobierno señalan que aún no saben quién facilitó el contacto del Ayuntamiento, mientras que los grupos de la izquierda apuntan directamente al alcalde. Los naranjas, como en el caso del espionaje, reiteran que "quieren llegar al fondo del asunto" y exigen "total transparencia". Así, recelosos de la gestión durante el inicio de la crisis del covid, impulsarán una auditoría externa sobre la contratación de emergencia y, si el pleno lo refrenda, pedirán un análisis de la Cámara de Cuentas. "Vamos a exigir recuperar hasta el último euro de los madrileños", declaró Villacís, en referencia a los seis millones de euros que los acusados se llevaron como intermediarios y que gastaron en un yate y coches y viajes de lujo. Fuentes de la Alcaldía indicaron a este diario que aún no saben si apoyarán ambas cuestiones.

Todos estos elementos son el perfecto caldo de cultivo para una moción de censura contra el alcalde, planteada sin ningún tapujo desde alguno de los grupos de la oposición: "Tienen nuestros votos". Aunque el rumor toma fuerza según avanzan las horas, la vicealcaldesa insiste públicamente en que no lo hará, tratando de alejarse de los desplantes que, según ella, ha desarrollado el PP en coaliciones con Ciudadanos, como en Castilla y León, donde Alfonso Fernández Mañueco convocó elecciones a espaldas de su socio. "Nosotros no somos carroñeros", subrayó. La realidad, sin embargo, es que el fantasma de la moción está muy presente.

En el primer verano del coronavirus, cuando la popularidad de José Luis Martínez-Almeida estaba por las nubes, el propio alcalde advertía en algunas conversaciones que ese momento dulce no iba a ser eterno. "En unos meses pasa cualquier cosa y vuelvo a ser no sé qué", reconocía. Era plenamente consciente de que la política es una montaña rusa. Y el tiempo le ha dado la razón casi dos años después. Si su gestión durante los primeros compases de la pandemia lo encumbró como una especie de superalcalde, con un tono equilibrado y capaz de alcanzar acuerdos con la oposición, lo ocurrido aquellos días se ha vuelto contra él como un bumerán. El caso del pelotazo de las mascarillas, donde presuntamente está implicado uno de sus primos, ha caído como un meteorito en Cibeles.

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