Ángel Gabilondo gana las elecciones durmiendo
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RETRATOS PARA NO DORMIR

Ángel Gabilondo gana las elecciones durmiendo

"He aquí nuestra estrategia. Iván Ivanovich ha estudiado las elecciones estadounidenses y sabe que Joe Biden ganó a Trump porque era un hombre anodino y adormecido"

placeholder Foto: Gabilondo gana las elecciones durmiendo. (Ilustración: Pablo L. Learte)
Gabilondo gana las elecciones durmiendo. (Ilustración: Pablo L. Learte)

Reunión de urgencia en Ferraz. El secretario primero de Campaña coloca una fotografía de tamaño enorme en el centro de la mesa de cristal de la sala de juntas. “El resto de partidos tienen candidatos. Nosotros tenemos esto”. Los secretarios y subsecretarios 'freelance' del PSOE se inclinan sobre la fotografía y las caras se tuercen con intriga y espanto. Hasta el caballo blanco sobre el que monta Pedro Sánchez en el óleo enmarcado en la pared parece piafar inquieto. “No...”, balbucea un asesor, “no parece un... ya sabéis...”. Se hace un silencio incómodo. “Quiero decir... que... ejem... no parece un candidato”. Asentimientos lentos, miradas fijas en la foto.

Un subsecretario se baja disimuladamente la mascarilla para respirar. Otro se afloja la corbata; un tercero no puede más y sale dando tumbos con un tono de piel amarillo Simpson. Todos desearían estar en otro lugar. En otra ciudad, otra campaña, en otro partido político. Cuando el gran estratega Iván Ivanovich Redondo los llamó, todos dijeron que sí, sin pensar. Ahora se arrepienten. Pero ¿cómo es posible? Se supone que Iván Ivanovich no puede fallar. No ha fallado nunca. Incluso en la peor plaza, Cataluña, logró deslizar un candidato bomba y hacerlo ganador de las elecciones, pese a que al final no sirviera para nada.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), choca el puño con el candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid, Ángel Gabilondo. (EFE)

“Iván Ivanovich se ha vuelto loco”, quisiera decir el subsecretario cuarto del Departamento de Hacer Memes (DHM), pero sabe que no es conveniente expresar pensamientos como este. Su fe en Iván Ivanovich debe superar la impresión causada por la fotografía del candidato. La persona que convirtió en presidente a Pedro Sánchez tiene que haber urdido un plan secreto. El subsecretario traga saliva. Pone todo de su parte para encontrarle el lado positivo. Echa los ojos al techo, los pasea por el retrato ecuestre del líder y trata de encontrar allí (en el caballo) las fuerzas que le faltan.

Entonces vuelve a encararse con la realidad. La fotografía muestra lo que parece un inmenso mamut sin trompa ni colmillos, congelado en los hielos del permafrost. Es un rostro sin carisma, con cierto desorden picassiano en las facciones. “¿Alguien sabe si es capaz de sonreír?”, pregunta el subsecretario quinto del Departamento de Lemas Vacuos (DLV). El secretario primero, el único asistente de la reunión que sabe más que el resto, el único con permiso para hablar con Iván Ivanovich, niega con laxitud y misterio. A nadie le sorprende. Es imposible imaginar una sonrisa en ese rostro de bibliófilo.

Foto: Ilustración: Learte.

El primero en perder el control de sus emociones es el secretario segundo de Promesas Impactantes (DPI). Empieza a reír a carcajadas. El resto lo mira con espanto, el aire se hiela, el caballo del óleo y la foto del candidato son las únicas criaturas que siguen impasibles en la sala. “¡Iván Ivanovich nos está gastando una broma!”, brama, “¡nos está poniendo a prueba! ¡Estamos hablando de una campaña electoral, no de un congreso de metafísica en Soria, ja ja ja!”. Con gesto helado, el secretario primero llama a los guardias, que aparecen y se llevan al secretario segundo. “Que le dé el aire”, ordena.

La escena ha dejado perplejos y abatidos a los miembros del equipo de campaña. El secretario primero abre los brazos: “Camaradas, supongo que estaréis pensando que a Iván Ivanovich se le ha ido la pinza. Ante todo, debo pediros que os calméis y tratéis de pensar, como él, en cuatro dimensiones. Nuestro candidato se llama Ángel Gabilondo. ¿Os dice algo el nombre? Pues, aunque no lo creáis, ya estaba aquí en las elecciones anteriores. Obtuvo un gran resultado sin mover un dedo”. El subsecretario quinto del Departamento de Maquetación Bonita (DMB) abre mucho los ojos: “¡Es verdad! ¡Me suena mucho este señor!”.

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El resto va poco a poco recordando. Aquella campaña, lejana en el tiempo, estuvo marcada por el rifirrafe entre Iglesias y Errejón, las locuras aparentemente autodestructivas —pero hábiles y ladinas— que soltaba Isabel Díaz Ayuso y la amenaza del fascismo. Todos trabajaban en política entonces, todos leían la prensa, todos estaban suscritos a los muros de pago de todos los periódicos y se empollaban cada gesto de cada tertuliano en 'La Sexta Noche'. Sin embargo, el recuerdo es huidizo. Sí, tenía que haber un candidato del PSOE, ¡cómo no! Pero ninguno de ellos logra recordar una sola intervención de Gabilondo. ¿Hubo debates?

Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska (i), y la directora de la Guardia Civil, María Gámez (d). (EFE)

Complacido ante la confusión de sus camaradas, el secretario primero se frota las manos. “Empezáis a intuir ya el plan del camarada Iván Ivanovich, ¿no es así?”. Asentimientos hipócritas, nadie entiende nada. “Lo explicaré, no obstante. He aquí nuestra estrategia. Iván Ivanovich ha estudiado las elecciones estadounidenses y sabe que Joe Biden ganó a Trump porque era un hombre anodino y adormecido. Por eso ha colocado junto a nuestro candidato una señora racializada de nombre exótico, ¿lo vais pillando?”.

El subsecretario noveno del Departamento de Sonrisas Confiables (DSC) levanta la mano con timidez: “¿Y no sería mejor colocar a esa señora de candidata?”. Como si esperase esta pregunta, el secretario primero sonríe: “En absoluto. La clave es no llamar la atención. Lo gris. Lo soso. Lo feo. Lo formal. Si conseguimos llegar a las elecciones sin que uno solo de los electores recuerde una sola intervención de nuestro candidato, como ocurrió en las anteriores, ¡la victoria está servida!”. Los más avispados empiezan también a sonreír, mientras los más bobos fingen con violentos asentimientos.

Foto: La candidata de Más Madrid, Mónica García, y la concejala Rita Maestre. (EFE)

“Ganar implica que nuestra adversaria Díaz Ayuso brille con luz propia. Cuanto más anodino sea nuestro candidato, más fácil le será brillar a ella. Presentamos a un hombre que no representa una amenaza para nadie, salvo para los humoristas. Así, mientras el resto de partidos se parten la cara con Ayuso y le regalan votos con sus absurdas estrategias de confrontación, nosotros iremos barriendo con calma los votos sobrantes. Os preguntaréis: ¿y por qué no plantar batalla? Porque esta batalla se gana sin pelear. Si Ayuso arrasa lo bastante como para que Vox y Ciudadanos queden fuera de juego, ¿cómo formará Gobierno?”.

¡Los números no dan! Como si una descarga eléctrica impactase en el equipo de campaña, abren mucho los ojos. Tras un instante de silencio, rompen a gritar de júbilo, se abrazan, se palmotean las espaldas. La foto del candidato empieza a coger polvo en la mesa, el equipo olvida su rostro plúmbeo de lector metafísico, el subsecretario vigésimo del Departamento de Alegría Socialista (DAS) exclama: “¡Hurra!”, y en algún lugar de Ferraz, en los sótanos más apartados, ajeno por completo a la febril agitación de su equipo de campaña, Ángel Gabilondo agarra un tomo de Kant de la pila que hay encima de su mesa y murmura: “¿Qué es la moral?”.

Pero, ay, en política la vida de la estrategia es breve, los políticos tienen vidas rápidas de perro, una semana son siete. Tras unas cuantas cartas amenazantes debidamente aireadas, Iglesias se ha transformado en Largo Caballero y Gabilondo queda relegado al papel de Besteiro. Una llamada histérica de Iván Ivanovich a su equipo los pone en marcha. ¡A sus órdenes! Sacan al pobre candidato del sótano, lo llevan al departamento de disfraces democráticos (DDD) y lo visten de revolucionario. El traje le queda imposible, pero no hay tiempo. Gabilondo, dormido por el ajetreo que lo acuna, se deja hacer. Y lo sacan finalmente de Ferraz. En la calle nadie aplaude. Silencio total, como si nevara. Y sueña el candidato que gana. Sueña que gana y consigue al fin lo que deseaba: que lo dejen en paz.

Reunión de urgencia en Ferraz. El secretario primero de Campaña coloca una fotografía de tamaño enorme en el centro de la mesa de cristal de la sala de juntas. “El resto de partidos tienen candidatos. Nosotros tenemos esto”. Los secretarios y subsecretarios 'freelance' del PSOE se inclinan sobre la fotografía y las caras se tuercen con intriga y espanto. Hasta el caballo blanco sobre el que monta Pedro Sánchez en el óleo enmarcado en la pared parece piafar inquieto. “No...”, balbucea un asesor, “no parece un... ya sabéis...”. Se hace un silencio incómodo. “Quiero decir... que... ejem... no parece un candidato”. Asentimientos lentos, miradas fijas en la foto.

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