De patrulla por el Madrid nocturno: "Los multados venden droga o salen a tener sexo"
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VIGILAN EL CUMPLIMIENTO DE LA CUARENTENA

De patrulla por el Madrid nocturno: "Los multados venden droga o salen a tener sexo"

La Policía ha intensificado la vigilancia de noche contra la "falsa sensación de impunidad" de los incumplidores del confinamiento. Los robos han caído mientras crece el menudeo de droga

Foto: De patrulla por el Madrid nocturno: "Los multados venden droga o salen a tener sexo"
De patrulla por el Madrid nocturno: "Los multados venden droga o salen a tener sexo"

Como el anónimo policía de la canción de El Fary, Darío (*) 'apatrulla' de noche las calles de Madrid. Pero desde hace varias semanas, la capital queda "casi desierta" al ponerse el sol. Antes de la declaración del estado de alarma, nada era capaz de tumbar el ruido y el tráfico en la siempre tan concurrida Gran Vía o de la extensa calle Alcalá. Pero ahora, salvando un par de taxis y varios buses, apenas hay un alma por dos de las calles más vivas de la capital. Entre los pocos servicios que siguen abiertos, algunas gasolineras y locales que venden comida y café.

"Casi no han entrado llamadas por nuestra emisora, como era habitual durante las noches de fin de semana", comenta Darío tras pasar varias horas a bordo de una furgoneta de las Unidades de Prevención y Reacción (UPR) del Cuerpo Nacional de Policía, especializadas en evitar la delincuencia.

Foto: Traslado de policías al sur contra el tráfico de hachís: "¿Qué hacemos aquí en pleno virus?"

Pero la del 17 de abril no ha sido una madrugada cualquiera, sino la del quinto sábado bajo la cuarentena que obliga a toda España a permanecer en sus hogares y pisar la calle lo mínimo. "En esta situación, los carteristas no tienen a quien robar, los borrachos ya no pueden pelearse y apenas hay locales abiertos que atracar", añade.

Sin embargo, el confinamiento no ha barrido del todo la delincuencia. Lo que sí ha hecho es incentivar la picaresca de quienes delinquen. En las últimas semanas se ha reducido un 75% el número de delitos en Madrid, según fuentes sindicales. Pero mientras los atracos o las agresiones disminuyen, aumentan los atestados policiales contra personas que siguen vendiendo droga en plena cuarentena. Y algunos lo hacen de forma nunca antes vista. Además, las noches sin lluvia, como esta, hay más incumplidores.

Unos minutos antes de las diez, apareció "la primera persona que no aparentaba venir de trabajar", relata Darío. "Una chica joven en ropa deportiva, que nos dijo que iba a llevarle una botella de aceite a su prima". Tiene antecedentes, principalmente por tráfico de estupefacientes y llevaba bastante dinero encima; "varios billetes de 100€". "No trabaja y no fue capaz de contarnos una versión coherente que explique de dónde lo había sacado. Sabíamos que venía de vender droga pero no podemos demostrarlo. Sin embargo, sí podemos sancionarla por estar donde no debe", explica.

Los instintos no entienden de confinamiento. La mayor parte de los sancionados de las últimas noches, cuenta Darío, son "camellos que van a repartir la droga o gente que va de copas a casa de un conocido o a mantener relaciones sexuales". Y, de madrugada, las excusas disponibles se reducen: "Les preguntamos que a dónde van y, tras titubear un poco, nos cuentan que han quedado con alguna amiga... para visitarla". "Los camellos, si llevan droga encima, suele ser poca, por lo que es difícil acusarles de tráfico", añade.

Hemos visto de todo: cocaína escondida en un inhalador contra el asma o bajo la mascarilla y gente que la envía por mensajería

"La gente que consume estupefacientes quiere seguir haciéndolo a toda costa; y eso implica o bien que se desplacen a comprarlos o bien que se los hagan llegar a casa", declara por teléfono.

"Estas semanas hemos visto de todo; desde servicios de mensajería utilizados para llevar droga hasta el caso de una chica que llevaba cocaína escondida en el inhalador contra el asma que supuestamente le estaba llevando de urgencia a un familiar. Otra persona la ocultaba bajo su mascarilla, pensando que no se la haríamos quitar".

Las leyes del mercado se intensifican durante la cuarentena; por muy negro que sea ese mercado. "Hemos detectado una subida de los precios de la droga, que, según creemos se debe a los riesgos que afrontan quienes la venden y/o transportan y a que las sustancias tienen más dificultades para entrar en nuestro país durante el estado de alarma".

"Errónea sensación de impunidad"

Para impedir que la oscuridad se convierta en aliada de los que se saltan el confinamiento, a comienzos de abril, la Dirección General de Policía remitió a sus agentes una circular que reforzaba los turnos nocturnos de vigilancia. "Al objeto de evitar una errónea sensación de impunidad por las noches por parte de algunos ciudadanos ante las normas de confinamiento instauradas –especialmente durante los fines de semana y días festivos–, se dispone una intensificación en esa franja horaria del control del movimiento de personas y vehículos (...) y de la limitación de la circulación o permanencia de personas o vehículos en horas y lugares determinados", rezaba el escrito.

Darío justifica esta medida en la importancia de la labor policial para la salud pública. "Si nosotros fallamos, si no conseguimos asegurar el confinamiento, el contagio aumenta y, con ello se desbordan los hospitales y muere aún más gente. Amigos del sector sanitario nos dan las gracias y nos dicen que nuestra labor resulta imprescindible para ellos", comenta.

La cuantía de las multas oscila entre los 601 euros – para infracciones leves– y los 30.000 en el caso de las más graves. La Policía denuncia los hechos y es la Delegación del Gobierno quien resuelve. La mayoría de las propuestas de sanción se están tramitando en base al artículo 36.6 –"la desobediencia o la resistencia a la autoridad o a sus agentes en el ejercicio de sus funciones"– de la Ley Orgánica 4/2015, de Seguridad Ciudadana, aprobada durante la presidencia de Mariano Rajoy.

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"Esta es la norma que el PSOE y Podemos denominaban entonces 'Ley Mordaza' y abogaban por su derogación y que hoy es su principal arma contra aquellos que se saltan el confinamiento", expone Darío. De hecho, el Ministerio del Interior que encabeza Grande-Marlaska ha ampliado su concepción de desobediencia, por lo que para multar ya no es necesaria una actitud de resistencia violenta, a pesar de que su criterio de 2018 requería una "oposición" física del infractor.

La rutina

Y este no es el único cambio que afecta a la policía. La cuarentena provocada por la pandemia del coronavirus también ha modificado algunas de las rutinas de los agentes. Al cinturón, el chaleco antibalas y las botas que componen el uniforme de los 'nacionales', en las últimas semanas se le han sumado la mascarilla y los guantes de nitrilo.

Foto: Foto: EFE.

"Yo llevo una FFP2 [con un nivel de filtración superior al 92%] que me compré, porque las [mascarillas] quirúrgicas que nos dan no nos protegen de contagiarnos", expone Darío.

Al cinturón, el chaleco antibalas y las botas del uniforme de los agentes, se le han sumado la mascarilla y los guantes de nitrilo

Una vez uniformados, el mando superior reparte las tareas y asigna una zona concreta a cada indicativo, compuesto por entre 4 y 6 agentes. "Antes de ponernos en marcha, hablamos de los compañeros que han fallecido contagiados y recordamos las medidas de seguridad", explica el UPR. En las furgonetas llevan escudos balísticos, fusiles, bocachas, pelotas, botes de humo, arietes, conos y señales. Puede parecer un arsenal excesivo y poco propio de una pandemia pero España, además del estado de alarma, también mantiene activa una alerta antiterrorista nivel 4, decretada a mediados de 2015.

Miedo y angustia

"Cuando vives de forma continua algunos de los peores minutos de la vida de los demás, ya no es fácil impresionarte", comenta Darío. "Pero sí es sencillo entristecerte y sentirte tan vacío como las calles", añade. "Una noche de trabajo normal tienes intervenciones buenas y malas. Las primeras compensan a las segundas pero últimamente rara vez sale un equilibrio positivo".

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En una de las primeras noches de patrulla durante la cuarentena, prosigue, "mi Unidad o la de alguno de mis compañeros recibíamos llamadas como la de un hombre que nos decía que a su mujer le había pasado algo; y cuando llegábamos, llevaba muerta más de 24 horas; nadie había ido a por ella". "Esto también pasa, aunque apenas salga en televisión", sentencia.

Un furgón policial, de patrulla por el Madrid nocturno.
Un furgón policial, de patrulla por el Madrid nocturno.

A finales de marzo, la Comunidad de Madrid dio el visto bueno para utilizar el Palacio de Hielo como depósito de cadáveres, ante el incremento de fallecimientos por Covid-19. Tras más de veinte días albergando ataúdes, al recinto apenas le quedan apenas unas horas de uso, pero a Darío no se le olvida haber estado allí. "De hielo te quedas tú cuando ves a compañeros de dos metros, que han prestado servicio en situaciones muy duras como el 11-M, salir de allí llorando como niños".

Fin de la noche

Su jornada de trabajo termina cuando sale el sol y amanece el sábado. A las 7:30 regresa a su base, situada en Casa de Campo. "Solo nuestro indicativo ha denunciado a más de 12 personas y le hemos intervenido drogas a 5 de ellas", resume. Otro grupo de agentes ha detenido a un traficante que se hacía pasar por repartidor a domicilio. "Termina una noche más... Pero seguimos impotentes sin que nos repartan mascarillas y nos hagan test".

El pasado 10 de abril, varios sindicatos policiales cifraron en 14.000 el número de agentes de los Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que se encontraban entonces "de baja operativa" y reclamaron que se realizaran pruebas diagnósticas a policías nacionales, autonómicos, locales y guardiaciviles. "Si no nos protegen a nosotros, difícilmente podremos proteger a los demás", expresaban en un vídeo conjunto.

Foto: Los sindicatos policiales denuncian la falta de test y cifran en 14.000 los positivos y aislados

Además, las mascarillas quirúrgicas que les entrega la Dirección General de Policía "son insuficientes y apenas eficaces" contra el virus, según vuelve a quejarse Darío. "Hace unos días, murió uno de nuestros compañeros y ahora, todos esperamos no ser el siguiente protagonista del próximo funeral", narra.

Por el momento, el Ministerio del Interior no considera a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como 'personal de riesgo', lo que, además de reconocimiento político, abriría la puerta a pensiones más elevadas para el cónyuge de un agente fallecido. "Sin esa catalogación, es como si nos estuvieran diciendo que no hay riesgo en lo que hacemos. ¿A ti te parece que no lo tiene?", se pregunta, indignado, Darío antes de meterse en la cama.

(*) Darío es un nombre ficticio a petición del interesado.

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