LA INGOBERNABLE DESAFÍA AL AYUNTAMIENTO

Acampada en el centro de Madrid: los okupas de 'La Ingo' y su pulso a Almeida

El Gobierno municipal de Madrid daba de plazo hasta hoy para que los okupas abandonasen La Ingobernable. Así ha sido la vigilia previa a la llegada de los técnicos del ayuntamiento

Foto: Fachada lateral de La Ingobernable. (J. Corbacho)
Fachada lateral de La Ingobernable. (J. Corbacho)

Son las cuatro de la madrugada y estamos a escasos metros del madrileño Museo del Prado. Un turista inglés, desorientado y con síntomas de ebriedad, rompe el silencio de la calle del Gobernador. "Why is everybody sleeping here outside?" ("¿Por qué todo el mundo está durmiendo aquí fuera?"), pregunta, y no tarda en recibir un 'shhhhh' unánime por parte de varias personas que aún permanecen despiertas en sus sacos y esterillas.

Dos jóvenes, en la concentración. (J. C.)
Dos jóvenes, en la concentración. (J. C.)

Alguien se acerca y se lo explica en voz baja. "I want to join the revolution too!" (¡Yo también quiero unirme a la revolución!"), grita él. "Bueno, pues a 'sleep here' y 'be quiet", le responde uno de los presentes. El guiri mira hacia ambos lados y continúa su tambaleante camino.

La 'revolución' a la que el británico pretendía unirse es el último pulso al Ayuntamiento de Madrid por parte de La Ingobernable, el centro social que el consistorio de la capital pretende desalojar tras más de 850 días de okupación.

Un turista inglés, desorientado y con síntomas de ebriedad, pregunta: "¿Por qué está todo el mundo durmiendo aquí fuera, en la calle?"

Los colectivos que hasta ahora la gestionan —asociaciones feministas, ecologistas, veganas, LGBT, grupos musicales y de baile...— han organizado para las nueve de la mañana una chocolatada —con el lema 'Más churros y menos porras'— con la que frenar, o al menos intentarlo, el desahucio. Hasta que el sol salga, vecinos y activistas celebrarán una vigilia nocturna, junto a la explanada del CaixaForum, en el lateral del inmueble, durante la que podría ser la última madrugada de 'La Ingo'.

El enorme edificio de tres plantas, de ladrillo visto y 3.000 metros cuadrados de superficie, está situado en pleno centro de Madrid, a también escasos metros del Museo Thyssen y de la estación de Atocha.

La vigilia nocturna. (J. C.)
La vigilia nocturna. (J. C.)

En marzo de 2013, el último pleno de la Administración Botella lo cedió gratuitamente al arquitecto Emilio Ambasz por 75 años, para que exhibiese allí su obra al público.

Pero tras la negativa de la fundación del artista argentino —vinculada a FAES, 'think tank' ideológico del Partido Popular presidido por José María Aznar, marido de la exregidora—, a abonar ciertos gastos de mantenimiento, el proyecto quedó paralizado y algunos colectivos se instalaron en el bloque. Hoy son más de 150 entre residentes permanentes y temporales y, según cálculos de las asociaciones, unas 138.000 personas han pasado por las salas de La Ingobernable durante sus más de dos años de vida.

Almeida vs. 'La Ingo'

Este no es el primer intento de desalojo que afronta el bloque. El primero se produjo en abril de 2018. Aunque esta vez —y esto sí es una novedad—, la derecha ocupa —estos, con 'c'— la alcaldía de la capital.

Un perro, durante la vigilia. (J. C.)
Un perro, durante la vigilia. (J. C.)

Y las intenciones del Gobierno encabezado por Martínez-Almeida son claras. "Cuando lo desalojéis, hablamos", dijo a varios okupas que habían acudido a protestar a uno de sus mítines.

Sofía Miranda, nueva concejala de Ciudadanos en el ayuntamiento, ya avisaba a través de Twitter: "No sois indesalojables. Sois parásitos que vivís a costa de todos los madrileños, que os pagamos la luz y el agua". "Se os acaba el chollo", remataba en su tuit.

La anterior edil, Manuela Carmena, recuperó la titularidad pública del inmueble, tras pagar 1,4 millones de euros a Ambasz el pasado noviembre, y propuso instalar una biblioteca de obras de mujeres que llenaría con 30.000 volúmenes.

Fachada lateral de La Ingobernable. (J. C.)
Fachada lateral de La Ingobernable. (J. C.)

Pero los okupas no lo aceptaron, ya que suponía reorganizar parte del interior. Las asociaciones se negaron a este cogobierno y el consistorio, a iniciar la vía judicial.

Vigilia nocturna

Unos minutos después de medianoche, hay algo más de un centenar de personas en la explanada. Una portavoz divide al conjunto en dos grupos: a un lado, los que estén dispuestos "a formar parte del cordón humano cuando venga la policía", y al otro, los que se quedarán dentro del inmueble durante el desalojo.

Cajas de churros y porras. (J. C.)
Cajas de churros y porras. (J. C.)

La media de edad de los participantes en la vigilia ronda los veintipocos; la elevan algunos matrimonios de en torno a los 60 años que también participan de las asambleas, aunque son los primeros en abandonarlas, ya entrada la noche.

"Os agradecemos a todas que estéis dispuestas a poner vuestros cuerpos en la puerta de 'La Ingo", expresa una portavoz

"Os agradecemos a todas —indica una de los responsables del centro, en un lenguaje inclusivo que no abandona en toda la jornada— que estéis dispuestas a poner vuestros cuerpos en la puerta de 'La Ingo". Tras ello, otro vocal explica cómo formar un cordón humano: "Os cogéis de los brazos, a la altura de los codos, los unos a los otros para rodear la casa y bloquear los accesos". "Siempre —incide—, resistencia pasiva".

Posibles multas

Quienes desobedezcan a la policía pueden enfrentarse a una pena de tres a seis meses de cárcel —no entrarían, por tanto, en prisión— y sanciones que van desde los 600 a los 30.000 euros. Las multas, explica la portavoz, "se asumirán de forma colectiva por parte de las asociaciones del centro social".

Otro de los responsables recomienda a "menores, gente con antecedentes policiales y personas migrantes en situación irregular" que se abstengan de participar en la protesta. "Si os piden identificaros, les dais vuestros documentos. Si nos llevan a comisaría: no se declara y comunicamos el nombre de la abogada de 'La Ingo', que está de guardia".

La Ingobernable. (J. C.)
La Ingobernable. (J. C.)

Un joven, sentado en uno de los corrillos, levanta la mano y pregunta: "Si un policía te pide el DNI mientras estás en la cadena humana, ¿qué haces? ¿Te sueltas de tus compañeros y se lo das?".

El resto del grupo suelta una carcajada generalizada. "No, hombre —explica el portavoz—, la documentación te la piden una vez han disuelto el cordón".

Primera visita de la policía

Pasan 22 minutos de la una de la madrugada y llegan dos coches patrulla de la Policía Municipal, lo que interrumpe los malabares, acrobacias, piruetas en monociclos y demás 'actividades dinamizadoras' de la reunión.

Malabares durante la vigilia. (J. C.)
Malabares durante la vigilia. (J. C.)

"Hemos recibido una queja por ruido de los vecinos", indica uno de los agentes. Toca 'desalojar la plaza', propiedad del CaixaForum, que ha permitido a los colectivos —aseguran los portavoces— congregarse en ella.

Varios de ellos intentan negociar con los agentes y "seguir reunidos sin ni un solo ruido". Tras una larga charla, los policías ceden y se retiran. Eso sí, 'los ingobernables' tienen que aparcar los monociclos y soltar los malabares.

La vigilia nocturna. (J. C.)
La vigilia nocturna. (J. C.)

Un joven discute con uno de los vocales. Propone trasladar la protesta tras los muros del edificio. "No, hay que respetar a quienes van a quedarse dentro, que ya se han organizado y se enfrentan a sanciones mayores que los que estamos aquí fuera", obtiene por respuesta.

Amanece

Sale el sol a las 07:39. Hay quien no ha dormido ni un minuto. Otros, a pierna suelta, entre las mantas y esterillas que los responsables de 'La Ingo' han repartido durante la madrugada. Una pareja termina de darse el lote con el que inició la noche. Un grupo de amigos comenta la recién estrenada película de Tarantino y lamentan que, por lo que parece, 'Érase una vez en Hollywood' sea su penúltimo largometraje antes de que el director se retire.

Manuela Carmena recuperó la titularidad pública del inmueble y propuso instalar una biblioteca de obras de mujeres de 30.000 volúmenes

Llegan nuevas caras —otras regresan—, que se unen a la asamblea de la plaza. Algunas más conocidas que otras: el exedil Carlos Sánchez Mato, de Izquierda Unida, se hace una foto con una anciana, también madrugadora. Sol Sánchez, de la misma formación, no tarda en aparecer y atiende a los medios.

Llegada de los técnicos del ayuntamiento. (J. C.)
Llegada de los técnicos del ayuntamiento. (J. C.)

El Boletín Oficial del Estado fijaba para el 28 de agosto, a las 10 de la mañana, "la ejecución del lanzamiento", indicando que "se adoptarán las medidas necesarias para su recuperación".

A lo largo de esta semana, sin embargo, el ayuntamiento ha rebajado el tono del anuncio. Los funcionarios acudirán a comprobar si el número 39 de la calle del Gobernador sigue ocupado ilegalmente, último paso antes de iniciar el proceso judicial.

Los activistas, frente a la puerta. (J. C.)
Los activistas, frente a la puerta. (J. C.)

Unos 40 minutos antes de la hora prevista, hay unas 300 personas frente a la fachada de La Ingobernable, sentadas en varios grupos. Alguien da la voz de alarma. Fulano ha avisado a Mengano de que "vienen cuatro lecheras [furgones policiales] de los nacionales". Todos se levantan y algunos acuden a la puerta de acceso. Pasan 15 minutos y no suena ni una sola sirena. Falsa alarma. Por si las moscas, nadie se vuelve a sentar.

"Hablar de sus cosas"

A la hora prevista, aparecen dos técnicos del ayuntamiento —ambas mujeres— con la notificación de desalojo. Una mediadora, en representación de las asociaciones, se retira para hablar con ellas. Cuatro policías protegen la 'minicumbre'. "Atrás, atrás... Que tendrán que hablar de... sus cosas", comenta un agente.

Mientras, una veintena de personas —la mitad que los periodistas frente a ellos— forma un cordón humano delante de la puerta de acceso. Dentro, los que han pasado la noche en el inmueble bloquean también la entrada. "Gobierne quien gobierne, 'La Ingo' se defiende", gritan.

Los activistas bloquean la puerta. (J. C.)
Los activistas bloquean la puerta. (J. C.)

El boca a boca lleva la noticia desde la mediadora —pasando por algunos reporteros— hasta la entrada. "Desahucio parado. Que cambien la consigna", indica un vecino, mientras se oye a los activistas corear: "No pasarán".

Las técnicas, cuya intención era la de comprobar si el inmueble seguía okupado, no han podido llegar a él y se marchan. El "no pasarán" se transforma en "sí se puede", entre gritos y aplausos. Una banda de cuatro mujeres —clarinete, acordeón, cajón y saxo— comienza a tocar 'Bella ciao', el célebre himno antifascista que cantaban los partisanos durante la Segunda Guerra Mundial.

Como sucede con la filmografía de Tarantino, la de hoy no ha sido la última madrugada para el centro social, si acaso la penúltima. Quizás haya punto y final, posiblemente pronto. Pero por el momento, 'La Ingo' resiste. Al menos, una noche más.

Madrid

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
18 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios