DEL JEFE DE LA UCO A LA CHICA DE BOIRO

Cinco personajes clave en el caso del Chicle

Enrique Abuín tejió una red con la que durante meses sorteó la acción de la justicia. Hasta que algunos elementos de los que se sirvió dejaron de darle cobertura

Foto: José Enrique Abuín, conocido como el Chicle, asesino confeso de Diana Quer. (EFE)
José Enrique Abuín, conocido como el Chicle, asesino confeso de Diana Quer. (EFE)

El cerco en torno al Chicle se fue cerrando de forma progresiva. Desde casi el primer minuto estuvo entre los sospechosos, como explicaron este martes los responsables de la Guardia Civil que dirigieron la investigación. El coche de su mujer, ese Alfa Romeo gris que el 31 de diciembre se llevaron los agentes en presencia de decenas de periodistas y cámaras de televisión, fue uno de los tres sobre los que se extremó la vigilancia, en un intento de identificarlo como una de esas “bolas de luz” que registraron las cámaras. Y si la saturación de la red de telefonía móvil no hubiera aportado la falsa pista de un repetidor que no era, lo más probable es que Enrique Abuín llevara a estas alturas varios meses detenido. Pero poco a poco su suerte cambió, y cinco personajes tuvieron la responsabilidad de que finalmente fuera detenido.

La chica de Boiro

Este mes de diciembre, la Guardia Civil trabajaba con la previsión de presentar ante el juez un informe completo que le permitiese reabrir el caso, cerrado desde el 19 de abril. Pero todo se precipitó el 25 de diciembre, para dar paso a lo que los investigadores califican de semana frenética. Fue el día que una joven de Boiro de 28 años –“pero que aparenta unos cuantos menos”, según los agentes– fue abordada por un individuo desde su coche. Algo le dijo desde el asiento del conductor. Maniobró y avanzó en el mismo sentido que ella. La esperó unos metros por delante y bajó para intentar introducirla en el vehículo, el famoso Alfa Romeo. Ella se resistió y a punto estuvo el Chicle de poner tierra de por medio. Se inventó que todo era una broma de su novio –“Ah, ¿pero no eres Carla?”, le dijo– y se introdujo de nuevo en el coche para irse de allí cuanto antes. Pero como se percató de que ella se fijaba en la matrícula, entendió que no podía dejarla escapar.

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Se le acercó con un objeto punzante, intentó sin éxito meterla en el maletero y tuvo que dejarla escapar cuando se acercaron dos jóvenes a auxiliar a la muchacha. Y encima ella grabó el audio involuntariamente en un wasap. Entre esa grabación, las de las cámaras de la zona y la descripción física que ofreció ella, la cosa estaba clara. El Chicle había atacado de nuevo, lo que desencadenó la operación. Era algo con lo que no contaban: la reincidencia de un sospechoso que se sentía vigilado.

La Guardia Civil guarda con celo la identidad de la joven que, con su tesón, salvó su vida y desencadenó el hallazgo del cuerpo de Diana Quer. Ahora está de baja laboral, muy afectada por saber lo cerca que estuvo de acabar como la joven madrileña, quién sabe si en el mismo depósito de agua de la nave de Asados. Su madre ha relatado que desde ese lunes es incapaz de estar sola y es víctima de constantes ataques de ansiedad. Un grupo de psicólogos trata de ayudarla a superar el trauma.

El juez del caso

No se ha podido apreciar en la larga explicación que de la investigación ofreció la Guardia Civil este martes la más mínima crítica a la decisión judicial de sobreseer las diligencias hasta la aparición de nuevos datos, adoptada el pasado abril. Los investigadores estaban seguros de la culpabilidad del Chicle, pero carecían de pruebas contra él. La mayor de todas ellas, la ausencia del cuerpo, y sin cuerpo no hay delito. “La detención preventiva no es legal”, recordaron los agentes a los periodistas. Entienden que la investigación “había entrado en vía muerta”.

“No existen indicios para dirigir las actuaciones frente a persona alguna determinada, no existiendo indicios de criminalidad, o habiéndose descartado, sobre las personas policialmente sospechosas, tal y como apunta en su informe el Ministerio Fiscal”, recogía el auto judicial.

Con esa decisión, el titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 1 de Ribeiro, Félix Isaac Alonso, evitaba que se agotaran los plazos de instrucción marcados por la normativa interna, con lo que ofrecía más tiempo a los investigadores de la Guardia Civil. Más tiempo pero menos medios, ya que no pudieron intervenir las conversaciones telefónicas ni colocar balizas en los vehículos de los sospechosos, que ya eran solo dos: Enrique Abuín y su mujer, a esas alturas todavía posible coautora de los hechos, aunque después se comprobó que solo encubría a su marido. La investigación se ralentizó, pero el caso de Boiro permitió entregar al Chicle al juez y que este reabriera el caso este mismo martes.

Manuel Sánchez Corbí, jefe de la UCO

El máximo responsable de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) llevó personalmente las investigaciones, de la mano del coronel jefe de la Comandancia de A Coruña, Francisco Javier Jambrino. Se trata de un hombre forjado en la lucha contra el terrorismo, relacionado con los servicios de Información del cuerpo. Él dirigió la operación que permitió liberar a José Antonio Ortega Lara en 1997 tras 532 días de secuestro en un zulo de ETA. También estuvo al frente de la investigación de la supuesta financiación irregular del PP, con los famosos papeles de Luis Bárcenas.

Otro de los episodios que jalonan la carrera de Corbí es su condena y posterior indulto por el Gobierno de Aznar por un caso de torturas a un preso de ETA. El ahora jefe de la UCO había sido condenado en 1997 a cuatro años de cárcel y seis de inhabilitación por torturas a un detenido en Basauri cinco años antes. El Tribunal Supremo rebajó la condena a doce meses de cárcel y seis años de inhabilitación en 1998, y finalmente fue indultado en 1999 por el primer Gobierno de José María Aznar, a propuesta de la entonces ministra de Justicia Margarita Mariscal de Gante.

Con fama de puntilloso, este hijo y nieto de guardias civiles creció en la casa cuartel de Irún, donde vivió los años duros del terrorismo. Desarrolló gran parte de su carrera en el cuartel de Intxaurrondo. Su labor ha sido reconocida fuera de España, con distinciones como la Legión de Honor francesa, la más alta condecoración otorgada por el Estado francés. La exjueza contra el terrorismo Laurence Levert aseguró que fue él quien le enseñó “qué era verdaderamente la banda terrorista ETA”.

La madre del Chicle

La mujer del Chicle, la hermana de esta y su marido sabían que él estaba siendo investigado, pero no así sus padres. Ambos eran totalmente ajenos al hecho de que la Guardia Civil estrechara el cerco sobre él, y la detención de este el 29 de diciembre supuso para ambos una desgarradora sorpresa. La reacción ha sido desigual. El padre defendió la inocencia de su hijo: “No tiene cojones ni para matar a una gallina o a un ratón”, aseguró a las cámaras de televisión.

Muy distinto ha sido el testimonio de su madre, quien, acompañada con su hermana, la tía materna del Chicle, y en declaraciones a Telecinco, calificó de “monstruo” a su hijo. “Mi hijo es un monstruo, un asesino. Yo no crie a un monstruo pero se convirtió en uno, no puedo más”, se lamentaba ella, que pidió perdón en nombre de Enrique a los padres de Diana Quer. “No esperaba esto de mi hijo, siento mucho lo que están viviendo. Lo siento como si fuera una hija mía”, añadía entre lágrimas.

Las dos hermanas se preguntaban ante las cámaras cómo es posible que Quique hubiera pasado tantas veces por delante de la nave en la que escondía el cadáver de la joven madrileña sin pestañear. Esa es una de las mayores sorpresas que se han llevado cuantos conocen al Chicle, un tipo poco apreciado, con fama de fanfarrón y poco fiable, pero que imaginaban sin las agallas suficientes para mantener un secreto tan importante durante casi año y medio.

Tampoco goza de gran consideración en el lugar de Asados la familia del presunto asesino, una gente a la que sus vecinos se refieren entre el desdén y el desprecio. “Son raros”, explica un habitante del lugar. En contra de lo que se ha dicho, no forman parte de los Fachos, el clan implicado en asuntos de droga con el que colaboró Abuín, aunque sí son familiares próximos.

La mujer del detenido

Rosario Gómez, la mujer del Chicle, sí sabía que estaba siendo investigado, pero hasta el último momento creyó en su inocencia. Así lo considera la Guardia Civil, aunque durante muchos momentos de la investigación ella se les apareciese como posible coautora del secuestro de Diana Quer. Era simple encubridora, y según los investigadores, involuntaria. Creen que fabricó su coartada porque se creyó lo que su marido le contó: que sus antecedentes le convertirían en el perfecto chivo expiatorio. No solo por asuntos relacionados con las drogas, también por el supuesto intento de violación de la hermana gemela de Rosario, en 2005.

Porque Rosario ya había encubierto a su marido 12 años antes, cuando no dio credibilidad al testimonio de su hermana. Vivía engañada por él, un profesional de la mentira. Pero cuando vio lo que había hecho en Boiro, la grabación de audio y de las cámaras, el Alfa Romeo, la descripción… No había lugar a dudas, y Rosario se derrumbó y le retiró su única tabla de salvación. A la madre del Chicle le ha confesado que no tendrá piedad con él: “Dice que si él tiene que pasar toda la vida en la cárcel, a ella no le importa. Ya no le quiere y ya está”. Durante todo este tiempo, su marido le decía: “Tú dile (a la Guardia Civil) que estuviste conmigo”. “Hasta que dijo: no, conmigo esa noche no estaba”, relató la madre. Rosario vive ahora aterrada al saber que el monstruo dormía en su misma cama.

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