ELECCIONES 21-D: LOS RESULTADOS

El 21-D castiga al PSC con un tímido tirón y a Sánchez con un suspenso en su primer test

Los socialistas catalanes firman su segundo peor resultado histórico. Solo suben un escaño respecto a 2015 y apenas un punto. Todos los grandes objetivos perseguidos en estos comicios no se logran

Foto: Miquel Iceta, acompañado de Salvador Illa y Eva Granados, este 21 de diciembre en la sede del PSC. (EFE)
Miquel Iceta, acompañado de Salvador Illa y Eva Granados, este 21 de diciembre en la sede del PSC. (EFE)

Otra noche de decepción para los socialistas. Otra noche desapacible y gélida firmada con fracaso pese a una subida tímida, raquítica, casi inapreciable. Otra noche negra para Miquel Iceta y para Pedro Sánchez. Y para el bloque constitucionalista. Todo eran malas noticias este 21-D para el PSOE y para el PSC. Ninguno de los objetivos se habían cumplido. Ni se palpó un crecimiento despampanante —se quedó en un escaño y punto—, ni se pudo celebrar un 'sorpasso' sobre Ciudadanos, ni fue posible traspasar la frontera de los 20 diputados, ni se produjo la ruptura de la mayoría independentista ni, consecuentemente, había opción alguna para volver a la presidencia de la Generalitat vía pacto transversal. Ni tan siquiera se constató un 'efecto Sánchez'. Para mayor dolor, se volvía a la casilla de salida, a la hegemonía de los soberanistas y al 'procés'. Solo quedaba un estrecho margen para el consuelo: el logro de doblar en diputados a sus competidores por la izquierda, Catalunya en Comú-Podem. Magra hazaña para unas elecciones en las que los socialistas habían depositado sus esperanzas de recuperación, la señal de que los votantes regresaban en un granero fundamental: Cataluña. "No son los resultados que perseguíamos", admitió el candidato pasadas las 23:00 y sin poder ocultar su tristeza y decepción, pero sin dar un paso más. La posibilidad de dimisión ni la mentó.

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En realidad, Iceta se desfondó. El PSC firmó su segundo peor resultado histórico en porcentaje de votos y en actas en unos comicios autonómicos, después del batacazo de hace dos años. Y desde luego ese bofetón no era esperado, ni mucho menos. Con casi el 100% escrutado, Iceta logró más de 602.000 papeletas, el 13,9% de los sufragios. 17 únicos escaños, a años luz de los 37 que cosechó Ciudadanos, la fuerza vencedora en estas elecciones. Sí fue el primer ascenso experimentado por el PSC desde 1999, tal y como se preveía. Pero insuficiente, muy insuficiente. Enclenque. En 2015, también con Iceta al frente del PSC y con Sánchez comandando el PSOE, los socialistas se hicieron con 523.283 papeletas, el 12,72% y solo 16 diputados. Era su peor dato desde las primeras catalanas, las de 1980. Pero entonces el primer secretario, que apenas llevaba un año en el poder del partido, logró salvar los muebles.

Ahora las expectativas eran muy distintas, eran mucho más altas. En aquel momento el PSC atravesaba por una crisis total. Había padecido una sangría de militantes y cuadros y todavía no se había asentado su nuevo discurso, contrario al derecho a decidir. Y las encuestas vaticinaban catástrofe. El 21-D se afrontaba con un mayor optimismo, se había instalado la convicción de que habría un mayor tirón, al que apuntaban los primeros sondeos, y la acogida en los actos y la calle era positiva. Sánchez, además, parecía tener predicamento en Cataluña y su triunfo en las primarias de mayo insuflaba ánimos en los territorios y pintaba a una cierta revitalización de las siglas. Pero no pudo ser. La subida de un parlamentario y poco más de un punto sabía a demasiado poco en la casa socialista. La víspera se aseguraba, tanto en Ferraz como en Nicaragua, la sede central del PSC, que no traspasar la barrera de los 20 escaños se asimilaría como un cierto fracaso.

Los socialistas cosechan 600.000 papeletas y un 13,9%, escasamente un punto más que hace dos años. Sus 17 escaños quedan a 20 de Ciudadanos

Ni siquiera la alianza con Units per Avançar, que se materializó con la entrada de Ramon Espadaler y de otros dirigentes en las listas, compensada con el fichaje de referentes históricos de la izquierda, sirvió para aumentar la bolsa de electores. El mensaje transversal, pensado para captar votantes catalanistas huérfanos y progresistas no soberanistas, prosperó. Triunfó la polarización, como ya se veía venir en los últimos días de campaña. Al menos, eso sí, se detuvo la hemorragia. Si en 2015 el PSC tocó fondo, en 2017 invierte esa tendencia histórica y gana casi 100.000 papeletas. De hecho, en número de sufragios, este 21-D está por encima de los datos de las últimas autonómicas (523.283), las de 2012 (524.707) y las de 2010 (575.233). Pero el aumento de la participación, sin lugar a dudas histórica (81,94%), no le benefició tanto como a Cs. Los datos brillantes de Inés Arrimadas se opacaban al ver lo poco que servían como billete de gobierno: sus posibilidades de alcanzar el Palau de la Generalitat son absolutamente nulas. Los constitucionalistas no suman de ninguna manera, ni aun incorporando a los 'comuns' de Xavier Domènech.

Fracaso para los socialistas, en cierta medida, lo hubo. El único saldo positivo se consiguió en la circunscripción de Barcelona, en la que el PSC consiguió un diputado más (de 12 a 13). Pero en las otras tres provincias las cosas quedaron igual que en 2015: dos asientos por Tarragona, uno por Lleida y otro por Girona. En los grandes municipios —desde la capital catalana, hasta feudos históricos del partido en el área metropolitana como L'Hospitalet, Santa Coloma, Granollers, Cornellà, Terrassa...—, Inés Arrimadas se impuso a Iceta con rotundidad, y conquistó la primera plaza del podio. En Tarragona y Lleida ciudad, en las que gobiernan los socialistas, ganó igualmente la formación naranja. Y en Girona venció Junts per Catalunya, la otra candidatura ganadora de la noche: Carles Puigdemont dobló el pulso a la ERC del encarcelado Oriol Junqueras en la lucha fratricida dentro del bloque independentista.

Duplican a los comunes

En el conjunto de la comunidad, Cs obtuvo 1,1 millones de papeletas, el 25,36% y 37 diputados. Muy lejos del PSC. Claro que los socialistas podían congratularse con el pésimo resultado de los comunes, diezmados tanto en diputados (pasaron de 11 a solo ocho) y porcentaje de votos (7,45%). En síntesis, Cs casi dobló a los socialistas y estos cerca estuvieron de duplicar a los de Ada Colau. El PP de Xavier García Albiol, mientras, quedaba hundido por completo: su naufragio fue total: saltó de 11 representantes a solo tres (4,24%), la última fuerza del Parlament.

Iceta reconoce que el PSC no obtiene los resultados que perseguía: ni los constitucionalistas vencen a los 'indepes' ni él logra ser el "eje" de la alternativa

"No son los resultados que perseguíamos", constató Iceta cuando compareció sobre las 23:20 en Nicaragua, la sede central, acompañado de su director de campaña y de su portavoz y número dos por Barcelona, Salvador Illa y Eva Granados. No hubo ni mayoría alternativa, ni los socialistas habían conseguido ser "el eje de esa alternativa", subrayó, para felicitar enseguida a Arrimadas y a Cs por su inapelable victoria en votos y escaños. El primer secretario enfatizó que la mayoría soberanista se ve "matizada" por su "retroceso" en diputados (de 72 a 70) y porque no ha alcanzado el 50% de los sufragios (se ha quedado en el 47,49%).

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Iceta entonces recalcó que la mayoría parlamentaria "habilita a investir presidente" y a formar Gobierno, pero este "tendrá que actuar en el marco constitucional vigente". Los separatistas, sostuvo, tendrán que "descartar de forma rotunda la vía unilateral e ilegal". Y de nuevo volvió a su mensaje de campaña: la solución no se halla ni en el independentismo ni en el inmovilismo, y el PSC seguirá "comprometido" en la búsqueda de una vía acordada que suponga el refuerzo del autogobierno y la mejora de la financiación.

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"Revierte la caída"

Desde Madrid, el mensaje fue coordinado. José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, reconoció que el resultado del partido hermano "no es el esperado ni mucho menos el deseado", aunque sí quiso intentar sacar algo de brillo al escaño de más conquistado este 21-D: el PSC "avanza" y "revierte la caída y muestra el camino de la recuperación".

Iceta y Ábalos emplazan a los soberanistas a "descartar" la vía unilateral y a "no repetir los mismos errores": no han llegado ni al 50% de votos

Como Iceta, el número tres del PSOE advirtió a los soberanistas de que han conseguido la mayoría absoluta en escaños, sí, pero no en votos, y que además necesitan a la CUP, una fuerza "antisistema", como compañera de viaje. "Por eso, es más oportuno que nunca que entiendan el mensaje y asuman que la agenda de la unilateralidad no puede volver a marcar el tiempo político". Ábalos argumentó que no se pueden "repetir los mismos errores", y en consecuencia el nuevo 'president' ha de serlo "para el cien por cien de los catalanes, no para el 50 por ciento y menos aún para el 47%", y ha de asumir que no hay más camino que "el respeto a la ley y a la Constitución".

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El PSOE sigue creyendo que su receta es la adecuada, que su apelación al "diálogo" y a la "normalización de la relación del Govern con el Gobierno de España" es la vía correcta, y en ese sentido indicó que hay que aprovechar la pista de aterrizaje desplegada en el Congreso: la comisión sobre el modelo territorial.

Implicación total de Sánchez

Los socialistas, en su discurso público, no creen que hayan errado en su estrategia. Es más, sería una equivocación "tremenda", dijo, si se concluyese que una política basada en la "concordia y el encuentro", en la "reconciliación" está abocada al "fracaso". Ábalos apuntó que la victoria de Ciudadanos se debe más a la situación tan excepcional que vive Cataluña y a su nivel de "polarización", y también la "presión" a favor del voto útil, espoleada por "algunos". En cualquier caso, el análisis más profundo de lo ocurrido se hará este viernes en Barcelona, en la reunión de la ejecutiva del PSC a la que acudirán Pedro Sánchez y sus lugartenientes, Adriana Lastra y el propio Ábalos. Allí harán un "repaso de quién tiene un papel que jugar" en este nuevo contexto "al margen de victorias o derrotas". "Más que cómo queda cada uno, lo importante es cómo quedan Cataluña y España y el papel que pueden jugar los actores" políticos, siguió. Una explicación un tanto enrevesada que parecía apuntar a que el PSOE seguirá teniendo mucho que decir, y no solo Ciudadanos, pese a su palpable triunfo de este 21-D.

La desolación cundía en las dos sedes. El PSOE achaca los resultados, por debajo de expectativas, a la polarización y a la "presión" a favor de Cs

La desolación profunda que cundía en el PSC —miembros del núcleo duro no ponían paños calientes y asumían que los datos eran "durísimos" y que el escenario era un "horror"— era compartida indudablemente por Ferraz. Sánchez, como también subrayó Ábalos, se había "implicado" activamente en la campaña de Iceta, y confiaba plenamente en él. Ambos tejieron las conversaciones con el Gobierno para la aplicación del 155 y ambos han mantenido una complicidad total durante meses. Por eso el traspié de este 21-D es imputable en cierta medida al secretario general, que pasaba este jueves su primera prueba de fuego desde su regreso a la secretaría general del PSOE. A la vista no asoman convulsiones internas, pero también es cierto que la decepción en Cataluña complica la ampliación de la base electoral de los socialistas, dado su gran peso demográfico en el conjunto de España.

Todo ese castillo de naipes se ha venido en cierta medida abajo, dado que los objetivos no se han cumplido. Iceta había fiado su campaña a la proyección de varias ideas fuerza: su candidatura representaba la "transversalidad", la "reconciliación", el "catalanismo" de toda la vida, y no las ansias de "revancha" contra los independentistas y el "inmovilismo", porque su apuesta era y sigue siendo mejorar el encaje de Cataluña en España a través de una reforma de la Constitución y de una profundización del autogobierno. Además, había remachado varias pistas claves sobres sus intenciones de pactos poselectorales. Nada de investir a ningún aspirante separatista —ni Carles Puigdemont, ni Oriol Junqueras, ni Marta Rovira—, nada de dejarse investir él mismo con sus votos, nada de tripartitos con ERC y los comunes. Precisamente por el carácter "transversal" de su proyecto, buscó convencer a los electores que la suya era una candidatura viable, y no la de Inés Arrimadas, con quien pugnaba por el liderato del bloque unionista. En realidad, insistía en los últimos días, solo cabían tres opciones: o un 'president' soberanista, o él mismo al frente de la Generalitat o repetición de elecciones. Pero patinó, porque así lo percibieron los suyos, cuando prometió pedir indultos para los dirigentes separatistas condenados.

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La apuesta estratégica, sin embargo, no ha funcionado. Los electores han preferido las tripas y han optado por premiar al 'expresident' fugado en Bruselas y a la mujer que más firmeza exhibía contra el 'procés' y que a la postre ha arrastrado el voto útil. El 21-D ha dado la espalda a la 'vía Iceta', al 'Borgen' soñado. No apreció la alternativa templada, moderada y de reconstrucción de puentes del PSC, ni la búsqueda de votos en todos los caladeros (hasta de los secesionistas) habidos y por haber. Las urnas confirmaron un ascenso, sí, pero bañado en dolor y tristeza: por corto de vuelo, por el pulso ganado de Cs y, sobre todo, porque el 'procés' continúa y la partida sigue estando del lado de los independentistas. El 21-D murió más amargo para los socialistas de lo que ellos confiaban.

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