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El oscuro clan de Borràs: presiones y maniobras para asustar a los 'enemigos'
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Denuncia una persecución política

El oscuro clan de Borràs: presiones y maniobras para asustar a los 'enemigos'

Sus familiares llegaron a ir a una oposición con pancartas acusando a un tribunal de estar "apañado" y abuchearon a su presidente

Foto: La presidenta del Parlament, Laura Borràs. (EFE/Marta Pérez)
La presidenta del Parlament, Laura Borràs. (EFE/Marta Pérez)

La presidenta del Parlament, Laura Borràs, está rodeada de un grupo que funciona como un clan. Sus principales escuderos son Francesc de Asís Dalmases y Aurora Madaula, a la que ha situado como integrante de la Mesa del Parlament. El primero es un viejo amigo que había compartido despacho con Borràs en la legislatura tras las elecciones del 21 de diciembre de 2017. El despacho tenía el nombre de 'War Room', es decir, 'la habitación de la guerra'. Y en él trabajaban Borràs, Dalmases, Quim Torra y Josep Costa, que fue vicepresidente del Parlament en la anterior legislatura. De ahí salían las consignas más radicales de Junts y las líneas de acción más extremistas y duras del independentismo, reclamando desobediencia a las leyes y a favor del conflicto institucional.

Uno de sus integrantes, Francesc Dalmases, es ahora el protagonista de una agria y escandalosa historia tras una bronca a una redactora de un programa de televisión de TV3 porque no le habían gustado algunas preguntas que le hicieron durante una entrevista a Laura Borràs. Para mayor escándalo, la propia Laura Borràs se encontraba en el mismo despacho donde se estaba produciendo la bronca. El episodio de Dalmases gritando y presionando a la periodista ha provocado un escándalo político en Cataluña. No es nuevo. De hecho, los insultos y presiones a periodistas no independentistas han sido una constante los últimos años, pero nadie había movido ni un dedo hasta ahora.

Foto: Laura Borràs. (EFE/Marta Pérez)

Dalmases es el mayor defensor de la presidenta del Parlament y el que con más entusiasmo denuncia una persecución política contra su compañera. Por algo también fue colocado como vicepresidente de Junts per Catalunya (JxCAT) en el reciente congreso, justo por debajo de Borràs en el organigrama del partido. Esa teoría persecutoria es sostenida por un sector minoritario de radicales que se niega a llamar corrupción a los hechos contenidos en el proceso judicial que salpica a la presidenta del Parlament, aunque a un sector de Junts no le hace gracia la estrategia de su líder arropándose con la bandera independentista. El colmo de la tergiversación llegó con la afirmación de la propia Borràs de que los delitos de que se le acusa, falsedad y prevaricación, no son corrupción.

Al margen de esa 'disquisición' terminológica, la actitud del diputado provocó que ERC, PSC, CUP y En Comú Podem firmaran este jueves una carta conjunta dirigida a Borràs en la que la instaban a iniciar un procedimiento para determinar si el diputado ha violado el código de conducta del Parlament. "Los hechos son contrarios a la conducta ejemplar que hemos de guardar y hacer guardar los miembros del Parlament de Cataluña".

"Los hechos son contrarios a la conducta ejemplar que hemos de guardar y hacer guardar los miembros del Parlament de Cataluña"

Le recuerdan también en la carta que Dalmases no solo ha presionado a TV3, sino a otros profesionales (entre ellos, periodistas de Catalunya Ràdio y de la Agencia Catalana de Noticias), así como de medios privados, en una sucesión de hechos que, en privado, los partidos califican de lamentables. La actitud de Dalmases adquiere una especial relevancia porque el diputado es portavoz de su partido en la comisión de control de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA), el 'holding' en el que se engloban los medios públicos catalanes. Y, en varias ocasiones, hacía referencia a su pertenencia a esa comisión para presionar a los redactores de los medios públicos, que temían represalias de sus respectivos jefes.

Desde su puesto parlamentario, Dalmases pretendía influir en las noticias emitidas por diferentes medios, especialmente los públicos. Pero en medios privados también hubo presiones, conforme aseguró Robert Calvo, de Onda Cero. "Confirmo que estas son las maneras habituales de este diputado. A mí también me abroncó tras una entrevista a Laura Borràs porque no le gustaron mis preguntas. Luego, me faltó al respeto sistemáticamente en las tertulias que yo moderaba. Hay testigos", denunció el periodista radiofónico.

Gritos y pancartas en unas oposiciones

No es el primer episodio de coacciones que salpica a Borràs. Antes de ser conocida, ya era toda una especialista en el arte de presionar. El catedrático Jordi Llovet publicó hace unos días en su página de Facebook una historia que no deja indiferente a nadie y que ilustra de manera fehaciente la personalidad de la presidenta de la Cámara legislativa catalana.

Una de las historias que cuenta, quizás una de las más suaves, tiene que ver con los métodos de Borràs. "Se presentó a unas oposiciones para ser profesora titular junto con su colega David Viñas y la sesión fue turbulenta. David Viñas fue muy superior y presentó una memoria y un proyecto docente mucho más sólidos que los de Laura Borràs. Ella adujo que no lo había podido hacer porque había estado a punto de morir de parto hacía pocas semanas. Eso es cierto; le salvó la vida su padre, entonces jefe de Urgencias del Hospital Clínic; esto es bonito. Ante esta explicación, yo, que era el presidente del tribunal, respondí tan correctamente como pude diciendo que la comisión estaba reunida para elegir a un candidato a ser profesor titular y que no era el lugar para hacer consideraciones sobre su salud, aunque lamentaba lo que le había sucedido. Al fondo de la sala, en la Facultad de Letras, había una delegación de su familia que estuvo abucheando y blandiendo pancartas que decían que aquel tribunal estaba 'apañado' y que estábamos cometiendo una injusticia al dar la plaza a David Viñas y no a Laura Borràs".

Esa 'guardia de corps' poco pudo hacer: la plaza fue para su oponente. Llovet relata que Borràs había hablado con el hombre fuerte de área de Teoría de la Literatura, Darío Villanueva, quien presionó a un miembro del tribunal, David Pujante, para que votase a favor de Borràs, "pero las diferencias en la memoria y las exposiciones de los dos candidatos fueron tan obvias que Pujante se decantó finalmente por votar a Viñas".

Una queja oficial

Tiempo después, en una convocatoria de becas de la Universidad de Barcelona, sucedió algo parecido. "Había dos candidatas, y la otra, una chica italiana muy bien preparada, presentó ante el tribunal unos méritos históricos inferiores a los de Laura Borràs, pero, en cambio, un proyecto investigador muy sólido. El de Laura Borràs consistió en una pila de vaguedades, ya de pleno en el mundo de la informática ligada a la literatura. Perdió la plaza. Yo (…) asistí a los ejercicios de las dos candidatas y eso me permite dar fe de que la otra candidata demostró ser muy superior. Más todavía: Laura Borràs disponía de una hora para exponer currículum y proyecto, y dedicó tres cuartos de hora a explicar un montón de méritos avalados con papeles, certificados, cartas y firmas de personas de patente del mundo entero y solo un cuarto de hora, o menos, a presentar el proyecto de investigación. Eso le fue recriminado por el presidente del tribunal (del que yo no formaba parte, puesto que ya estaba jubilado) y, como he dicho, ganó la otra chica. Laura Borràs presentó inmediatamente una queja a las instancias universitarias, que llegó al rector, que le tenía una gran simpatía". El rector hizo sus indagaciones y, tras las consultas pertinentes, decidió dejar todo como estaba: la beca fue para su oponente.

Foto: Laura Borràs, en el II Congreso de JxCat. (EFE/Toni Abir)

Ya entonces, Borràs sabía que debía arrimarse a buen árbol para que le cobijase buena sombra. "Comenzó a compartir comidas en el restaurante Lázaro (ya desaparecido), en la calle Aribau, con unos cuantos miembros de la 'vieja guardia' de Convergència, entre ellos, que yo hubiese visto, Francesc Sanuy, el exconsejero [de Cultura] Guitart, alguna vez Macià Alavedra [consejero de Economía] y más que no identifiqué. Tengo testigos de aquellas comidas (naturalmente, comer en aquella compañía no era ningún delito)". No dejaba de ser, sin embargo, paradójico el perfecto ensamblaje que trazaba entre su carrera profesional y sus contactos políticos a alto nivel con lo más granado de Convergència y las personas que más influencia tenían sobre Jordi Pujol.

El catedrático afirma también: "Siempre tuve la impresión de que Borràs poseía una ambición que se encontraba muy por encima de su categoría profesional en el mundo de la Comparatística y de su solvencia como profesora, pese, repito, a la admiración que le profesaba una parte del alumnado". La mediocridad aducida por el académico se vio compensada, de largo, por su estrategia político-profesional, que la llevó a la política más tarde y en la que acabó de candidata de un partido a la presidencia de la Generalitat.

La estadística familiar

En el imaginario político catalán queda para el recuerdo la particularidad de que la joven hija de Borràs entrase a trabajar como comentarista en Catalunya Ràdio y en Betevé, la televisión pública local de Barcelona. ¿Cómo una jovencita llegó a entrar en esos medios? ¿Tuvo algo que ver su madre, que ya entonces tenía su parcela de poder en la Policía? Siempre lo negaron, aunque ha habido rumores para todos los gustos. Rosa Gordillo, exeditora de Cataluña Radio que la tuvo bajo su mando y actual empleada de TV3, llegó a responder públicamente a los rumores de enchufe en 2019. "Qué fácil es difamar. Su hija fue colaboradora de la radio cuando nadie la conocía y Laura no se dedicaba al mundo de la política. Ni siquiera nos conocíamos personalmente. Por cierto, hizo un trabajo excelente. Es triste utilizar a los hijos para atacar a alguien". Carles Enric, premio Internacionalización de la Economía 2001, le respondió públicamente: "Milagros en Cataluña. La hija de Laura Borràs entró como colaboradora en la radio pública con 12 años cuando nadie la conocía. La debieron recoger en la calle y le dieron el trabajo. No dirán que no son buena gente. En fin… ¡La 'Famiglia' bien, gracias!".

Foto: David Torrents (2d), acompañado del 'conseller' de Economía y Hacienda, Jaume Giró (i), la diputada Pilar Calvo (2i) y el diputado del Parlament Jaume Alonso Cuevillas (d). (EFE)

La hija empezó a colaborar en Catalunya Ràdio con 11 años, en el programa 'La Tribu' y en apartado 'Libros para niños'. Los colaboradores de la sección, según el anuncio de la propia cadena de radio, eran "Laura Borràs, profesora de Literatura de la UB; Marta Botet Borràs, lectora de 12 años y bloguera de Libros (sic); Anna Manso, guionista y escritora; y Carles Ramon, propietario de la librería Fontdemimir". Que entró de la mano de su madre, queda meridianamente claro. Más tarde, la colaboración se trasladó al programa 'Qlicka't' en 2015, cuando Borràs era ya directora de la Institució de les Lletres Catalanes (ILC), el organismo del que, según la acusación, desvió más de 330.000 euros en varios contratos a las cuentas de un amigo personal suyo. De ahí, la joven pasó al programa 'El Suplement' hasta que, un tiempo después, aterrizó en Betevé.

Jordi Llovet explicaba en su escrito vivencial cómo la profesora Borràs solía hacer circular fotos de su hija en sus clases mientras explicaba a los alumnos "los cuentos que había explicado a su hija para dormirla, esgrimiendo que después hablaría de las 'funciones narrativas' de los cuentos en cuestión". Años más tarde, la propia Borràs y su marido, Xavier Botet, hacían propaganda en las redes sociales sobre las entrevistas de su hija. Memorable fue una entrevista de la joven presentadora a "Laura Turull y Oriol Sánchez, hijos de presos independentistas" en marzo de 2019. A pesar del empeño patriótico, la joven no cumplió las expectativas y dejó de colaborar en Betevé meses más tarde.

La presidenta del Parlament, Laura Borràs, está rodeada de un grupo que funciona como un clan. Sus principales escuderos son Francesc de Asís Dalmases y Aurora Madaula, a la que ha situado como integrante de la Mesa del Parlament. El primero es un viejo amigo que había compartido despacho con Borràs en la legislatura tras las elecciones del 21 de diciembre de 2017. El despacho tenía el nombre de 'War Room', es decir, 'la habitación de la guerra'. Y en él trabajaban Borràs, Dalmases, Quim Torra y Josep Costa, que fue vicepresidente del Parlament en la anterior legislatura. De ahí salían las consignas más radicales de Junts y las líneas de acción más extremistas y duras del independentismo, reclamando desobediencia a las leyes y a favor del conflicto institucional.

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