Puigdemont apuesta por sacrificar a Torra y retrasar la elecciones hasta febrero de 2021
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El president actual preferiría noviembre

Puigdemont apuesta por sacrificar a Torra y retrasar la elecciones hasta febrero de 2021

El actual presidente de la Generalitat discrepa de este planteamiento, pero ahora es víctima del rol de subsidiariedad que ha asumido respecto a Waterloo. Es tarde para tomar el control

Foto: Puigdemont apuesta por sacrificar a Torra y retrasar la elecciones hasta febrero de 2021
Puigdemont apuesta por sacrificar a Torra y retrasar la elecciones hasta febrero de 2021

Carles Puigdemont apuesta por que las elecciones catalanas sean lo más tarde posible, preferentemente el año que viene, según apuntan fuentes de su entorno en Waterloo. Se habla sobre todo del mes de febrero. Este cambio, cuando todos los partidos se encuentran en clave electoral, también desafía la opinión de Quim Torra, que primero quería las elecciones el 4 de octubre y ahora desearía convocarlas para el 15 de noviembre. Pero Puigdemont, famoso por sus cambios de opinión, pretende ahora alargar la legislatura lo más posible, por mucho que Torra no se entienda ni con ERC ni con la mayor parte de JxCAT. Eso supone sacrificar la figura de Quim Torra ya que implicaría que se activasen los mecanismos legales previstos para la inhabilitación legal del president de la Generalitat.

Si Torra es inhabilitado por el Tribunal Supremo, la decisión no es recurrible. Es previsible que, si al final es así, Puigdemont y el entorno de JxCAT se inclinan porque se activen los mecanismos legales: perder dos meses en que el Parlament no se ponga de acuerdo para que haya sustituto y luego otros dos hasta que se llame a las urnas. Total, febrero de 2021. Pero eso supone que el president de la Generalitat renuncie a su principal competencia: convocar elecciones catalanas. Y por eso Torra se opone. Pero los "spin doctors" de JxCAT consideran que pueden camuflar esta renuncia de "155 judicial" y culpar a Manuel Marchena y al Supremo.

El cambio de criterio de Puigdemont se debe a dos factores, según explican fuentes de JxCAT cercanas al 'expresident'. El primero es la constitución de JxCAT como partido presidido por Puigdemont para romper con el PDeCAT. Carles Puigdemont es consciente de que su partido necesita ganar capilaridad, sobre todo en los municipios. La mayor parte de las caras conocidas del partido se han ido con él, pero esas personalidades relevantes no son las que movilizan a los militantes y sirven para ganar contiendas electorales a pie de calle. Hasta ahora, Puigdemont se había beneficiado de la red local del PDeCAT, pero ahora la ha perdido y necesita tiempo para construir, si no algo equivalente, como mínimo algo que sirva para parar el golpe.

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El segundo factor es estratégico. Con la pandemia desatada en Cataluña, con más de 12.800 muertos, la fuerza de los rebrotes desgasta a ERC. La 'consellera' de Salut es republicana, Alba Vergés. Josep Bargalló (Ensenyament), también de ERC, lo pasará muy mal este septiembre con la reapertura de los colegios. El propio candidato designado por Oriol Junqueras, el vicepresidente económico, Pere Aragonès, lo pasará muy mal si tiene que volver a elaborar unos presupuestos, ya que o aplica recortes o sube impuestos.

Por tanto, Puigdemont ha decidido que el tiempo juega a favor suyo. El paso del tiempo hará que la crisis económica se vuelva más virulenta y en Cataluña se podrá culpar a España de la falta de crecimiento. El tiempo también pondrá en evidencia una monarquía desprestigiada por la marcha de Juan Carlos I, quien sigue en paradero desconocido. Por todo esto, Puigdemont se ha convencido de que cuanto más tarde sean las elecciones, mejor para él, y peor para ERC. Para JxCAT, la clave no es ganar los comicios sino quedar por delante de los de Junqueras. Por su parte, portavoces de Quim Torra en la Generalitat han declinado pronunciarse respecto a esta nueva polémica en el seno del independentismo.

El problema de la pancarta

El problema para estos deseos de Puigdemont es el juicio de la pancarta que verá el Tribunal Supremo este mes de septiembre y que previsiblemente acabará con la inhabilitación de Quim Torra. Si Torra queda inhabilitado, el margen para convocar elecciones se estrecha. Torra quiere hacerlo antes de declarar, en medio del debate de política general. Pero Puigdemont pretende apurar un poco más. Incluso se estudian otras alternativas, como que el Parlament escoja un nuevo 'president' —la operación Madrenas—. La nueva portavoz de JxCAT ya ha abierto este melón este verano, al asegurar que “la legislatura no acaba hasta dentro de poco más de un año, y todos los escenarios los mantenemos abiertos, siempre; entre otras cosas, porque las situaciones cambian muy rápido”.

De hecho, con estos cálculos, a Carles Puigdemont le sale más a cuenta que se aplique el marco legal vigente y que las elecciones se convoquen de manera automática. Es decir, que la Generalitat renuncie a su competencia de marcar el calendario electoral y que en la práctica lo fije el presidente del Supremo, Manuel Marchena.

El precio de alargar la legislatura es renunciar a la potestad de convocar elecciones desde la presidencia de la Generalitat

En este escenario, Pere Aragonès sería presidente, sí. Pero con las funciones muy mermadas. El Parlament tendría dos meses para escoger un nuevo 'president'. Pero si la operación Madrenas —o equivalente— fracasase, lo más probable ya que en este momento no hay pacto con ERC, la llamada a las urnas se convocaría de manera automática en un plazo de entre 40 y 60 días, tal como establece la Ley de la Presidencia de la Generalitat.

Llegar a febrero

Y así se llegaría a febrero de 2021, ya que no se pueden contar los días festivos. El precio es renunciar a convocar elecciones, pero en JxCAT ya están preparando argumentarios para calificarlo de “155 judicial”, de otra intervención intolerable que demuestra que Cataluña es una especie de nueva colonia sometida por España.

El precio de esta maniobra es ganar las elecciones sacrificando a Quim Torra, al que arrebatarían su momento de gloria convocando las elecciones catalanas. El único que hubiera podido tener en una legislatura desgraciada. Por ahora, el presidente catalán asume esta decisión. Pero se considera injustamente perjudicado por intereses tan solo electorales, según apuntan fuentes del Palau.

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