Era la única candidatura

Puigdemont, elegido a la ‘búlgara’ líder de JxCat: ¿quién es quién en el nuevo partido?

La militancia de JxCat tuvo tres días para votar telemáticamente y los resultados fueron los de esperar: el presidente será el fugado y el secretario general, Jordi Sánchez

Foto: Puigdemont en la presentación del nuevo JxCAT. (EFE)
Puigdemont en la presentación del nuevo JxCAT. (EFE)

No hubo sorpresa alguna: fue a la búlgara el modo en que Carles Puigdemont y su lista consiguieron ser los más votados en la segunda parte del congreso de Junts per Catalunya (JxCat). El ‘expresident’ fugado en Waterloo obtuvo el 99,3% de los votos de la militancia de su nuevo partido. Arrasó con 2.115 votos a favor de los 2.130 posibles. Ahora ya tiene las manos libres para graduar la tensión política, porque en la cúpula de su nuevo partido reúne a la cúspide de la Generalitat, del Ayuntamiento de Barcelona y a la mitad de la mesa bilateral España-Cataluña. Se avecina un otoño caliente.

La militancia de JxCat tuvo tres días para votar telemáticamente. Lo pudo hacer hasta la tarde de este domingo. Y los resultados fueron los de esperar: el presidente será el fugado Carles Puigdemont y el secretario general, Jordi Sánchez, condenado en el juicio del 1-O. Sánchez fue elegido con el 94,23% de los votos. El secretario de Organización será David Saldoni, que había sido presidente de la Asociación Catalana de Municipios (ACM), que proviene de la Joventut Nacionalista de Catalunya (JNC) y hasta hace poco era dirigente del PDeCAT y alcalde de Sallent. En la actualidad, es director general de Transportes y Movilidad de la Generalitat. Se llevó el 79,67% de los sufragios. La responsable de Finanzas será Teresa Pallarès (80,75 votos), una exsocialista que llegó a ser entre 2008 y 2011 subdelegada del Gobierno español en Tarragona (o sea, el antiguo cargo de gobernador civil).

Hay que tener en cuenta que fue la única lista, después de que, sorpresivamente, una lista alternativa a la secretaría general (pero no a la presidencia) se retirase. La lideraba Josep Sort, que es presidente de Reagrupament, una facción extremista que se desgajó de ERC y que más tarde pasó a integrarse en Convergència para pasar luego al PDeCAT. Ahora ha cambiado de nuevo de huésped y se ha alojado en JxCat.

Puigdemont se ha rodeado también de cuatro vicepresidencias, ocupadas por Jordi Turull, Elsa Artadi, Josep Rius y Anna Erra. Las votaciones arrojaron porcentajes altos de apoyo, llevándose la palma Turull (93,47%), seguido de Artadi (88,12%, Erra (79,15%) y Rius (73,66%). Con ello, Puigdemont cubre un amplio espectro: Turull se encuentra encarcelado, pero proviene de Convergència y del PDeCAT. Su presencia asegura al fugado las simpatías de una parte de la posconvergencia, a pesar de las sucesivas traiciones al PDeCAT, y refleja su pacto con los presos por el 1-O.

La diputada de JXCat en el Parlament Elsa Artadi y vicepresidenta de la formación que lidera el expresident Carles Puigdemont. (EFE)
La diputada de JXCat en el Parlament Elsa Artadi y vicepresidenta de la formación que lidera el expresident Carles Puigdemont. (EFE)

Preparados para la batalla

En las votaciones, participaron un total de 2.130 afiliados, un 56,19% del censo, lo que quiere decir que en los últimos quince días se afiliaron al ‘invento’ de Puigdemont 900 personas (el pasado 25 de julio, su militancia estaba en 2.893 personas). Los datos, no obstante, son confusos, ya que en un comunicado del partido se cifran los 2.130 los votantes y se dice que son el 56,7% del censo, pero en el cuadro de votaciones se afirma que ese porcentaje corresponde al 56,19%. Y cifra la militancia total en 3.791 personas.

Sea como fuere, Puigdemont ya tiene a los ‘generales’ de su ‘ejército’ preparados para dar batalla. De hecho, la cúpula de JxCat dará que hablar los próximos meses, porque se articularán como núcleo duro del ‘president’ Quim Torra y coparán el protagonismo en la política catalana, al tiempo que serán los que siembren arenilla en las negociaciones de la mesa bilateral que ERC pactó con Pedro Sánchez.

Y esto es así porque la parte catalana de la mesa está presidida por Quim Torra, pero entre sus ocho miembros están también Elsa Artadi y Josep Rius, dos de los vicepresidentes de JxCat. O sea, dos de los duros. Otro de los miembros es el consejero de Políticas Digitales, Jordi Puigneró, que curiosamente no forma parte de la ejecutiva. Algunas fuentes apuntan a que podría ser el ‘recambio’ de Puigdemont en una lista electoral, dada su evolución de convergente de pro a ‘puigdemontista’ irredento.

En resumen: dos de las personas de la máxima cúpula del nuevo partido JxCat son miembros de la mesa bilateral de negociación. O sea, son de ciega obediencia a Puigdemont. Y las otras dos (Torra y Puigneró) no se quedan a la zaga, ya que periódicamente se encargan de mostrar su apoyo al fugado. El conflicto y la confrontación en ese órgano estarán garantizados, no hay que olvidar que Torra llegó a la Generalitat diciendo que no había llegado para gestionar una autonomía, sino para avanzar en la confrontación. Estos cuatro representantes de la parte catalana harán la vida imposible a los otros cuatro miembros que han sido elegidos en nombre de ERC.

Afectos personales

Con la nueva dirección de JxCat, no obstante, el fugado también se asegura afectos personales. Tras el guiño a los posconvergentes con la elección de Turull para estar en una vicepresidencia, se asegura el control total con Artadi y Rius. La primera es la actual jefa de filas de JxCat en el Ayuntamiento de Barcelona y la persona de mayor confianza de Puigdemont al sur de los Pirineos.

Rius, por su parte, había sido jefe de gabinete de Xavier Trias cuando era alcalde de Barcelona y luego fue nombrado jefe de la Oficina del Presidente Puigdemont (un cargo de la Generalitat). El año pasado, pasó a ser director general de Análisis y Prospectiva (es decir, el encargado de diseñar las estrategias políticas del Govern). Su cometido es engrasar las tuberías del poder catalán y en algunos ámbitos se le conoce como “el Iván Redondo de Puigdemont”. El pasado 6 de febrero, fue escogido por Puigdemont y por Torra como miembro de la “mesa de negociación para la resolución del conflicto”, o sea, la mesa bilateral España-Cataluña.

Anna Erra, por su parte, es la alcaldesa de Vic y diputada. Se trata de un guiño a la municipalidad posconvergente. Partidaria de la erradicación del castellano del ámbito lingüístico catalán llegó al Parlament por casualidad, después de que la diputada electa Isabel Ferrer renunciase a su escaño para ocupar un cargo en la Generalitat. En febrero pasado, lamentó que en el Parlamento catalán hubiese personas que por su aspecto físico o por su nombre “no parecen catalanas”, palabras por las que luego se disculpó y dijo que fueron malinterpretadas. Y es que aseguró también que los catalanohablantes tiene una confusión que “perjudica gravemente nuestra lengua: piensan que dirigirse a alguien en castellano es un acto de respeto y no es así”. Su posicionamiento y su campaña a favor de los lazos amarillos (Vic fue la ciudad que sembró su plaza mayor de cruces amarillas para reclamar la libertad de los ‘presos políticos’ y una de las localidades más beligerantes en la guerra de los lazos) la auspiciaron a la cúpula de JxCat.

En la ejecutiva nacional de JxCat, Puigdemont ubicó también al líder de JxCat en el Parlament, Albert Batet; al consejero de Territorio, Damià Calvet; a la líder posconvergente en el Congreso, Laura Borràs, al alcalde de Montblanch, Josep Andreu; y a un buen número de diputados, además de a su asesor Aleix Sarri.

Lazos con la ANC

Con esa guardia de corps, además, se asegura una inmejorable relación con la Asamblea Nacional Catalana (ANC), crucial a la hora de acorralar a ERC y contar con la aquiescencia o la simpatía de las organizaciones cívicas independentistas. Su vinculación con esta organización viene dada por varios factores: no solo la ascendencia que el propio Puigdemont tiene sobre la presidenta de la entidad, Elisenda Paluzie, sino por la propia vinculación de sus colaboradores.

Sin ir más lejos, su mano derecha, Jordi Sánchez, era presidente de la ANC cuando ingresó en la cárcel. Pero, además, en la ejecutiva se enmarca Toni Morral (diputado y secretario general de la Crida Nacional, el anterior ‘invento’ de Puigdemont), que fue uno de los primeros militantes de esa entidad cívica. En su Ejecutiva encuadra también a Marcel Padrós, hasta 2018 tesorero de la ANC. De hecho, Padrós fue uno de los artífices de la recogida de donativos para pagar las multas y fianzas a los independentistas.

El exconseller Josep Rull (d) y Jordi Sánchez (2-d), exlíder de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), salen de la cárcel. (EFE)
El exconseller Josep Rull (d) y Jordi Sánchez (2-d), exlíder de la Assemblea Nacional Catalana (ANC), salen de la cárcel. (EFE)

Josep Rius es otro de los dirigentes que también es miembro de la ANC, lo mismo que Albert Batet o Miriam Nogueras, hasta esta semana vicepresidenta del PDeCAT. Irene Negre, también de la Ejecutiva, es una conocida activista de la ANC en las comarcas sureñas de Cataluña. Y Mònica Sales, además de diputada de JxCat, cuenta en su curriculum el ser miembro de la ANC y de Òmnium Cultural, las dos entidades cívicas encargadas de movilizar las calles.

Es, pues, una cúpula de fieles a Puigdemont, que deberán definir todavía su ideario político. Son todos los que están, aunque no están todos los que son: hay vistosas ausencias que algunas fuentes consultadas por El Confidencial sitúan como candidatos en la reserva para formar parte de las listas electorales, como el consejero Jordi Puigneró o el vicepresidente del Parlament, Josep Costa. La lista de cargos del partido es una avanzadilla de lo que serán las candidaturas: se confeccionarán en función de la adhesión que los candidatos tengan al líder. Al menos, esa es la crítica que desde otros espectros independentistas le hacen al fugado. Puigdemont no quiere que le pase como en las últimas elecciones: tras lograr imponer su candidatura, con el nombre de JxCat, dejando de lado al partido, no pudo controlar el aparato del PDeCAT, lo que a la postre, le provocó numerosos problemas a la hora de intentar imponer su estrategia en ayuntamientos e incluso en el Govern. Con una lista de afectos personales, ese problema desaparece y tiene las manos libres para manejar los hilos de la estrategia independentista de los suyos como le plazca. Ya no tendrá a nadie que le lleve la contraria, porque los de su lista son más ‘puigdemontistas’ que él mismo.

Cataluña

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
18 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios