El PDeCAT se queda sin esa baza

Puigdemont eclipsa el tercer grado de Junqueras con el lanzamiento de su partido

Los encarcelados podrán hacer campaña por ERC (Oriol Junqueras, Dolors Bassa, Raül Romeva) o por el nuevo partido que lanzará (Josep Rull, Jordi Turull o Jordi Sànchez)

Foto: El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. (Reuters)

Carles Puigedemont ha anunciado su nuevo partido el mismo día en que la Generalitat ha anunciado el tercer grado para los presos condenados en el procés. Anuncia que el partido se llamará "Junts, per Catalunya", con una coma en medio, a diferencia de Junts per Catalunya que es un nombre registrado por el PDeCAT. Asegura que será un partido de izquierdas "socialmente responsable", marcando distancia con la derecha moderada que siempre había representado el PDeCAT y convocando a todos los cargos electos a sumarse a la iniciativa el próximo 25 de julio. El programa es simple giro a la izquierda, reivindicación del "espíritu del 1 de octubre" y ruptura con una España que "no quiere reformarse".

En Twitter, Puigdemont añade el hastag #Jotambéhiseré –yo también estaré–. Seguro que forma parte del partido, no en vano es su principal impulsor. Pero seguro también que su presencia, lo único que no se puede discutir de una nueva formación que nace aglutinada alrededor de su liderazgo, será sólo telemática ya que difícilmente se atreverá a pisar territorio español.

El tercer grado penitenciario del que gozarán en pocos días Oriol Junqueras y el resto de los condenados por sedición y otros delitos en el juicio del procés llega en el momento justo par que puedan hacer campaña este mes de octubre. Los encarcelados podrán hacer campaña por ERC (Dolors Bassa, Raül Romeva) o por el nuevo partido que quiere lanzar Carles Puigdemont y que se anunciará el próximo 25 de julio, tal y como avanzó El Confidencial (Josep Rull, Jordi Turull, Quim Forn o Jordi Sànchez). El PDeCAT, en cambio, podrá tener la marca JxCAT, que le pertenece de manera legal, pero no dispondrá de presos que pidan el voto. Algo que puede resultar clave en una campaña que se avecina, de nuevo, emotiva y poco racional para el independentismo.

Puigdemont eclipsa el tercer grado de Junqueras con el lanzamiento de su partido

La campaña electoral será en otoño, una vez que Quim Torra enfile la inhabilitación definitiva en el Tribunal Supremo, por el juicio de las pancartas, opción que parece la más probable. Y una posibilidad es que el voto se divida entre múltiples opciones: el nuevo partido de Puigdemont, que en su marca incluirá la palabra “Junts”; la CUP, ERC, pero además el propio PDeCAT, cuyo candidato más probables parece a día de hoy el alcalde de Igualada, Marc Castells; y también el nuevo PNC que lidera Marta Pascal. Por tanto, como mínimo, JxCAT se fragmenta en tres. Y es una incógnita a dónde irán los votos.

Todas las fuentes del entorno de Waterloo apuntan a que el ganador será el partido que monte Puigdemont. Tendrá el respaldo de Quim Torra y los presos le servirán para jugar la carta del victimismo, igual que el juicio de Laura Borràs o la propia inhabilitación del actual presidente de la Generalitat.

Sin embargo, si el resto de opciones le acaba haciendo perder muchos votos a Puigdemont será ERC la que se imponga en el pulso por ser la primera fuerza soberanista en Cataluña. ERC y JxCAT estaban muy empatados. Y la división de JxCAT junto con la Ley d’Hondt perjudicaría a las opciones de Puigdemont para quedar por delante de ERC, clave para retener la presidencia de la Generalitat.

Las fuentes más cercanas a Puigdemont aseguran que esta fuerza centrífuga que va fragmentando los partidos políticos independentistas desde 2017 es imparable, y que en breve también podría contaminar a ERC. Sin embargo, en estos meses ERC se ha mantenido como un bloque y ha sido siempre la esfera puigdemontista la que ha vivido fugas, como fue el caso de Primàries en las municipales, una alternativa que avaló la ANC.

El problema de los presos

El problema de los presos es que tienen que seguir pareciendo víctimas. Y eso resulta difícil cuando tras la condena sólo has cumplido nueve meses de cárcel, con numerosas salidas y si en campaña sólo vas a la prisión a dormir. También se rompe otra de las ideas fuerza del bloque soberanista, que España es como Turquía o que, en el mejor de los casos, acumula muchos déficits democráticos.

Los presos siempre han querido ser un problema para la imagen internacional de España pero al pasar al tercer grado su fuerza dramática se diluye

En todo caso, los presos han estado haciendo política muy activa. El que más el expresidente de la ANC Jordi Sànchez, quien ha presidido La Crida y que ha estado negociando todos estos meses con David Bonvehí en nombre de Puigdemont la integración de La Crida con el PDeCAT. El problema de Sànchez es que sus actuaciones se cuentan por fracasos. La Crida ha fracasado como partido político, de hecho es sintomático que Pugidemont tenga que crear otro para presentarse a las catalanas. Y las conversaciones han acabado en estas hiperfragmentación que sólo acaba beneficiando a ERC.

La unidad

Puigdemont ha sido quien más ha clamado por la unidad pero a su alrededor la fragmentación parece ser la norma del día a día. Aún le quedan apuntarse algunos éxitos como que Demòcrates –los independentistas de la antigua Unió– dejen de estar asociados con ERC y se sumen a su proyecto político. También quiere dividir a la CUP y que Poble Lliure se una a su proyecto, que quiere ser marcadamente de izquierdas. No en vano, Jordi Sànchez proviene de la extinta ICV.

Por tanto, su nuevo partido estará marcado por un sesgo de izquierdas y una vocación de volver a plantear una separación unilateral de Cataluña el próximo año. Competir en izquierdista con ERC parece complicado. Y en independentista, pues viendo el histórico también. ERC, además, goza de una última ventaja. Si gana Puigdemont sólo puede pactar con los republicanos. Pero si vence Pere Aragonès podrá escoger entre seguir dando vidilla a Puigdemont o ensayar una alianza con los Comunes y el PSC: un nuevo tripartito. Es el problema de los puros en política: siempre tienen menos opciones.

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