Puigdemont quiere disolver el partido

El PDeCAT queda al borde de la ruptura y se reúne hoy bajo la presión de Waterloo

Una buena parte de la dirección del PDeCAT no respalda a Bonvehí. Por ejemplo, la vicepresidenta, Míriam Nogueras, y Las bases del partido también están con el 'expresident'

Foto: Carles Puigdemont, en el Palacio de Justicia de Bruselas. (Reuters)
Carles Puigdemont, en el Palacio de Justicia de Bruselas. (Reuters)
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En el PDeCAT han convocado reunión para este viernes de su dirección para buscar una fórmula, ya que después de un año de conversaciones con la Crida, la situación está enquistada. David Bonvehí, presidente del PDeCAT, y Jordi Sànchez han vuelto a fracasar en sus encuentros de los últimos días. Fuentes conocedoras de los contactos explican que Bonvehí ha exigido cuotas para el PDeCAT, de manera que se garantice que su partido no quede relegado en la elaboración de las listas, tal y como pasó en las europeas y en las generales. Bonvehí controla la dirección, pero hay riesgo de ruptura si la oposición interna en el partido convoca en julio un Consell Nacional y fuerza la disolución de la formación para ponerse en manos de Waterloo.

Jordi Sànchez no cede. Desde la Crida, se quiere que Puigdemont tenga la última palabra, ¿Cómo si no podría imponer al presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona, Joan Canadell, como candidato? Por tanto, bloqueo en la constitución de la plataforma de Puigdemont. De nuevo jugadores camino del empate, de ese empate que está dejando tan mal sabor de boca a todos los jugadores y que en estos tiempos está dando tan mal sabor de boca al independentismo.

El PDeCAT tiene los fondos, es el propietario de la marca JxCAT y posee los derechos electorales. Además, cuenta con verdadero poder municipal: controla cientos de pueblos y 19 de las 42 capitales de comarcas, incluyendo ciudades de la importancia de Sant Cugat. Y Bonvehí sigue resistiendo a las pretensiones de Puigdemont. Exige que la mitad de las listas sean cargos designados por el partido. Mientras, gota a gota, el partido va perdiendo activo. El exdiputado en Madrid, Jordi Xuclà, dejó ayer el PDeCAT para sumarse al proyecto del PNC que lidera Marta Pascal. Antes lo había hecho Carles Campuzano. Puede que sean los primeros de muchos que tampoco quieren esperar al empate con Waterloo que se prevé en el mejor de los casos.

Debilidad de la Crida

La Crida está débil en la negociación. Si rompe las conversaciones, no tiene la marca electoral JxCAT y tampoco cuenta con derechos electorales. Debería presentarse partiendo de cero, sin presencia en las televisiones y fiarlo todo al magnetismo de Puigdemont en un momento en que ni él está dispuesto a presentarse.

Como explican fuentes del PDeCAT, en la práctica, Puigdemont tiene escaso poder. Pero se ha atribuido la facultad de señalar desde Waterloo a los traidores a la patria. Y con esa potestad mantiene intacto su control sobre el movimiento independentista. Todos temen ser acusados y al final todos acaban plegándose a sus designios. Hasta ahora.

Una buena parte de la dirección del PDeCAT no respalda a Bonvehí. Por ejemplo, la vicepresidenta, Míriam Nogueras. Pero no solo ella. 'Consellers' como Damià Calvet (Territori) o Miquel Buch (Interior) también serían partidarios de disolver el partido y apostar por JxCAT.

Si Puigdemont se impone a las bravas, cuadros medios del partido y alcaldes se pueden ver tentados por el soberanismo tranquilo del PNC

Si las conversaciones fracasan, hay un riesgo de ruptura muy importante. Por eso, los 'exconsellers' Josep Rull y Jordi Turull están intentando hacer de puente con la Crida para que hoy Bonvehí, si no puede llevar un acuerdo, ponga al menos sobre la mesa una prolongación de las negociaciones que tenga visos de llegar a un acuerdo, no como hasta ahora.

Las bases, contra la dirección

Las bases del partido también están con Puigdemont, atrapadas en el discurso de la legitimidad. Pero no es suficiente. Las terminales mediáticas de Puigdemont ya no son tantas como en 2017. En medios relevantes del independentismo como el diario 'Ara' se cuestiona la vía unilateral por la que aboga Puigdemont. Muchos de los intelectuales que hace tres años le apoyaron ahora se erigen en defensores del 'principio de la realidad', como ha titulado su último libro el politólogo independentista Jordi Muñoz. Numerosos columnistas y opinadores están reculando, reconociendo en esencia tres cosas: que octubre de 2017 fue una derrota, que no existe un mandato democrático que surja de la consulta del 1-O y que Cataluña está ahora mucho peor que cuando arrancó el 'procés', en 2012.

Si no hay acuerdo, la tentación de muchos alcaldes y cuadros del partido será apostar por el soberanismo tranquilo del PNC de Marta Pascal en lugar de la nueva aventura unilateral que propone Puigdemont, por lo que el riesgo de ruptura de la formación es muy grande.

Pese a ello, Puigdemont y sus seguidores organizarán en julio una reunión del Consell de la República para afianzarse en su opción unilateral. Esperan arrastrar a esta vía a la ANC y contar con ella para una movilización continua que provoque otra ruptura con el Estado. Ese será su programa electoral. Pero ERC no cree en esta alternativa. Y de nuevo nadie pacta. Todo lleva al empate. Pero en esta partida para todos los jugadores, empatar es perder.

Cataluña

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