CIERRE DE CAMPAÑA EN HOSPITALET

Cs desdeña el 1-O y lanza la campaña de las autonómicas: "Que nadie tire su voto"

Rivera y Arrimadas se presentan como única alternativa a ERC para unos comicios que consideran inevitables. "Franco, Fidel y Chávez también organizaban referéndums"

Foto: Acto de cierre de Ciudadanos previo al 1-O en L'Hospitalet de Llobregat. (EFE)
Acto de cierre de Ciudadanos previo al 1-O en L'Hospitalet de Llobregat. (EFE)

Bajo el lema "¡No nos callarán!", Ciudadanos cerró el viernes su ‘no campaña’ previa al referéndum del 1-O. Una ‘no campaña’ porque oficialmente los partidos constitucionalistas han negado toda legitimidad al referéndum del 1-O –anulado por el Constitucional– y no han hecho mítines. Sin embargo, sí hubo fin de campaña, pensado como un trampolín para unas elecciones autonómicas que Ciudadanos considera inevitables.

Lo hizo en Hospitalet de Llobregat, un pueblo obrero –o ya asalariado– pegado a Barcelona, típico feudo de Ciudadanos y/o el PSC. Es la segunda ciudad en habitantes de Cataluña y de allí procede Albert Rivera. Por las calles junto al acto había carteles del Ayuntamiento apoyando el reciclaje y pidiendo a los vecinos que recojan los excrementos de sus perros. 'Estelades' a favor de la independencia en las ventanas, muy pocas. En unos kilómetros, el paisaje banderil en Cataluña puede cambiar mucho.

En Hospitalet, Ciudadanos fue la primera fuerza en las autonómicas y la alcaldesa es la socialista Nuria Marín, la que le dijo a Puigdemont eso de “deja en paz a los alcaldes” cuando el presidente catalán animó a los ciudadanos a parar por la calle a los alcaldes del PSC que se negaron a ceder colegios para el referéndum ilegal. Hospitalet, pues, no es zona revolucionaria.

“En estos barrios se levantó la democracia española […] Y en estos barrios pararemos a los golpistas. Ni nos callarán ni nos ganarán”, dijo Rivera

El público era gente de clase media, que recibió a los naranjas con gritos de “¡no nos callarán!”, “¡visca España i visca Catalunya!” y algún “¡viva España!” al que siempre alguien le añadía el de “¡visca Catalunya!”. El acto fue una reivindicación de 'la mayoría silenciosa', los señalados por el independentismo que, sin embargo, están perdiendo el miedo a hablar, según la situación que presentaron.

Rivera demostró que conoce el terreno y apeló a los orígenes de muchos de los presentes. “En estos barrios se levantó la democracia española. Aquí se asfaltaron calles y se levantaron centros de salud donde no había. Y en estos barrios vamos a parar a los golpistas. Ni nos callarán ni nos ganarán”.

La de estos días en Cataluña es una revuelta extraña, sin pedigrí obrero. La burguesía se ha aliado con los antisistema de la CUP y mucha gente del interior de Cataluña. Las tradicionales zonas socialistas, como el cinturón de Barcelona, se ha quedado mayoritariamente al margen.

Arrimadas fue la que más emoción le puso, más suelta que Rivera, y recordó su origen andaluz, como probablemente el de muchos de los presentes, o al menos de sus padres o abuelos. “El nacionalismo piensa más en lo que nos diferencia con aragoneses, andaluces y murcianos que lo que nos une. Cuando Junqueras y Puigdemont miran al resto de España ven un lastre económico y yo miro y veo a mis amigos, vecinos, a mi familia. No sois un lastre, sois compatriotas”. “Dicen que nos roban los andaluces y murcianos cuando algunos se lo estaban llevando calentito debajo de la bandera”. “Yo he nacido y me he criado en Andalucía y recuerdo la admiración y el respeto que siempre ha generado Cataluña en el resto de España. Ahora muchos nos mirarán con preocupación, pero vamos a cambiar esto, e igual que cuando Tarradellas llegó dijo: 'Ciudadanos de Cataluña, ja soc aquí', yo voy a decir ‘ciudadanos de Cataluña, ja soc aquí'”.

El acto tenía un punto extraño. No se trataba de pedir un voto para el no, ni siquiera apenas de pedir a la gente que no votara. Solo al final Rivera advirtió a los presentes: “Que nadie tire su voto a la basura. Ya habéis visto las urnas, así que no tiréis vuestro voto ahí”, dijo en alusión a las urnas presentadas por la mañana por la Generalitat en la sede de Mediapro y que alguien comparó con 'tuppers'.

En realidad parecía el calentamiento para una campaña de las autonómicas –que los oradores dieron como inevitables– que plantean como dos opciones: ERC o Ciudadanos, independentismo o constitucionalismo. En la guerra de banderas, los puntos intermedios pierden. El PSC, cuyos alcaldes han puesto la cara en sus pueblos contra el referéndum, se ve achicharrado entre los dos extremos y no hizo cierre de ‘no campaña’. “Que Pablo Iglesias piense dónde va a poner la X, si en la casilla de Junqueras o en la de Arrimadas”, afirmó Rivera: “Mas, Puigdemont y Junqueras pasarán a la historia como los políticos que quisieron dividir a los catalanes y Arrimadas como la que unió a los catalanes y le dio la mano al resto de España”.

Quizá por eso el PSC se llevó también lo suyo, de aquella manera, sin mencionarlo directamente, sin mirarlos, como aquellos pases de Laudrup. “Mientras otros partidos supuestamente constitucionalistas hacían un 'tripartit', mientras otros pactaban con Pujol o Mas, decíamos que el nacionalismo solo sigue un camino. Por suerte hoy todo el mundo sabe lo que es el nacionalismo en Cataluña: se han quitado la careta y todo el mundo sabe de lo que son capaces”, proclamó Arrimadas.

El salón elegido para el acto estaba a rebosar pero podía albergar unas 2.000 personas. No era un gran recinto. El no a la independencia no está ni remotamente tan movilizado como el sí y es probable que los organizadores no quisieran pinchar. La demostración de fuerza estaba en el cierre de campaña de Junts pel Sí, donde acudieron miles y miles de personas. Los actos no competían en volumen pero sí en los telediarios. Frente a los independentistas, en la prensa saldrá Ciudadanos.

Cataluña

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