crimen en huelva

La Guardia Civil trata de desmontar las mentiras del asesino de Laura Luelmo

Sí fue violada, y agentes de la UCO buscan pruebas científicas que determinen qué pasó entre el golpe que recibió la joven en la cabeza y su muerte dos o tres días después

Foto: Momento en el que Bernardo Montoya, autor confeso de la muerte de Laura Luelmo, llega con los agentes de la Guardia Civil para realizar una reconstrucción de los hechos. (EFE)
Momento en el que Bernardo Montoya, autor confeso de la muerte de Laura Luelmo, llega con los agentes de la Guardia Civil para realizar una reconstrucción de los hechos. (EFE)

“Asesino”. “Todos somos Laura”. Los vecinos echaron a correr. Estallaron cuando Bernardo Montoya llegó a la calle Córdoba, en El Campillo (Huelva), tras confesar horas antes que había asestado a la joven profesora zamorana, de 26 años, un golpe en la cabeza que la dejó moribunda. Aún no se sabía lo que confirmó horas después la autopsia, sí hubo agresión sexual. Primera mentira.

La Guardia Civil trata de desmontar las mentiras del asesino de Laura Luelmo

A esa misma hora hacía justo un día que el principal sospechoso había sido detenido tras una persecución. Era la una y media de la tarde y la Guardia Civil tuvo que emplearse para restablecer el cordón de seguridad y frenar la ira del pueblo, que se tradujo en varias pedradas hacia el autor confeso del crimen, mientras no cesaban de increparlo. El silencio sepulcral que se había apoderado de El Campillo, una localidad de 2.000 habitantes enclavada en la comarca minera de Riotinto, mutó en furia.

Después, durante la reconstrucción de los hechos junto a la Guardia Civil, al asesino confeso se le vio sentado en el mismo escalón de la casa que habitó y desde donde observaba a Laura Luelmo. La profesora, que había obtenido una plaza para una sustitución en el instituto de Nerva, se había mudado justo enfrente. No durmió allí ni tres noches seguidas. Una compañera había comprado la vivienda al padre de los Montoya, que conservó la otra casa para dar cobijo a sus hijos, desterrados de Cortegana tras varios delitos de sangre. La compañera se la ofreció para que la profesora zamorana se ahorrara el pago de una pensión. Ahí comenzaría la concatenación de hechos fatídicos que condujo a la joven hasta la boca del lobo, a las manos del desaprensivo, con un perfil muy violento.

En ese escalón cochambroso de su casa, Bernardo Montoya reiteró su versión. La profesora, que ya había advertido a sus familiares por teléfono de que no le gustaba nada cómo la miraba ese vecino, se le acercó y le preguntó por un supermercado cercano. El asesino confesó que le dio una dirección falsa y la condujo a un callejón sin salida. Siempre según su relato, le golpeó la cabeza con el maletero del coche y la arrinconó con su propio vehículo. Le ató las manos con una cuerda, la metió en el maletero y la llevó a la zona de La Mimbrera, a pocos kilómetros, donde cinco días más tarde fue encontrada muerta.

Contradicciones

Siempre según la historia que el detenido contó a la Guardia Civil, tras horas de interrogatorio, trató de violarla pero no pudo. La dejó allí tirada, viva pero con un fuerte traumatismo cranoencefálico. La confesión se produjo en la comandancia de Huelva pasadas las dos de la madrugada. Hasta entonces, se resistió a admitir el crimen. La Guardia Civil le hizo caer en contradicciones.

La Guardia Civil trata de desmontar las mentiras del asesino de Laura Luelmo

Fuentes de la investigación han comprobado ya que esa versión es falsa y buscan el verdadero móvil del asesinato. Sospecharon desde el primer momento que trataba de eludir el delito de agresión sexual y de convertir el asesinato en homicidio involuntario, relatando que la golpeó tras un forcejeo y ahorrándose unos años de cárcel. Se sabe todas las tretas. A sus 50 años lleva más tiempo en prisión que en la calle. “Es un bicho malo”, dijo la hermana de Montoya. La autopsia confirmó que el detenido mintió pese a la presión de horas de interrogatorio. Sí hubo agresión sexual. El Instituto de Medicina Legal de Huelva así lo determinó tras el análisis del cuerpo de la joven.

La autopsia dejó claro que sí hubo agresión sexual, el detenido mintió en su versión cuando dijo que trató de violarla pero no pudo

La investigación, bajo secreto de sumario, trata de averiguar qué paso exactamente entre que el detenido declaró que la golpeó en la cabeza y Laura Luelmo murió. Qué ocurrió en esas 48 o 72 horas que transcurrieron. La última vez que utilizó su móvil habló con su novio. Fue el miércoles a las cuatro de la tarde. Murió entre dos y tres días después, según la autopsia. ¿Estuvo retenida? ¿Dónde pasó la víctima sus últimas horas? Si Bernardo Montoya fue el principal sospechoso y estuvo bajo vigilancia desde el primer momento, según trasladó la Delegación del Gobierno, ¿cómo podría haber tenido secuestrada a la profesora hasta matarla? ¿La encerró en su vehículo o en su casa? ¿Estuvo retenida o yació oculta inconsciente hasta que fue trasladada al lugar donde fue encontrada? Quizá sí la dejó en la acequia donde la depositó hasta dejarla morir, aunque los agentes han encontrado numerosas manchas de sangre en la vivienda de Montoya. Hay un profundo malestar en la Delegación del Gobierno de Andalucía y los altos mandos de la Guardia Civil por las filtraciones sobre el caso.

El coche y la vivienda, claves

Hay dos elementos clave en la investigación, según confirmaron fuentes del caso a El Confidencial. Uno, el coche del detenido, en cuyo maletero dice que la trasladó ya semiinconsciente. Un Alfa Romero azul marino que los agentes analizan hasta el último detalle porque podría desmontar el relato del detenido. Este miércoles culminó la inspección del exterior del coche. Mañana tocará el interior con la ayuda de un perro especialista.

Las pruebas científicas revelarán cualquier secreto. Otra prueba fundamental es el móvil de Laura Luelmo, que la Guardia Civil rastrea sin éxito desde el primer momento. La última señal apunta a un lugar a unos nueve kilómetros de la vivienda de la víctima. La Guardia Civil inspeccionó también hasta el último detalle la casa del detenido para hallar pruebas que determinen si estuvo allí. Tras dos horas de registro, la jueza abandonó la vivienda junto a varios agentes. Sacaron un sofá y unas cortinas que se llevaron para analizar con más detalle. Lo normal es que los agentes apuren las 72 horas hasta ponerlo a disposición judicial, el viernes por la mañana, en el juzgado de Valverde del Camino. Este jueves será trasladado a la zona de la sierra donde apareció el cuerpo, según fuentes de la investigación, para continuar con la reconstrucción de los hechos.

La Guardia Civil rastreó al milímetro la vivienda para determinar si Laura estuvo allí. Son fundamentales el vehículo del detenido y el móvil de la víctima

Otro de los puntos calientes en que la unidad especial de criminalística de la UCO —desplazada desde Madrid y que también se encargó de los crímenes de Diana Quer y el pequeño Gabriel Cruz— hizo registros fue la cárcel de Huelva. Según el detenido, acudió a ese lugar después de la desaparición de Laura para visitar a una pareja que tenía en el centro penitenciario y con quien tuvo un ‘vis a vis’. Fue en los contenedores de basura de este recinto donde se deshizo de los enseres personales de Laura Luelmo. Tampoco han aparecido sus zapatillas. El detenido asegura que tras dejar a la víctima en una acequia en el campo, en una zona que ayer se peinó al milímetro y que hoy ocupará de nuevo a los agentes, continuó su vida normal. El sábado, cuando vio a la Guardia Civil aparecer por El Campillo, decidió abandonar su vivienda.

Salió en octubre

Bernardo Montoya había salido de la cárcel hacia solo dos meses, en octubre, tras encadenar varias condenas desde 1997 por homicidio y robo con fuerza. Su historial delictivo incluye el asesinato de una octogenaria en Cortegana en 1995 y un intento de agresión sexual en El Campillo en 2008, mientras disfrutaba de un permiso penitenciario, a una joven que logró huir y cuyo perro sufrió una puñalada de 17 centímetros. Hay más. Varios robos con fuerza.

Su hermana pidió ante las cámaras de televisión que “lo pague” y que no lo dejen libre porque ellos no quieren “tenerlo cerca”. “Que no salga más, que se quede allí metido”, suplicó tras 21 años de cárcel. Su padre también imploró que si era culpable cayera sobre él todo el peso de la ley y que no se culpabilice a toda la familia. De sus nueve hijos, los gemelos, Bernardo y Luciano, son conflictivos y agresivos desde pequeños, tienen delitos de sangre y ambos han asesinado y agredido a mujeres, aunque el móvil sexual no está en sus condenas.

Luciano Montoya salió de la cárcel de Toledo el pasado lunes. Allí cumple condena. Por eso se descartó como sospechoso y todos los focos se pusieron en su hermano. Mató a puñaladas, en 2001, a una mujer de 35 años en Cortegana después de robarla y para evitar que lo denunciara. El pueblo onubense no olvida a los gemelos Montoya, que llevan años sembrando el terror. Los vecinos ya cuentan que desde que iban al colegio, tras llegar de Badajoz, de donde es oriunda la familia, empezaron a labrarse un terrible historial de violencia y delitos de sangre. Nunca se reinsertaron. El Campillo estalló ayer. Cortegana ya lo hizo en 2005, con una revuelta violenta tras otro crimen perpetrado por otro joven de etnia gitana. Entonces los vecinos ya alertaron del peligro de los Montoya. “Mala hierba” que había que cortar. A Laura nadie llegó a tiempo de ponerla en alerta.

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