un exconvicto por asesinato, señalado por el pueblo

"No le poníamos ni cara a la pobrecita": los ocho días de Laura en El Campillo

El cuerpo fue hallado este lunes a las afueras de la localidad y los primeros indicios apuntan a una muerte violenta. Desde la Guardia Civil insisten en que "no hay un número uno" como sospechoso

Foto: La Guardia Civil inspecciona el paraje en el que se halló el cuerpo de Laura Luelmo. (EFE)
La Guardia Civil inspecciona el paraje en el que se halló el cuerpo de Laura Luelmo. (EFE)

"No le poníamos ni cara a la pobrecita". Así resumen vecinos de El Campillo su relación con Laura Luelmo, la maestra de 26 años que desapareció el pasado 12 de diciembre en el pueblo y cuyo cuerpo fue hallado semidesnudo y escondido entre arbustos este lunes. A falta de conocerse los resultados de la autopsia, las fuentes policiales consultadas por El Confidencial explican que los primeros indicios apuntan a una muerte violenta, una noticia que ha conmocionado a esta localidad onubense de poco más de 2.000 habitantes. "Me he quedado helado al enterarme", dice Paco, trabajador del Bar Fermín de El Campillo.

Laura llegó al pueblo el 4 de diciembre para cubrir una sustitución como profesora de Plástica en el Instituto de Enseñanza Secundaria Vázquez Díaz, en el municipio vecino de Nerva. "Realizo encargos de ilustración, pintura y diseño", explicaba la joven en Twitter a la hora de presentarse. De todos modos, el mensaje que publicó en esta red social y que adquiere ahora un nuevo significado se remonta a 2015, cuando compartió la siguiente reflexión sobre la violencia contra la mujer, que se había escrito en otro perfil: "Te enseñan a no ir sola por sitios oscuros en vez de enseñar a los monstruos a no serlo, ese es el problema". Con el cuerpo de Laura ya en manos de los forenses, los investigadores buscan ahora al monstruo que habría acabado con su vida. La jueza ha decretado el secreto de sumario sobre el caso.

"No le poníamos ni cara a la pobrecita": los ocho días de Laura en El Campillo

La psicosis que ha provocado la desaparición y el hallazgo del cadáver en un pequeño municipio nada acostumbrado a estar bajo los focos ha hecho que la búsqueda de un presunto culpable corra por cada esquina del pueblo. Algunos vecinos con los que ha hablado este diario ya apuntan a un hombre como el principal sospechoso del crimen, pero la Guardia Civil pide calma e insiste en que por el momento "no hay un número uno" al que se investigue.

Un exconvicto, señalado por el pueblo

El sujeto en cuestión, que residía en una vivienda cercana a la de Laura, salió de prisión hace escasas semanas tras cumplir condena por asesinar a una mujer en el año 2000 en un pueblo cercano, así como por asaltar a otra con un cuchillo en El Campillo durante un permiso penitenciario en 2008. "A la chica la intentó coger en el parque de aquí del pueblo y lo que la salvó fue su perro", explica a este medio un parroquiano que prefiere guardar el anonimato. "Él no es de aquí", subraya otro a su vez, tratando así de evitar cualquier relación entre el pueblo y el supuesto sospechoso. La Guardia Civil, sin embargo, insiste en que "todas las hipótesis siguen abiertas", a lo que se suma que fuentes penitenciarias confirman a este diario que, el día de la desaparición, dicho hombre se encontraba en la prisión de Ocaña. Pero los rumores y las acusaciones en voz baja están a la orden del día.

Desde hace una semana, en El Campillo no deja de hablarse de Laura, pero la mayoría de vecinos ni siquiera supo de su llegada hasta que la noticia de la desaparición acaparó titulares. "De repente vimos que buscaban a alguien en el pueblo, pero entonces vimos la foto y dijimos: '¿Quién es esta chica?", explica Rosa, trabajadora del bar del pueblo que lleva su mismo nombre. "Poco a poco fuimos atando cabos y nos dimos cuenta de que la habíamos visto pasear o correr, de que había alquilado una casa en el pueblo...", añade la dueña del local, que termina cada frase con un "pobrecita". Rosa se refiere así al número 13 de la calle Córdoba, donde la nueva profesora vivía de alquiler.

El rastro de Laura se perdió tan solo ocho días después de llegar al pueblo, el 12 de diciembre: habló con su novio en torno a las cuatro de la tarde, salió a correr y ya nunca más se volvió a saber de ella. La última señal de su móvil se registró en torno a las nueve de la noche de ese mismo día en la presa de Campofrío, y a partir de ese punto se empezó a buscar a la joven después de que su familia, de una pequeña aldea de Zamora, denunciara la desaparición el mismo jueves. "Hola, Guardia Civil. Solo puedo estar agradecida por la búsqueda de Laura Luelmo, pero necesito saber, ¿qué podemos hacer? Una vez notificado y difundido el mensaje, ¿cómo más puedo ayudaros sin entorpeceros? ¿Cómo actuamos en estos casos el resto de familiares y amigos?", preguntaba entonces al instituto armado la prima de la desaparecida a través de las redes sociales.

El sábado por la mañana se organizó un dispositivo para peinar los alrededores del pueblo, labor a la que se unieron hasta 200 voluntarios, entre ellos amigos y familiares de Laura que se desplazaron desde Zamora. Tras finalizar la jornada sin resultados, el domingo se retomó la búsqueda centrándose entonces en zonas de difícil acceso, como cuevas, pozos y grutas, pero el hallazgo no se produjo hasta este lunes: en las inmediaciones de la N-435, a unos nueve kilómetros del pueblo. Uno de los voluntarios encontró prendas de mujer y dio el aviso a la Guardia Civil a las 12 del mediodía. Minutos después, los agentes encontraron a unos 200 metros el cadáver de Laura Luelmo. "Ya nos imaginábamos que estaría muerta, pero ni con eso... Nunca te esperas que ocurra algo así", comenta Paco.

España

El redactor recomienda