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26 años, ingeniero, un máster... y becario: "Me hicieron pagar un curso que era una estafa"
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Día de los jóvenes

26 años, ingeniero, un máster... y becario: "Me hicieron pagar un curso que era una estafa"

Pedro quería 'meter la cabeza' en una consultora. La empresa solo le dio la opción de entrar mediante unas prácticas, pero antes debía apuntarse a un programa de formación que debía pagar de su bolsillo. Su caso no es una excepción

Foto: (EFE/Gustavo Grillo)
(EFE/Gustavo Grillo)

Pedro tenía 26 años cuando le ofrecieron un contrato como becario en una empresa de ingeniería. Entrar de prácticas durante al menos un año era condición 'sine qua non' y, antes, tenía que pagar un curso de su bolsillo en una entidad vinculada con la compañía. Quería aprender, así que abonó los 240 euros que le pedían para una formación de 40 horas, que consistía en ocho documentos de apenas seis diapositivas cada uno, aun siendo ingeniero graduado y después de cursar un máster. "Me hicieron pagar un curso que era una estafa, no había clases y los apuntes eran tres diapositivas mal hechas".

El suyo no es un caso aislado. Muchos jóvenes entre la veintena y la treintena guardan historias para no dormir relacionadas con periodos de aprendizaje obligatorios y autofinanciados para entrar a una empresa. En buena parte de los casos, terminan ocupando puestos estructurales por un salario muy inferior al de otros compañeros.Y no sólo ocurre en entidades privadas. A principios de este año, en el mes de febrero, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía impuso una sanción a la Universidad de Granada, un organismo público, tras confirmar que tenía a trece estudiantes trabajando en condición de becarios. Lo hacían sin supervisión alguna, más allá que la que ofrecía la coordinadora del programa, otra becaria. Al Ayuntamiento de un municipio de Toledo, por otro lado, se le instó este verano a indemnizar a los 27 jóvenes a los que había contratado como "falsos becarios" para cubrir vacaciones en 2018.

Organizaciones sindicales, como UGT, estiman en unos 300.000 los puestos de trabajo que las empresas se ahorran contratando a jóvenes que, constando como becarios, tienen asignadas funciones muy por encima de su puesto. Algunos lo ven una puerta de acceso a un mercado con pocas aperturas. Por eso, también en ocasiones, encuentran en los másteres la única (o de las pocas) esperanzas para 'meter la cabeza' en una compañía, que solo te acepta si entras a través de un convenio académico. No todo el mundo lo tiene tan dificil, y, según el lugar de residencia o el sector al que te dediques, es más o menos probable obtener un contrato de trabajo habiendo accedido de esta manera. Pero hay pocos datos oficiales que permitan obtener una visión panorámica del asunto. Los de Comisiones Obreras (CCOO), por ejemplo, estimaron que en España el número de becarios oscila en torno al medio millón de personas, jóvenes en su mayoría. Este 12 de agosto, cuando se conmemora el Día Internacional de la Juventud, estas son sus experiencias.

"Terminé cediendo y pagando por trabajar", contó Gonzalo, que tenía 26 años

Pagar cursos obligatorios para entrar a una compañía concreta, con la única opción de hacerlo en prácticas, no es algo inusual. A otros jóvenes, como Gonzalo, también le hicieron costearse uno, por valor de 300 euros. Fue el requisito que le exigió una empresa de comunicación para poder comenzar con ellos. Y el curso en cuestión, aseguró, dejaba mucho que desear. "Era un PDF de dudosa calidad docente, tenía incluso faltas de ortografía. Estaba diseñado para contratar becarios, y no realmente para enseñar", reflexiona. Cuenta que conoce otros casos similares. El más cercano, el de su compañero de piso, que también pasó por el aro de poner de su dinero para entrar a una gran firma de seguros.

Ambos tenían experiencia laboral. Su amigo, además, hizo un máster de 'marketing' y pasó otros periodos de prácticas antes. Gonzalo, por su parte, trabajó durante años como 'freelance' y 'community manager'. También había sido becario previamente y pasó por diversos puestos no remunerados. Quería dar el salto a algo mejor y terminó aceptando. "Tras meses buscando algo, y ser aceptado en varios puestos en los que me pedían lo mismo... Terminé cediendo y 'pagando' por trabajar, con un dinero que en la época me facilitaron mis padres", explica. Aun estando en la segunda mitad de la veintena, entró de prácticas durante un año. "La edad importaba poco si podían intentar colarte como becario. Yo mismo tuve luego a otros becarios a mi cargo que me superaban en edad", confesó.

El Estatuto del Becario, anunciado este año por el Ministerio de Trabajo aunque se demorará, mínimo, hasta septiembre por falta de acuerdo entre el Estado y la patronal, la CEOE, tiene como uno de sus puntos clave combatir la figura del "falso becario" en las empresas. O, en otras palabras, la prevención de vías fraudulentas para esquivar la ley, y designar a becarios en funciones propias de un empleado al uso. En los últimos cuatro años, la Inspección de Trabajo detectó casi 5.000 puestos ordinarios que se cubrían bajo esta figura.

Foto:  La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Diaz (EFE)

"En la agencia en la que estuve, la situación era especialmente sangrante. Hacías un año de becario, luego intentaban si podían hacerte un contrato de recién licenciado en prácticas de un año, y ya luego contrato de obra y servicio durante otros dos. Si superabas todo eso, sin irte, te hacían indefinido", añadió Gonzalo. Él nunca lo logró. Cuando tuvo que darse de baja por una lesión en la espalda, le enviaron la carta de despido. "Me invitaron a volver si me recuperaba, pero no lo hice. Me habían echado por ser un gasto".

A Henar, que es periodista y graduada con siete matrículas de honor, con un nivel alto de inglés, le tocó encadenar contratos de prácticas durante tres años. Subsistió por el apoyo de sus padres. Sin embargo, en su momento lo vio como uno de los pocos modos de "entrar en el mundillo". Empezó durante la carrera, como algo habitual entre estudiantes. Allí pasó por un periódico y dos agencias. Después, al terminar un máster, recibió otra beca que le abrió las puertas al sector editorial. Luego, pasó a la Administración pública. "No eran las mismas condiciones materiales que en el sector privado, pero seguían siendo precarias. Especialmente porque, muchas veces, ejercía las mismas funciones que otros compañeros con un puesto fijo", lamentó.

Foto: Foto: Unsplash/Philippe Bout.

En total, entre su etapa como alumna y el tiempo que vino después, pasó por seis empresas distintas y fue becaria durante 38 meses. Para ella, lo peor siempre fue "la sensación de que la etapa de becaria no acabaría nunca". "Por no hablar de las consecuencias en lo que a autoestima profesional se refiere", añade. Y luego están quienes, tras perder sus empleos, ven en las prácticas una vía de nuevo acceso al mercado laboral.

"Empecé con un contrato cuando me gradué, hasta que hace un año me quedé en paro", cuenta Inés, filóloga y periodista que, con casi 30 años y viéndose en la calle, decidió hacer un máster con la idea de que la 'pillaran' en la empresa de prácticas, y así volver a las andadas: "Inocente de mí que, a mi edad y con cinco años de experiencia, pensé que no tendría problemas". Para su sorpresa, no ocurrió, y al final de los de tres meses de beca, era desempleada de nuevo. Mucha gente no aguanta este cúmulo de altibajos y llegado el momento dice basta. Según el Instituto de la Juventud (Injuve), entre 2008 y 2020 (año previo a la pandemia y, por ende, a la reducción de la movilidad), en España son más los jóvenes que emigran a otros lugares, que los que vuelven.

Foto: casi-225-000-espanoles-han-tenido-que-emigrar-para-encontrar-un-empleo

Más de 300.000 personas, de entre 15 y 34 años, se fueron a otros países a lo largo de este periodo, motivados principalmente por la búsqueda de mejores oportunidades laborales. Eso le ocurrió a Rocío, una joven que finalmente emigró a Suecia. Ahora mismo tiene 33 años, pero entre 2013 y 2017 pasó por varios "trabajos de mierda", siempre bajo convenio de prácticas. "Era eso o nada". Cuenta que la situación le abocó a un estado de depresión y ansiedad. "Hasta que me harté". Desde hace cinco años, vive y trabaja en Gotemburgo, sin intenciones de volver a España. "Aquí al menos tengo derechos laborales y un salario cinco veces mayor".

Pedro tenía 26 años cuando le ofrecieron un contrato como becario en una empresa de ingeniería. Entrar de prácticas durante al menos un año era condición 'sine qua non' y, antes, tenía que pagar un curso de su bolsillo en una entidad vinculada con la compañía. Quería aprender, así que abonó los 240 euros que le pedían para una formación de 40 horas, que consistía en ocho documentos de apenas seis diapositivas cada uno, aun siendo ingeniero graduado y después de cursar un máster. "Me hicieron pagar un curso que era una estafa, no había clases y los apuntes eran tres diapositivas mal hechas".

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