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El futuro de la educación: hacer prácticas gratis mientras estudias Bachillerato

Cada vez son más los colegios españoles que permiten que sus alumnos hagan prácticas en empresas para que conozcan el mundo laboral antes de entrar en la universidad

Foto: La mayoría de los trabajos pertenecen al STEM. (iStock)
La mayoría de los trabajos pertenecen al STEM. (iStock)

Una de las ideas que se han repetido con mayor frecuencia durante los últimos años, especialmente desde que la crisis económica disparó los niveles de paro entre los jóvenes españoles, es que el sistema educativo de nuestro país y el mercado laboral siguen caminos muy distintos. Las palabras del ministro de Educación, Iñigo Méndez de Vigo, apuntan precisamente en esa dirección, especialmente en lo que concierne al refuerzo de la Formación Profesional y las enseñanzas prácticas como una “alternativa educativa moderna, de calidad, especializada y que va de la mano del mercado laboral”.Íñigo

Esta orientación hacia la empleabilidad de la enseñanza formal está comenzando a reflejarse en una etapa incluso más temprana. Es decir, durante el Bachillerato (y, en ocasiones, la ESO). Es el caso, por ejemplo, del Colegio Internacional de Sevilla San Francisco de Paula, que incorporó el pasado curso la posibilidad de que sus alumnos realicen de forma voluntaria prácticas prelaborales en organizaciones de distinto perfil (tecnológicas, de comunicación u ONG). Es algo relativamente habitual en otros países donde la Formación Profesional tiene un gran peso, como Alemania. Allí, en regiones como Schleswig-Holstein, las prácticas forman parte del currículo en asignaturas como Economía y Política para que el estudiante entienda cómo funciona una empresa.

Son cada vez más los centros que ofrecen a los alumnos la posibilidad de empezar a integrarse en el mercado laboral antes de abandonar el instituto

Ello provoca que, por ejemplo, el Colegio Alemán de Bilbao oferte prácticas en empresas alemanas a los alumnos de Bachillerato, con el objetivo de que “tengan su primera experiencia profesional”. En el Colegio Virgen del Mar de Tenerife, los estudiantes de ESO y Bachillerato con mejor expediente pueden hacer prácticas en las instalaciones del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Otros centros, como el Colegio Internacional Peñacorada, llevan a cabo la 'work experience', unas prácticas formativas no laborales en 20 empresas diferentes de Castilla y León.

De las aulas a las oficinas. (iStock)
De las aulas a las oficinas. (iStock)

Son cada vez más los centros que ofrecen a los alumnos la posibilidad de empezar a integrarse en el mercado laboral antes de abandonar el instituto como una forma de prepararlos para lo que se avecina. “Debemos ser conscientes de que el mundo profesional está demandando habilidades que no se están evaluando”, explica el director del colegio sevillano, Luis Rey. “Podríamos dar la espalda a la realidad, y centrarnos solo en lo académico, pero estaríamos haciendo un flaco favor a nuestros hijos”. En la elaboración de los planes estratégicos del centro participan, además, empresarios y directivos del sistema productivo español.

¿A quién beneficia?

Uno de los principios en los que se basan estos proyectos es en que los alumnos adquieran aprendizajes que puedan poner en práctica en el mercado laboral antes de concluir sus estudios. Sin embargo, para Paco Ávila, responsable del Instituto Oficial de Formación Profesional MEDAC y experto en la relación entre empresa y mundo educativo, aunque “todo lo que sea sacar al alumno de su entorno y acercarle al mundo laboral es fantástico”, el final último no debería ser tanto que el alumno recibiese un aprendizaje práctico como que le sirviese de orientación a la hora de encontrar su vocación.

Deberían llevarlos a un supermercado o a un centro médico. No es una cuestión de aprender, sino de descubrir su vocación

De ahí que, en opinión de Ávila, las prácticas ideales no se centrarían en una única empresa, sino que tendrían lugar en distintos sectores profesionales en que los estudiantes desempeñasen distintos trabajos para facilitar su comprensión de los distintos entornos laborales. Ello contribuiría, por ejemplo, a reducir el número de estudiantes que abandonan prematuramente su carrera universitaria. “Con 18 años es difícil tomar una decisión, y hay mucho fracaso porque se dan cuenta de que no es lo que querían”, explica. “Deberían llevarlos a una cadena de supermercados, a una empresa de servicios o a un centro médico. No es una cuestión de aprender, sino vivencial, como un viaje”.

El Colegio Alemán de Bilbao, por ejemplo, incide en el carácter orientativo de sus prácticas. En el caso del Francisco de Paula, los propios estudiantes eligen el perfil de empresa en el que desean realizar las prácticas. El centro organiza una Feria de las Organizaciones en la que los alumnos, junto con sus padres, se informan de las características de cada una y deciden en función de sus intereses. Las prácticas prelaborales, no remuneradas, se realizan a lo largo de unas semanas, durante el verano.

Habilidades, ¿qué habilidades?

Estos proyectos pioneros en el panorama español reabren el debate del rol que debe jugar la empresa en la formación de los jóvenes. En concreto, entre los distintos roles que deben jugar la educación obligatoria —que en nuestro país llega hasta la ESO—, la posobligatoria y preuniversitaria (el Bachillerato) y la superior (grados, licenciaturas y posgrados). El Bachillerato, según la Ley Orgánica 2/2006, además de capacitar a los alumnos para la educación superior, tiene como finalidad “proporcionar a los alumnos formación, madurez intelectual y humana, conocimientos y habilidades que les permitan desarrollar funciones sociales e incorporarse a la vida activa con responsabilidad y competencia”.

El acento, en este caso, se sitúa en preparar mejor a los alumnos para un entorno profesional que, se entiende, dista mucho de lo que se aprende en la escuela. “El informe sobre el futuro de los empleos del Foro Económico Mundial fue tan taxativo como elocuente: las habilidades técnicas necesitarán ser fuertemente complementadas por facultades sociales y de colaboración”, señala el San Francisco de Paula. Para Jurjo Torres, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de A Coruña y autor de 'Políticas educativas y construcción de personalidades neoliberales y neocolonialistas', esto se traduce en “prácticas en el mundo de las grandes empresas, pero como 'empresarios, directivos y ejecutivos”.

En su opinión, el programa está “obsesionado por encaminar la vida futura del alumnado hacia el mundo empresarial” (y hacia las STEM, es decir, ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) y considera que “en ningún momento se le hace analizar críticamente el mundo de la empresa capitalista: la justicia de la organización empresarial, del sexismo dominante, el grado de participación democrática, la ética que caracteriza ese modelo empresarial y productivo, etc.”. La educación no debería limitarse a eso. “En Bachillerato, el alumnado no suele tener decidido su futuro profesional (eso caracteriza más a la FP y a la universidad), pero si ya se hace tanto hincapié en estas prácticas prelaborales en esos ámbitos es previsible que otros no lleguen a conocerse”, añade el profesor. Como recuerda Ávila, esta estrategia de acercamiento al mercado laboral de ciertos colegios privados no puede llevarse a cabo de cualquier manera.

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