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Los 52 pasos del 'señorito' Sánchez Galán hasta el juez y un fantasma vestido de 'runner'
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"Con este no se puede jugar", decían

Los 52 pasos del 'señorito' Sánchez Galán hasta el juez y un fantasma vestido de 'runner'

El presidente de Iberdrola comparece en la Audiencia Nacional como investigado por los encargos de la empresa al comisario Villarejo

Foto: El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, entra en la Audiencia Nacional. (Jesús Hellín)
El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, entra en la Audiencia Nacional. (Jesús Hellín)

A Sánchez Galán le tocó “el señorito” en el reparto de motes que dispensaba Villarejo. Nuestros lobos de Wall Street siempre se explicaron mejor en las cacerías que dibujó Delibes. El comisario no era precisamente ni santo ni inocente, pero todos tenían claro quién era el dueño del cortijo. “Con este no se puede jugar”, decían.

Que Galán era “el señorito” se sabe porque el comisario grabó todas las conversaciones que mantuvo durante años con los colaboradores del presidente de Iberdrola. Alguno incluso llegó a darse cuenta, pero no importó. Eran años de impunidad, “cosas entre colegas” y “jugar fuerte” en reservados caros. Todo eso acabó este martes en un 'paseíllo' de 52 pasos. Es lo que le costó a Sánchez Galán recorrer el tramo bajo la exposición directa de las cámaras hasta cruzar la puerta de la Audiencia Nacional. Le imputan cohecho, falsedad en documento mercantil y delito contra la intimidad.

El presidente de Iberdrola no es un investigado cualquiera, sino uno de los más poderosos del 'casting' del caso Tándem. Lo demuestra que a su llegada había decenas de cámaras y periodistas, una asistencia propia de las grandes ocasiones anteriores a la pandemia. El desgaste tras más de cuatro años de investigación, el teletrabajo y las videoconferencias han adelgazado el aforo de periodistas a la caza de alguna declaración, pero no fue el caso este martes frío de enero. Fue una mañana de reencuentros.

El momento le ha llegado al presidente de Iberdrola 18 años después de los primeros encargos al polémico comisario y seis meses después de la fecha inicialmente prevista para su declaración. Se retrasó tras un último intento de la empresa por anular toda la causa, que habla de encargos para investigar a un juez, políticos, asociaciones ecologistas, sus propios trabajadores o al presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. “Me sale más barato matarle”, le llegaron a avisar a Villarejo cuando pasaba la factura de sus trabajos sobre el mandatario de ACS.

placeholder Javier Gómez Bermúdez, el abogado del presidente de Iberdrola España, y Fernando Becker. (Jesús Hellín)
Javier Gómez Bermúdez, el abogado del presidente de Iberdrola España, y Fernando Becker. (Jesús Hellín)

Sánchez Galán trató sin éxito evitar el paseíllo los días previos. El juez no le concedió el privilegio de declarar desde casa. Estaba citado a las 10.30, pero la experiencia recomienda montar la guardia con tiempo suficiente porque uno de los trucos de los investigados es adelantar mucho la llegada para coger a la prensa desprevenida. Ya sabiéndolo, hubo quienes madrugaron tanto que llegaron de noche. Hay veces que es necesario llevar una foto en el móvil para identificar a los citados. En algunos casos ni siquiera hay imágenes y toca deducir una mueca de presunto en el trasiego habitual de gente a las puertas de la Audiencia. Los hay que llegan solos, a pecho descubierto. El chófer de Bárcenas no se quitó el casco de moto hasta la misma puerta del juzgado para evitar fotos.

Foto: El presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán.

Sánchez Galán llegó puntual. Optó por una corbata verde renovable corporativa algo apagada, mascarilla blanca y paseíllo al modo séquito. Esto es cuando vienen rodeados casi como una legión romana en formación de tortuga. También llevaba un maletín que parecía pesar poco. “¿Cómo afronta la declaración?”, se arrancó en vano una compañera desde la zona habilitada a los medios. Fue una pregunta que se fue apagando en el tono, con poca fe de hallar respuesta. El presidente de Iberdrola ni siquiera se giró. De haberlo hecho, se habría fijado en un 'runner' que se cruzó en el plano de los fotógrafos.

Llegó puntual. Optó por una corbata verde renovable corporativa algo apagada, mascarilla blanca y paseíllo al modo séquito

Corría liviano, ágil. Era un joven, en forma y avanzaba rápido en dirección contraria a la puerta del juzgado. Su camiseta también era verde, pero un verde vivo, de camiseta de 'running'. Fue como la aparición de un fantasma de las navidades pasadas acorde a la estética 'yuppie' de la zona que quisiera mostrar un pasado mejor, vigoroso. Pero Sánchez Galán no se giró.

A Sánchez Galán le tocó “el señorito” en el reparto de motes que dispensaba Villarejo. Nuestros lobos de Wall Street siempre se explicaron mejor en las cacerías que dibujó Delibes. El comisario no era precisamente ni santo ni inocente, pero todos tenían claro quién era el dueño del cortijo. “Con este no se puede jugar”, decían.

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