¿Nadie al mando?

Caos en la vuelta al cole: "Los críos y los viejos siempre son los últimos monos"

Carolina del Olmo, experta en crianza, analiza los agujeros del nuevo curso escolar. Llueve sobre mojado: o los niños como los grandes olvidados del coronavirus

Foto: Aula vacía en el colegio Lourdes, en Valladolid. (EFE)
Aula vacía en el colegio Lourdes, en Valladolid. (EFE)
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¿Quién no ha sufrido un escalofrío alguna vez tras escuchar las palabras 'vuelta al cole' en agosto? Pues bien: todo parece una broma comparado con lo que se van a encontrar las familias este año cuando vuelvan a los coles...

Tras varios meses de discusiones sobre cómo preparar los colegios para prevenir el covid —menos alumnos por aula, contratación masiva de profesores, etc.—, estamos otra vez en la casilla de salida, o peor, porque a la falta de un plan claro se suma que el coronavirus está mucho más activo de lo esperado. Los ministerios de Sanidad y Educación han convocado a las comunidades autónomas el 27 de agosto para organizar la vuelta al cole. Así que, más allá de que algunas autonomías se lo estén tomando más en serio que otras, la sensación general es de improvisación, de políticos paralizados y de sálvese quien pueda.

Caos en la vuelta al cole: "Los críos y los viejos siempre son los últimos monos"

Además, llueve sobre mojado: o los niños como grandes olvidados del confinamiento a la pandemia.


Carolina del Olmo es autora de '¿Dónde está mi tribu'?, que con 13 ediciones vendidas es ya un ensayo de referencia sobre maternidad, crianza y derechos sociales. Hablamos con ella sobre la vuelta al cole más traumática.

Carolina del Olmo. (De Barrio Canino/YouTube)
Carolina del Olmo. (De Barrio Canino/YouTube)

PREGUNTA. Volver al cole siempre generó desasosiego, pero lo de este año no tiene precedentes. ¿Estamos ante la vuelta al cole más bajonera de nuestras vidas?

RESPUESTA. Bueno, ya has visto el anuncio de El Corte Inglés… Es difícil opinar sobre datos concretos, porque casi cada día van apareciendo nuevos planes y noticias, y además, cambia mucho de una comunidad a otra. Yo me fijo sobre todo en Madrid, donde están escolarizados mis hijos, y lo que veo es un desprecio brutal por la escuela como servicio esencial para niños y jóvenes. Me temo que con el tipo de vuelta al cole que se plantea, tan parecido a cualquier otro septiembre, con las medidas de las que se va hablando, se irán sucediendo los cierres de colegios hasta que, antes o después, se decida cerrarlos todos otra vez.

Portada del libro.
Portada del libro.

Una amiga, profesora en una escuela de educación especial en la provincia de Barcelona, me explicaba que les han dado protocolos de actuación que perturban bastante el funcionamiento de una escuela de estas características pero, a la vez, mantienen las mismas rutas de llegada en autobús, de manera que los chavales, muchos de los cuales están exentos de la obligación de usar mascarilla, van a ir cada día en un bus abarrotado en el que incluso se juntan críos de distintas escuelas de educación especial. Me parece que esta situación resume a la perfección cuál es el 'plan': solo se implementarán medidas de coste cero. Obviamente, tendrán también eficacia cero en la prevención del contagio, porque se descuidan por completo todas las cuestiones que, de abordarse, exigirían un desembolso.

P. En efecto, tras múltiples debates sobre cómo reorganizar los coles para el covid, se acerca septiembre y solo parece haber tres cosas claras: que se ha dejado todo para última hora, que nadie sabe lo que va a pasar y que no habrá cambios radicales. ¿Qué ha pasado?

R. Supongo que lo de siempre: la prioridad de gasto nunca coincide con los intereses de la gente ni menos aún con los de los más vulnerables. Pero ojo, porque no solo se trata del gasto: también estamos viendo una tremenda dejadez, una falta total de imaginación institucional o afán innovador.

Cuando las vías de contagio empezaron a estar más o menos claras y empezó a hablarse de recomendaciones, yo andaba pensando si el edificio de la UGT que hay pegado al cole de mis hijos (un edificio destinado a formación con aulas, jardín y comedor) formaría parte del inventario de edificios disponibles que, seguramente, elaborarían los ayuntamientos para, con el personal adicional que sin duda contratarían, poder montar aulas aireadas y con menos alumnos por clase. Fíjate mi ingenuidad: no solo pensaba que habría un inventario de edificios públicos disponibles y profesorado para atender esos espacios, sino que incluso barajaba la posibilidad de que en la lista se incluyeran edificios privados y espacios al aire libre que podrían techarse con toldos para evitar sol y lluvia.

En Madrid, hay un desprecio brutal por la escuela como servicio esencial para niños y jóvenes

Pero también han pasado otras muchas cosas: poco después del fin del confinamiento, hubo algunas declaraciones lamentables de sindicatos de profesores, que parecían no entender que la escuela presencial es un servicio esencial. Ahí hubo una especie de choque profesorado-familia de lo más desafortunado que, por suerte, creo que se está suavizando. Al fin y al cabo, nos unen el enemigo común (las consejerías de Educación de muchas comunidades autónomas y, desde luego, la de Madrid) y un objetivo ampliamente compartido: una vuelta al cole segura, algo que solo puede lograrse con bajadas radicales de ratio; es decir, con más personal, con acceso a espacios no escolares cuando la situación lo haga necesario y, quizá, con algo de flexibilidad en los horarios del profesorado.

P. Los niños fueron los últimos monos del confinamiento. ¿Van a serlo también en la vuelta al tajo? ¿Por qué no se pone más energía política en este asunto?

R. Es curioso, porque los niños siguen apareciendo en nuestro universo ideológico como lo más valioso; siempre estamos reverenciando e idealizando la infancia, pero es como un ensalzamiento de boquilla. A la hora de tomar medidas reales para proteger a los críos, lo que se ve es un desprecio aplastante. España siempre está a la cabeza de Europa en pobreza infantil y juvenil. Durante el confinamiento, se sabía perfectamente que iba a aumentar la violencia familiar contra los menores y sin embargo no se hizo nada, absolutamente nada. Nada de nada.

Solo se implementarán medidas de coste cero. Obviamente, tendrán también eficacia cero en la prevención del contagio

Y el cierre de escuelas, si bien puede tener una lógica epidemiológica, se hizo fatal. No hubo opciones para los críos más necesitados de escuela. No hubo dinero, ni ganas de que la educación 'online' tuviera alguna utilidad ni de pensar alguna forma de complementar o reforzar a los más vulnerables. Piensa en la basura con la que Ayuso decidió alimentar a los niños pobres de Madrid, ofreciendo al mismo tiempo oportunidad de negocio a amiguetes en un momento en que la hostelería estaba jodida. Es una tónica general, por cierto: los críos y los viejos siempre los últimos monos y, a la vez, un jugoso nicho de negocio, como con las residencias.

P. Que casi todo el esfuerzo del confinamiento infantil lo hagan las familias ¿dice algo sobre el estado de bienestar español?

R. Nuestro estado de bienestar siempre ha tenido un déficit claro de políticas familiares. De ahí las cifras de pobreza infantil desproporcionadamente altas. Se suponía que a cambio teníamos una sociedad familiarista tradicional bien cohesionada, pero tras décadas de políticas neoliberales, de ese mítico 'colchón familiar' no quedan más que jirones y las familias se ven obligadas a hacer un esfuerzo excepcional si lo comparamos con otros países europeos. Tener hijos en España sale muy caro. En general, nuestro estado de bienestar se limita a ayudar a quienes primero han aportado, dejando en la estacada a los más vulnerables y mostrando un reparto del gasto social muy injusto.

Nuestro estado de bienestar siempre ha tenido un déficit claro de políticas familiares... Tener hijos en España sale muy caro

Yo tengo las esperanzas puestas en el movimiento feminista: creo que desde las asambleas del 8-M, en cuanto vuelva la actividad en septiembre, tenemos que ser capaces de tomar un papel protagonista en este asunto, que es crucial para todos y para las mujeres en particular. De esto iban las huelgas de cuidados del 8-M, con las que se pretendía visibilizar la inmensa labor de cuidados que asumen mayoritariamente las mujeres. Y lo mismo con el lema de poner la vida en el centro, que ha cobrado nueva relevancia debido a la pandemia: nunca fue más necesario visibilizar y exigir buenas condiciones para los trabajos esenciales, entre los que se encuentran sin duda los de cuidados (remunerados o no). La corresponsabilidad siempre ha sido una reivindicación feminista fundamental, lo que pasa es que a veces se ha entendido de forma algo estrecha, como si solo fueran nuestros compañeros varones los que tienen que asumir su parte, cuando es primordial forzar a las empresas y a las administraciones públicas a que asuman buena parte del coste de todo esto.

P. ¿Se puede teletrabajar y cuidar a los niños a la vez y no acabar desquiciado?

R. No. Pero es que ni siquiera acabando desquiciados se puede. Lo que sí se puede hacer es teletrabajar y suministrar dosis absolutamente indecentes de entretenimiento audiovisual y videojuegos a los niños. Yo lo he hecho. Y te puedo asegurar que ni siquiera eso te ahorra el desquiciamiento, aunque sí te permite cumplir ciertos plazos en tus obligaciones laborales. Si a esa situación enloquecida le añadimos la posibilidad de que el previsible cierre de las escuelas se acompañe de un intento de montar un dispositivo algo más currado de educación 'online', el cóctel va a ser explosivo, con críos cargados de obligaciones escolares y ninguna gana de asumirlas si no hay alguien detrás que los azuce.

Lo que sí se puede hacer es teletrabajar y suministrar dosis absolutamente indecentes de videojuegos a los niños... Ni eso te ahorra el desquiciamiento

A todo esto, me da la impresión de que esta situación nos ha puesto aún más clara la imagen absurda de la escuela que parece que tenemos: para mí, una de las cosas más importantes que se aprenden o deberían aprenderse en la escuela es a convivir, a respetarnos en nuestras diferencias, a tomar decisiones en común, a gestionar colectivamente lo que es de todos, a conocer y habértelas con otros adultos, otras opiniones, otras formas de autoridad distinta de las familiares. Todo esto, 'online', desaparece. Los contenidos también son importantes, claro. La tendencia a olvidarlos es una cosa muy de clase media. Claro, para las familias de clase media o alta con padres universitarios la parte de formación académica es algo que podemos suplir en casa con la gorra: tenemos conocimientos, libros, recursos de todo tipo y dinero para comprar los que nos falten. Lo que pasa es que en otros hogares, en los que la formación puramente académica tiene especial importancia, el tipo de enseñanza a distancia que me temo que se va a generalizar tampoco sirve: lo de que los profes ponen los deberes para que los críos los hagan solitos es un mito que lleva años perpetuándose y que ahora nos perjudica mucho. Ya no es solo la brecha digital, que también: es que las familias que no tienen ni tiempo ni conocimientos para ayudar están bien fastidiadas.

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