ESTRÉS MÁXIMO EN LAS HOGARES CON NIÑOS

Padres al borde de un ataque de nervios: queríamos teletrabajo, no esclavitud

Padres y madres llevan dos meses trabajando mientras hacen de profesores y cuidan del hogar, todo a la vez. Familias y empresas avisan: solo aguantan así hasta septiembre

Foto: Un niño con un balón camina junto a un adulto en horario infantil. (EFE)
Un niño con un balón camina junto a un adulto en horario infantil. (EFE)

Padres al borde de un ataque de nervios. Ese es el título de la película que están viviendo millones de familias en España debido al confinamiento. Son ya dos meses encerrados en casa con los hijos y muchos no pueden más. Hay que trabajar, hacer de profesor a los hijos, luego entretenerles y mientras tanto cocinar y hacer las tareas del hogar. Todo a trompicones. Para muchos, un ejercicio de paciencia infinita guiar a los niños con los deberes y no estallar cuando interrumpen 10 veces la jornada laboral. Por no hablar de quienes están obligados a salir de casa para trabajar. En las conversaciones entre padres y madres, no se habla de otra cosa: ¿cómo lo llevas?, ¿cuándo terminará todo esto?

Septiembre es la luz al final del túnel, la fecha en que reabrirán las escuelas. Faltan casi cuatro meses, una eternidad para muchas familias. Y además con la sombra de la duda: ¿volverán los niños al cole en grupos reducidos o en días alternos, con lo que pasarán parte de la semana en casa? ¿Se retrasará tal vez el inicio del curso? Si algo tienen claro familias y empresas, es que septiembre es la fecha límite para volver a la normalidad familiar y laboral. Los padres, porque caerían por el precipicio del ataque de ansiedad o porque directamente tendrían que abandonar su empleo. Las empresas, porque no quieren seguir por más tiempo con un caos absoluto en sus plantillas debido a que los centros educativos están cerrados.

Flexibilidad sí, pero no esto

Todos queríamos flexibilidad laboral, avanzar en el teletrabajo, pero no de esta manera. “Nos han hecho subir el Everest sin pasar por el campo base. De un 8% de teletrabajo hemos pasado al 70-80%. Eso no lo hacían ni los 'top' del teletrabajo, ni Canadá, ni Dinamarca ni nadie. Y ahí subiendo el Everest vemos que uno va en chanclas, el otro va sin forma física, y a mitad del camino, con la cima todavía muy lejos, es normal que la gente se desespere”, explica Roberto Martínez, director de Fundación Másfamilia, una entidad que lleva 17 años abogando por la conciliación.

"Nos han hecho subir el Everest sin pasar por el campo base. De un 8% de teletrabajo hemos pasado al 70-80%", indica la Fundación Másfamilia

“El concepto de flexibilidad no es una píldora que puedes tomarte cada ocho horas. Hay varios ingredientes para que esto funcione. Sin eso tienes una chapuza del trece”, prosigue Martínez. “Primer ingrediente: confianza en el empleado. Allí donde no la hay esto se convierte en una bomba de relojería. El jefe te llama a las 8.30h con cualquier pretexto para ver si te has levantado y tú te cabreas… Segundo: orientación logro-resultados. Que el trabajo esté definido con objetivos anuales y trimestrales, que la gente sepa qué tiene que hacer y a partir de ahí tu labor como jefe no es estar todo el día encima de la gente, sino organizar reuniones para hacer un seguimiento y saber dirigir a distancia. Es un proceso que va de arriba hacia abajo. Si al trabajador un día se le da peor porque el niño se pone enfermo sabe que los resultados son trimestrales, tú te organizas y si hace falta te acuestas ese día un poco más tarde o recuperas en otro momento”.

Un padre junto a su hija en la calle durante la franja horaria permitida. (EFE)
Un padre junto a su hija en la calle durante la franja horaria permitida. (EFE)

El problema es que España se ha convertido de la noche a la mañana en el país del mundo que más teletrabaja siendo uno de los más atrasados en esa cultura laboral. El resultado, como demuestra el estado mental de muchos padres y madres, es catastrófico. Las jornadas laborales comienzan en muchos casos con la salida del sol, antes de que los niños se levanten, y terminan a medianoche con los niños ya en la cama. No existe otro modo de concentrarse un par de horas.

“De repente me vi con los niños en casa, sin la persona que me ayuda”, recuerda Carmen Arufe, autónoma, madre soltera de tres niños de 4, 3 y año y medio de edad. “No iba a trabajar diez horas al día más luego llevar la crianza de mis hijos. Sería una esclavitud, no dormiría. Así que en cuanto cerraron las escuelas me fui a la casa de los abuelos a Cádiz. Ellos me dan ese respiro de dos o tres horas para poderme concentrar en mi trabajo y no volverme loca”.

Como miles de autónomos, Arufe debe dar lo mejor con sus hijos a la vez que gestiona la ansiedad de su futuro financiero. Se dedica a organizar actividades para colegios y empresas a través de su firma, Sporty People, y a día de hoy no sabe cuándo volverá a tener ingresos. “Mientras busco maneras de reciclarme profesionalmente y atiendo a mi negocio tengo que hacerme cargo de los niños. A la media hora se cansan de pintar, luego un rato de tele pero no demasiado, peleas, cambia un pañal, ‘tengo hambre’, se te hace mediodía y hazles la comida… Esto no es teletrabajar, es imposible concentrarse. Me levanto muy temprano para tener una hora tranquila y organizarme el día con un café. Pero por la noche no puedo, estoy derrotada, es como acabar una batalla. Llegan las diez de la noche y solo quiero sentarme y descansar”.

Traumados por el teletrabajo

La IV Encuesta Funcas sobre el coronavirus es demoledora: solo un 34% de los trabajadores querría seguir teletrabajando una vez termine esta crisis. La razón principal es el alargamiento de las jornadas laborales, más de dos horas extra de media. Hemos empezado a teletrabajar sin preparación y lo estamos pagando muy caro. “Pasar de un teletrabajo casi inexistente a uno de tiempo completo es algo que, en circunstancias normales, se habría planificado cuidadosamente, tanto desde el punto de vista tecnológico como adaptando las formas de organizar y dirigir el trabajo”, expone Eva Rimbau, profesora de Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Maite Egoscozabal, experta en conciliación del Club de Malas Madres, una comunidad virtual de 800.000 madres, lamenta los estragos que está causando una forma de trabajar que, en condiciones normales, sería óptima. “Llevamos más de cinco años reivindicando la conciliación a través del teletrabajo y la flexibilidad laboral. Pero en este contexto es imposible. Y encima los que pueden teletrabajar son los afortunados, muchas madres y padres están obligados a salir a trabajar cada día, y en las próximas semanas las empresas empezarán a exigir a sus empleados que ahora están en casa ir regresando a sus puestos. La única alternativa es dejar a los niños solos y estamos levantando la voz por la gravedad de esta situación. Hay madres que tendrán que pedir reducción de jornada o directamente abandonar el mercado laboral. Puede ser un paso atrás”.

Un hombre trabaja frente a su ordenador a altas horas de la noche. (EFE)
Un hombre trabaja frente a su ordenador a altas horas de la noche. (EFE)

A finales de marzo, este club virtual de madres realizó una encuesta a 12.600 mujeres sobre conciliación en tiempos de confinamiento. El 70% afirmó que no podía crear un espacio de trabajo para ellas, y que les estaba perjudicando laboralmente la falta de concentración. “Nos contactan muchas mujeres que no pueden más, que han llegado a límites de estrés que no habían tenido antes. Al principio fue el 'shock' de estar con los niños en casa, pero pensábamos que eran 15 días. Ahora ya sabemos que no. Es un escenario nuevo. Hay muchos riesgos, como es que miles de madres deban abandonar sus carreras laborales para hacerse cargo de los hijos. Sin embargo, también es una oportunidad para poner en valor la importancia de la labor de crianza, estamos viendo lo bueno que es pasar más tiempo con los niños. Terminar de trabajar a las 19:00 o 20:00 para pasar dos o tres horas con los niños por la noche tampoco era un modelo saludable. Hay que romper con el presencialismo y repensar las jornadas laborales”.

"Terminar de trabajar a las 19:00 o 20:00 tampoco era un modelo saludable. Hay que romper con el presencialismo", señalan desde Malas Madres

El director de la fundación Másfamilia subraya el drama de los padres que deben acudir a un puesto de trabajo, principalmente en el sector secundario. “Las empresas querrían dejar a los trabajadores en casa, pero no pueden. Una empresa de almacenaje, de logística, cualquier sector productivo necesita la gente al pie del cañón. Y ahí ya no tenemos respuestas. Hemos pensado en campamentos de verano en urbanizaciones, pero es complicadísimo a nivel legal. Al final, cada cual deberá tomar sus decisiones, si renuncia a su trabajo o se arriesga a dejar a los niños con los abuelos, que es lo que acabará pasando”.

La penitencia de ser 'profesor'

“Los colegios nos han transferido a los padres la labor de educación. Los profesores se limitan a decirnos qué contenidos hay que seguir mediante fichas, vídeos o libros. Y los padres tienen que explicarlo, resolver dudas, corregir los ejercicios, y enviarlos al profesor. Y no todo el mundo está capacitado o tiene el tiempo”, lamenta Sofía Tsipas, profesora universitaria y que lleva dos meses alternando la preparación de sus clases virtuales con el cuidado y enseñanza de sus dos hijos. “Existen herramientas para hacer clases virtuales y que los profesores hagan su trabajo, aliviando a los padres. Pero no se está haciendo. En nuestro caso, mi marido y yo invertimos cuatro horas al día solo en que los niños hagan los deberes. Yo misma no recuerdo cómo se hacen las fracciones y no puedo enseñarlas. Esta carga no tiene por qué recaer en los padres, lo digo por mi propia experiencia preparando clases en la universidad”.

“En general, la opinión pública se decanta de un lado”, apunta el director de Másfamilia, fundación que audita en prácticas responsables a 800 empresas mediante el certificado en conciliación EFR. ”Dicen, ‘¡mi jefe me llama a las ocho de la mañana! ¡Me ponen un correo a las siete de la tarde!’. Y no hablamos nunca de la otra parte. ‘Me he pasado dos horas en el Carrefour mientras tenía que trabajar, o 40 minutos en un chat de antiguos compañeros de la facultad y nadie se va a enterar’. La realidad es que hoy atenderás a un cliente a las ocho de la tarde pero mañana irás a las 12 a la tutoría del niño. Hay que verlo en el contexto global, y, cuando estás orientado a logros, las cosas funcionan mucho mejor que orientado a la tarea. Eso en España lo llevamos muy mal”.

Un colegio cerrado en Cataluña. (EFE)
Un colegio cerrado en Cataluña. (EFE)

Septiembre o el caos

Entre las empresas más responsables que audita Másfamilia se ha implantado una escala de tres categorías para ir regresando al trabajo. El grupo 1, formado por trabajadores sin cargas familiares ni factores de riesgo, que pueden regresar en cuanto sea necesario, y luego los grupos 2 y 3 donde se incluye a la población de riesgo por edad o por enfermedades crónicas, y por supuesto a los padres y madres con hijos en edad escolar, que no regresarían a su puesto de trabajo hasta septiembre.

El director de Másfamilia advierte: “En septiembre necesitamos cualquier solución técnicamente viable menos seguir así, porque esto quien lo pagará es la empresa privada y dirá basta. El Gobierno ha de buscar una solución para que vayan los niños al colegio, sea separándolos, desinfectando, lo que sea, pero mantener a los empleados cuesta dinero y las empresas dicen ‘estoy haciendo una provisión de fondos en la que sé que me comeré un porcentaje de los beneficios por esta crisis, pero debemos ser responsables y aguantar los empleos estos meses. Ahora bien, lo de los colegios lo tiene que arreglar el Gobierno, no pueden cargar sobre nuestro rendimiento empresarial ese problema”.

"Pensar que en septiembre podemos seguir igual nos pone los pelos de punta a los padres"

"Pensar que en septiembre podemos seguir igual nos pone los pelos de punta a los padres", exclama Arufe, madre de tres niños. "Estos meses los tenemos ya interiorizados, no queda otra, pero la gente no podrá seguir así más tiempo porque tienen que trabajar, y no todo el mundo puede permitirse contratar a una cuidadora".

Por supuesto, también hay padres que lo llevan mejor porque sus rutinas laborales ya encajaban en este modelo de flexibilidad total. Es el caso de Marta Rodríguez, experta en recursos humanos y ‘coach’. “Hace años, dejé la empresa privada para pasar más tiempo con mis hijos”, cuenta esta madre de dos niños de seis y tres años. “Para que todo funcione, es importante la corresponsabilidad dentro de la pareja. En nuestro caso, el padre les ayuda con las tareas del cole y prepara la comida mientras yo trabajo, y por la tarde yo cojo el relevo. Es cierto que lo que normalmente lleva una hora ahora se hace en dos y me siento un poco malabarista, pero por suerte no tengo un jefe que me exija. La flexibilidad y la corresponsabilidad son algo que hay que ir perfeccionando”.

La falta de equilibrio de género en el cuidado de los niños y la casa no se ha reducido con el confinamiento, señalan varios estudios. Las madres siguen llevando la mayor parte de la carga familiar, ahora multiplicada al tener a los hijos 24 horas en casa.

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