La vida sigue igual: el ciclo electoral del 15-M se apaga y los viejos partidos resucitan
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PODEMOS Y CIUDADANOS SON YA IRRELEVANTES

La vida sigue igual: el ciclo electoral del 15-M se apaga y los viejos partidos resucitan

La vida sigue igual. Los partidos que un día vinieron a sacudir el sistema político son ya irrelevantes en el País Vasco y Galicia. Los viejos nacionalismos vuelven a crecer

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La vida sigue igual: el ciclo electoral del 15-M se apaga y los viejos partidos resucitan

Las elecciones en Galicia y el País Vasco han reflejado la solidez del PP y del PNV en sus respectivos feudos, donde Feijóo y Urkullu llevan gobernando, respectivamente, desde 2009 y 2012. Pero, sobre todo, han mostrado el ocaso de los partidos que un día capitalizaron un nuevo ciclo electoral a raíz del 15-M y que anunciaron algo nuevo.

En particular, Podemos, que, elección tras elección, se está dejando atrás decenas de miles de votos, y que cada vez se parece más a Izquierda Unida en términos de representación política. Se trata de una caída con pocos precedentes. Precisamente, y aquí está la paradoja, a manos de dos viejas formaciones independentistas -el BNG y EH Bildu- a las que venía a sustituir hace apenas media docena de años, y a las que llegó a erosionar electoralmente. Hoy, por el contrario, las ha resucitado.

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El partido de Iglesias, en plena euforia por el cambio político, llegó a ganar unas elecciones en el País Vasco y a ser segundo en Galicia. Hoy apenas representa al 4% de los electores gallegos, mientras que en el País Vasco solo alcanza el 8% de los votos. Su nivel de representación es en estos momentos, incluso, menor del que llegó a tener Javier Madrazo en 1994 (9,1%).

Aunque no se pueden comparar unas elecciones generales con unas autonómicas, lo cierto es que el 8% cosechado este 12-J es prácticamente la mitad del 15,4% que logró hace unos meses, en noviembre de 2019, lo que da idea de su acelerado declive.

Algo parecido le ha sucedido a Ciudadanos. Aunque el partido de Arrimadas nunca ha llegado a calar entre el electorado vasco y gallego, continúa siendo irrelevante en Galicia (apenas el 0,75% de los sufragios), mientras que ha salvado los muebles en el País Vasco, pero solo porque logró que uno de sus dirigentes se “colara” en posiciones de salida. Si hubiera ido en solitario hubiera sido, incluso, peor.

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Su coalición con el PP a quien realmente ha beneficiado es a un viejo partido con casi 125 años de historia, como es el PNV. El modelo Navarra Suma no ha funcionado, ni siquiera en Álava, donde tradicionalmente el nacionalismo es menor fuerte. ¿El resultado? El PNV y EH Bildu tienen una sólida mayoría en el parlamento vasco: el 70% de los diputados son nacionalistas-independentistas.

Concentración del voto

El drama se convierte en tragedia en Álava, donde la coalición PP-Cs ha perdido más de la mitad de los votos (ha pasado de 32.661 a 14.287). En parte, por el aumento de la abstención, y solo marginalmente por la aparición de Vox, que con solo 4.722 votos (el 3,8%) ha logrado un escaño. Ahora bien, la formación de Abascal ha obtenido el 80% de esos votos en Vitoria-Gasteiz, lo que refleja una enorme concentración en la capital alavesa.

Hay que recordar que el PP llegó a ganar cuatro elecciones a las Juntas Generales de Álava entre 1999 y 2011, lo que da idea de su declive, pero desde entonces su debilidad ha ido en aumento. Vox, incluso, le ha quitado un diputado en Vizcaya, donde se ha quedado a 108 votos.

Es decir, el mapa electoral, aunque se trate solo de dos elecciones regionales, refleja que poco ha cambiado en el panorama político español: el PNV gana holgadamente en el País Vasco y el PP barre en Galicia, mientras que los partidos independentistas de toda la vida en ambas comunidades autónomas, el Bloque y los herederos de Batasuna, vuelven a ser segundos. Se trata, por lo tanto, de un mapa electoral más parecido al de la España de los años 90, en los que reinaba el bipartidismo en el conjunto del país, que al que parecía vislumbrase en la década pasada. En particular, a raíz del 15-M y de la anterior recesión.

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El PSOE, por su parte, en ambos territorios, sigue en tierra de nadie. Tanto en Galicia como en Euskadi es tercero, aunque lo más relevante es que no logra capitalizar el derrumbe de Podemos, al contrario que las formaciones independentistas de izquierda, que serán la principal oposición a Feijóo y Urkullu.

El PSOE mantiene un electorado fiel, con pocos cambios, en ambos territorios, aunque lo más relevante es la escasa influencia del hecho de que los socialistas estén en la Moncloa. Sánchez parece no influir ni para bien ni para mal. Ni hay desgaste ni se capitaliza la existencia de un Gobierno socialista.

El declive

Entre las grandes ciudades gallegas, solo en Vigo el PSOE muestra mayor fortaleza (32%), incluso muy cerca del 32,5% que cosecha Feijóo. Sin duda, por el efecto del alcalde Abel Caballero, tío del candidato socialista, pero también por el impresionante derrumbe de Podemos, que hace cuatro años, cuando acudió bajo la marca En Marea, llegó a alcanzar el 27,7% de los votos, y hoy apenas ha llegado al 6%.

Pablo Iglesias en un acto de la campaña gallega. (EFE)
Pablo Iglesias en un acto de la campaña gallega. (EFE)

La fortaleza del Bloque (19 diputados), de hecho, se ha fraguado a costa de Podemos, que en toda Galicia solo ha podido reunir 51.223 votos de los 1,31 millones de gallegos que acudieron este domingo a las urnas. La activa presencia de Yolanda Díaz en la campaña de nada servido, pese a que la ministra de Trabajo ha gestionado la principal política social del Gobierno en la pandemia, los ERTE, lo que revela que Podemos vuelve al viejo espacio político de Izquierda Unida en Galicia, que incluso tuvo mejores resultados cuando en 2012 acudió en coalición con el líder histórico del BNG, Xosé Manuel Beiras.

El principal capital político de Feijóo sigue siendo que concentra todo el espacio político situado a la derecha del PSOE, lo que le ha permitido mantener una sólida mayoría política. En estas elecciones ha obtenido 625.182 votos, ligeramente por encima de los 613.897 que ha cosechado la izquierda en su conjunto, pero con una diferencia. Pese a la escasa diferencia de sufragios, ha obtenido siete diputados más, lo que refleja la importancia de ir unidos en unas elecciones.

El terrorismo se difumina

En el País Vasco, ocurre algo parecido. El PNV, a medida que se va alejando la influencia del terrorismo en las decisiones de voto, va camino de aglutinar a todo el centro derecha, incluidos antiguos votantes del PP que ya no ven razones para no votar al nacionalismo moderado que representa Urkullu frente a EH Bildu, y que además dispuesto a pactar en Madrid a diestra y siniestra.

El PNV, a medida que se va alejando la influencia del terrorismo en las decisiones de voto, va camino de aglutinar a todo el centro derecha

En todo caso, y en término de bloques ideológicos, entre ambas formaciones del centro derecha -PNV y PP- suman 409.728 votos (con la mayor abstención en unas elecciones vascas), mientras que la suma de EH Bildu, PSE/EE y Podemos alcanzan los 442.316 votos. Es decir, ligeramente por encima, pero no a mucha distancia. La izquierda, de hecho, tendrá en el nuevo parlamento vasco 38 diputados, mayoría absoluta, frente a los 36 del PNV y el PP (uno más de Vox). Sin embargo, será una mayoría imposible para gobernar ya que el PSE/EE ha reiterado su negativa a formar un Gobierno alternativo en innumerables ocasiones.

En ello tiene mucho que ver el singular reparto de escaños que se hace en el País Vasco, donde los tres territorios forales, independientemente de la población, tienen el mismo nivel de representación: 25 diputados. Esto explica que mientras al PNV, el primer partido de Euskadi, le haya costado un diputado en Vizcaya 16.669 votos, en Álava, ese mismo escaño, lo haya logrado con apenas 4.444 votos. Es decir, un escaño cuesta casi cuatro veces más en un territorio que en otro. Todo sigue igual en Galicia y el País Vasco.

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