ELECCIONES EN GALICIA Y PAÍS VASCO

Feijóo arrasa mientras Podemos y la apuesta de Casado con Cs en Euskadi se hunden

El PNV mejora su resultado y podrá gobernar cómodamente con los socialistas, que repiten resultados, con subida de Bildu y un diputado de Vox en Euskadi

Foto: El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)
El presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

En el País Vasco y en Galicia gana la estabilidad en las primeras elecciones desde el inicio de la pandemia. En tiempos de crisis, los votantes no han querido cambios, al menos, al frente de sus gobiernos autonómicos.

Alberto Núñez Feijóo (PP) seguirá siendo presidente de la Xunta de Galicia con holgada mayoría absoluta, la única que el PP conserva en comunidades autónomas, y mantiene para su partido la hegemonía total en el centro derecha. Conserva la aldea gala, sin opción a que Vox y Ciudadanos logren representación en su comunidad, los barre del centro derecha gallego. Su mensaje centrado y moderado tiene premio.

El lendakari Iñigo Urkullu (PNV) ha vuelto a ganar las elecciones en el País Vasco, incluso con más escaños, y podrá gobernar cómodamente con un acuerdo con los socialistas vascos, que repiten resultados. Ninguno de los dos presidentes ha sufrido desgaste por su gestión de los efectos del Covid-19, por el contrario, los dos han ganado escaños.

Y Pablo Casado y, sobre todo, Pablo Iglesias han vivido una pésima noche electoral este 12-J. El primero fracasa en su experimento en el País Vasco y el segundo ve cómo su partido se desploma en Galicia y País Vasco, donde en las generales de 2016 fue el más votado con sus diferentes nombres y ahora no entra siquiera en el Parlamento de Santiago.

Son los titulares básicos de las primeras elecciones celebradas desde el inicio de la pandemia, que se completan con una ligera caída de los socialistas en Galicia a favor del BNG, que los supera como segunda fuerza, y un repunte del PSE en Euskadi, sin sufrir desgaste por su coalición con el PNV.

En las dos comunidades suben las opciones de izquierda soberanista, Bildu y BNG, y en el País Vasco, Vox logra su primer escaño. El BNG, que encabeza Ana Pontón , es el segundo partido en Galicia, con un ascenso espectacular, resurgiendo con fuerza en un Parlamento con sólo tres partidos, como ocurría antes del irrupción de Unidas Podemos y su marca de En Marea.

¿Hasta qué punto se puede medir con esos resultados si el Gobierno de coalición de Pedro Sánchez sufre desgaste por su gestión? No es fácil establecer una conclusión, porque en cada una de las dos comunidades hay lógicas distintas a las de la política nacional, pero da la impresión de que no ha afectado en ninguna de ellas. En todo caso, su problema es que en ninguna de las dos comunidades logra capitalizar el desastre de Unidas Podemos, cuyos votos perdidos van a los soberanistas, no a los socialistas.

El PSOE presentaba un nuevo candidato en Galicia, Gonzalo Caballero, y su estancamiento tiene que ver también con la irrupción de Ana Pontón, como cabeza de lista del BNG, y un desplazamiento de la izquierda hacia opciones soberanistas. Por eso, pasa a ser la tercera fuerza con nula capacidad para influir, pero nada para el PSOE como ver victorioso al adversario político de Casado en el PP, Feijóo.

Y en el País Vasco, tras cuatro años de coalición con el PNV, los socialistas de Idoia Mendia han mantenido su posición. Lo bueno para el PSOE de Sánchez es que sigue siendo necesario para formar mayoría con Urkullu, lo que facilita que, a su vez, el PNV siga siendo socio del Gobierno en el Congreso de los Diputados.

La candidata socialista a las elecciones vascas, Idoia Mendia, tras votar este domingo. (EFE)
La candidata socialista a las elecciones vascas, Idoia Mendia, tras votar este domingo. (EFE)

Las elecciones del 12-J muestran, de hecho, que para el PNV es rentable electoralmente ser el partido que logra mejoras para los ciudadanos del País Vasco gracias a sus negociaciones con los gobiernos de España, sean del PP o del PSOE.

La principal lección de los comicios de la pandemia, como era previsible, afecta al centro derecha y, más concretamente, al Partido Popular. La comparación lanza mensajes para el medio y largo plazo en el centro derecha, en una etapa que se inicia sin elecciones previstas hasta 2023, con la única excepción de las catalanas.

El meritorio triunfo de Feijóo, con su cuarta mayoría absoluta, tiene efectos colaterales negativos para Pablo Casado. Más aún si se pone en contraste con el resultado del PP en el País Vasco. El presidente gallego ha intentado, en los últimos meses, moderar el discurso del PP y, por ejemplo, intentó sin éxito que Cayetana Álvarez de Toledo no fuera portavoz del PP en el Congreso. Con el 99,9% escrutado, obtenía 41 escaños, los mismos que hace cuatro años, lo que refrenda sus posiciones políticas y marca un camino para su partido. La lista de Feijóo conseguía más del 48% de los votos, unas cifras estratosféricas en tiempos de multipartidismo, y mejoraba en casi medio punto el resultado de las anteriores elecciones.

Feijóo diseñó su campaña, se distanció del PP y sus siglas y habló de diálogo. Mientras, en el País Vasco, la candidatura era una apuesta personal de Pablo Casado, con un candidato como Carlos Iturgaiz nada moderado que, además, había desplazado a Alfonso Alonso en el último momento. La apuesta del líder del PP ha fracasado claramente. En esa comparación simplificada ha ganado la moderación de Feijóo, frente al radicalismo de Casado. Incluso, en el País Vasco el PP ha perdido escaños, se ha hundido y ha permitido la entrada en el Parlamento de Ciudadanos y de Vox, que logra uno por Álava.

El presidente de la Xunta, que renunció hace dos años a presentarse a liderar el PP, queda como el barón más fuerte y reconocido del partido. Tiene que estar aún un tiempo en Galicia, pero su nombre será invocado por otros partidos para intentar debilitar y presionar a Casado.

Resultados elecciones del País Vasco y Galicia.
Resultados elecciones del País Vasco y Galicia.

Otro de los datos de la jornada electoral para el futuro es que la coalición entre el PP y Ciudadanos no ha funcionado. Solo ha logrado el 6,76% de los votos y cinco escaños, dos de los cuales serán para Ciudadanos. La experiencia electoral indica que la suma de dos partidos no termina siendo nunca la suma del resultado que tendrían los dos. La lección a extraer de ese dato puede afectar a las próximas elecciones en el horizonte, las catalanas, que han de celebrarse, previsiblemente, antes de final de año. Puede no ser una buena idea que ambos partidos vayan juntos también en esos comicios.

En una comparación simplificada, ha ganado la moderación de Feijóo, frente al radicalismo del candidato de Casado

En este caso, Pablo Casado optó por un candidato sin ninguna capacidad de arrastre de votos como Carlos Iturgaiz. De hecho, a la dirección del partido de Inés Arrimadas le parecía objetivamente malo como cabeza de lista. El PP ya era irrelevante a efectos parlamentarios, porque no sumaba ninguna mayoría en el País Vasco, y así sigue siendo con menos votos aún y, además, cediendo escaños a Ciudadanos.

Los de Arrimadas no tenían nada en el País Vasco y ahora tienen dos. Tienen también coartada para seguir pactando con el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos y mantener la etiqueta de partido bisagra de centro, según su nueva estrategia. Ganan en el País Vasco sin concurrir solos, lo cual es un notable éxito, porque nunca tuvieron nada y era difícil que lo lograran. Gran éxito de Arrimadas y gran fracaso de Casado.

Los datos confirman un desastre para Unidas Podemos y el conglomerado de corrientes de cada una de las comunidades. Fue el partido más votado en Galicia y Euskadi en las generales de 2016, con una corriente de cambio notable que, poco a poco, se ha ido cayendo en cada convocatoria electoral. En Galicia, incluso queda fuera del Parlamento con menos del 4% de los votos. Y en Euskadi sus votos no sirven para conformar ninguna mayoría.

La contradicción del partido de Pablo Iglesias es que tiene más poder que nunca y, al tiempo, su porcentaje de votos se va desinflando y deshilacha su respaldo territorial. En Euskadi solo consigue seis escaños con el 8% de los votos.

Durante años, Unidas Podemos ha descuidado esa implantación electoral y lo paga en cada cita electoral. Ha cambiado permanentemente de líderes y candidatos sin crear una estructura territorial sólida, y eso lo penaliza elección tras elección.

Además, eran sus primeras elecciones desde el Gobierno central, lo que les puede servir para reflexionar si eso les provoca algún tipo de desgaste en sus bases y su discurso. Si llegaran a esa conclusión, podría haber también consecuencias para su futuro en el Gobierno de Pedro Sánchez. Atentos a los movimientos de Iglesias en las próximas semanas, según cómo interprete el resultado.

Todo su potencial en Galicia lo recibe el BNG, que se convierte en el segundo partido, por encima de los socialistas, mientras que en el País Vasco la opción de izquierdas con más votos es Bildu, que consigue su mejor resultado de la historia, con las diferentes marcas que ha tenido. Es decir, se produce un desplazamiento de la izquierda hacia opciones nacionalistas/independentistas en las dos comunidades. La izquierda pone por delante de esa condición la que tiene que ver con la identidad y el soberanismo. Se traduce en un notable aumento del voto a partidos nacionalistas e independentistas, siguiendo la senda de Cataluña.

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