no hay aún fecha cerrada

El primer viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla pone a prueba la relación con Rabat

Zarzuela no confirma que el jefe del Estado viaje a las dos ciudades autónomas, pero fuentes gubernamentales aseguran que sí lo hará en el marco de su gira pospandemia por todo el país

Foto: Felipe VI y doña Letizia pasean por una de las calles de la ciudad de Cuenca, este jueves. (EFE)
Felipe VI y doña Letizia pasean por una de las calles de la ciudad de Cuenca, este jueves. (EFE)

Treinta y dos años tardó don Juan Carlos, desde su entronización como Rey en 1975, en visitar Ceuta y Melilla. Seis años es lo que se va a demorar su hijo, Felipe VI, en viajar a las ciudades autónomas enclavadas en la costa norteafricana.

La Zarzuela no confirmó el jueves por la tarde el rumor que desde hace días corría por ambas ciudades: que los Reyes las visitarían en el marco de su recorrido por España tras el final del estado de alarma. La dirección de comunicación de la Casa del Rey precisó que tal viaje no estaba previsto para la semana próxima, pero fuentes gubernamentales sí indicaron que se celebraría en breve en el marco de la gira que el jefe del Estado efectúa por toda España.

El periplo real arrancó en los archipiélagos de Canarias y Baleares, continuó por dos ciudades andaluzas (Sevilla y Córdoba), incluyó el miércoles Extremadura y este jueves el Rey y doña Letizia estuvieron en Castilla-La Mancha. Para Ceuta y Melilla no hay aún fecha cerrada, pero se da por muy probable que será este mismo mes de julio.

El primer viaje de los Reyes a Ceuta y Melilla pone a prueba la relación con Rabat

Ese viaje real pondrá a prueba la relación de España con Marruecos, que reivindica la soberanía sobre las dos ciudades y todos los islotes y peñones españoles a lo largo de su costa septentrional. Para prevenir el golpe, es probable que el Gobierno de Pedro Sánchez haya anunciado de antemano la visita a las autoridades marroquíes, cuya irritación sería aún mayor si se enterasen de ella a través de la prensa. Así lo hizo, hace 13 años, el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero.

Cuando en octubre y noviembre de 2007 don Juan Carlos y doña Sofía se desplazaron, por primera y última vez como Reyes, a Ceuta y Melilla, el rey Mohamed VI de Marruecos publicó un duro comunicado de “condena” y “denuncia” de esa “lamentable” visita que “ataca los sentimientos patrióticos sólidamente arraigados entre todos los componentes y sensibilidades del pueblo marroquí”.

El monarca advirtió además de que ese “acto nostálgico de una era sombría” podría ser “contraproducente” y acarrear “consecuencias que podrían poner en peligro el futuro y la evolución de las relaciones entre los dos países”.

Además del soberano alauí, varios miembros de su Gobierno, empezando por el primer ministro, Abbas el Fassi, expresaron entonces su rechazo a la visita real con discursos, entregando cartas el embajador de España en Rabat, Luis Planas, y hasta organizando una sentada de parlamentarios ante la sede diplomática española. En Tetuán hubo además una manifestación, esa sí fue autorizada, en la que centenares de jóvenes gritaron ante el consulado de España “¡España, Estado colonial!”, “¡Ceuta, Melilla y el Sáhara, marroquíes!”.

Pese a las veladas amenazas de Mohamed VI en su comunicado, la visita real a ambas ciudades no supuso ningún enfriamiento de la relación hispano-marroquí. Después de haber mantenido una tensa relación durante ocho años con el presidente José María Aznar, las autoridades marroquíes se alegraban de tener como interlocutor en Madrid a José Luis Rodríguez Zapatero.

Han sido curiosamente dos gobiernos socialistas, el de Rodríguez Zapatero y ahora el de Pedro Sánchez, los únicos que han osado organizar viajes de los Reyes a Ceuta y Melilla. Dos años antes, fue el propio Rodríguez Zapatero quien viajó a ambas ciudades como presidente del Gobierno, algo que ni Aznar, ni Felipe González ni Leopoldo Calvo Sotelo se atrevieron a hacer.

Ceuta y Melilla son dos ciudades especialmente castigadas, no tanto por la pandemia —se aislaron a cal y canto para evitar contagios— como por la creciente asfixia económica a que les somete el vecino marroquí. En agosto de 2018, Rabat cerró, sin consultar con las autoridades españolas, la aduana comercial de Melilla, abierta desde mediados del siglo XIX. El Gobierno español no protestó. En octubre del año pasado, puso también fin al contrabando, que los ceutíes llaman “comercio atípico”, a través de la frontera de Ceuta y que generaba un volumen de negocio de 700 o 750 millones de euros anuales. El ministro de Economía marroquí, Mohamed Benchaaboun, dejó caer esta semana que cuando se reabran las fronteras terrestres con España, cerradas desde marzo, también se suprimiría el contrabando.

Hassan II, el padre del actual rey, recordaba con cualquier pretexto en sus discursos su reivindicación sobre Ceuta y Melilla. Insistía en que se crease una célula de reflexión hispano-marroquí para negociar su futuro. Su hijo lleva 13 años sin mencionarlas en público y desde el palacio real se recomienda incluso a los partidos políticos que no saquen el tema a relucir ni siquiera en las campañas electorales. Bajo cuerda, desde Rabat, sí se estrangula económicamente desde hace años a las dos ciudades.

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