Casado fuerza la máquina ante el espejismo del fin de la legislatura
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LA GESTIÓN POLÍTICA DE LA PANDEMIA

Casado fuerza la máquina ante el espejismo del fin de la legislatura

El líder del PP subirá la presión parlamentaria con la petición de una comisión de investigación, mientras que dirigentes y barones regionales piden acuerdos y moderación

placeholder Foto: El líder del Partido Popular, Pablo Casado (d), y la portavoz del partido en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo (i), a su salida del último pleno del Congreso. (EFE/Kiko Huesca)
El líder del Partido Popular, Pablo Casado (d), y la portavoz del partido en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo (i), a su salida del último pleno del Congreso. (EFE/Kiko Huesca)

Mariano Rajoy abandonó su carrera política, tras una larga y sorprendente sobremesa de ocho horas, con la leyenda de que su principal virtud era saber medir bien los tiempos. Se llevó esa etiqueta de la vida pública, a pesar de que en su última bocanada (política) le arrolló el tren de la moción de censura, justo hace dos años. Como mínimo, esa supuesta gran virtud lo abandonó en el último minuto.

Poco después, Pablo Casado supo usar los tiempos a su favor. En cuanto Rajoy se desvaneció como político y se transmutó en el simbólico bolso de Soraya Sáenz de Santamaría sobre su escaño del Congreso, Casado corrió más que los demás y anunció su candidatura para liderar el PP.

Se adelantó a Sáenz de Santamaría y a Dolores de Cospedal y, sobre todo, dejó a Alberto Núñez Feijóo sin tiempo de despedirse de Galicia para suceder a Rajoy. El político gallego aspiraba a ser aclamado y ni siquiera pudo dar el paso, por falta de tiempo y también porque, para su sorpresa, Rajoy se fue del todo y cerró la puerta al salir, sin ni siquiera allanar el camino del que parecía su sucesor natural.

Casado asumió un partido derrotado y que, por primera vez, debía competir con otras dos formaciones en su mismo espectro político etiquetado como centroderecha, con Vox y Ciudadanos. A las elecciones generales de abril de 2019 fue con un discurso duro, para competir con el partido de Santiago Abascal, que se resume en aquello de "felón y traidor" dirigido a Pedro Sánchez. El resultado fue que el PP logró solo 66 escaños, Vox 24 y Ciudadanos 57.

Para las de noviembre, Casado quiso dar un giro centrista a su discurso y subió a 88 escaños, pero Vox llegó hasta 52 y dejó con 10 a Ciudadanos.

Por eso, el eterno dilema de Casado ha sido siempre si para liderar ese espectro ideológico debe dirigirse a los votantes de Vox o a los de Ciudadanos. La teoría de la manta: o te tapas la cabeza o te tapas los pies.

En enero, ya con el Gobierno de coalición PSOE/Unidas Podemos constituido, Casado inició una estrategia de largo alcance cuya primera etapa eran las elecciones gallegas y vascas que debían haberse celebrado el 5 de abril.

Foto: El líder del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)

La idea era abordar la operación de reconstrucción o reagrupamiento, sobre la seguridad de que el centroderecha solo puede gobernar si va unido. Ya lo vio José María Aznar a principios de los 90 cuando fue eliminando a pequeños partidos de ese espectro ideológico para poder ganar en 1996 y, sobre todo, en 2000.

Trasladado a este momento, mientras haya "tres derechas" es muy difícil que gobierne, por simple matemática electoral.

Casado quiso pactar con Ciudadanos y solo lo logró para el País Vasco, con el convencimiento de que el partido que dejó Albert Rivera podría ser absorbido por el PP. Lo completó quitando a un candidato "centrista" como Alfonso Alonso para situar a uno mucho más próximo a postulados de Vox como Carlos Iturgaiz.

Con la pandemia se aplazaron las elecciones autonómicas y toda esa estrategia y muchas más saltaron por los aires.

Volvió el concepto de tiempo para transformarse en precipitación por el convencimiento de que el Gobierno PSOE-UP durará poco

En todo caso, nunca abandonó la idea de mantener una oposición muy dura, como lo prueba que nombrara portavoz a Cayetana Álvarez de Toledo, frente a la opinión de otros dirigentes o barones del partido que, como Núñez Feijóo, preferían un tono más moderado. El gallego pidió un tono que no estuviera pendiente del retrovisor para vigilar a Vox, sino compitiendo con el PSOE como únicos partidos de Estado.

Y ahí es donde volvió el concepto de tiempo a la acción política de Casado, para transformarlo en precipitación por el convencimiento de él mismo y de su entorno de que el Gobierno de coalición durará poco, que los efectos de la pandemia acabarán con él.

El grado de dureza de su oposición fue subiendo. Empezó votando a favor del estado de alarma y sus primeras prórrogas, aunque con discursos muy críticos y la coartada cierta de que Pedro Sánchez afrontó la crisis desde la unilateralidad, incluso respecto a sus propios socios.

Foto: Pedro Sánchez, durante el pleno del Congreso que votó este 3 de junio la sexta y última prórroga del estado de alarma. (EFE)

Luego pasó a la abstención, aunque con discursos que argumentaban el no, y, finalmente, al no sin ambages. Acarició la posibilidad de acabar con el Gobierno de coalición en una de las votaciones de la alarma, pero Sánchez maniobró para lograr apoyo de otros partidos y ahora el PP está en el no con Vox, JxCAT y CUP, sin relevancia alguna a efectos de recuento de votos en el pleno del Congreso.

Esas prisas, provocadas por el espejismo del fin inmediato del Gobierno, lo han llevado a forzar la máquina en su oposición a Sánchez, materializado en su discurso del último pleno del Congreso.

"Usted ha logrado ser el ejemplo del mayor fracaso del mundo en lucha contra la pandemia, con las peores cifras de fallecidos por habitante, que todavía se niega a clarificar, después de tener el mando único sanitario durante tres meses", le dijo el miércoles a Sánchez en el Congreso.

Recuerde a Shakespeare: 'Con el cebo de una mentira, se pesca una carpa de verdad'. Y a usted le acabarán pescando

Y lo será aún más cuando acabe el estado de alarma con iniciativas como la petición de comisión de investigación sobre la gestión de la pandemia. Para entonces, el PP prepara una ofensiva política y parlamentaria para mantener la tensión, según fuentes del Congreso.

"Recuerde a Shakespeare: 'Con el cebo de una mentira, se pesca una carpa de verdad'. Y a usted le acabarán pescando. Ya le aviso de que, en cuanto salgamos del estado de alarma y alcancemos eso que usted llama con lenguaje distópico y cursi la nueva normalidad, solicitaremos una comisión de investigación parlamentaria para esclarecer las responsabilidades del Gobierno en su nefasta gestión de la pandemia. Y les recuerdo que allí no podrán seguir mintiendo sin consecuencias legales", advirtió en el Congreso.

Esa posición se ha visto reforzada por la de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, convertida por Casado en la punta de lanza de la oposición y la confrontación. De Unidas Podemos dijo Ayuso el jueves en la Asamblea de Madrid que es "peor que el virus" que ha matado a decenas de miles de personas. Aparentemente insuperable.

placeholder El líder del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)
El líder del Partido Popular, Pablo Casado. (EFE)

Fuentes próximas a Casado aseguran que lo que de verdad son radicales son los miembros del Gobierno y son los que etiquetan al PP como radicales, precisamente, para cubrirse. Y añaden que siempre ha mantenido un "espíritu de pactos desde el minuto uno" y ahora con el llamado "pacto Cajal" sobre la ciencia, del que no han recibido ni una respuesta. "Frente a su no es no y hasta pactar supuestamente la renovación de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia que consistió en darnos una lista cerrada de nombres de Unidas Podemos y de ERC", aseguran.

Además, el equipo que dirige Ana Pastor sigue trabajando en la Comisión de Reconstrucción del Congreso y, aunque discrepan del método de trabajo, ven posible acuerdos de mínimos sobre UE, líneas generales de sanidad, I+D+I, agencia de salud pública, reservas estratégicas, 'pool' de profesionales de la sanidad y capacitación de sanitarios, entre otros.

Consideran que será más difícil pactos sobre economía por la evidente distancia ideológica e insinúan que Unidas Podemos podría buscar dinamitar la comisión para culpar al PP del fracaso. Aunque el propósito del PP es ejercer lo que en las negociaciones se llama "culo de hierro", es decir, no levantarse de la mesa pase lo que pase.

En el PP manejan teorías como que Bruselas exigirá después de verano condiciones que UP no podrá asumir y eso romperá el Gobierno

El lunes, Pastor hablará con los socialistas Adriana Lastra y Rafael Simancas para organizar los trabajos de la comisión.

En el PP manejan teorías como que Bruselas exigirá después de verano condiciones que Unidas Podemos no podrá asumir y eso romperá el Gobierno o que se le demandará que reduzca ministerios y eso acabará con la coalición. O que Sánchez convocará elecciones en septiembre, cuando pueda hacerlo legalmente, para ir a las urnas antes del estallido de la crisis económica y social. En definitiva, que el Gobierno tiene los días contados y que hay que estar preparados para ese momento, con el electorado tensionado y movilizado.

Hay que recordar que la Constitución no permite que haya convocatoria electoral hasta el próximo mes de septiembre, para celebrarlas en noviembre.

Sin embargo, dirigentes del PP difieren de este análisis y aseguran que si la premisa es falsa, puede serlo también la estrategia que le sigue. Estos últimos coinciden en su análisis con el propósito del Gobierno, cuyos diferentes sectores explican que no tienen intención de poner fin a la legislatura. Y, lo que es peor para Casado, coincide con la realidad porque los socios de moción de censura e investidura explican que, aunque vayan subiendo el precio de su voto, prefieren al actual Gobierno antes que la perspectiva de uno de Casado.

Las victorias electorales del centroderecha siempre se han producido con desmovilizaciones de la izquierda

En definitiva, que como explica un miembro del Gobierno relevante, el mejor pegamento del Ejecutivo y sus socios es la oposición.

De hecho, las victorias electorales del centroderecha siempre se han producido con desmovilizaciones de la izquierda y nada moviliza más a los votantes de la izquierda que la visión de una ofensiva de PP/Vox. De ahí la insistencia casi exagerada de Sánchez al solapar al "señor Casado" y al "señor Abascal", rematando el balón que el líder del PP le deja botando y con la portería vacía.

Esta oposición le es cómoda al Gobierno y al tiempo crea un marco sobre la supuesta negligencia culpable de Sánchez en la gestión de la crisis sanitaria que aprovecha Vox.

"Un presidente que con su negligencia y ocultación ha provocado la muerte de miles de españoles, y las de un vicepresidente que ha dejado morir a los ancianos en la residencias sin que tuvieran la asistencia del Estado que merecían y la compañía de sus familiares en los últimos momentos de su vida", remató el jueves Abascal, porque Vox puede llegar hasta donde el PP no llega, aunque se acerque.

En el análisis hay que tener en cuenta el factor FAES, la fundación de José María Aznar, que tanto influye a Casado y de donde proceden el propio líder del PP y otros de su equipo como Álvarez de Toledo. El laboratorio de ideas es también la cantera de asesores y miembros del equipo del líder del PP.

Y marca el camino a Casado con textos como los que en las últimas semanas no sólo igualan expresiones duras del PP, sino que las aumentan. Por ejemplo, una del 29 de mayo sobre la frase "hijo de terrorista" que Álvarez de Toledo dirigió a Pablo Iglesias: "Recordar que alguien militó en una organización que practicó la violencia terrorista sería, pongamos por caso, un ejemplo del derecho a difundir libremente información veraz".

Habla de la "búsqueda constante de la provocación" de Iglesias, añade que "es un tipo crecido políticamente en la bronca y el escrache", lo llama "populista agresivo que busca la quiebra social, el antagonismo y la demonización de sus adversarios para convertirlos en enemigos", "político chulesco" y le vincula con el entorno de ETA, entre otras cosas.

Hay encuestas de atribuyen a Casado un ascenso, sin llegar en ningún caso a sumar mayoría absoluta del centroderecha, lo que daría impresión de éxito de su estrategia.

Lo que ocurre es que en momentos en los que no hay convocadas elecciones, como en el actual, esos datos pueden resultar engañosos. En periodos de calma electoral cuenta más la búsqueda de la profundidad de imagen de los líderes políticos que la intención de voto.

Es decir, buscar cómo reforzar otros atributos que detectan las encuestas cualitativas, como la confianza, la capacidad de gestión o la credibilidad entre otros. Por eso hay barones regionales que entienden que debía utilizarse este periodo y esta crisis para consolidar su liderazgo y mostrar su hegemonía sobre el bloque de oposición y sin estar pendiente de Vox y sin pensar en elecciones, como si estuviera en una campaña permanente.

Un barón explica que, además, le va a ser difícil mantener la presión crítica cuando avance la corresponsabilidad de las CCAA en la gestión

Dicho de otra forma, lo que puede diferenciar a Casado de Abascal es tener detrás un partido de Estado con capacidad para gobernar. Vox puede llegar más lejos en sus críticas, pero el PP puede defender al Estado, por ejemplo, con gestiones con sus socios del Partido Popular Europeo que gobiernan en la Unión Europea y que pueden interceder para obtener mejoras en las ayudas comunitarias a España. Y apuntarse el tanto político de esas gestiones que no puede hacer Abascal.

Un barón explica que, además, le va a ser difícil mantener la presión crítica cuando avance la corresponsabilidad de las comunidades autónomas en la gestión de la desescalada. Ya ha ocurrido con la controvertida gestión de la Comunidad de Madrid, los datos de la residencias de ancianos y las tensiones de su Gobierno de coalición. Algunos de esos barones han firmado pactos de reconstrucción con el PSOE en sus comunidades.

José Pablo Ferrandiz, investigador principal de Metroscopia, explica que según sus estudios casi diarios, Sánchez sale de la crisis sanitaria con un 50% de apoyo a su gestión, lo que supone un porcentaje elevado para la magnitud de la pandemia y a falta de la mayor percepción de la crisis económica y social.

Foto: La líder de Cs, Inés Arrimadas, mantiene una reunión telemática con el presidente del PP, Pablo Casado. (EFE)

En cambio, la valoración de Casado no es buena, en un panorama general de divorcio entre ciudadanía y líderes políticos.

Curiosamente, los mejor valorados según Metroscopia son los más expuestos: Fernando Simón, Salvador Illa y Pedro Sánchez, lo que parece indicar una cierta empatía de los Ciudadanos. E Inés Arrimadas es la que consideran menos crispadora, aunque eso también supone un cierto espejismo, porque quienes le valoran bien son votantes del PSOE que nunca la votarán a ella.

Explica que, quizás, le sería más favorable jugar la baza de la oposición respecto a la crisis económica más que a la sanitaria, aportando la experiencia de Gobierno del PP.

En términos generales, cada partido puede dirigirse a tres bloques de electores: los imposibles, los seguros o duros y los posibles o blandos. Con los primeros no hay nada que hacer porque nunca lo votarán; los posibles o blandos podrían estar dispuestos a votarle y los seguros o duros están activados y te van a votar en todo caso, hagas lo que hagas.

Un Núñez Feijóo triunfador desde la moderación no sería una amenaza al liderazgo de Casado si hubiera elecciones generales de inmediato

Casado reafirma cada día a estos últimos que ya están movilizados, con el objetivo de reforzarse como líder del PP. No está claro si además hace algo para buscar a los posibles, si debe ir a por los que le disputa Vox o los que le disputa Ciudadanos, para presentarse también como líder político presidenciable. Duda si corta el cable naranja o el verde, con la presión del tiempo.

El 12 de julio, en las elecciones gallegas es previsible una victoria arrolladora de Feijóo, su cuarta mayoría absoluta, equiparable a los resultados de Manuel Fraga y con un apoyo a su gestión del 40%, según Metroscopia.

Será el triunfo de alguien etiquetado como moderado, frente a la dureza de Casado.

Y en el País Vasco, todo parece indicar que subirán PNV y Bildu, aunque las encuestas señalan que los vascos prefieren que siga el acuerdo entre nacionalistas y socialistas, y el PP, en coalición con Ciudadanos, es consciente de que tiene muy poco que ganar. El discurso de los populares será el del rechazo al pacto con Bildu y las víctimas de terrorismo, con Casado como gran protagonista.

De nuevo, el tiempo: Un Núñez Feijóo triunfador desde la moderación no sería una amenaza al liderazgo de Casado si hubiera elecciones generales de inmediato, porque no le daría tiempo a dejar Galicia. Si la legislatura se prolonga, el presidente de la Xunta volvería a ser el deseado por un alma del PP.

Y en todo caso, se avivaría el eterno debate entre dureza y moderación, complicado con la necesidad urgente de Casado por aparecer como un líder consolidado.

Mariano Rajoy abandonó su carrera política, tras una larga y sorprendente sobremesa de ocho horas, con la leyenda de que su principal virtud era saber medir bien los tiempos. Se llevó esa etiqueta de la vida pública, a pesar de que en su última bocanada (política) le arrolló el tren de la moción de censura, justo hace dos años. Como mínimo, esa supuesta gran virtud lo abandonó en el último minuto.

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