LAS ESTRATEGIAS DE PRECAMPAÑA

Franco, Cataluña, inmigración: PSOE vs. Vox o la pinza que deja fuera a PP, Cs y Podemos

Ambos partidos empiezan la precampaña enzarzados en un duro cruce de acusaciones que los sitúa en primera línea del debate y como referentes ideológicos de uno y otro lado

Foto: Abascal y Sánchez, en la sesión constitutiva de las últimas Cortes Generales. (EFE)
Abascal y Sánchez, en la sesión constitutiva de las últimas Cortes Generales. (EFE)

Aunque al final la Junta Electoral Central impidió que Vox participara en los debates de la campaña de las elecciones generales del pasado abril porque no tenía aún representación parlamentaria, durante unos días la cuestión estuvo abierta. Unos apostaban por que los de Santiago Abascal no estuvieran presentes y otros, los menos, por debatir junto al bilbaíno. Entre estos últimos se encontraba curiosamente uno de los grandes antagonistas de Vox, el PSOE. En concreto, su secretario de Organización, José Luis Ábalos, se mostró el pasado 26 de febrero abierto a realizar un encuentro a cinco. "No vamos a vetar a nadie, queremos hablar de política", zanjó el dirigente socialista reconvertido entonces en uno de los mejores aliados de Abascal.

La imagen de Podemos, PSOE, PP, Ciudadanos y Vox en la misma mesa frente a las cámaras no pudo finalmente llevarse a término porque la Junta Electoral Central prohibió a la última formación sentarse en ese encuentro. Argumentó que el partido no estaba representado en las Cortes Generales y que, por lo tanto, no podía equipararse al resto. Sin embargo, ahora el escenario es completamente diferente. En abril, Vox logró 24 diputados en la Cámara Baja, lo que le da derecho a situarse al mismo nivel que el resto de formaciones de cara a la próxima campaña electoral, en la que sí habrá debate televisado a cinco.

El líder de Vox, Santiago Abascal, el pasado domingo en Vistalegre. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal, el pasado domingo en Vistalegre. (EFE)

Los ciudadanos podrán ver en esas citas mediáticas si finalmente PSOE y Vox actualizan las clásicas pinzas 'antinatura' que ya 'firmaron' el PP de José María Aznar y la Izquierda Unida de Julio Anguita o el PP de Mariano Rajoy y el Podemos de Pablo Iglesias. Estas alianzas se traducían cada una en estrategias dispares, pero en todos los casos tenían en común que a ambas partes les interesaba apoyarse en el otro —aunque fuera ideológicamente antagónico— para reducir las capacidades de terceros. Aznar y Anguita trataron de hacer daño a Felipe González; Rajoy e Iglesias, a Sánchez, y ahora a Abascal y Sánchez les viene bien para hacer daño a sus rivales más cercanos. PP y Ciudadanos, para el caso de Abascal, y Podemos y el partido de Íñigo Errejón, para el presidente del Gobierno en funciones. En este sentido, a ambas partes les interesaría situarse en el centro del debate y erigirse como alternativa.

Algo de esto comenzaron a hacer Abascal y Sánchez el pasado domingo. Los dos se enfrascaron en un duro enfrentamiento a cuenta de la historia de los socialistas que los alzó a primera línea de los periódicos. Comenzó el líder de Vox durante el discurso que pronunció en el palacio de Vistalegre de Madrid el domingo, cuando dijo que el objetivo de la campaña del Gobierno contra Franco tiene el fin de "insultar a media España" y "tapar las vergüenzas del PSOE". "En Vox no hay corruptos ni maltratadores de mujeres", añadió en referencia al que fuera presidente del PSOE vasco, Jesús Eguiguren, condenado por maltratar a su esposa en 1992.

"La historia del PSOE es criminal desde que su fundador, Pablo Iglesias, amenazó de muerte a la oposición", agregó Abascal, que nombró una retahíla de acontecimientos de los que culpó a los socialistas. En concreto, "el pucherazo del 36, el asesinato del líder de la oposición a manos de su escolta, el robo del oro del Banco de España que se llevaron a Moscú, la petición de amnistía para los terroristas, el terrorismo de Estado que deslegitimó el trabajo de las fuerzas de seguridad, la corrupción de los ERE, la legalización de marcas políticas de ETA o el pacto de los golpistas". "Esa es la historia del PSOE que nosotros vamos a recordar", ahondó el dirigente de Vox, que no tardó en ser respondido por el partido gubernamental.

"Socialistas que han muerto por conseguir la paz, la democracia y la libertad. 140 años de socialismo a los que Abascal tiene que agradecer que pueda subirse a un atril y decir lo que dice. A pesar de la repugnancia y asco que nos produce". Así se expresaba el PSOE desde su cuenta de Twitter apenas unos pocos minutos después de que el presidente de Vox pronunciara el mencionado discurso. Pero no se quedó ahí la formación. Ayer mismo, Sánchez insistía en la misma idea durante la presentación de su programa electoral. "Parece que vuelven a la carga y se han lanzado a una competencia con el PP para atraer los votos de los nostálgicos del franquismo. No mancharemos nuestras bocas ni nuestros oídos repitiendo aquí sus palabras. Ya sabemos cómo respondían a los discrepantes cuando gobernaban sus añorados ídolos. Os propongo que respondamos como hacemos los demócratas: se lo diremos el 10-N con nuestros votos".

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

El encontronazo es el primero que tiene lugar entre los dos partidos de tan hondo nivel, pero todo apunta a que no será el único y que el episodio del domingo será solo el aperitivo de lo que tendrá lugar en campaña. A ambos, además, no les va la vida en ello. Como puso de manifiesto la encuesta de IMOP publicada por El Confidencial precisamente el pasado domingo, el trasvase de votos entre ambos partidos es casi nulo. Apenas un 0,9% de votantes del PSOE tiene intención de apoyar ahora a Vox y ninguno de los que apostaron por Abascal estaría ahora dispuesto a respaldar a Sánchez. El daño que se pueden hacer con este cruce de acusaciones, por lo tanto, se torna casi inexistente para ambas partes, que sin embargo sí pueden encontrar en esta estrategia el mejor modo de perjudicar a sus verdaderos rivales (Podemos, para los socialistas; y PP y Ciudadanos, para los de Vox).

La campaña, no en vano, tiene en la nevera polémicas de sobra para alimentar esta línea de 'trabajo'. La exhumación de Francisco Franco es carne de cañón para ambos. Los dirigentes socialistas, por haber tenido la iniciativa de la medida que sacará el cadáver del Valle de los Caídos. Los de Vox, por ser los únicos que se han mostrado abiertamente en contra de la medida. Estos últimos, de hecho, dedicaron gran parte de los discursos que pronunciaron en Vistalegre a la conflictiva empresa puesta en marcha por el Ejecutivo de Sánchez. Otro importante asunto tratado durante el 'megamitin' del domingo fue la inmigración.

"Hay que proteger las fronteras porque hay españoles que murieron para defenderlas; no vamos a admitir que nadie venga a decirnos cómo tenemos que vivir, cómo tenemos que rezar, cómo tenemos que comer y cuáles tienen que ser nuestras leyes; no admitiremos que nos digan desde Bruselas cómo tenemos que defender las paredes de nuestra casa", afirmó Abascal, que también abordó el conflicto catalán. "Solo Vox exige la detención de Torra, la ilegalización de los partidos separatistas y la suspensión inmediata de la autonomía de Cataluña", dijo el líder del partido, que aludió expresamente a los socialistas como sus principales rivales.

Abascal era ya conocedor de que las últimas encuestas dan una ligera subida a su formación, que empata o incluso se sitúa por encima de Ciudadanos en algunos sondeos. De ahí que el líder de Vox sacara a colación el giro de cintura que tanto Albert Rivera como Pablo Casado han realizado en relación con un posible pacto con el actual presidente del Gobierno en funciones que los líderes de Ciudadanos y PP ven ahora viable. "En Vox no, en Vox no pactaremos con el partido de la historia criminal, con el PSOE", zanjó el dirigente de la formación, que aludió en varias ocasiones a que la opción política que representa es la única alternativa a Sánchez. "Hay un consenso progre por un lado y por otro está Vox", sentenció con el fin de colocarse como el único referente de la derecha, extremo que el propio líder socialista vendría a admitir cuando trata al partido con más importancia de la que parlamentariamente tiene, como ya hizo Rajoy con Podemos precisamente con el fin inverso, el de dañar al PSOE.

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