HOY, LAS PRIMERAS REUNIONES

De Calvo a Montero: el círculo de Sánchez para dirigir su segundo plan de investidura

El presidente activa, una semana después de estrellarse en el Congreso, la operación para incrementar la presión ambiental sobre Iglesias, con citas con colectivos progresistas y sindicatos

Foto: La vicepresidenta, Carmen Calvo, y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, el pasado 19 de diciembre en Madrid. (EFE)
La vicepresidenta, Carmen Calvo, y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, el pasado 19 de diciembre en Madrid. (EFE)

Vuelta a empezar. Pedro Sánchez retorna a la casilla de salida para intentar atraerse a Podemos. Una especie de segundo ataque para una investidura que sigue igual de embarrancada. Ahora, tras dejar por escrito en una carta a las bases socialistas que no quiere un Ejecutivo de coalición, pone en marcha un plan alternativo una semana después de estrellarse en el Congreso: aumentar la presión exterior sobre Pablo Iglesias, construyendo un programa "común" con colectivos sociales y sindicatos, para que acabe aceptando la vía portuguesa. Es decir, un acuerdo programático sin que ni él ni los suyos se incorporen al Gobierno. La respuesta de los morados es la misma: rechazo a un Gabinete en el que el PSOE pretende "acaparar el 100% del poder, sin negociar".

Sánchez cambia de plan, pero no de estrategas ni de rostros. El presidente en funciones ha dado orden a todo su equipo para que permanezca en Madrid, sin vacaciones, salvo en la semana del puente de agosto. Pero los que llevarán el peso, los que tendrán acceso a la información y los que darán la cara a los medios este mes, son muy pocos dirigentes. Como reconocía en los últimos días un alto mando del 'staff' de Ferraz y del Gobierno, el núcleo duro de Sánchez, en el que tiene depositada toda su confianza, es muy reducido.

Los nombres son los que más han emergido en las últimas semanas de relato y negociación infructuosa: la vicepresidenta, Carmen Calvo; el secretario de Organización y titular de Fomento, José Luis Ábalos, y la vicesecretaria general del partido y portavoz parlamentaria, Adriana Lastra. Una tripleta a la que se ha sumado la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, un valor cada día más al alza en el Ejecutivo.

El núcleo de confianza del líder es muy reducido: Calvo, Lastra, Ábalos y, como hombre fuerte en la Moncloa, Redondo. Ahora asciende Montero


A esta corta nómina hay que añadir a los que también ofician de portavoces del partido: la presidenta del PSOE, Cristina Narbona, y el jefe de los socialistas en el Senado, Ander Gil, además del número dos del grupo en el Congreso, Rafael Simancas. Pero la lista se quedaría más que coja sin un personaje fundamental: el director de Gabinete del presidente, Iván Redondo. Su 'spin doctor', su estratega, el hombre al que más escucha y del que se fía por completo, el que cuenta con defensores y detractores porque no deja de ser un cuerpo extraño en el PSOE. Y si Redondo es la mano del rey, Félix Bolaños, secretario general de la Presidencia del Gobierno, es el dirigente en el que descansa todo el aparato administrativo de la Moncloa y el encargado de preparar toda la documentación de apoyo a los negociadores.

El pilar principal: Carmen Calvo

Sánchez comienza este jueves reuniones con colectivos, agentes sociales y asociaciones progresistas —los primeros en verse con él serán entidades dedicadas a la consecución de la igualdad y en defensa de la digitalización y la ciencia— con el objetivo claro de presionar a Podemos. En una carta a la militancia [aquí en PDF] distribuida por el PSOE —sin pasar por ruedas de prensa, a las que es especialmente alérgico—, anunció su intención de ir construyendo un espacio "común" de izquierdas, abierto y emanado de la "sociedad civil". Un texto que presentará posteriormente a Unidas Podemos para alcanzar un acuerdo de carácter programático y que se "materialice", señala, siguiendo el modelo de Portugal o Dinamarca, donde sus pares socialdemócratas dirigen sus respectivos gobiernos en minoría con el apoyo externo de fuerzas progresistas.

Calvo ha ido ganando más poder y proyección desde 2017. Pese a las especulaciones, es la colaboradora más estrecha del presidente

La intención de Sánchez es diáfana: construir una masa crítica que, implicada en la redacción de un programa conjunto, sirva de palanca para vencer a Iglesias y sacarle de su defensa del Gobierno de coalición, oferta que ya no está sobre la mesa por parte del PSOE. Que lo consiga el presidente es cuestión bien distinta. Tiene a su favor que a la presión que llegue desde fuera se sumará la de dentro de Unidas Podemos, pues IU, los anticapitalistas y los comunes son más partidarios de ir a un acuerdo de investidura que de ir a elecciones.

De Calvo a Montero: el círculo de Sánchez para dirigir su segundo plan de investidura

Carmen Calvo (Cabra, Córdoba, 1957) se incorporó al equipo de Sánchez cuando la carrera de las primarias de 2017 ya estaba en marcha. Y, desde entonces, su peso no ha dejado de crecer. Él la nombró secretaria de Igualdad de su ejecutiva, pero enseguida asumió más encargos directos del jefe: ella negoció con la entonces vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, la aplicación del 155 en Cataluña, después ejerció como portavoz del partido prácticamente todos los viernes —era la forma de dar la réplica al Ejecutivo de Mariano Rajoy— y se acopló al círculo de máxima confianza del líder. Siempre estaba allí. Tras ganar la moción de censura, Sánchez la eligió como su única vicepresidenta, y con ella consultó toda la composición del Gabinete.

La número dos asumió al principio un papel más discreto, al no llevar aparejado su ministerio —Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad— la portavocía del Gobierno, que recayó en la titular de Educación, Isabel Celaá. Pero poco a poco fue ejerciendo ese rol de voz autorizada del presidente, al disponer de toda la información y compartir las reuniones de 'maitines' —en las que decide semanalmente la estrategia del Ejecutivo y del partido— con Ábalos, Lastra y Redondo. Sánchez le encargó la interlocución directa con el Govern para desbrozar una solución política y desbloquear los Presupuestos. Pero fracasó y de paso provocó un hondo malestar en el partido por haber aceptado la figura del relator. La otra gran encomienda del presidente, y que ella ha tutelado de manera directa, la exhumación de Francisco Franco, sí ha culminado el camino administrativo, pero está paralizada por el Tribunal Supremo de manera cautelar.

Lastra, la mujer discreta y leal

Sánchez aprecia de Calvo su solidez jurídica —es profesora de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba— y su experiencia de gestión como consejera andaluza y luego como ministra de Cultura en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Sin embargo, hay quienes en el partido señalan que ha faltado más coordinación del Ejecutivo y tal vez por eso algunos la veían fuera del Gabinete en un segundo mandato de Sánchez, pero el presidente no ha dejado de lanzar señales, en público y en privado, de que confía plenamente en ella. Y a ella le pidió que dirigiera la negociación exprés, y tras 80 días sin avances y sin un diálogo real (importaba más el relato), con Unidas Podemos, que al final encalló porque la oferta de una vicepresidencia social y tres ministerios (Vivienda, Sanidad e Igualdad) no resultó suficiente para los morados. Con ella arranca también la segunda fase del acercamiento a Iglesias: este jueves la vicepresidenta estará junto al jefe del Ejecutivo en la reunión con los colectivos de igualdad.

Lastra formó parte de la primera ejecutiva de Sánchez, Ábalos no, pero ambos animaron al líder en su carrera de primarias, y son sus escuderos

Adriana Lastra (Ribadesella, Asturias, 1979) trabajó la pasada semana junto a Calvo y Montero en la negociación con Podemos. A fin de cuentas, ella había conducido las relaciones políticas y parlamentarias con el grupo confederal, y tiene sintonía con los de Iglesias. No podía sorprender que Sánchez la ubicara en la mesa. Sabe que tiene en Lastra a una mujer de absoluta fidelidad, que ya le apoyó en 2014 y que nunca le ha abandonado. Su respaldo, y la labor intensa que desplegó en las primarias, tanto en su federación, Asturias, pilotada entonces por el presidente de la gestora, Javier Fernández, como en el resto del país, fue clave en la victoria de Sánchez. El líder la premió con la vicesecretaría general y, después, tras su llegada al Ejecutivo, con la portavocía parlamentaria, un puesto fundamental, dada la precariedad del PSOE en el Congreso. Su a veces menor presencia mediática —su relación con los periodistas no siempre ha sido fácil— puede proyectar un perfil más desdibujado. Pero Lastra es, sin duda, una pieza clave en el núcleo decisorio del presidente.

Pedro Sánchez, con sus números dos y tres en el PSOE, Adriana Lastra y José Luis Ábalos, el pasado 17 de mayo en Ferraz. (EFE)
Pedro Sánchez, con sus números dos y tres en el PSOE, Adriana Lastra y José Luis Ábalos, el pasado 17 de mayo en Ferraz. (EFE)

Quizás el contrapunto de la vicesecretaria general es, precisamente, el secretario de Organización, un dirigente mucho más expansivo. Quizá demasiado, a gusto de algunos de sus compañeros, porque a veces va un paso más allá de lo que toca en cada momento. José Luis Ábalos (Torrent, Valencia, 1959), fontanero del partido con muchos trienios, es un dirigente con reconocida mano izquierda, tanto con sus compañeros como con los medios. No formó parte de la primera ejecutiva de Sánchez, pero tras su caída, hizo piña con Lastra para animarle a dar el paso e intentar reconquistar el trono de Ferraz. Fue quien negoció la moción de censura en nombre del jefe y el que inmediatamente después fue promovido por él como ministro de Fomento, aunque sin el plus de la portavocía del Gobierno, que muchos esperaban. Ábalos se quedó 'de facto', no obstante, con la portavocía del PSOE, descuidada desde hace meses por su titular, el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, centrado en su gestión municipal.

Sobre el responsable de Organización descansa todo el poderoso aparato del partido, que en el día a día maneja su hombre de confianza, el navarro Santos Cerdán. Ábalos dirigió las dos campañas electorales y es un pilar central tanto en Ferraz como en el Ejecutivo. Sánchez no le integró, sin embargo, en el comité negociador con Unidas Podemos, para que las conversaciones las centralizaran las responsables máximas del Gobierno (Calvo) y del grupo (Lastra), junto a la ministra Montero, y él se encargó de informar al resto de grupos necesarios para que la investidura saliera adelante.

La incorporación de Montero

La mujer que quizás ha brillado con luz propia en el Gabinete ha sido la titular de Hacienda. Reclutada por Sánchez del Gobierno de Susana Díaz en Andalucía, María Jesús Montero (Sevilla, 1966) ha asumido en el último año un protagonismo político que excedía el peso de su cartera. El presidente le ha ido reservando un mayor hueco y, al final, se ha convertido en una portavoz más que autorizada del Gobierno y del PSOE. Ella negoció con Unidas Podemos el acuerdo presupuestario del otoño pasado, que naufragó porque fue tumbado en la Cámara por los independentistas y las derechas de PP y Cs. Precisamente por esa experiencia previa de pacto con los morados y su sintonía política con ellos —militó en las Juventudes Comunistas—, el secretario general la sumó al equipo de negociación con los de Iglesias.

Redondo, el gurú del líder, cuenta con afines y detractores, y es el arquitecto del relato. Bolaños es el colaborador y experto jurídico en la sombra

Fuentes de Ferraz confirmaban que, si se abre finalmente otro proceso de diálogo con Unidas Podemos, Calvo, Lastra y Montero seguirán estando a la mesa. Pero fuera de ella continuarán siendo protagonistas los dos hombres del Sánchez en la Moncloa: Iván Redondo y Félix Bolaños. El primero, a cargo de la estrategia, de "crear poder" para el presidente, y a quien muchos en el partido consideran el principal convencido de que el líder socialista debe ir a nuevas elecciones para salir reforzado y matar a Iglesias. En los 80 días que transcurrieron desde las generales del 28-A hasta la negociación real con los morados, Redondo ha diseñado el relato. El maldito relato, tal y como lo ven algunos mandos que creen que han sobrado jugadas de ajedrez y ha faltado una búsqueda sincera de pacto con Podemos, quien le ha convertido en su bestia negra. A Bolaños le gusta permanecer en la sombra, aunque esté ubicado en el corazón de las decisiones. A diferencia del director de Gabinete, sí es un hombre de partido, como lo era el director de Gabinete de los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, José Enrique Serrano.

Iván Redondo (d) y Félix Bolaños, el pasado 25 de julio en el Congreso. (EFE)
Iván Redondo (d) y Félix Bolaños, el pasado 25 de julio en el Congreso. (EFE)

Ni Redondo ni Bolaños son ni serán los rostros del presidente de cara a los medios y a la opinión pública. Ferraz cuenta con otros portavoces que considera eficaces para trasladar el mensaje, aunque no formen parte del primer anillo de poder de Sánchez. En ese segundo círculo, también próximo al jefe, hay que incluir a la presidenta del PSOE, la exministra Cristina Narbona, y al jefe de los socialistas en el Senado, el burgalés Ander Gil. Ya más en la periferia, y como fontanero de Lastra en el grupo, se sitúa el madrileño Rafael Simancas.

Las reuniones con colectivos, sindicatos y asociaciones feministas, ecologistas, juveniles, del tercer sector... se desarrollarán en paralelo, según fuentes de Ferraz, a la ronda de contactos con los líderes políticos, con los que Sánchez se entrevistará para buscar una salida al atasco institucional que sufre el país. "Impedir la repetición electoral es una prioridad absoluta para mí, y voy a trabajar sin descanso en las próximas semanas para superarlo", promete el presidente. Pero, inevitablemente, todo suena a obra con final repetido y contado, aunque la trama pueda ser algo distinta a la anterior. Ir a otras generales el 10 de noviembre sigue siendo un horizonte más que real.

Un clima enturbiado por la denuncia de Podemos e IU contra Ábalos y Borrell por la Operación Chamartín

Al clima de malas relaciones entre Podemos y el PSOE no contribuye, desde luego, la denuncia que han presentado ante la Fiscalía Anticorrupción la formación morada e IU contra 28 políticos y empresarios, entre ellos ocho ministros, a los que acusa de los posibles delitos de prevaricación administrativa, cohecho y malversación de caudales públicos en la gestación de la Operación Chamartín, que habrían causado un quebranto de 2.780 millones de euros, informa EFE. 

Los ministros que son objeto de la denuncia son Josep Borrell (1991-1996), Rafael Arias Salgado (1996-2000), Francisco Álvarez Cascos (2000-2004), Magdalena Álvarez (2004-2009), José Blanco (2009-2011), Ana Pastor (2011-2016), Íñigo de la Serna (2016-2018) y José Luis Ábalos (2018 hasta hoy). Es decir, todos los que han pasado por la cartera de Fomento (entre ellos, dos ministros actuales, Ábalos y Borrell) mientras la operación urbanística pasaba por parones y acelerones hasta su aprobación definitiva por el pleno del Ayuntamiento de Madrid, el pasado lunes. 26 años de tramitación en total

 

También aparecen como demandados dos presidentes de la Comunidad de Madrid (Esperanza Aguirre e Ignacio González) y dos alcaldes de la capital (Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella). No así Manuela Carmena, porque no puede ser "responsable" de algo que "se ejecutó" el lunes pasado, ya bajo el mando del primer edil de la capital, José Luis Martínez-Almeida. 

 

La denuncia, que implica por tanto a Ábalos y Borrell, ha sentado mal en el PSOE. A un tuit del dirigente de Podemos Pablo Echenique que defendía que es "muy necesario que se investigue" la Operación Chamartín (rebautizada como Madrid Nuevo Norte), el titular de Fomento respondía así en la misma red social: "Una pista respecto a la investigación que pides sobre Madrid Nuevo Norte: Unidas Podemos reformuló el proyecto y tú eras el responsable de Organización del partido". El choque, ahora en los tribunales, y contra uno de los pesos pesados del PSOE y del Ejecutivo, no predispone a la negociación. 

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