DUELO DIALÉCTICO CON EL CANDIDATO SOCIALISTA

Rivera bautiza el "plan Sánchez" y se sacude la abstención: "Vaya banda sus socios"

El líder de Cs crea el "plan Sánchez" y reprocha al candidato "la banda" de la que se ha rodeado para sacar adelante la investidura: "Está negociando las sillas con Podemos"

Foto: El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (Reuters)
El presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (Reuters)

El líder de Ciudadanos siguió el guion previsto en el debate de investidura de Pedro Sánchez. Optó por una comparecencia directa, sin pelos en la lengua y con un tono más duro que el que se había visto hasta el momento en la tribuna. “Puro teatro. Nos ha enseñado un truco de los malos. Truco en la tribuna y trato pactando con Podemos”. Fue el arranque de media hora de reproches al candidato socialista, al que acusó de haber expuesto “un discurso de cartón piedra” que nadie se creyó. Albert Rivera, en su particular lucha por liderar la oposición contra Pablo Casado, no dudó en crear un nuevo concepto bautizando el denominado “plan Sánchez” que pasa, según explicó, “por “perpetuarse” en el poder el máximo tiempo posible y “criminalizar a los partidos constitucionalistas”. Una idea que replicaron después sus rivales políticos, desde el propio candidato a la presidencia hasta el portavoz de la confluencia catalana de Unidas Podemos, Jaume Asens. Era una victoria, apuntaban desde el equipo naranja.

Rivera bautiza el "plan Sánchez" y se sacude la abstención: "Vaya banda sus socios"

Lo que Rivera tenía claro es lo que pretendía trasladar a los ciudadanos. “El 'plan Sánchez' es un buen plan para usted, pero es muy malo para las familias españolas”, lanzó. El líder naranja tardaba muy poco en avanzar las líneas maestras de su discurso: “Vamos a oponernos al modelo de la España sectaria. A su modelo de divide y vencerás”. Explicó desde el primer momento el sentido de voto de los 57 diputados de su grupo: un decidido no. “Es una obligación oponerse a su plan, controlarlo y desmontarlo. A nosotros nos votaron para desmontarle ese plan y, además, resulta que a nuestros votantes les dijimos desde el primer momento lo que íbamos a hacer con sus votos”. En ese momento, Rivera se quitó un peso de encima.

El objetivo de la frase no dejaba lugar a dudas. Una justificación directa de por qué su partido ni se plantea la abstención, adelantándose a la petición que previsiblemente Sánchez le haría después. Se la hizo. Rivera apostó por recordar el veto expreso que su ejecutiva aprobó ya en el mes de febrero, descartando un acuerdo con el socialista en cualquier supuesto que se diera tras el 28-A. Dicho de otra manera: insistía en que sus electores conocían de primera mano su intención y apuntó a que fue ese compromiso lo que le llevó a la tercera posición y a pisarle los talones a Casado. El no es innegociable. Este martes y el jueves.

Como estaba previsto, Rivera cargó especialmente contra el Gobierno de coalición que los socialistas estarían ultimando con Unidas Podemos (ahora en duda en vista de la intervención de Sánchez). “Están negociando en la que es la habitación del pánico para muchos españoles. La gente estará pensando: ¿nos van a subir los impuestos?”. No fue la única mención que hizo a esa habitación durante su turno en la tribuna. “Se está repartiendo las sillas con Podemos y están pensando en cesiones a los independentistas. Ese es el plan Sánchez”, insistió.

No se paró ahí con las críticas hacia los posibles socios de investidura de Sánchez. “Los mismos que han apoyado un golpe de Estado en Cataluña o los que hasta hace nada legitimaban ataques terroristas”. Más allá de Unidas Podemos, enumeró distintos acuerdos alcanzados por los socialistas en toda España, “menuda banda” —dijo en referencia a todos ellos— y lanzó: “Otegi brindando y lavando su imagen en la tele pública. Después pactan con los nacionalistas en Navarra, con los de Més en Baleares y con Podemos llevando la economía española. Y la banda lleva operando tiempo”, aseguró, recordando el camino que "eligió" Sánchez en la moción de censura. "Nadie le obligó", dijo en más de una ocasión.

El líder de Ciudadanos Albert Rivera (i), recibe aplausos de su bancada tras su intervención. (EFE)
El líder de Ciudadanos Albert Rivera (i), recibe aplausos de su bancada tras su intervención. (EFE)

En realidad, los mayores ataques fueron dirigidos hacia el propio Partido Socialista. El plato fuerte de la intervención llegaría después. “Cada vez que alguien se sale de su plan, usted dice fascista. Si alguien va al 8-M sin carné del PSOE o al Orgullo sin militar en su partido, también son fascistas”, insistió apelando directamente a Carmen Calvo y Fernando Grande-Marlaska. Y volvió a la casilla de inicio: “Les quiero decir a los españoles que si quieren ir al 8-M o al Orgullo deben llamarles antes y pedirles permiso a los ministros porque si no, te cae la del pulpo”, aseguró. “Es usted, señor Sánchez, el que necesita a muchos fascistas en España porque si los moderados se dan la mano, usted no gobierna”, dijo Rivera.

Al titular de Interior le 'golpearía' una vez más después. Le recordó cuando estaba en la Audiencia Nacional y recibía presiones en la lucha contra el terrorismo. “La diferencia es que yo le defendía antes y lo haría ahora de nuevo. No como usted”, advirtió Rivera.

El líder de Ciudadanos no escatimó en sus acusaciones al presidente en funciones: “La pregunta es qué está provocando en la sociedad española. Se lo digo yo: grandes dosis de sectarismo”. A partir de ahí llegó un repaso de sus políticas. Se refirió directamente al “sablazo fiscal” que pretende llevar a cabo el socialista, y recordó “las desigualdades” que existen en España ante la insistencia de Sánchez de mostrarse como “el presidente de la igualdad”. Habló de las diferencias entre los estudiantes dependiendo de la comunidad ("el País Vasco es con diferencia la comunidad que más inversión recibe") o de los salarios de guardias civiles en comparación con los Mossos o la Ertzaintza.

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. (EFE)

No quiso dejarse en el tintero Cataluña (Sánchez no se refirió a ello en su discurso de dos horas, como le recordó), asegurando que “la sedición, prevaricación y la malversación no es hacer política, sino cometer delitos”. Pidió “ley y justicia” para los exidirigentes catalanes en prisión e insistió en que “con los que quieren liquidar nuestro país no hay nada que hablar”, consciente de que Sánchez requerirá como mínimo de la abstención de los secesionistas. Insistió también en que la aplicación del artículo 155 “fue democracia”, mientras que “la imposición fue realmente saltarse la ley”. Casado asentía desde su bancada.

Había sintonía con su rival de bloque, aunque no dudó en lanzar una pulla al líder del PP, instando a Sánchez a llamarle a él “para repartirse los jueces”, “tapar las vergüenzas de la corrupción o hablar de la tesis doctoral y el máster”. Se sacudió los "vicios" del bipartidismo: “A mí de eso no me diga nada. Para los asuntos de Estado ya le llamaré yo”, concluyó.

Sánchez también sube el tono

El candidato a la reelección también subió el tono en su turno. Con diferencia fue el momento en el que elevó los decibelios de sus respuestas.Ni siquiera le ocurrió con el líder de Vox. Acusó a Rivera de haber pactado con la extrema derecha “sin que se note” y no dudó en mencionar varios episodios de la crisis interna del partido. Citó a Valls, “supongo que él también forma parte del plan Sánchez” y acto seguido nombró a Francesc de Carreras, uno de los fundadores de la formación que hace días comunicó que se había dado de baja del partido.

Acusó a Arrimadas de “haber abandonado al constitucionalismo en Cataluña” e incluso mencionó a Toni Roldán: "Bueno, él ya no está, pero pregúntele a otro de sus diputados como Marcos de Quinto”, insistió, para defenderse del reproche sobre el sablazo fiscal y, al mismo tiempo, intentar noquear al de Ciudadanos.

Tras la réplica de Rivera, Sánchez se despachó con un solo “he captado el mensaje, señor Rivera” para sorpresa de los diputados naranjas. La falta de sintonía se evidenció en cada momento. Aun así, Sánchez le pidió la abstención en la segunda votación, este jueves, asegurando que no puede abanderar “la centralidad” e impedir que España ponga en marcha un gobierno. Lo que está claro es que si el candidato pierde los papeles con algún rival político es con el de Ciudadanos.

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