PSOE Y PODEMOS NEGOCIAN AL FIN LA COALICIÓN

Iglesias deja sin margen a Sánchez y avanza la sucesión en Podemos con Irene Montero

¿Rendición o jugada maestra? La retirada del líder de Podemos desencalla la investidura. Los morados aspiran a una vicepresidencia y ministerios y el PSOE admite que hay posibilidad de acuerdo

Foto: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el pasado 7 de mayo en la Moncloa. (Reuters)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el pasado 7 de mayo en la Moncloa. (Reuters)

Después de casi tres meses de no negociación, de mensajes encriptados y de mentiras, de faroles y de pistas falsas, Pablo Iglesias y Pedro Sánchez comenzaron a moverse, a negociar en serio. El viernes por la tarde Iglesias respondió a Sánchez dando un paso al lado, lo que le había pedido el presidente en funciones el día anterior, a cambio de tener ministros de Unidas Podemos. Con el gesto —que en Moncloa vieron como la derrota de Iglesias y los morados como una jugada maestra— se desbloquea la investidura de Sánchez. A la vez, Iglesias avanza en la sucesión de Irene Montero en el partido. El boxeo da paso al ajedrez. Podemos pide una vicepresidencia y el PSOE rebaja las expectativas a ministerios tipo Sanidad y Ciencia.

Iglesias llegó a la negociación de la investidura con un partido averiado, roto, descompuesto, en el que no controla ni a una diputada de Podemos en La Rioja. "En Andalucía Iglesias no pinta nada, en Cataluña es una franquicia, en Baleares está tomado por errejonistas que le mueven la silla, en Valencia es otro partido...". Una persona que conoce bien el mundo de las confluencias resume con crudeza la situación en la que el partido de Iglesias se sentó a negociar la investidura.

Iglesias consideraba que entrar en el Ejecutivo era clave para reflotar Podemos, como trasladó a su dirección

Podemos era un partido madrileño pero ya ni eso está claro. En la capital ni se presentó en las municipales y en las autonómicas superó por poco el 5% y quedó detrás de Íñigo Errejón. En un contexto de descomposición del denominado espacio del cambio, con diferentes actores moviéndose ya para liderar su reconstrucción —Errejón y los verdes, Anticapitalistas y sectores críticos de IU—, Iglesias busca un repliegue institucional desde el que volver a coger impulso y cerrar el camino a estos otros actores que se han independizado de Podemos para construir "una nueva izquierda".

En contra de la tradición de la izquierda en España, Iglesias lo había apostado todo a entrar en el Gobierno para reconstruir Podemos. La experiencia de la izquierda latinoamericana, gobernista, forma parte de su aprendizaje político previo a Podemos. Tener cargos, equipos, asesores carteras y porte ministerial. Los nueve meses de coalición, en los que el PSOE se apuntó los tantos de sus proyectos sociales, le sirvieron para pensar que había que probar otra cosa. "Pensaba que no podía ir a un Vistalegre III sin Podemos en el Gobierno".

Pablo Iglesias e Irene Montero. (EFE)
Pablo Iglesias e Irene Montero. (EFE)

En uno de sus últimos ensayos, Iglesias plasmaba así un aprendizaje que ahora guía esta hoja de ruta: "Lo que hemos visto en América Latina en las últimas décadas es ajedrez y voluntad, esto es, la asunción, por parte de la izquierda y los movimientos populares, de estrategias electorales para el ejercicio de al menos una parte del poder del Estado, algo que debe ser además nuestra referencia fundamental, a la vista de sus notables resultados". A lo que añadía: "Los desplazamientos de las relaciones de fuerzas dentro del Estado son una de las claves de la acción política transformadora".

La implantación territorial —de la que carece Podemos y de la que hizo autocrítica el propio Iglesias tras el 26-M— y la necesaria retroalimentación del partido con la sociedad civil y los movimientos se quiere impulsar copando poder. Recursos y generación de cuadros. Así lo defendió Iglesias en el último consejo ciudadano estatal, el máximo órgano de dirección, frente a aquellos que preferían la vía portuguesa -pacto de legislatura sin entrar en el Gobierno-.

Iglesias no pidió una vicepresidencia para él, sino una vicepresidencia que él designaría. Sánchez interpretó que se propondría a sí mismo

Este plan tenía una fisura. Sánchez no aceptaba a Iglesias en el Consejo de Ministros. Ese era el veto que trasladaban en privado desde casi el primer día los socialistas. Podían aceptar lo que en un principio circunscribieron a personas de la órbita de Podemos, después rebajaron a "perfiles cualificados" como Juan López de Uralde, el exJemad Julio Rodríguez o el economista Nacho Álvarez. Según fuentes socialistas, Iglesias nunca pidió una vicepresidencia para él, sino una vicepresidencia que él designaría y otros ministerios. Sánchez interpretó que obviamente se propondría a sí mismo para vicepresidente. De ahí el enredo sobre si pidió el cargo o no y los mensajes cambiantes.

Finalmente, a menos de una semana para el debate de investidura, Sánchez puso las cartas sobre la mesa. Lo hizo en 'La Sexta' -ya casi no da ruedas de prensa-, donde deslizó que cabían todos menos Iglesias. El presidente fue durísimo con el líder de Podemos: "Habla de presos políticos, yo no necesito un vicepresidente del Gobierno, necesitaría un vicepresidente del Gobierno que defienda la democracia española, que defienda que haya una separación de poderes".

En el PSOE daban por hecho que era la estocada que remataba a Iglesias. En su grupo parlamentario no todo el mundo compartía la necesidad de entrar en el Ejecutivo. Alberto Garzón, de Izquierda Unida, por ejemplo, sufría una enorme presión de las bases para evitar una repetición electoral. IU y Podemos han roto en La Rioja y Baleares y las réplicas amenazaban con llegar al Congreso. Garzón afronta el sábado una asamblea en la que sería difícil explicar que el apoyo o no de IU a la coalición dependía de que Iglesias entrase o no en el Gobierno. Los que recelan recuerdan que otras coaliciones han supuesto un riesgo para el pez pequeño y Sánchez había convertido el asunto en algo personal. "Si Iglesias se aparta, o si lo apartáis, no habrá problema", vino a decir.

La cúpula de Unidas Podemos, en la noche electoral del 28-A. (EFE)
La cúpula de Unidas Podemos, en la noche electoral del 28-A. (EFE)

La portavoz del PSOE, Adriana Lastra, entreabrió aún más la puerta al dar a entender que salvo Iglesias cabían todos en el consejo de ministros. Irene Montero, Echenique, Mayoral... podrían ser ministros. Sánchez esgrimió que ya había cedido bastante: aceptaba abiertamente un Gobierno de coalición y que hubiera ministros con peso político pero que ahora le tocaba a Iglesias avanzar. Los problemas que antes había esgrimido el PSOE, que Podemos generaba vetos en otros grupos parlamentarios o que para ser ministro hacía falta un currículum de lujo, ya no eran tales.

Y entonces, en un vídeo grabado en su despacho del Congreso, frente al totémico óleo de los "indignados" con una foto aérea de un mitin de Podemos en la Puerta del Sol, y difundido en twitter, Iglesias usó su bala de plata. La que portó durante toda la campaña electoral acariciándola en el bolsillo: se apartó a cambio de una negociación "integral (programa y equipos) de gobierno de coalición". "El PSOE dice que el único escollo soy yo. He estado reflexionando en estas horas y yo no puedo ser la excusa a la que se aferre el PSOE para impedir ese gobierno".

Después de tres meses de parálisis y de mensajes encriptados empieza la verdadera negociación

Reclamaba un número proporcional de ministerios y, según el reparto de escaños, corresponde un ministro de Podemos por cada tres socialistas. Hay multitud de repartos competenciales que permiten a Sánchez controlar las carteras de peso. Puede, por ejemplo, nombrar a Teresa Ribera vicepresidenta de Transición Ecológica y dejar por debajo un ministro de Podemos de Medio Ambiente, que en la práctica tendría las competencias del actual secretario de Estado. Además, con varias vicepresidencias se diluye la que pueda obtener Podemos.

Iglesias deja sin margen a Sánchez y avanza la sucesión en Podemos con Irene Montero

Echenique es quien ha elaborado distintos esquemas para el reparto y reformulación de competencias de Gobierno, definiendo estructuras de poder y vinculándolas a sus respectivos retos programáticos. Todos ellos pivotan principalmente sobre derechos sociales y Hacienda, puesto que la formación renunciaría a introducir cambios en los ministerios denominados de Estado (Justicia, Exteriores, Interior y Defensa).

Si todo el tiempo desde las elecciones habían sido una batalla por el relato ahora comienza otra: quién ha doblado el brazo a quién

Si todo el tiempo desde las elecciones había sido una batalla por el relato ahora comienza otra: quién ha doblado el brazo a quién. En el PSOE daban por hecha la renuncia de Iglesias, que estaba perdido y que lo intentaría vender como una jugada maestra. En efecto, para el mundo de Podemos, para el pablista al menos, Iglesias había dado una lección de generosidad y asegurado puestos de ministerios relevantes para los suyos. Un gesto con el que también trata de romper con las acusaciones de "personalismo" que le lanzaron los cofundadores que acabaron abandonando el partido. Al haber jugado tan fuerte al menos había atraído al PSOE hacía la coalición. Ahora empieza la negociación de verdad y Podemos reclama carteras como Asuntos Sociales, Medio Ambiente, Hacienda, Cultura y Memoria Histórica.

La retirada de Iglesias desvirtúa la consulta a las bases que el día anterior apoyaron con un 70% de los votos su consulta a favor de un Gobierno de coalición "sin vetos". Su retirada responde a la oposición de Sánchez. Además, en clave interna supone el primer gesto real de ceder el testigo a Irene Montero, la gran apuesta de Podemos para el Gobierno de coalición. Montero aspira a una vicepresidencia y es el primer paso en el relevo. "Todo queda en casa. Esto supone la sucesión que tenían planificada hacer", opinó un crítico de Podemos. El grupo parlamentario es completamente afín a Iglesias pero fuera de él quedan voces críticas con la pareja dirigente que ha ido relegando a figuras relevantes. De salir adelante este plan, Irene Montero será la candidata a secretaria general en el próximo congreso del partido, previsto para 2021, y la futura cabeza de lista de Unidas Podemos o del espacio resultante del proceso de reconstrucción de la izquierda a la izquierda del PSOE.

En Unidas Podemos el mensaje era que Sánchez se quedaba sin excusas, que si realmente quiere ir a nuevas elecciones se ha quedado sin relato. Consideran además que el imprescindible apoyo de ERC es posible ahora, no en septiembre con la sentencia del 'procés' a las puertas. El PSOE respondió que hay posibilidad de acuerdo "siempre que no haya imposiciones". Legalmente, a los ministros los designa el presidente del Gobierno por lo que no puede haber una imposición. El presidente tenía previsto una ronda de contactos el sábado con Iglesias, Rivera y Casado. Un sábado de finales de julio, con más de media España de vacaciones y el resto abrasado, comienza la negociación real de la investidura.

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