Sánchez e Iglesias estallan en reproches

El choque que enmudeció al Congreso: "No nos vamos a dejar humillar"

Solo hay dos opciones y probablemente solo Sánchez sepa cuál es la verdadera. O quiere elecciones o está rebajando el precio de esos votos

Foto: El secretario general de Podemos Pablo Iglesias, en el hemiciclo del Congreso en la primera jornada del debate de investidura. (EFE)
El secretario general de Podemos Pablo Iglesias, en el hemiciclo del Congreso en la primera jornada del debate de investidura. (EFE)

El momento fue tremendo, una negociación en directo después de semanas, meses, de opacidad. Ante un hemiciclo enmudecido como nunca, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias mostraron que cerrar la negociación del acuerdo de investidura será una tarea complicadísima. Hubo ataques personales y acusaciones de difícil arreglo. Sánchez pidió la abstención de la derecha y bajó los humos a Iglesias: "El mundo no empieza y acaba con usted. El PCE e IU..., antes que usted había una izquierda a la izquierda del PSOE. La realidad sociológica del país hace que a la izquierda del PSOE haya otra izquierda". Iglesias respondió subiendo el tono, acusándole de negarles cualquier cartera importante: "Somos una formación política joven pero no nos vamos a dejar humillar por nadie".

Solo hay dos opciones y probablemente solo Sánchez sepa cuál es la verdadera: o quiere elecciones y está buscando que Unidas Podemos mande al traste el frágil acuerdo de investidura o está rebajando el precio de sus votos. El presidente en funciones y candidato pasó la primera jornada de la investidura ninguneando a Unidas Podemos. En su primer discurso, plomizo, leído y muy largo, Sánchez no mencionó a Cataluña ni a Pablo Iglesias. Solo al final hizo una llamada al acuerdo. "Nada que merezca la pena es fácil. Y lo que tenemos por delante merece mucho la pena. Tenemos sobre nosotros la mirada esperanzada de millones de compatriotas. La posibilidad de sacar adelante todo aquello que nos une: la promesa de la izquierda". Una frase en dos horas de discurso.

Pero quedó claro que gobernar con Podemos no le entusiasma. Por la tarde, con las comparecencias de otros grupos, el debate ya fue otra cosa. El Congreso vivió una sesión vibrante que se recordará durante tiempo. Casado se mostró como buen orador e ironizó ante la petición de que se abstuviera después de la catarata de reproches que le lanzó Sánchez: "Si nos insulta un poco más igual nos abstenemos". En la derecha, Rivera superó en decibelios a Casado y habló de "la banda" de Sánchez.

Pero fue otra liga cuando Pablo Iglesias subió a la tribuna. El líder de Podemos había seguido toda la mañana como ausente, escuchando el programa del PSOE y viendo cómo Sánchez lo ninguneaba."Usted no quiere hacer un acuerdo de Gobierno con nosotros. Si está negociando es porque no le queda más remedio. Disimule un poco", le dijo. Sobre las exigencias de Sánchez a que Ciudadanos y PP se abstuvieran, le tiró un dardo: "Le pido por favor que no se la pida a Vox".

Sánchez e Iglesias fueron subiendo el tono. Iglesias parecía contenerse mientras Sánchez lo buscaba. El presidente en funciones, por ejemplo, respondió casi más a Jaume Asens, líder de los Comunes, que a Pablo Iglesias. "No hay presos políticos en España, lo que hay son políticos que supuestamente han cometido delitos que están siendo juzgados", espetó al líder de los Comunes, muy próximo al independentismo. Cataluña es la gran división entre Podemos y el PSOE y Asens es el punto flaco de la versión de Unidas Podemos de que aceptará el liderazgo del PSOE en la cuestión. Asens no habló de presos políticos ni pidió un referéndum pero Sánchez le siguió picando.

A cada réplica, Iglesias y Sánchez subían un escalón. Hasta que Sánchez habló abiertamente de repetir las elecciones si no lograban un acuerdo de aquí al jueves, cuando se producirá la segunda votación. "Si no llegamos a un acuerdo, ¿cuál es la solución? ¿Instalar el bloqueo? Seremos responsables todos los grupos". "Acepten nuestra última oferta o nos veremos abocados a una investidura fallida. Piénsenlo, medítenlo y asuman su responsabilidad".

En ese momento en Unidas Podemos empezaban a dudar. Sánchez era indescifrable. ¿Estaba intentando bajar el precio de su apoyo en la investidura? ¿O realmente quería ir a elecciones? Les ofrecía una especie de ducha escocesa. Por un lado decía estar dispuesto a que entrasen en el Gobierno -"queremos gobernar con ustedes y sacar adelante políticas que benefician a la ciudadanía y esa mano la tienen tendida"- pero nada más enseñar la zanahoria ofrecía un palo: "Si no llegamos a un acuerdo de coalición se pueden abrir muchas opciones".

Iglesias le afeó esa forma de gobernar: "Esta es mi oferta: la aceptas o si no eres de Vox". Y ya desde su escaño, estalló y desveló toda la negociación que habían llevado con tanta discreción. "Cuando para desarrollar el programa que podríamos pactar con ustedes les pedimos competencias de Hacienda nos dijeron que ni hablar. Cuando para desarrollar el programa que podríamos pactar con ustedes les pedimos competencias de Trabajo nos dijeron que ni hablar. Cuando para desarrollar el programa que podríamos pactar con ustedes les pedimos competencias de Igualdad nos dijeron que ni hablar. ¡Diga a la Cámara lo que nos han ofrecido! Somos una formación política joven pero no nos vamos a dejar humillar por nadie".

Mientras Iglesias elevaba el listón del parlamentarismo, cuando nadie pestañeaba ni miraba el móvil, cuando los ministros estaban vueltos para escuchar a Iglesias, cuando el pacto de investidura parecía que saltaba por los aires, en ese momento, Sánchez miraba al frente. Ni se giró para ver a Iglesias. El presidente en funciones renunció a usar su último turno de palabra y solo eso dio alguna esperanza a los socialistas de que quizá, solo quizá, no está todo roto entre el PSOE y Unidas Podemos. Si no está roto, desde luego está herido.

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