NEGOCIACIÓN ESTANCADA

Sánchez llega a su debate de investidura sin un acuerdo cerrado con Unidas Podemos

La primera jornada de negociación acaba sin fumata blanca. La batalla es por los ministerios: los morados denuncian que el PSOE solo ofrece competencias "simbólicas" y pone "excusas"

Foto: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman el pacto presupuestario, el pasado 11 de octubre en la Moncloa. (EFE)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firman el pacto presupuestario, el pasado 11 de octubre en la Moncloa. (EFE)

Llegó la hora. Pedro Sánchez se conduce este lunes a la tribuna de oradores del Congreso para pronunciar el segundo discurso de investidura de su carrera política. Y, salvo giro improvisto antes del pleno, convocado a mediodía, no tiene todavía un acuerdo entre las manos con Unidas Podemos que le dé la llave de la Moncloa para cuatro años más. A última hora de la noche de este domingo no había aún fumata blanca después de una jornada maratoniana. No había fumata blanca. Los morados indicaban que había competencias "irrenunciables" que los socialistas ofrecían "responsabilidades simbólicas" y denunciaban que no les veían con voluntad de acuerdo: solo ponen "excusas". Los socialistas respondían que eso era "mentira". Las conversaciones se detienen antes del arranque del debate aunque continuarán, puede que hasta el jueves, cuando se produzca la votación definitiva.

En las horas previas al arranque de la sesión en la Cámara Baja no hubo ni el más mínimo destello de declaraciones públicas de las cúpulas de ambos partidos, a diferencia de lo que había ocurrido el sábado, cuando el PSOE se afanó por trasladar mensajes de optimismo después de la falta de calidez con la que acogió el paso atrás de Pablo Iglesias, renuncia que se convirtió en el verdadero motor de las negociaciones, casi tres meses después de las elecciones generales del 28 de abril. Ninguna de las partes emitió señales concretas de cómo discurría el diálogo —pilotado por Carmen Calvo y Pablo Echenique—, ni dónde se estaba produciendo, más allá de constatar que las cosas no marchaban bien. Todos eran conscientes de que cualquier palabra fuera de tono podía perturbarlo o hacer que se enconara. Y también porque no hay demasiado margen ya.

La estrategia de PSOE y Unidas Podemos desde el 28-A, alterada primero por el devenir de la campaña de las autonómicas, municipales y locales del 26-M y luego presa de la batalla por el relato y el tacticismo, ha hecho que el desbloqueo haya llegado en tiempo de descuento. Y ese camino presenta complicaciones obvias, sobre todo para el PSOE, como se temen algunos miembros más distanciados de la cúpula. Sánchez señaló a Iglesias como el "escollo" que impedía el acuerdo. El único obstáculo. Solo él. Ya para cuando el presidente en funciones se despachó con rotundidad contra quien estaba llamado a ser su socio había quienes advertían, incluso en Ferraz, que esa posición debilitaba al partido si el jefe de Unidas Podemos se plegaba.

El tiempo y la necesidad de ir con un preacuerdo con los morados juegan en contra del PSOE, con menos argumentos tras la salida de Iglesias


Y lo hizo. De manera sorpresiva, cuando las crónicas señalaban, hasta horas antes, que no estaba dispuesto a sacrificarse, igual que decían sus escuderos. Iglesias, en su tuit de renuncia, avisaba de que no aceptaría más "vetos", puesto que la "excusa" para el diálogo, él mismo, salía de escena. Sánchez ya no tenía forma de dar marcha atrás ni de modular el rechazo genético de su formación y de él mismo a un Gobierno de coalición. Unidas Podemos había cedido a su líder, ni más ni menos, por lo que objetivamente sus bazas para la negociación mejoraban. Otro ingrediente jugaba a favor de los morados: la falta de tiempo y la necesidad del candidato de comparecer ante la Cámara con un acuerdo bajo el brazo y de atar su investidura ayudaba a que Iglesias pudiera poner un precio más alto a su apoyo. Las dificultades son obvias: mucha desconfianza acumulada y culturas políticas muy distintas.

El PSOE no quiere ceder Hacienda

UP persigue una vicepresidencia de contenido social, cuyo titular sería su portavoz en el Congreso, Irene Montero. Una alternativa, a la que según fuentes del partido morado no había puesto problemas el PSOE, era armar un Ejecutivo con tres vicepresidencias, para diluir así la presencia de los socios dentro del Gabinete. Ni desde la Moncloa ni desde Ferraz quisieron confirmar este extremo en ningún momento ni dar más pistas. Hay precedentes cercanos de un Consejo de Ministros con tres números dos: en 2009 José Luis Rodríguez Zapatero sacó a Manuel Chaves de la Junta de Andalucía y le nombró vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial. Según este esquema, Carmen Calvo, la jefa del equipo negociador socialista y mujer de la confianza absoluta de Sánchez, perdería galones al no ser ya la vicepresidenta única y máxima responsable de coordinación del Gobierno, tarea por la que ha sido cuestionada por algunos de sus compañeros de partido.

Hacienda es una pieza codiciada por los socios, pero ya Calvo avisó hace unos días de que era para el PSOE. El peso de la ministra Montero ha crecido

Además, Unidas Podemos quiere dirigir departamentos con dotación presupuestaria y peso específico dentro del Gabinete. Por eso mira hacia Hacienda, Trabajo o Medio Ambiente. El primero ministerio es una de las joyas más preciadas de todo Ejecutivo y el PSOE no está dispuesto a cederla. Ya dijo Calvo el pasado jueves en la SER, aunque esto era antes de la retirada de Iglesias, que los morados habían podido renunciar a carteras de Estado —Exteriores, Interior, Justicia y Defensa—, pero Hacienda es otro puntal básico, puesto que es el que lleva el control de la caja. Las llaves de los gastos y de los ingresos.

Sánchez llega a su debate de investidura sin un acuerdo cerrado con Unidas Podemos

Pero no solo concurre esa circunstancia: la titular del departamento, María Jesús Montero, es una mujer de creciente relieve dentro del Ejecutivo de Sánchez, al que en la Moncloa y en Ferraz han conferido más protagonismo en este último año por sus aptitudes para la comunicación. El presidente está satisfecho con ella y su continuidad se daba por asegurada. Además, la cúpula ha lanzado otra señal de que Montero es intocable: ella se sienta en la mesa de negociación con UP junto a Calvo y la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra.

"Una de nuestras prioridades en el futuro Gobierno pasa por desarrollar políticas que garanticen empleo estable y acabar con la temporalidad, y subir el SMI a 1.200€, estas competencias van a ser irrenunciables", señalaban fuentes de Podemos al término de la larguísima negociación de este domingo. Este lunes, antes del debate, la queja era más honda: "En 48 horas el PSOE, salvo el buen tono, no ha dado ningún paso. Solo han ofrecido responsabilidades simbólicas, pero lo que nos transmiten es que no están dispuestos a compartir el Gobierno, se niegan a compartir ni un solo ministerio desde los que poder desarrollar las políticas que planteamos, como por ejemplo: subir SMI a 1.200€, escuelas de 0 a 3 años, desarrollar políticas de igualdad, bajar las tasas universitarias y potenciar la investigación, bajar la factura de la luz y medidas contra la emergencia climática o medidas de justicia fiscal como el impuesto a la banca para recuperar el rescate".

A la vista de las propuestas y de la actitud del PSOE, continuaban fuentes de Podemos, los negociadores volvieron a recordar que ya habían cedido al no pedir ministerios de Estado, al haber ofrecido "lealtad" en la cuestión catalana, y al retirarse Iglesias. "Y no paramos de encontrarnos más excusas por parte del PSOE", lamentaban. Palabras que mostraban a las claras el desacuerdo y los puntos de fricción. Los morados agregaban que el PSOE estaba rebajando concesiones y no veían en el equipo liderado por Calvo voluntad de llegar a un entendimiento, así que no podían ser "optimistas". Los socialistas, según fuentes del más alto nivel, indicaban que era "mentira" que estuvieran poniendo excusas, "y demostrable cuando haga falta". Desde Podemos ya adelantaban que no habría más reuniones antes del discurso del candidato, que empieza a las 12 horas.

Podemos dice que son "irrenunciables" las competencias que garanticen empleo estable y acabar con la temporalidad, y subir el SMI a 1.200€

La presión para los dos partidos es máxima, porque son conscientes del coste de un no acuerdo. En todo caso, y aunque la primera intención era llegar al arranque del pleno con un pacto encarrilado, en Ferraz aducen que habría algo más (poco más) de margen, porque en esta primera jornada solo intervienen el candidato y los grupos mayores, y el martes llegará la primera votación, en la que se requiere mayoría absoluta, que va a funcionar de manera más indicativa que otra cosa. Entonces se verá si Unidas Podemos considera que se han producido suficientes avances para moverse del no inicial a la abstención o incluso a un sí.

Los votos que dependen del acuerdo

Tras la primera vuelta, el pleno se suspende 48 horas. Esa es la segunda y última ventana de oportunidad para el acuerdo, en caso de que no se haya tejido antes. Es el momento para cerrar todos los flecos. Porque el jueves 25 es la votación definitiva. Si los morados no votan sí, no habrá investidura. Permanecerá abierto un plazo de dos meses antes de la disolución automática de las Cámaras, pero quizá las condiciones ya no sean las mismas. ERC, por ejemplo, ya adelantó que en septiembre la situación se complicaría —su previsible abstención se tornaría más difícil— por la inminencia de la sentencia del 'procés' y la Diada.

El candidato enarbolará un discurso "progresista y de izquierdas" y desgranará los desafíos que hay que afrontar: feminismo, desigualdad, empleo...

Varios votos dependen de si hay entente entre socialistas y UP. El de ERC y JxCAT, desde luego. Pero también el PNV quería conocer el contenido del documento firmado entre las dos fuerzas de izquierdas para dar su apoyo a Sánchez.

Sánchez llega a su debate de investidura sin un acuerdo cerrado con Unidas Podemos

Fuentes de la Moncloa y de Ferraz sí dieron, entretanto, algunas pinceladas del discurso de Sánchez de este lunes: un mensaje "progresista y de izquierdas", "dirigido a una mayoría social". Los ejes se corresponderán a los desafíos que entiende debe afrontar España sin dilación: empleo digno, lucha contra la precariedad, combate a la desigualdad, feminismo, avance en justicia social, revolución tecnológica, transición ecológica de la economía, Europa y Cataluña. Pero tendrá que presentar el programa de su próximo Gobierno, y aún no se sabe si será monocolor o bien una coalición. La voluntad de las partes permanece, pero hace falta que se concrete sobre el papel.

¿Y la consulta a las bases?

La negociación a contrarreloj que están conduciendo PSOE y Unidas Podemos ha obligado a Ferraz, como ya advertían algunos dirigentes, a hacer encaje de bolillos con una obligación estatutaria. Tras el 39º Congreso del partido, en 2017, se cambiaron las normas para forzar la consulta a las bases en casos muy tasados. Y uno de ellos es este: una coalición con otra formación. 

El artículo 36.u de los estatutos y el 479 del reglamento federal precisan que el referéndum a los militantes será obligatorio y vinculante solo sobre los "acuerdos de gobierno en los que sea parte el PSOE, sobre el sentido del voto en sesiones de investidura que supongan facilitar el Gobierno a otro partido y para decidir, en su caso, la revocación de los secretarios generales". Hace unos días, desde Ferraz se subrayaba sin dudas que si había coalición, habría consulta

Pero el tiempo se ha echado encima y la cúpula dispone de poco margen. No obstante, desde el aparato, un alto mando indicaba este domingo a El Confidencial que sí "está previsto" el referéndum a las bases, y que se calcula que no se celebrará antes de la segunda votación de investidura, sino después de que Pedro Sánchez sea nombrado presidente electo y antes de que se forme el nuevo Gobierno. Si hay acuerdo con Unidas Podemos, claro. 

Algunos críticos con Sánchez recordaban que él había reconquistado Ferraz gracias a su discurso de empoderamiento de la militancia, y ahora no hay programada aún una consulta. Tampoco un comité federal, el máximo órgano de dirección encargado de determinar la "política de alianzas" del PSOE, según prescribe el artículo 32 de los estatutos.  

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