las consecuencias de la sentencia de Gürtel

La corrupción y la moción de censura vuelan los planes de todos los partidos

Sánchez no negociará su moción de censura, ve asumible tener el apoyo de independentistas y presentará un plan de medidas urgentes

Foto: Pedro Sánchez, antes de su rueda de prensa en la sede del PSOE. (EFE)
Pedro Sánchez, antes de su rueda de prensa en la sede del PSOE. (EFE)

La política española ha retrasado su reloj hasta poner la hora de finales de diciembre de 2015. Acababan de celebrarse unas elecciones generales de las que salió un Congreso fragmentado como nunca y en la Moncloa estaba Mariano Rajoy, liderando al partido más votado, pero debilitado por los escándalos de corrupción y sin mayorías claras.

Por la cabeza de Pedro Sánchez pasó la posibilidad de reunir los votos del resto de partidos para formar una especie de Gobierno de higiene que desalojara al PP del Ejecutivo. No fue posible por distintas razones que incluyen la expectativa de Podemos de llegar a la Moncloa o el veto a Sánchez para el acuerdo con los partidos independentistas y también con el de Pablo Iglesias. El líder socialista fracasó entonces porque Podemos se negó a refrendar con su abstención un pacto de Gobierno cerrado entre PSOE y Ciudadanos, lo que hubiera podido arrastrar a los partidos independentistas y nacionalistas.

Ahora han cambiado algunas cosas como consecuencia de los acontecimientos conocidos desde entonces y del propio bucle político en el que se ha convertido la legislatura. Hubo un acuerdo entre PP y Ciudadanos que solo se ha cumplido en los aspectos económicos, el partido de Albert Rivera vive la ficción de ganar elecciones en las encuestas, Sánchez fue defenestrado y luego volvió tras la abstención en la investidura de Rajoy y no se ha tocado ni un ápice del polémico legado normativo de la mayoría absoluta y, sobre todo, ha estallado el conflicto en Cataluña con 155, encarcelados y fugados. También se ha alterado otro elemento esencial del escenario: se ha agravado la responsabilidad de Rajoy y el PP por la corrupción, hasta convertir a los populares en tóxicos para según qué acuerdos.

Pero el reloj democrático ha vuelto al momento en el que se calcula cada uno de los escaños para ver si hay mayorías alternativas, mientras Rajoy intenta sobrevivir.

El PNV vuelve a ser decisivo en algo y se debaten entre la coherencia con su apoyo a los PGE y lo que consideran toxicidad de Rajoy por la corrupción

Entre las diferencias se aprecia también la de la propia estrategia de Pedro Sánchez. Fuentes muy cercanas al socialista explican que esta vez se limita a contactar con todos los demás líderes políticos para comunicarles su moción de censura. Esta vez no habrá acuerdos previos ni negociación, sino que Sánchez subirá a la tribuna el día de la moción, cuando su portavoz Margarita Robles ya la haya presentado, con un listado básico de medidas esenciales para un Gobierno que sustituya al de Rajoy.

Margarita Robles y Pedro Sánchez en una imagen de abril. (EFE)
Margarita Robles y Pedro Sánchez en una imagen de abril. (EFE)

Especialmente habrá medidas sobre empleo juvenil, vivienda e igualdad, entre otros. Y dejará claro en la tribuna que está dispuesto a dialogar con un Govern catalán, pero dentro de la legalidad y al margen de lo que hagan los jueces en los procedimientos abiertos. Su mensaje será, básicamente, que el que quiera se sume a su proyecto y vote a favor, sin vetos. El socialista da por hecho que no tendrá el apoyo de Ciudadanos, salvo sorpresa, una vez que Rivera supere el aturdimiento inicial que ha mostrado. El PSOE está dispuesto al compromiso de convocar elecciones tras el periodo legal de dos meses para lograr su apoyo.

Los independentistas se sumarían solo por desalojar a Rajoy; Ana Oramas de Coalición Canaria dice que no votará con Bildu y que, por tanto, se opondrá aunque en su momento apoyó la investidura de Sánchez y queda la duda del PNV. Los nacionalistas vascos vuelven a ser decisivos en algo y se debaten entre la coherencia con su apoyo a los Presupuestos, junto al temor a un ascenso de Ciudadanos, y lo que consideran toxicidad de Rajoy por la corrupción. El jueves por la tarde dirigentes del PNV llamaron ya a la sede de Ferraz para preguntar por las intenciones de Sánchez.

En febrero de 2016, el socialista se lanzó a una difícil negociación a varias bandas que consistía en intentar pactar con Ciudadanos y con Podemos para eludir a los partidos independentistas.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez antes de una reunión en Moncloa. (EFE)
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez antes de una reunión en Moncloa. (EFE)

Consideran Sánchez y su equipo que, pese a lo que ha ocurrido, en este momento sigue sin poder pactar con los independentistas, pero nada impide que pueda recibir sus votos en la moción sobre una propuesta cerrada. Entiende que desde octubre ha llenado su hoja de servicios de gestos a favor de la Constitución y la unidad de España, por ejemplo, con el apoyo a la aplicación del 155 o frenando las críticas en el PSOE a la utilización del delito de rebelión. En esto Rajoy no puede tener ninguna queja de Sánchez, como admitió el propio presidente del Gobierno en el Congreso hace una semana. Sánchez se siente más libre que en 2016.

Si no había PGE, sería inevitable presentar la moción antes de verano y si se aprobaban, sería muy difícil porque Rajoy tendría oxígeno

Esta vez, Sánchez cree que gana aunque pierda esa votación. Que hará un gesto de liderazgo de la oposición, romperá la acusación de inactividad o de identificación con el PP y situará a Ciudadanos en el brete de optar. Si ganara tendría el BOE y los resortes del poder, debilitaría con una carambola a los otros tres partidos, pero no olvida que el Congreso sigue igual de fragmentado, que será igual de difícil aprobar iniciativas y que el PP mantiene el control del Senado para incordiar y retrasar.

Toda su estrategia prevista ha cambiado, según admite él mismo. En febrero de este año destacados miembros de la Ejecutiva del PSOE presionaron a Sánchez para que presentara una moción de censura. Paró las peticiones con el argumento de la inestabilidad en Cataluña y con la referencia a la votación de Presupuestos. La idea que trasladó a los suyos es que, si no había Presupuestos sería inevitable presentarla antes de verano, y si se aprobaban las cuentas sería muy difícil porque Rajoy tendría oxígeno. Además, ese tiempo le serviría al partido para prepararse para las vitales municipales y autonómicas de 2019. Pero la demoledora sentencia de Gürtel lo ha alterado todo.

Mariano Rajoy y Albert Rivera durante un pleno del Congreso. (EFE)
Mariano Rajoy y Albert Rivera durante un pleno del Congreso. (EFE)

Especialmente ha volado el plan de Albert Rivera, partidario de mantener con respiración asistida a Rajoy para lograr desgastarle y mantener su ascenso hasta las generales de 2019 o 2020. Para junio, la dirección de Ciudadanos preveía incrementar el enfrentamiento con el PP y fortalecer su mensaje para los próximos meses. Ahora están entre matar políticamente a Rajoy, dando pie a una renovación en el PP y a distanciarse del electorado de centroderecha, o rechazar la moción de censura y aparecer como cómplices del PP en su peor momento. Hay que tener en cuenta que, según los estudios de Ciudadanos, dos de cada tres votantes que recibe proceden del PP y uno del PSOE. Es decir, le funciona mejor la indefinición y el "poliamor".

Uno de los capítulos de la historia de Podemos que sobrevuela su presente es el que le llevó a no impedir que Rajoy siguiera en la Moncloa

Tiene también que mantener su discurso de no coincidir en votaciones con ERC o Bildu, aunque sí lo haya hecho con el PNV en los Presupuestos. Ese dilema le lleva a hacer propuestas de imposible ejecución como elecciones convocadas en la imposibilidad legal del trámite de una moción de censura o el estudio de una propia para la que solo tendrían escaños suficientes si contaran con los que les dan las encuestas.

A Podemos le cogen los acontecimientos enfrascado en sus propios líos, esta vez el de la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero. Son los únicos que tienen claro que votarán sí en la moción de censura. Sería curioso, aunque parece muy improbable, que ni Iglesias ni Montero fueran los portavoces de su grupo el día de la moción.

En su caso, una de las diferencias con 2016 es que entonces Iglesias se veía camino de la Moncloa y daba por hecho el 'sorpasso' y ahora está camino de Galapagar y pendiente de que las bases le digan que siga. De hecho, uno de los capítulos de la historia de Podemos que sobrevuela su presente es el que le llevó a no impedir que Rajoy siguiera en la Moncloa y negar su abstención a Sánchez, que hubiera arrastrado a los minoritarios para dejar solo al PP. El argumento es que Ciudadanos esta por medio, pero aún se habla de esto entre los diputados de Podemos como trauma del pasado aún no resuelto del todo.

A Podemos la moción de censura le quita el protagonismo de la oposición de izquierdas. Lo que quiso hacer en 2017 Iglesias con su moción de censura, pero con la diferencia de que esta sí tiene opciones de progresar. Ahora al líder de Podemos se le nota que ya ha renunciado a llegar a la Moncloa.

Montoro, Báñez y Cospedal durante la comparecencia de Rajoy. (EFE)
Montoro, Báñez y Cospedal durante la comparecencia de Rajoy. (EFE)

Y al PP la moción le pilla en estado de 'shock'. Acaban de ver aprobados los Presupuestos y Rajoy había trasladado a la cúpula de su partido que su plan era sacar las cuentas, convocar el debate sobre el estado de la nación, preparar las municipales y autonómicas y llegar hasta diciembre de 2019, cuando se cumplirán ocho años de su llegada a la Moncloa. Los dirigentes del PP sospechaban que unos meses antes de esas generales, Rajoy diría quién es su sucesor, aunque algunos mantenían apuestas sobre su continuidad al frente de la lista del partido.

Pero llegó la sentencia de Gürtel y le ha arruinado el plan. Su mensaje es el de invocar Cataluña y la necesidad de estabilidad, con la inconveniencia de recibir votos de partidos independentistas. La cuestión es que, según dirigentes del PP, en este momento es más fuerte el impulso de sacarle de la Moncloa. Además, el hecho de que deba su supervivencia al PNV debilita su argumentario.

Rajoy no ha dado muestras de querer convocar elecciones y mucho menos dimitir y, por eso, el PSOE explica que sus prisas para presentar la moción tienen más una lógica interna de evitar movimientos, que temor a un adelanto electoral precipitado.

Rajoy dice que la moción pretende que Sánchez sea presidente "a cualquier precio"

No se esperan críticas internas en el PP, porque nunca las ha habido y no las habrá mientras Rajoy esté de cuerpo presente, pero el golpe ha sido demasiado fuerte para no afectar a todos, sobre todo, al presidente del Gobierno. Y será inevitable que se incrementen las voces en favor de un candidato nuevo que sustituya a Rajoy.

Ven con horror que prosperara la moción, porque supondría la salida de miles de cargos, la pérdida de control de los aparatos del Estado y, probablemente, el inicio de un proceso incierto de refundación del PP. No quieren ni pensarlo.

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