EL SIGUIENTE OBJETIVO DE LA DIRECCIÓN

Sánchez sigue cosiendo: tras comer con González, busca acercarse a Rubalcaba

El líder ha encargado a su número tres, José Luis Ábalos, que comience a reconstruir los puentes con el ex secretario general. Su intención es que pueda ir participando en actos del PSOE

Foto: Pedro Sánchez, con José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y Joaquín Almunia, el pasado 17 de junio en el 39º Congreso del PSOE. (EFE)
Pedro Sánchez, con José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y Joaquín Almunia, el pasado 17 de junio en el 39º Congreso del PSOE. (EFE)

El almuerzo con Felipe González no era una anécdota. Ni una isla. Pedro Sánchez quiere normalizar las relaciones y limar asperezas con los referentes históricos del partido, con aquellos que tuvieron mucho peso en el pasado y aún siguen ejerciendo una importante influencia, pese a estar desprovistos de poder. El siguiente en la lista es Alfredo Pérez Rubalcaba. Con el ex secretario general es con quien el actual líder del PSOE busca un acercamiento progresivo, con el fin de garantizar una interlocución lo más cordial posible y también con vistas a que pueda incluso participar en actos del partido.

Las cosas llevarán su tiempo. En Ferraz reconocen que la relación con Rubalcaba es "más fría" incluso que con González antes. Por eso los pasos a seguir serán distintos. Fuentes de la dirección explicaban a El Confidencial este miércoles que la idea es que el secretario de Organización, José Luis Ábalos, enquien el secretario general confía plenamente para remover obstáculos y enfriar los conflictos, sea el que rompa el hielo. El que llame al exvicepresidente del Gobierno, el que "abra camino" y el que le muestre la disposición plena de la cúpula a contar con él. Ábalos, en los ocho meses que lleva en el cargo, se ha probado como un bastón fundamental para Sánchez, y el hombre en el que confían los barones críticos. Conoce bien las tripas del PSOE y es un experto fontanero.

El jefe del aparato marcó el número de Rubalcaba en la tarde de ayer, pero no logró localizarle, según indicaban en Ferraz. Pero "insistirá" en las próximas horas, porque el propósito de reconciliación es firme. Una vez que la relación se vaya engrasando, será Sánchez el que asuma los contactos personalmente. Se espera que la respuesta sea positiva y que el exministro se preste a colaborar en actos del PSOE. No hay fechas concretas aún. En el cuartel general de los socialistas aportan los mismos argumentos que daban para explicar el interés en sellar la paz con González: el secretario general quiere "escuchar con muchísima atención" lo que piensan los referentes del PSOE y su "voluntad" es tener una relación normalizada y fluida con todos ellos. Gestos de deshielo muy significativos que se conocen justo a las puertas del comité federal del próximo sábado, 17 de febrero, que servirá para aprobar el nuevo reglamento de desarrollo estatutario y consolidar la nueva arquitectura de poder emanada del 39º Congreso que coronó a Sánchez, el pasado junio.

Con el exministro, el jefe de Ferraz se marca el mismo objetivo, "escucharle" con "muchísima atención" e ir limando asperezas


La distensión con los anteriores pesos pesados es el objetivo final, pero con Rubalcaba, reconocen, habrá que ir más "poco a poco". Por ahora, se trata de "empezar a tender puentes". En Ferraz señalan que, a fin de cuentas, con los expresidentes Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, incluso en los peores momentos, había un cierto vínculo con los jefes de gabinete de ambos. Pero Rubalcaba no es exjefe del Ejecutivo y, de hecho, al abandonar las riendas del PSOE, volvió a sus clases en la Universidad Complutense, como profesor de Química. El contacto con él era directo, y cuando la relación se quebró, no quedaron asideros que explorar.

El motín frenado

Sánchez, nada más vencer en las primarias de julio de 2014, en las que fue aupado al poder por los barones, prefirió distanciarse de su inmediato antecesor. A fin de cuentas, no había sido el favorito de la ejecutiva federal saliente. Aunque Rubalcaba intentó mantenerse en territorio neutral, dos de sus máximas colaboradoras, Elena Valenciano —su vicesecretaria general— y Soraya Rodríguez —su portavoz en el Congreso—, sí apostaron por su rival, Eduardo Madina, aunque su número tres, el responsable de Organización, Óscar López, optó por el madrileño, al que conocía desde los tiempos en que José Blanco era el todopoderoso hombre en Ferraz. Además, el nuevo líder necesitaba darse a conocer y romper en la medida de lo posible con el pasado que encarnaba Rubalcaba.

A Rubalcaba le dolió que uno de los primeros gestos de Sánchez en 2014 fuera apartar a la que había liderado la lista europea: Elena Valenciano

Uno de los primeros gestos de distanciamiento molestó sobremanera al exvicepresidente: su decisión de apartar a Valenciano, que había concurrido como cabeza de lista de las europeas de mayo de 2014, como jefa de la delegación del PSOE en la Eurocámara. La reemplazó por una mujer de su confianza, la castellanoleonesa Iratxe García. A Rubalcaba le dolió el golpe: entendía que no se podía dilapidar la trayectoria de Valenciano —una dirigente con sólidos anclajes en la socialdemocracia europea, con una potente agenda internacional de contactos y un profundo conocimiento del partido— solo por el hecho de que hubiera sido su poderosa número dos. Máxime cuando ella había liderado la lista, aunque naufragara (23,01%). Valenciano asumió su decapitación sin protestar.

Elena Valenciano, junto a Antonio Hernando y detrás de Alfredo Pérez Rubalcaba y Soraya Rodríguez, en el pleno del Congreso del 7 de mayo de 2014. (EFE)
Elena Valenciano, junto a Antonio Hernando y detrás de Alfredo Pérez Rubalcaba y Soraya Rodríguez, en el pleno del Congreso del 7 de mayo de 2014. (EFE)

Cuando los primeros nubarrones aparecieron en el horizonte de Ferraz, González se prestó a echar un capote al líder. Advirtió a todos —en especial a los barones más próximos a Susana Díaz, a la que también apoyaban Zapatero o los exministros Pepe Blanco y Pepe Bono—, y en público, de que "por cultura de partido" había que respaldar al secretario general. Pero la frágil estabilidad en la casa socialista comenzó a tambalearse a partir de las generales del 20 de diciembre de 2015, en las que Sánchez cosechó su primer peor resultado en la historia del PSOE (90 escaños, 22%). Su disposición a mantenerse en el cargo pese al fiasco de las urnas y los temores de los barones a que llegase a pactar con Podemos y los independentistas provocaron un intento de motín en el comité federal del 28 de diciembre de aquel año. Revuelta que algunos presidentes sí querían consumar, pero que fue frenada por la intervención decisiva de González, Rubalcaba y el líder extremeño, Guillermo Fernández Vara. Marcha atrás que muchos críticos, viendo con perspectiva qué ocurrió en los meses posteriores, lamentaron amargamente.

Apoyo tibio a Díaz

La quiebra de Sánchez con Rubalcaba sobrevendría unas pocas semanas después, cuando el líder decidió dar un paso adelante para intentar la investidura tras la renuncia de Mariano Rajoy ante el Rey. El exvicepresidente estaba convencido de que la operación no llegaría a buen puerto, como así sucedió. El secretario general se iba encastillando, cortando los lazos y los contactos con los barones y los referentes del partido. La decepción en Rubalcaba aumentaba y pronto pensó, como harían muchos otros, que el futuro no pasaba por Sánchez, sino por Díaz, y eso que ella había sido quien había contribuido a su caída en 2014. La ruptura con González llegaría meses después, tras las segundas generales, las del 26-J (85 escaños, 22,6%), a raíz de que el jefe de Ferraz le prometiera la abstención en la investidura de Rajoy. No cumplió y el expresidente se sintió "engañado". Su confesión furibunda en la SER echó más gasolina al fuego y, ese mismo día, 17 miembros de la ejecutiva federal presentaron su dimisión con la pretensión de tumbar al líder. Él se enrocó y aguantó hasta el comité federal del 1 de octubre, en el que tras una pugna cainita con los barones, presentó su dimisión. Había perdido el pulso, había sido vencido en la votación de un congreso exprés.

El distanciamiento se agudizó a partir de principios de 2016, cuando Sánchez intentó la investidura pese a que Rubalcaba creía que no había salida

González y Rubalcaba apoyaron en las primarias a la presidenta andaluza, sí. Pero ambos lo hicieron tibiamente. Sin demasiados entusiasmos. Nada que ver con Zapatero, que fue uno de los grandes adalides de su candidatura. Tampoco esa divergencia de comportamientos sorprendió. González y Rubalcaba sí han mantenido siempre una relación mucho más estrecha. Igual que el vínculo entre el exvicepresidente y el jefe del Principado y exlíder de la gestora, Javier Fernández, se ha mantenido muy fuerte. Todos resultaron derrotados, como la aristocracia socialista, y todos tuvieron que digerir la derrota. Y hasta asistir a su coronación en el 39º Congreso. Sí acudieron Zapatero y Rubalcaba, no González.

Susana Díaz, con Alfredo Pérez Rubalcaba, Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfonso Guerra, en el acto de lanzamiento de su campaña, el 26 de marzo de 2017 en Madrid. (EFE)
Susana Díaz, con Alfredo Pérez Rubalcaba, Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfonso Guerra, en el acto de lanzamiento de su campaña, el 26 de marzo de 2017 en Madrid. (EFE)

Contra el exvicepresidente también pesa, a ojos de Ferraz, su presencia en el consejo editorial del diario 'El País', a quien la dirección federal continúa sin perdonar la serie de editoriales contra Sánchez pasadas las elecciones del 26-J y en la campaña de primarias. En el entorno del exministro del Interior han refutado esa tesis, recalcando que nada tiene que ver con la línea seguida por el buque insignia de Prisa.

Caso distinto con Almunia

La última herida entre Rubalcaba y Sánchez se abrió hace poco. Ocurrió cuando 'eldiario.es' reveló la cita —con foto incluida— entre el exvicepresidente y la coordinadora general del PDeCAT, Marta Pascal, de la que no informó a Ferraz porque, según él mismo alegó, fue "casual" y en ningún caso "secreta", porque el hotel era conocido y a la mesa también estaba otro periodista amigo suyo, Josep Cuní. Y si no llamó posteriormente fue porque entendía que la dirección del PSOE le había desacreditado ya. "¿Para qué? ¡Si ya estaba todo vendido! ¡Ya está, ya me habían puesto como un trapo!". Ábalos negó la mayor y sostuvo en aquel momento que "nadie" había despotricado contra Rubalcaba y que en todo caso él poco podía decir a un ex secretario general como él. "Tiene más experiencia y solvencia que yo", respondió entonces.

El último choque se produjo hace poco, en enero, cuando el exvicepresidente mantuvo una cita "casual" con la coordinadora general del PDeCAT

Ahora será el mismo Ábalos el que tendrá que comenzar a reconstruir los puentes rotos con Rubalcaba. Sánchez necesita la paz no solo con los barones, que se vieron obligados a plegar velas casi la misma noche de las primarias, sino también con los referentes de siempre. Con Zapatero fue con quien primero acortó distancias. El martes las comenzó a achicar con González, y ahora es el turno del exministro del Interior. En el debe, cree Ferraz, no está Joaquín Almunia, cuyo papel orgánico siempre ha sido mucho más discreto y que además, en las últimas elecciones internas, estuvo más cerca de Patxi López. Con otro histórico, el exvicepresidente y ex vicesecretario general Alfonso Guerra (también susanista), la relación es tirante, porque Sánchez le descabalgó de la presidencia de la Fundación Pablo Iglesias. "No todo es tan sencillo como lo plantea Pedro. Todo lo anterior no se arregla con una comida, tampoco con Felipe", avisa una veterana.

José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, el pasado 12 de febrero. (EFE)
José Luis Ábalos, secretario de Organización del PSOE, el pasado 12 de febrero. (EFE)

El secretario general tiene por delante no solo un complicado ciclo electoral en el que requerirá de la ayuda de todo el PSOE, sino también un aniversario muy simbólico para todo el partido y que quiere celebrar a lo grande: los 140 años transcurridos desde que Pablo Iglesias lo fundara en Madrid. Y eso sucederá en mayo de 2019.

El almuerzo de González y Sánchez, "dentro de la normalidad"

Este miércoles la dirección federal se pronunció oficialmente, y en público, sobre la noticia adelantada en la tarde del martes por este periódico: la comida que apenas unas horas antes habían mantenido Felipe González y Pedro Sánchez en un restaurante del distrito madrileño de Salamanca. 

José Luis Ábalos, en una entrevista en 'Los desayunos de TVE', enmarcó "dentro de la normalidad" esa cita, y señaló que fue "bien, como no puede ser de otro modo". El secretario de Organización apuntó que los expresidentes son un activo del partido y que el PSOE "no está dispuesto a descapitalizarse". Contó, como ya relató El Confidencial, que antes de ese almuerzo González y Sánchez se habían intercambiado mensajes y que incluso querrían haber tenido una conversación más larga, pero añadió que esto no había sido posible por sus agendas tan complicadas. 

Para el jefe del aparato, la importancia de un expresidente "va más allá de su partido" y constituye "un patrimonio de todos los españoles", por lo que no solo el PSOE debe respetarlos, sino que ha de hacerlo "el conjunto del país", informa EFE. 

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