CINCO AÑOS para un cambio de época

España, antes y después del 15-M

¿Cinco años? Mirando a la política y a la sociedad se diría que han pasado cinco décadas

"Vamos despacio porque vamos lejos". Fue uno de los mensajes más repetidos en las plazas del Mayo de 2011, la respuesta perfecta cuando se criticaba la falta de concreción de los objetivos, la desesperante lentitud de las asambleas. "Vamos despacio porque vamos lejos", repetían los miembros de ese colectivo que no encajaba en ningún esquema pero que en las encuestas recibía las simpatías de la gran mayoría de la población.

Desde luego durante mucho tiempo pareció que habían ido muy despacio. Demasiado despacio. En 2012, la pregunta "pero a ver, ¿qué ha conseguido el 15-M?" se convirtió en un lugar común. 

Hasta que empezaron a pasar cosas. Naturalmente, no todas fueron consecuencia del 15-M. Quizá ninguna lo fuera de manera directa. Pero si echamos la vista atrás en el último lustro, no dejan de aparecer imágenes que eran absolutamente impensables en la España que existía antes de que un grupo de manifestantes decidieran acampar en la Puerta del Sol.  

"La banca al banquillo"

En 2011, Rodrigo Rato tocaba la campana en la Bolsa de Madrid y brindaba sonriente. Era él, Rodrigo Rato, el admirado exvicepresidente del Gobierno, el prestigioso ex director gerente del FMI, el autor incontestable del "milagro económico español". 

En 2015, un agente de Aduanas le empujaba la cabeza al meterle en el asiento de atrás de un coche tras detenerle en su propia casa. Seguía siendo él, Rodrigo Rato, el expresidente de Bankia, el que se acogió a la amnistía fiscal, el enemigo público número uno. Por el camino, una fusión de siete cajas de ahorros que salió regular, una OPV dudosilla, 15MpaRato, UPyD, Luis de Guindos y un bañador amarillo. Quizá todo había cambiado desde el momento en que la gente empezó a abuchear los anuncios de Bankia en los cines.   

"Aquello era una pocilga muy fotogénica"

La cita es de Esperanza Aguirre, en un recuerdo fiel de cómo se percibía la estética del movimiento entre los sectores más tradicionales. En aquellos días, sencillamente a nadie se le podía ocurrir incluir "diputado" y "rastas" en la misma frase.

"¡Que no, que no, que no nos representan!"

De pronto, "nuestros representantes políticos" dejó de ser una expresión vacía. Había personas que tenían que representar, y no estaban siendo representativas. En las pancartas ponía "bipartidismo", "partitocracia", "PPSOE"... pero si el PP y el PSOE eran lo mismo, ¿qué quedaba?

Ahora han pasado cinco años y a estas alturas hemos oído más las palabras "pacto electoral" que nuestro propio nombre.

"Casas sin gente, gente sin casa"

Las farmacias vendían medicinas, los bancos ejecutaban desahucios, los semáforos cambiaban de color. Era el orden normal de las cosas, a nadie se le ocurría hacer una noticia de ello, no formaba parte de ninguna conversación. Una ministra socialista explicaba tranquilamente en rueda de prensa que se iban a agilizar los desahucios. Es cierto que hablaba de alquileres, pero no es menos cierto que la frase no desentonaba ni provocaba reacciones de ningún tipo. No era hace tanto.

España, antes y después del 15-M

Ahora, cuando la vicepresidenta del Gobierno habla de desahucios, tiene que escenificar una profunda emoción. "Nos puede pasar a cualquiera", musita con la voz encogida mientras reconoce "el derecho a haber hecho una inversión equivocada" al borde de las lágrimas. 

España, antes y después del 15-M

Por el camino, una plataforma, un millón y medio de firmas, algunos escraches y muchos grupos de gente haciendo bulto entre sus vecinos y la Policía a la puerta de casa. Mientras, la líder del movimiento tachaba de "criminal" a un representante de la banca en una sala del Congreso. "Esta mujer podría ser alcaldesa de una gran ciudad", pensó entonces Nadie.

"Me han contado que te llamaban Don Pantuflo"

Si nos hubieran dicho hace cinco años que el programa matinal de Ana Rosa Quintana iba a incluir un bloque sobre política.

Si nos hubieran dicho que la gente iba a pasar las noches de sábado viendo debates sobre impuestos y corrupción.

CNN+ acababa de cerrar por falta de audiencia.

"Me he equivocado"

Juan Carlos I. El Rey. Simpático, cercano... digámoslo: campechano. Querido por sus súbditos, que no eran monárquicos, sino juancarlistas. Y siempre a su lado, Doña Sofía, la Reina. Nunca una crítica pública, nunca una mención en los medios a su vida privada o sus finanzas.

Y de repente todo de golpe: Corinna, Botsuana, corrupción en la familia. En un momento, el Rey se había convertido en un anciano que se tenía en pie con dificultad en un pasillo gris mientras nos aseguraba lastimosamente que no volvería a ocurrir.

Envejecimiento súbito

La noche del 25 de mayo de 2014, un profesor-tertuliano con coleta entraba en directo en televisión desde la calle para comentar con gesto serio que sus recién obtenidos cinco eurodiputados aún eran poca cosa y que necesitaban más.

En ese preciso momento, los líderes de los partidos de izquierdas, Alfredo Pérez Rubalcaba y Cayo Lara, pasaron a tener 113 años de edad cada uno y tuvieron que ser reemplazados.

"Menos Eurovegas y más enfermeras"

Los años pasaban y la Comunidad de Madrid continuaba su apuesta por la gestión privada de los hospitales, ya fuera con Esperanza Aguirre o con Ignacio González; ya fuera el consejero Manuel Lamela, Juan José Güemes o Javier Fernández-Lasquetty.

Los políticos concretos son lo de menos cuando se tiene mayoría absoluta. O al menos así era hasta que subió la Marea Blanca.

"Nosotras parimos, nosotras decidimos"

La relación del 15-M con el feminismo no fue fácil. De hecho, un grupo de mujeres desplegó una pancarta sobre la famosa fachada del anuncio de Paz Vega que decía "La revolución será feminista"... y fue inmediatamente arrancada sin contemplaciones (con ovación para el arrancador). Pero lo que en aquel momento se entendía como una intromisión de un grupo político externo se acabó asimilando poco a poco. No en vano, la Asamblea de Sol empezó a usar el femenino plural en sus comunicados. 

Las voces feministas cada vez se escuchan más en el debate público, pero lo que tampoco era previsible era que la primera baja en el Gobierno de Mariano Rajoy se produjera por la ley del aborto. "No he sido capaz de sacar adelante el encargo", confesó Gallardón. El "encargo" era una ley que ya pertenecía a otra época.

"No nos vamos, nos echan"

En la España de la crisis todo el mundo tenía cerca a alguien que "se había ido fuera" porque le había salido trabajo en el extranjero. Otra situación que se asumía como normal hasta que el colectivo Juventud Sin Futuro le puso nombre ("exiliados económicos") y comenzó a hacer bandera de ello. Durante el mes de mayo de 2011, cada día llegaban fotos de nuevos 'indignados' españoles por el mundo, ya fuera en Berlín o en Siberia

Desde entonces, la llamada Marea Granate es un actor social que existe y tiene identidad propia. Los que en 2011 se manifestaban ante la embajada en Londres (foto izquierda) hacen colas ahora en el consulado (foto derecha) para conseguir votar por correo sin tener que renunciar a su tarjeta sanitaria para ello.  

#spanishrevolution #nolesvotes

Miles de personas pendientes cada día de cuál era el 'hashtag' que había que utilizar. Fueron los activistas de la Acampada Sol los que enseñaron a toda España cómo se podía hacer política en redes sociales mientras el PP y el PSOE iban repartiendo folletos por la calle.

Ahora ya es raro el día en el que los partidos no se enzarzan a base de gifs para conseguir el mejor 'zasca'.

 

Las puertas giratorias

(2013)
(2013)

Otra cosa que ni se comentaba, otro concepto que solo ha empezado a existir en la calle cuando se le ha puesto nombre. Antes, que un político ingresara en un consejo de administración era un breve en la prensa económica. Ahora la mera intención de acercarse a una 'puerta giratoria' ya es un escándalo de portada, como ocurrió con Trinidad Jiménez y Telefónica en la campaña de las últimas elecciones.

"No hay pan pa' tanto chorizo"

Tarjetas black
Tarjetas black

Sí, el rescate de Bankia nos costó miles de millones, pero lo que realmente nos hizo dar un golpe en la mesa fue eso de que tuvieran una 'tarjeta black' con la que sacar pasta para ir a restaurantes de lujo y comprar caprichitos.

La indignación por los abusos a pequeña escala es otro fenómeno novedoso: antes ni nos preguntábamos las dietas o complementos que podía tener un diputado y ahora el tema de los iPads o los coches oficiales se vigila al milímetro.

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