QUINTO ANIVERSARIO EN CAMPAÑA ELECTORAL

De Sol al 'sorpasso': así ha cambiado a la izquierda española el terremoto del 15-M

Cinco años después del 15-M, el terremoto social se ha trasladado a las instituciones políticas, donde las nuevas formaciones como Podemos se afanan por no parecerse a lo viejo

El sistema de partidos se ha transformado cinco años después del terremoto sociopolítico que provocó el movimiento 15-M. Su quinto aniversario coincide con una campaña anómala, la de una repetición electoral impensable en el imperfecto sistema bipartidista que, precisamente, pretende superar la "nueva izquierda" representada por Podemos. Una nueva izquierda que para remarcar sus diferencias con "la vieja” y su voluntad “fundacional”, rehúye incluso de la propia etiqueta. Heredera de este movimiento, pero cuidadosa de no arrogarse su representación -un oxímoron para el movimiento del “no nos representan”-, se le atribuye un carácter más transversal, confluyente y digital, como el propio 15-M.

Su irrupción en la arena política se fraguó al compás de los cambios sociológicos anotados en el propio CIS, pero sus efectos en el sistema de partidos y, más concretamente, en la izquierda tradicional han macerado más lentamente. Un lustro ha pasado ya desde el 15 de mayo de 2011, y la brecha abierta desde entonces, por la que también se ha colado Ciudadanos, ha introducido nuevos elementos en la política española. En ocasiones tienen más que ver con las formas que con el fondo, y van desde los movimientos municipalistas y de los comunes a nuevas fórmulas de comunicación y participación, pasando por la vieja aspiración de Julio Anguita de que la izquierda rupturista supere al PSOE.

 

 

La alianza entre Podemos y la Izquierda Unida de Alberto Garzón, fraguado en las plazas del 15-M y cuyo liderazgo en la federación de izquierdas se debe precisamente a su necesidad de regeneración para sobrevivir a la competencia electoral de Podemos, camina en la dirección del 'sorpasso'. Su abrazo en la Puerta del Sol, donde brotó el movimiento, para escenificar el pacto, junto a la inédita estrategia comunicativa utilizada para darle difusión -con las redes sociales como únicas protagonistas-, es un guiño que simboliza más el nuevo 'know how' de la izquierda que un cambio de paradigma. Un' know how' exitoso, hasta llevar a sus oponentes a ir a rebufo -Sánchez presentó ayer el fichaje de su número dos por Madrid en directo por Facebook-, que tiene más que ver con la capacidad para aprovechar las “ventanas de oportunidad” y mutar según las circunstancias que con la generación de mayorías sociales.

En la presentación de Podemos en Lavapiés, en enero de 2014, no faltaron las menciones a los referentes políticos de la neonata formación, entre los que se citaron a la CUP, organización de la izquierda independentista catalana que, según Iglesias, “son una de las iniciativas más interesantes de los últimos años”; el legendario Sindicato Andaluz de Trabajadores -antes denominado Sindicato de Obreros del Campo- de Diego Cañamero y Juan Manuel Sánchez Gordillo, o la Anova de Beiras. Nada nuevo bajo el sol. “Aquí nace un aire nuevo, vamos a poner por delante a todos los pueblos de los países del sur”, afirmaba Pablo Iglesias, al tiempo que cerraba su discurso con el mismo grito de guerra con el que había arrancado: “Sí se puede”.

Líderes como Colau contaban con un capital simbólico superior al de muchos dirigentes de la izquierda, pero no tuvieron cabida en partidos tradicionales

La iniciativa lanzada por el clan de la Complutense, harto de teorizar sobre la incapacidad de la izquierda tradicional para representar un movimiento cuyas demandas gozaban de fuerte respaldo social, se centró en dar respuesta a estas carencias. Se apelaba a la falta de voluntad de la izquierda tradicional para desenrocarse de su organicidad, identidad y luchas internas de poder, así como a la ausencia de generosidad para con el movimiento, de bajarse a su realidad y simplemente ponerse a su disposición. Es decir, todo lo que ahora se ha dado en llamar "nueva política". IU no vio la oportunidad que se le abría con el 15-M, o la vio demasiado tarde cuando Podemos ya no tenía vuelta atrás, pero los promotores de La Tuerka no dejaron pasar la oportunidad.

La maquinaria electoral

El creciente éxito que estaba adquiriendo Syriza por aquel entonces fue otro de los motores que impulsaron y facilitaron la creación de una formación heredera del 15-M con aires de grandeza, de “asaltar los cielos”. Syriza hizo partidista al 15-M y, por ende, el flechazo de los indignados con la formación liderada por Alexis Tsipras fue la génesis de Podemos.

La formación morada nació como un partido-movimiento, el “partido de los círculos”, impulsándose sobre movimientos sociales que habían alcanzado unas históricas cuotas de aceptación social. La PAH fue uno de sus puntales, y hoy su exportavoz nacional Ada Colau ocupa la alcaldía de Barcelona y sus portavoces en Madrid, Rafa Mayoral e Irene Montero, forman parte de la dirección de Podemos.

Alexis Tsipras y Pablo Iglesias, en una imagen de archivo. (Reuters)
Alexis Tsipras y Pablo Iglesias, en una imagen de archivo. (Reuters)

Líderes sociales con fuerte aceptación de la opinión pública sin cabida en las anquilosadas estructuras de los partidos tradicionales, por lo que acabaron creando su propia organización, aprovechando un capital simbólico y atención mediática superiores a los de muchos dirigentes de partidos de izquierda. Una vez armada la estructura del partido, mutó en una formación orgánicamente clásica, más allá de incluir mecanismos de participación como las consultas a las bases para ratificar cuestiones de calado, pero mantuvo la estética novedosa de 15-M y su lenguaje diferencial. La maquinaria electoral.

El contexto de crisis económica en el que surgió el 15-M fue un grito generacional con el que rápidamente empatizaron sus progenitores. Una crisis que fue el revulsivo de la izquierda social, la de los movimientos sociales que venían medrando desde las luchas antiglobalización. La irrupción de Podemos en el panorama político frenó en seco esa izquierda social. Las calles se han vaciado y los líderes emergentes de la sociedad civil, que recordaban a aquellos valiosos actores vecinales de los primeros años de la democracia, se han centrado en la vía institucional. “Dejad de protestar y presentaros a las elecciones”. Y eso hicieron. Cinco años después del 15-M, el terremoto social se ha trasladado a los ayuntamientos de grandes ciudades como Madrid, Barcelona, A Coruña o Zaragoza, y también al Congreso, donde espera el 'sorpasso'.

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