La banca cierra el grifo del crédito pese a tener más liquidez que nunca por el BCE
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RESTRINGIRÁ Y ENCARECERÁ LA OFERTA

La banca cierra el grifo del crédito pese a tener más liquidez que nunca por el BCE

Las entidades planean endurecer los criterios de concesión en el tercer trimestre, pese a que han disparado las peticiones de liquidez al banco central

placeholder Foto: Una mujer camina frente a una sucursal bancaria. (EFE)
Una mujer camina frente a una sucursal bancaria. (EFE)

Los bancos dan por acabados los efectos de los avales públicos, pese a que han pedido más. Las garantías a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO) han permitido una expansión sin precedentes de la financiación a empresas, con criterios y condiciones más suaves pese a la incertidumbre provocada por la crisis del coronavirus. Pero ha sido algo temporal que no se repetirá en el tercer trimestre, en el que restringirán el grifo del crédito.

Este endurecimiento de la financiación se va a producir pese a que los bancos cuentan con más liquidez que nunca. Pero así se lo han comunicado al Banco de España (BdE). En el segundo trimestre, según la 'Encuesta sobre préstamos bancarios' del supervisor, las entidades españolas relajaron los criterios de concesión y las condiciones del crédito frente al endurecimiento generalizado en la zona euro. Pero en el tercer trimestre, la banca española no será una excepción sino que también endurecerá las exigencias a las empresas y familias que quieran pedir un crédito que, además, encarecerá.

Los bancos se preparan así para un giro radical en la estrategia comercial, que perjudicará a los sectores más necesitados de financiación por ser los que sufren la crisis en mayor medida, como comercio, industria manufacturera o actividad inmobiliaria con inmuebles para uso comercial. Las decisiones de los banqueros se producen pese a que el Banco Central Europeo (BCE) ha puesto encima de la mesa una cantidad de liquidez sin precedentes a tipos negativos. “Vamos a desplegar tres billones [millones de millones] de euros a tipos negativos para las entidades”, dijo Christine Lagarde, presidenta del BCE, el 30 de abril.

Foto: Banco de España (Efe)

Solo en la ronda de financiación a largo plazo (LTRO) del 18 de junio, el BCE repartió 1,3 billones de euros entre las entidades de la eurozona. Solo los seis bancos del Ibex 35 acudieron a la ventanilla de Fráncfort para pedir 120.000 millones, según fuentes del mercado. El BCE ha puesto el foco en evitar cualquier riesgo de liquidez y, tras un titubeo inicial de Lagarde, alejar la amenaza de fragmentación financiera.

El BCE llegó a esta crisis con los tipos de referencia al 0% y los de depósito en el -0,5%, que implican una ‘multa’ a la banca por su exceso de liquidez. Aun así, los bancos están dispuestos a hacer acopio de ella en vez de seguir abriendo el grifo del crédito sin reparos. De hecho, como apenas tiene capacidad de influir en los mercados y en la economía real a través del ‘precio del dinero’, la estrategia del BCE ha sido inundar la eurozona de liquidez, tanto con compras de deuda como con financiación a los bancos a tipos de hasta el -1%.

Los bancos han acudido en masa a pedir liquidez a la autoridad monetaria ante el atractivo de los tipos negativos. Por ejemplo, si los bancos españoles piden en la próxima ronda otros 100.000 millones, tendrán que acabar devolviendo una cifra cercana a los 99.000 millones. Solo por acudir a estos LTRO podrían ganar un euro por cada 100 que pidan.

placeholder Christine Lagarde, presidenta del BCE. (Reuters)
Christine Lagarde, presidenta del BCE. (Reuters)

Entre febrero y junio, la banca española ha pedido casi 66.000 millones al BCE, engordando su deuda hasta los 196.370 millones, según los últimos datos del BCE, mientras que el conjunto del sistema bancario europeo ha incrementado el volumen de préstamos recibidos desde el organismo que preside Lagarde en 532.087 millones, hasta los 1,15 billones.

Ya en marzo, con el auge de la pandemia y las restricciones a la movilidad, la banca española pidió más de 12.000 millones al BCE y elevó sus depósitos en el banco central hasta niveles récord con 121.146 millones —un 7% más que en febrero—, pese a que estas operaciones entonces no eran nada rentables. Es decir, el tipo que cobra el banco central de hasta el 0,5% no compensaba el recibido con los LTRO, pero era una cuestión de asegurar la liquidez.

Pero la banca recibió una serie de incentivos para conceder financiación en línea con lo que había solicitado. El Gobierno ha repartido 100.000 millones en avales públicos a través del ICO que cubren un 80% de las pérdidas potenciales por impagos en pymes y autónomos, el 70% en grandes empresas y el 60% si son nuevas operaciones. Asimismo, ha aprobado otros 40.000 millones con foco en impulsar la actividad inversora en sostenibilidad medioambiental y digitalización, y aprobó también un fondo de 10.000 millones para apoyar la solvencia de empresas consideradas estratégicas.

Por otro lado, los bancos también recibieron desde el supervisor una respuesta contracíclica. El BCE, tras años aumentando los requisitos de capital o de contabilidad con las provisiones, ha mostrado flexibilidad. Condiciones suficientes para evitar una contracción del crédito (‘credit crunch’) como en crisis anteriores, y que fluyera la financiación a las empresas en el epicentro de la pandemia. Es decir, que sobrevivieran al desplome de la actividad.

Pero la banca parece poner punto y final a esta dinámica, pese a que siguen los avales y la relajación de exigencias desde el supervisor. Los bancos endurecerán el crédito tanto a empresas, desde las que esperan una disminución de la demanda tras un aumento récord en el segundo trimestre, como a los hogares, para los que esperan una recuperación en la demanda de hipotecas y crédito al consumo tras el parón provocado por el covid.

¿Qué hace entonces la banca con la liquidez que pide al BCE? Es razonable pensar que con tipos de hasta el -1% los bancos seguirán acudiendo a futuras operaciones LTRO, hasta superar el pico de 2012 y 2013 de deuda con el BCE (337.539 millones) si se cumple el vaticinio de Lagarde. Además, entonces se enfrentaban a un máximo de morosidad cercano al 13% que ahora, por debajo del 5%, aún se ve lejano hasta que pase el efecto de los avales del ICO y las moratorias.

Para recibir hasta un -1%, el dinero tiene que fluir, ya que el tipo está condicionado. Además, pedir liquidez al BCE en una ventanilla para depositarla en forma de depósitos es un coste de oportunidad por los ingresos que se dejan de percibir con operaciones de crédito y por la ‘multa’ de hasta el 0,5%. Aun así, una parte se queda en liquidez, para evitar cualquier problema en una crisis para la que es difícil realizar predicciones, el típico ejemplo de ‘incertidumbre radical’, según lo describía el exgobernador del Banco de Inglaterra Mervyn King. El volumen de depósitos de la banca española en el BCE alcanzó en junio un nuevo máximo histórico con 132.642 millones, un 17% más que en febrero.

Este aumento de 19.166 millones equivale a un 30% de las peticiones de liquidez al banco central. Aunque las entidades tienen más vías para obtener financiación, tanto mayorista, con emisiones de deuda, como minorista, con los depósitos. En el primer caso, las entidades confiesan que ha habido un empeoramiento de las condiciones en los mercados de capitales con la crisis, pero en el segundo ha ocurrido lo contrario. De hecho, empresas y familias marcan también sendos récords con su liquidez depositada en la banca, con 272.200 millones y 882.100 millones respectivamente. La suma es un 6% mayor que en febrero.

Los bancos han alejado cualquier riesgo de liquidez que, no en vano, fue lo que se llevó por delante la última entidad quebrada, Banco Popular, si bien la entidad llegó muy deteriorada en solvencia y confianza a su final. En cualquier caso, los banqueros han querido evitar cualquier riesgo al respecto, y han usado parte de la financiación recibida para, simplemente, tener liquidez de sobra.

Foto: (iStock)

Pero no es el único uso que han dado las entidades. Otro, evidentemente, ha sido el crédito, especialmente a empresas, gracias a los incentivos que parecen haber funcionado para que fluya la financiación en el segundo trimestre, pero que empiezan a ser insuficientes para el tercer trimestre.

Entre febrero y mayo, según los últimos datos del BdE, el saldo de préstamos a las empresas se disparó un 10% o 46.822 millones, hasta los 514.028 millones de euros. Por su parte, el volumen del crédito vivo por hipotecas y préstamos al consumo bajó de los 700.000 millones de euros por primera vez desde abril de 2006. El coste de la financiación a empresas fue del 2,1% en pymes y del 2,2% en grandes empresas si había aval del ICO, según el informe anual de 2019 del BdE.

Hay una tercera utilización de la liquidez por parte de la banca que ya se ha visto en el pasado y que permite paliar el desplome esperado de la rentabilidad del negocio, ya de por sí mermada por los tipos de interés antes de esta crisis. Los bancos han recuperado la actividad de ‘carry trade’, como se conoce en la jerga financiera, que consiste en pedir liquidez al banco central para comprar deuda pública.

Foto: Sede del Banco Central Europeo, en Fráncfort. (EFE)

Las entidades pueden recibir financiación a tipos negativos y comprar bonos españoles con tipos de interés positivos, aunque exiguos, lo que supone una doble fuente de ingresos. En los resultados del primer trimestre, las entidades ya mostraron cifras de acumulación de deuda, como hicieron hace una década, con una oportunidad extra que dio la volatilidad en marzo. La ola de ventas en todos los activos financieros hundió el precio de la deuda y disparó su rentabilidad.

Se trata de un círculo que puede ser vicioso, al incrementar la dependencia mutua entre el riesgo soberano y el bancario. Pero que a corto plazo sirve como una fuente importante de compra de deuda pública en un momento de aumento histórico del apalancamiento de los Estados. En España, se prevé un aumento de 20 puntos porcentuales, desde el 96% sobre el PIB de 2019 hasta más del 115% en 2021. El BCE es el otro gran comprador actual de deuda. Sus tenencias de bonos españoles, principalmente del Tesoro pero también de empresas, alcanzaron en junio los 398.893 millones, un 18% más que en febrero. Entre las compras de deuda y la financiación de la banca, la dependencia de la economía española con el BCE se ha disparado un 30%, y el pasivo ya equivale a más de la mitad del PIB previsto para 2020.

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