EN LA GESTIÓN DE CRISIS DE GO FIT

El nuevo Abelló y la Mutua descubren el valor humano y deportivo de perder dinero

La empresa que gestiona los centros deportivos Go Fit, participada por el 'family office' del millonario inversor español y la aseguradora, reabre tras tres meses sin ingresos

Foto: Foto de archivo del gimnasio Go Fit de Vallehermoso.
Foto de archivo del gimnasio Go Fit de Vallehermoso.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por lo bien que nos habéis tratado.

Esta breve conversación se produce a la entrada del centro deportivo Go Fit Peñagrande, en el barrio madrileño de Fuencarral. Una instalación de titularidad pública, con 16.000 metros cuadrados, que gestiona Ingesport, una empresa privada que ganó una concesión promovida por Juan Roig, el presidente de Mercadona, que también invierte en la industria de la salud deportiva y que animó al Ayuntamiento de Madrid a activar esa superficie yerma donde antes se instalaba un circo.

La que agradece el trato es una monitora anónima que no llega a los treinta años y el que recibe estas palabras es Gabriel Sáez, el presidente y consejero delegado de la compañía, fundada por él mismo años atrás con cuatro perras aportadas por padres y abuelos. A Sáez se le humedecen los ojos al oír la gratitud de su empleada, una de las 1.000 que forman la plantilla de la cadena de gimnasios y que en marzo se fue a su casa con el miedo de perder el trabajo. Hablamos con Sáez, con el que se fija un encuentro en ese centro, para saber cómo ha afectado la pandemia a la compañía y al sector. Los 'gym low cost', estaban en pleno auge pero se han tirado tres meses sin ingresar y tardarán en recuperar la confianza de los clientes.

Sáez explica lo que ha pasado en Go Fit con la voz dura de un donostiarra de Fuenterrabia, un tipo hecho a sí mismo, que en 2005 nació de nuevo cuando el helicóptero en el que iba con Jorge Valdano se estrelló en un viaje de negocios en México:

—Miguel, tenemos que cerrar.

—De acuerdo, lo que tú digas.

—No podemos garantizar la salud de los clientes y la de los empleados.

—Adelante.

Miguel es Miguel Abelló, el máximo responsable de Torreal, el 'family office' de Juan Abelló, uno de los tres hombres más ricos de España. Miguel, al que su padre nombró sucesor en febrero de este año, aceptó cerrar las puertas sin poner una pega a la petición de Sáez, fundador de la compañía, de la que Torreal, Mutua Madrileña y la familia propietaria de Heineken tomaron el 95% del capital a finales de 2015, con una valoración de 200 millones. La conversación entre Sáez y el vástago de Abelló tuvo lugar el 11 de marzo, cuatro días de que Pedro Sánchez decretase el estado de alarma.

El presidente decidió cerrar los 17 centros deportivos que Go Fit tiene en España, más otros dos en Portugal, ante la agresividad del coronavirus y el riesgo de que sus gimnasios fuesen un foco de contagio entre sus 235.000 clientes. Los cerca de 1.000 empleados, la mayoría con menos de 30 años, fueron mandados a casa bajo el formato de un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).

A la semana siguiente, los consejeros de Torreal, Mutua Madrileña y los Heineken se reunieron con Sáez para valorar qué hacer, intentar saber cuánto tiempo iba a estar el negocio cerrado y, por tanto, cuánto dinero dejaría de ganar y cuánto tendrían que poner para adaptar las instalaciones a las nuevas normas de seguridad sanitaria una vez pudieran volver a la actividad.

El presidente les explicó que no se trataba de una cuestión monetaria, de aplicar los criterios de rentabilidad típicos de los fondos de capital riesgo, como Torreal o Mutua Madrileña en sus inversiones, sino de hacer las cosas primando el factor humano, cuidando a los clientes y a los empleados. "No podemos dejar a la gente sin dinero para llegar a fin de mes y nosotros tener 40 millones en caja", expuso Sáenz, cuyos padres regentaban un restaurante en el norte y que en 2006 empeñó hasta la camisa para lanzar su proyecto.

Por ello, el consejo aprobó que las nóminas de los empleados se completaran hasta el 100%, ya que el SEPE solo paga el 70% del sueldo de los trabajadores afectados por un ERTE, mientras durase el confinamiento, de tal forma que todos los monitores y gestores de los centros pudieran pagar sus alquileres y atender sus obligaciones familiares. Sáenz se reunió con varios virólogos, entre otros, Ángel Gil, de la Universidad Juan Carlos I, y con expertos de la Sheffield Hallam University, para entender el virus y saber cómo hacerle frente en los gimnasios. "El covid-19 se transmite por cercanía entre las personas y por el aire", fue el diagnóstico.

La siguiente pregunta era cómo evitar que los 235.000 clientes no se contagiaran entre sí en instalaciones cerradas, salvo las dedicadas a las prácticas del tenis o el pádel. La respuesta estaba en separar cada máquina de las salas y las taquillas de los vestuarios con mamparas, para evitar que se salpicaran unos a otros, en parcelar las clases colectivas por cuadrados de seis metros y, sobre todo en conseguir que una empresa sueca les suministrase unos purificadores de aire que limpia la atmósfera interna cada siete minutos con oxígeno de la calle. Lo de la mascarilla y la desinfección de manos, zapatos y toma de temperatura con una cámara termográfica al entrar venía de serie.

Mascarillas en la sala fitness del gimnasio Go fit Vallehermoso, en Madrid. (EFE)
Mascarillas en la sala fitness del gimnasio Go fit Vallehermoso, en Madrid. (EFE)

Unas iniciativas que costaban 4 millones de euros, a lo que había que sumar el coste de completar las nóminas y los 20 que iban a dejar de ingresar si el confinamiento se alargaba unos tres meses, como así ha sido. Pese al ahorro de 5 millones en costes, el presupuesto del año de Go Fit, que factura unos 83 millones y obtiene un beneficio operativo de 34 millones, se lo había tragado el covid-19. Una situación difícil para inversores como los Abelló, acostumbrados a ganar siempre y con una percepción social de tiburones de las finanzas.

Hubo alguna duda racional en el consejo sobre si continuar con todas estas medidas durante el tiempo que durase el cierre forzoso. El dinero se perdía día tras día y la incertidumbre sobre cuándo se volvería a la normalidad se agigantaba por momentos, especialmente a finales de abril, cuando las cifras de fallecidos parecían no dar tregua y el estado de alarma se alargaba por quincenas sin tener fin. Pero el presidente les convenció para reforzar aún más el aspecto social de Go Fit. Propuso crear una plataforma digital para que los clientes pudieran seguir haciendo deporte en sus casas y montar un gimnasio en IFEMA para que los sin techo a los que se les dio cobijo en el recinto ferial de Madrid pudieran hacer alguna actividad física.

Go Fit abrió sus puertas ya bien entrado junio cuando las administraciones dieron el visto bueno. La compañía va a acabar 2020 con pérdidas garantizadas pese a que los clientes han vuelto a las instalaciones con aparente normalidad. Solo un 3% se ha dado de baja. Los Abelló y la Mutua tendrán que esperar algún año más para desinvertir, justo ahora que iban para el quinto ejercicio y era el momento perfecto para buscar un comprador que fácilmente pagase más de 300 millones por la compañía. Será otro año más sin dividendos porque hasta la fecha todo lo que se ganaba se reinvertía en abrir en Italia, Francia e Inglaterra, planes de crecimiento que ahora van a ser hibernados.

Pero la satisfacción del "gracias por lo bien que no habéis tratado" no tiene precio para Gabriel, Miguel y el resto de consejeros, que han aprendido que en la vida no todo ni siempre es el dinero. Un cambio de valores y de prioridades del nuevo Abelló.

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