negociaciones con Merlin

Nuevo dilema para Torres: resistirse o 'regalar' a Santander el mausoleo de FG

Las negociaciones que mantiene BBVA con Merlin abren la puerta a que el gran rival del banco presidido por Carlos Torres, Santander, termine siendo clave en Operación Chamartín

Foto: Álvaro Aresti, presidente de DCN, a la izquierda, y Carlos Torres, presidente de BBVA, a la derecha.
Álvaro Aresti, presidente de DCN, a la izquierda, y Carlos Torres, presidente de BBVA, a la derecha.

"Lo que está ocurriendo es otra muestra de la división del banco". Con esta frase, resumía ayer un observador el terremoto desatado en torno a Merlin y su interés por adquirir la participación de BBVA en Distrito Castellana Norte (DCN), la promotora de Operación Chamartín y la inmobiliaria que tiene en sus manos el desarrollo urbanístico más importante del momento en toda Europa.

Las dimensiones del proyecto explican que, desde hace tiempo, diferentes inversores hayan llamado a la puerta del banco, interesados en comprarle todo o parte de su participación en DCN, compañía donde la entidad presidida por Carlos Torres tiene un 75%, mientras que el otro 25% está en manos de Grupo San José.

Pero estas conversaciones han elevado el tono en los últimos meses, ante la expectativa de que, tras más de un cuarto de siglo esperando, este proyecto vea definitivamente la luz antes de concluir este año, una vez reciba todas las autorizaciones de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid.

Un momento crítico que la socimi dirigida por Ismael Clemente está intentado aprovechar con una propuesta que trata de aglutinar los intereses de todas las partes, pero que tiene una compleja derivada: convertir a Santander, eterno rival de BBVA, en primera espada del mega desarrollo urbanístico.

La propuesta de Merlin puede resumirse en que la inmobiliaria adquiere el 75% de DCN a precio de valor en libros (actualmente, 98 millones) y BBVA pasa a ser accionista de Merlin. Al elegir esta valoración, la socimi salva el escollo de tener al menos el 80% de sus activos en alquiler, pero el banco está 'regalando' todo el potencial futuro, que es donde está el negocio de esta operación.

Por eso, la propuesta de Merlin pasa por dar entrada al banco en su accionariado, además de poder de gestión en DCN, en un porcentaje que todavía no ha sido definido, pero superior al canje que resultaría con esta valoración (inferior al 2%) y creciente conforme fuera avanzando el desarrollo.

De este modo, se logra un triple objetivo: de cara a los políticos y la opinión pública, transmitir el mensaje de que, finalmente, Operación Chamartín termina en manos de una empresa española con vocación de permanencia, ahuyentando así fantasmas de pelotazo; de cara a BBVA, le permite salir ahora de los focos (momento crítico para el banco por el caso Villarejo), pero quedándose en la retaguardia, y de cara a los inversores de Merlin, les da entrada en el futuro centro financiero de Madrid.

El problema de todo esto es que, junto a Merlin y BBVA, quien pasaría a llevar los mandos de todo este desarrollo sería Banco Santander, principal accionista de la socimi, con el 22% del capital, e histórico rival del banco azul.

"Después de 26 años esperando, ¿BBVA le va a regalar esta operación a su competidor?", señala un directivo que conoce a fondo el proyecto. Como muestra del peso de Santander en Merlin, basta recordar que Javier García-Carranza, mano derecha de la actual presidenta, Ana Botín, es quien ocupa la presidencia de la socimi.

El problema es que, a la hora de tomar una decisión, tampoco existe una posición única dentro del banco de origen vasco, según confirman fuentes conocedoras, que apuntan a que Torres se enfrenta, otra vez, a tener que hacer un ejercicio de malabarismo.

Unos equilibrios que cada vez, conforme avanza la investigación judicial por el caso Villarejo, parecen más difíciles de hacer, precisamente por los nuevos frentes que van abriéndose, como el interés de las familias vascas por recuperar poder en la entidad o las diferentes fidelidades que existen dentro de la entidad.

De hecho, algunas fuentes apuntan a que dentro de DCN sigue habiendo mucho personal fiel al anterior presidente, Antonio Béjar, a quien el banco defenestró cuando este accedió a colaborar con la Justicia.

Todo ello, sin olvidar la larga sombra del anterior presidente, Francisco González, para quien Operación Chamartín siempre fue su 'niña bonita', el legado que quería dejar en forma de rascacielos que, ahora, según como avance la jugada, podría terminar llevando el sello del imperio Botín.

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