5 años sin Emilio Botín e Isidoro Álvarez

Santander y El Corte Inglés, la dura transición de liderazgo de dos colosos

Un lustro en el que el primer grupo financiero y la gran tienda nacional han pasado por momentos críticos que han puesto a prueba la capacidad de los sucesores para ocupar semejantes sillones

Foto:  Isidoro Álvarez (i) y Emilio Botín. (Fuente: Consejo Empresarial para la competencia)
Isidoro Álvarez (i) y Emilio Botín. (Fuente: Consejo Empresarial para la competencia)

Esta próxima semana se cumplirán cinco años del fallecimiento de dos de los hombres que han marcado la historia reciente de la empresa en España. Un lustro desde que Emilio Botín e Isidoro Álvarez pasaron a otra vida con un margen de apenas cuatro días, el 10 y el 14 de septiembre, respectivamente, de 2014. Un lustro durante el cual el primer grupo financiero del país y la gran tienda nacional han pasado por momentos críticos, entre batallas familiares internas, adquisiciones extraordinarias, revolución industrial, refinanciaciones y ampliaciones de capital que han puesto a prueba la capacidad de los sucesores para ocupar semejantes sillones.

Ana Botín, la hija de don Emilio, fue nombrada presidenta el mismo día 10, apenas unas horas después de conocerse la muerte de su padre. Un ascenso por expreso deseo de su progenitor que, no obstante, causó recelo entre los inversores institucionales de la entidad y el Banco Central Europeo (BCE). En las tres ocasiones anteriores en las que se planteó su renovación como consejera en las respectivas juntas de accionistas de 2006, 2011 y 2014, la mitad de los gestores de fondos y de pensiones votaron en su contra. Incluso el Financial Times, su periódico de referencia, la recibió con un artículo poco agradable, en el que se cuestionaba el modo de elegir al sucesor del principal ejecutivo de un banco del tamaño del Santander.

Pero Ana ejerció el cargo con rapidez, con contundencia, como hacía su padre. Dos meses después destituyó al consejero delegado, Javier Marín, renovó por completo la cúpula directiva y en los primeros días de enero de 2015 llevó a cabo una ampliación de capital para reforzar unos debilitados recursos propios que don Emilio no quería reconocer. El banco estaba escuálido, necesitaba dinero fresco, por lo que la nueva jefa pidió 7.500 millones de euros al mercado, a un precio de 6,16 euros por acción. A su vez, recortó un 66% el dividendo.

La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (EFE)
La presidenta del Banco Santander, Ana Botín. (EFE)

Como a su padre con Banesto en 1994, a la presidenta no le tembló el pulso, dos años y medio después para hacerse con el Banco Popular pagando un euro en la primera quiebra europea de una institución bajo las nuevas normas de supervisión del BCE. Para financiar tamaño bocado, hizo otra nueva ampliación, de 7.000 millones, pero ya a 4,85 euros por título. Las mayores exigencias de capital en Europa, el impacto del Brexit y un primer ciclo negativo en Brasil —ahora es su pulmón— llevaron a su cotización a mínimos en tres años pese a que la entidad ganó 2.000 millones de euros más en 2018 que en 2014, último ejercicio con Emilio Botín al frente.

Hoy, el Santander vale un 40% menos desde el relevo en la presidencia, un periodo en el que el Ibex 35 ha caído un 17,89%. Un brusco descenso influido por unos tipos de interés en negativo, que matan el margen de la banca cada vez que abren una oficina por la mañana. Una coyuntura dura contra el sector que Ana Botín ha afrontado con ajustes de personal —han salido del banco más de 5.000 personas—, un esfuerzo por la digitalización a través de Openbank y un cambio de timón en la cúpula directiva —el fichaje frustrado de Andrea Orcel— que amenaza con pasar una dura factura económica y reputacional. En total, tres consejeros delegados en apenas cinco años.

Pero lo que más diferencia a Ana Botín de su padre es ese liderazgo abrumador. Algo similar le ocurre a la nueva generación de presidentes que han sucedido a los grandes del Ibex. Los estilos de gestión de Carlos Torres (BBVA), Gonzalo Gortázar (CaixaBank), José María Álvarez-Pallete (Telefónica) son bien diferentes a los de Francisco González, Isidro Fainé y César Alierta. Hombres que hacían subir el pan cada vez que hablaban, pero a los que el poder les llevó a excederse en decisiones relacionadas con la política y los medios de comunicación. Sus sucesores, en cambio, se han distanciado de estas prácticas.

En El Corte Inglés, la situación ha sido parecida. El grupo de grandes almacenes ha tenido tres presidentes en este lustro. El primero, Dimas Gimeno, ascendido por designación de su tío Isidoro, que apenas aguantó tres años al frente de un transatlántico de lujo convertido en buque de carga. Las hijas herederas, Marta y Cristina Álvarez Guil, hicieron lo posible por ejercer sus derechos como accionistas relevantes y se quitaron de encima a su primo en una guerra de sangre que pocos habrían pensado posible bajo la tutela de Don Isidoro. Una decapitación por las bravas que aupó en 2018 a la presidencia a Jesús Nuño de la Rosa, un hombre de la casa tan bueno como sumiso, que apenas ha durado un año en el cargo.

Jesús Nuño de la Rosa. (Foto: ECI)
Jesús Nuño de la Rosa. (Foto: ECI)

Como el Santander, El Corte Inglés, gracias a un crecimiento medio del 3% del Producto Interior Bruto (PIB) gana más —258,2 millones, contra 118 en 2014— y factura más, 1.300 millones más que hace un año. Sin embargo, la pregunta es si, como le ocurre al banco, vale menos, dado los múltiplos a los que cotizan sus comparables en el mundo. Las sucesivas direcciones del 'holding' han tomado medidas para adecuar su generación de caja al pago de la deuda, que ha reducido en 1.500 millones desde los 5.000 millones históricos de 2014, con el Santander como primer acreedor. Pero fuentes financieras indican que pocos pagarían lo que el inversor de Catar abonó por el 10% del capital a través del préstamo convertible en acciones que le concedió en 2015.

Ahora, Marta Álvarez es la encargada de dirigir un emblema nacional con más de 80.000 empleados. Marta, discreta, se prodiga poco en la plaza pública y su estilo de gestión y liderazgo es una incógnita para la sociedad. El futuro dirá si estará a la altura de su padre.

Cinco años han pasado ya de la muerte de Álvarez y de Botín, dos colosos empresariales que dejaron huella económica, social y política. En sus respectivos sepelios no faltó ministro, político, empresario o editor que no mostrase sus condolencias.

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