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La guerra por Itínere resucita la vieja relación de Matías Cortés con Corsair

El consejero de Sacyr es un viejo conocido del fondo, a quien ayudó a desembarcar hace un cuarto de siglo en el Banesto de Conde. Ahora, algunos ven en esta relación mar de fondo en la puja por Itínere

Foto: Autopista operada por Itínere
Autopista operada por Itínere

Acababa de arrancar el año 1993 cuando Mario Conde, por entonces presidente de Banesto, volvió a enmudecer a la clase empresarial del momento con la llegada de un caballero blanco que prometía solucionar todos sus problemas. Se trataba del, hasta entonces desconocido, fondo Corsair, vehículo ligado al todopoderoso banco de inversión JP Morgan, que se había aliado con el banquero para sacar adelante una macroampliación de capital.

Las crónicas del momento hablaban de opacidad respecto a la composición del fondo, un oscurantismo que revistió todavía de más misterio el desembarco de esta firma en nuestro país, y que sirvió para echar más leña al fuego de los últimos meses de Banesto antes de ser intervenido. Entre tantas sombras, una de las pocas luces que recogen las hemerotecas es el papel protagonista de Matías Cortés, que encabezó las negociaciones entre Banesto y JP Morgan.

A pesar de la desastrosa inversión que fue la entrada en el banco, intervenido en las Navidades de ese mismo año 1993, esta historia sentó las bases de una fructífera y estrecha relación que, un cuarto de siglo después, continúan manteniendo Cortés, hoy consejero de Sacyr, y la ejecutiva colombiana Violy McCausland, entonces apellidada De Harper por cuestiones matrimoniales.

Según publicó 'The Wall Street Journal', esta ejecutiva fue la principal responsable de que JP Morgan entrara en Banesto, inversión que defendió en contra del criterio de Roberto Burelli, entonces máximo responsable del banco de inversión en España. Hoy, McCausland tiene su propia consultora internacional, de cuyo consejo asesor es miembro Matías Cortés, —además de contar con Matías Cortés Rivas como 'senior advisor' para México— y entre cuyo listado de clientes figura el propio Corsair.

El giro de Sacyr

Estos lazos han despertado todo tipo de suspicacias en la batalla empresarial que lidian Corsair y Globalvía por el control de Itínere, según confirman varias partes implicadas, especialmente, a raíz del giro dado por Sacyr el pasado septiembre.

Hasta entonces, la constructora había conformado un bloque unido junto a Kutxabank y Abanca, socios que firmaron un acuerdo de venta conjunto a Globalvía en verano del año pasado. Se trataba de un acuerdo de compraventa indivisible al que la propia Sacyr se encargó de dar oficialidad con un hecho relevante enviado a la CNMV —Comisión Nacional del Mercado de Valores— el pasado julio.

Estos lazos han despertado todo tipo de suspicacias en la batalla empresarial que lidian Corsair y Globalvía por el control de Itínere

Hasta ese momento, según afirman varias fuentes, había sido el propio presidente de la compañía, Manuel Manrique, junto al consejero delegado de Sacyr Concesiones, Rafael Gómez del Río, quienes habían capitaneado todas las negociaciones de venta de Itínere, un protagonismo que giró hacia Cortés a partir de septiembre.

Fue en una reunión del consejo de administración de la constructora cuando se decidió que Cortés pasara a ser el nuevo interlocutor en estas negociaciones, cambio que coincidió con el acuerdo entre Corsair y APG para comprar Itínere, y con el relevo en la representación legal de Sacyr, que dejó de trabajar con Uría, despacho al que había contratado junto a Abanca y Kutxabank, para encargar la defensa de sus intereses a Cortés Abogados.

Desde la constructora circunscriben estos cambios al nuevo escenario que se abrió con la decisión de Corsair de ejercer su derecho preferente de compra, lo que le obligó a romper el bloque a tres con las cajas.

Precisamente, ese derecho de primera compra podría ser declarado nulo por la Corte de Arbitraje de Madrid la próxima primavera, ya que las cajas y Globalvía han recurrido a esta instancia la invalidez de los antiguos pactos de accionistas en Itínere, reclamaciones muy anteriores a la entrada de APG en escena, de que Cortés tomara las riendas y de que Sacyr rompiera con sus históricos socios.

Hasta el giro del pasado otoño, la constructora había sido muy crítica con Corsair, desconfianza que los accionistas históricos dejaron ver desde el primer momento por la opacidad con la que Corsair apareció en la concesionaria, heredando la posición del antiguo Citi Infraestructuras.

Una muestra de esta desconfianza fue la creciente presión que Sacyr, Kutxa y Abanca ejercieron para forzar a Corsair a dejarles vender, lo que obligó a la gestora a salir al mercado a intentar levantar capital con el que adquirirles sus participaciones, búsqueda que, según las fuentes consultadas, quedó muy por debajo de sus expectativas y que explica la llegada de APG.

Coincidencia o consecuencia, si Corsair conseguía que Sacyr rompiera con las cajas y le vendiera a ella, lograba mantener el control de Itínere con un desembolso de 202 millones, frente a los 716 millones que habría necesitado poner sobre la mesa para comprar también a Kutxabank y Abanca. Todo un cambio de guion que ha llegado al punto de desafiar los pronunciamientos de la Corte de Arbitraje, y que Cortés se está encargando de defender para la constructora.

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