ERA EL CANDIDATO NATURAL PARA RELEVAR A SU HERMANO ÁLVARO

Moncloa rechazó por razones estéticas que Alberto Nadal fuera el zar económico de Rajoy

El Gobierno quería evitar un 'swap' entre los hermanos Nadal y ahora Alberto tendrá que ser el bombero de Montoro en Hacienda como antes lo fue del exministro Soria en Energía

Foto: El secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal. (EFE)
El secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal. (EFE)

Más vale caer en gracia que ser gracioso. El aforismo viene al pelo como síntesis para analizar el momento vivido por el secretario de Estado de Energía, Alberto Nadal, hermano del flamante ministro Álvaro Nadal. La conexión entre ambos gemelos es perfecta, pero precisamente por eso, y sobre todo por el qué dirán, que tanto condiciona las decisiones en la vida política actual, el nuevo Gobierno se ha tentado la ropa con mucho cuidado antes de buscar un nuevo destino, a salvo de cualquier apariencia, para el que a partir de ahora será nuevo y primer colaborador de Cristóbal Montoro en el Ministerio de Hacienda.

[La biografía del 'eterno aspirante' superado por su hermano]

Durante estos primeros y determinantes compases de legislatura, el segundo de los Nadal va a tener un papel básico en la agenda comunitaria de España como responsable de coordinar la elaboración de los Presupuestos del Estado, una misión casi tan complicada o más que la asumida estos cuatro últimos años al frente de la política energética en España. Alberto estaba llamado de entrada a relevar ahora a su hermano Álvaro como jefe de la Oficina Económica de Presidencia (OEP), un cargo asimilado al de secretario de Estado, pero con la prestancia e influencia que otorga la relación directa con Rajoy. La designación, que se daba por hecha nada más conocerse la composición del Gobierno, suponía, 'de facto', un ascenso efectivo en el plan de carrera del hombre que ha conseguido frenar la sangría del sector eléctrico en España.

El ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, recibe la cartera de Luis de Guindos. (EFE)
El ministro de Energía, Turismo y Agenda Digital, Álvaro Nadal, recibe la cartera de Luis de Guindos. (EFE)

El ‘agujero’ descomunal provocado por la antigua regulación eléctrica y la acumulación del llamado déficit de tarifa, con números rojos de más de 30.000 millones de euros para el Estado, fue uno de los principales motivos de preocupación de Rajoy en su toma inicial de poder hace ahora cinco años. Alberto Nadal tuvo que enfrentarse a tirios y troyanos para abordar una reforma estructural que ha sido determinante en la agenda política del Partido Popular, y que el propio jefe del Ejecutivo no duda en reconocer como uno de los éxitos más importantes de su primer mandato presidencial.

Sin embargo, todos estos méritos no han podido ser recompensados como al propio Rajoy le hubiera gustado porque algunos miembros veteranos del antiguo y actual Gobierno han hecho valer el peso de las circunstancias políticas para no dar pábulo a las interesadas suspicacias que podría generar el ascenso del menor de los Nadal como zar económico de Moncloa. Fuentes oficiales admiten que, “tras el nombramiento de su hermano como ministro nadie quiere que esto parezca un 'swap',de manera que el bueno de Alberto ha sido vetado para acceder a un cargo de relumbrón en palacio”.

Alberto Nadal tuvo que retirar su candidatura al Banco Mundial en el caso Soria, y antes ya se vio forzado a renunciar al cargo de consejero en Red Eléctrica

El futuro profesional de Alberto Nadal se ha convertido a lo largo de la pasada semana en una cuestión de Estado porque nadie dentro del Partido Popular concebía que Rajoy fuera a dejar tirado a uno de sus más entregados colaboradores. El relevo en la secretaría de Estado de Energía se daba por descontado y el presidente del Gobierno se ha esmerado en buscar una solución inmediata a fin de evitar lo que hubiera supuesto una flagrante injusticia. Quizá el nuevo cargo solo sea una estación de tránsito, pero permite al flamante secretario de Estado de Presupuestos salir airoso tras los numerosos sinsabores padecidos en una situación rocambolesca donde realmente llueve sobre mojado.

No en vano, el propio interesado parecía haber previsto desde hace tiempo lo que podía ocurrir si su hermano era ascendido a ministro. Por eso solicitó su traslado fuera del país aprovechando la plaza vacante de director ejecutivo del Banco Mundial a la que aspiraba España. Alberto Nadal contaba con todo a su favor para hacerse acreedor al puesto, pero la aparición en escena del dimisionario ministro de Industria y antiguo jefe, José Manuel Soria, le privó del cargo. Los incidentes políticos de este verano forzaron luego la renuncia de Soria para no complicar la vida política de Rajoy y motivaron que el ministro de Economía, Luis de Guindos, tuviera que dar las consabidas explicaciones en el Congreso. Pero en la trastienda de todo el episodio, Nadal fue el damnificado inocente que se quedó en la estacada cuando todo el mundo le auguraba un feliz destino en Washington.

La peripecia es todavía más sangrante si se tiene en cuenta que Alberto Nadal tampoco obtuvo en su día el beneplácito oficial del Ministerio de Economía para ocupar un cargo directivo en el Banco de España, como era su intención tras el nombramiento como gobernador de Luis Linde. Poco antes, en marzo de 2012, se había visto obligado además a renunciar al cargo de consejero de Red Eléctrica, sociedad cotizada en la que el Estado controla el 20% a través de la SEPI. En este caso, el cambiante secretario de Estado fue también víctima colateral, al ser designado para el puesto en compañía de Ignacio López del Hierro, marido de la flamante ministra de Defensa, Dolores de Cospedal

La polvareda que levantó la nominación de López del Hierro salpicó indirectamente a Nadal, y ambos decidieron que era mejor rechazar la propuesta del entonces presidente ejecutivo de REE, José Folgado. Con el tiempo, Alberto Nadal sería requerido por el Gobierno para relevar a Fernando Marti en la secretaría de Estado de Energía, recibiendo como testigo una herencia realmente envenenada, como ya se ha comentado. El premio, eso sí, se lo llevó consigo su antecesor, quien todavía disfruta de un cargo público al frente del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). Está visto que para todo en la vida hay que tener suerte.

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