El comité ejecutivo del PP hará autocrítica

Casado busca cierre de filas ante el 26-M, prepara ajustes y rechaza vender Génova

Quedan aplazadas las denuncias de los sectores críticos del partido sobre lo que consideran errores graves de Casado, como el "olvido del centro político" o la imagen de moderación

Foto: Sede del PP en la calle Génova. (Enrique Villarino)
Sede del PP en la calle Génova. (Enrique Villarino)

El equipo de Pablo Casado da por hecho que logrará hoy el clásico cierre de filas del partido cuando vienen mal dadas, aunque solo sea por la inminencia de la próxima cita electoral del 26 de mayo, los comicios municipales, autonómicos y europeos. La campaña empieza en 10 días y el PP se juega el grueso de sus cargos públicos, por lo que los cambios de cualquier tipo, desde los ajustes presupuestarios ya previstos a los de estrategia, programas y plantilla, quedan para después. Según fuentes de la dirección, queda descartada en cualquier caso la venta de la sede de Génova 13.

La misma noche del fiasco del 28-A, los principales dirigentes regionales del partido ya hablaron con Casado y, entre esas conversaciones y las mantenidas al día siguiente, medios de la directiva aseguran que no ven movimientos de disidencia interna, "de momento". Los marianistas que se quedaron fuera de las listas están retirados de la primera línea y, aunque son muy críticos con la estrategia de campaña del equipo de Casado y sus candidaturas "de trinchera" a base de incondicionales para aguantar en Génova, prefieren guardar silencio en público para no parecer desleales.

Quedan para después del 26-M las denuncias de esos sectores apartados de la dirección sobre lo que consideran errores más graves de Casado, como el "olvido del centro político" y la imagen de moderación hasta conseguir que subiera al final Rivera, o las meteduras de pata de sus fichajes empeñados en competir por la derecha con Vox. En la sede de Génova, creen que su fracaso ha sido no levantar la intención de voto que les dejó Rajoy, ese 16,7% que señalan ahora las urnas.

Todos los sectores se juegan el futuro del partido en las próximas elecciones, en especial en las municipales, donde tendrán que confirmar la vigencia de su hegemonía e implantación en toda España, cualidad de la que presumen frente a su competencia directa: Ciudadanos y Vox.

Casado busca cierre de filas ante el 26-M, prepara ajustes y rechaza vender Génova

Ante la reunión del comité ejecutivo nacional convocada para este martes en Madrid, el equipo de Casado se muestra abierto a la autocrítica interna, dado que concurren a la cita todos los presidentes regionales del partido que se presentan a los próximos comicios. Las excepciones destacadas son los presidentes Alberto Núñez Feijóo y Juan Manuel Moreno. El jefe del Ejecutivo de la Xunta tiene sesión de control en la Cámara gallega y no podrá acudir a Génova, mientras que el presidente de la Junta andaluza ha cambiado la hora de su consejo de gobierno para llegar a Madrid a tiempo.

El equipo de Casado tiene poco margen para hacer cambios en su equipo. Su responsable de campaña, Javier Maroto, pasa ahora a segundo plano como coordinador del conjunto del partido en autonómicas y municipales, que son responsabilidad directa de las direcciones regionales.

Los casadistas insisten en pedir tiempo para que cuaje su proyecto de recuperar electorado y lograr que cale la advertencia de que la división del centro derecha acaba por dar la victoria al PSOE, como ocurrió el 28-A. Recuerdan que José María Aznar y Mariano Rajoy necesitaron dos derrotas previas y seis años de renovación interna para llevar al PP al triunfo electoral en generales.

Fuentes de la dirección confían en que muchos votantes de Vox no compartan la alegría de Santiago Abascal al celebrar la conquista de 24 escaños que han supuesto dar una ventaja de hasta 40 "para el bloque de la izquierda y los independentistas" y la continuidad de Pedro Sánchez en la Moncloa. Se refieren a los 20 diputados que le costó al PP la llegada del nuevo partido en las circunscripciones más pequeñas y los 'rebotes' que han beneficiado a las demás formaciones, incluso a Bildu en Álava.

Sobre las cuestiones de organización interna, en los citados medios reconocen que después del 26-M llegarán los ajustes presupuestarios y de plantilla, dado que han perdido la mitad de las subvenciones públicas ante los pésimos resultados de los comicios. Pero también reiteran que la viabilidad económica y la solvencia del partido están garantizadas y que no necesitan ni quieren poner en venta la sede.

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