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Habeck vs. Ribera, o por qué anunciar sacrificios con el gas es más popular que intentar evitarlos
  1. Economía
DOS FORMAS DE ENCARAR LA CRISIS

Habeck vs. Ribera, o por qué anunciar sacrificios con el gas es más popular que intentar evitarlos

El líder verde es el ministro más valorado de Alemania con un discurso que habla a los ciudadanos como adultos, mientras que la española no consigue huir de su perfil técnico

Foto: La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. (EFE/Luis Tejido)
La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. (EFE/Luis Tejido)
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Hubo un tiempo en que pedir sacrificios salía caro. Que se lo pregunten a José Luis Rodríguez Zapatero, que se fue de Moncloa por la puerta de atrás después de anunciar los recortes económicos más feroces de la historia democrática. Era la época de las vacas gordas, y nadie aceptaba un baño de realidad como el que supuso el de aquel 12 de mayo de 2010. Más de una década, tres crisis, una pandemia y una guerra después, las cosas han cambiado. La gestión cotiza al alza y la frivolidad a la baja, como muestran los resultados de los comicios autonómicos más recientes. Los ciudadanos quieren políticos que los traten como adultos, pero el Gobierno podría estar cometiendo el mismo error que condenó a Zapatero, como apunta Ignacio Varela: no asumir la gravedad de la espiral inflacionista que estamos viviendo.

Al otro lado de Europa, Alemania, la potencia ingenua por excelencia, ha despertado de su propia autocomplacencia para darse cuenta de que se avecina una época de privaciones. Y lo ha proclamado desde el minuto uno, sin miedo a la opinión pública (y publicada). Son dos formas de comunicar casi opuestas, condicionadas por el diferente impacto del chantaje del Kremlin en ambos países, pero también por la personalidad de los dirigentes que las encarnan. En España, la cara visible en la actual crisis energética es la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera; en Alemania, el 'superministro' de Economía y Energía, Robert Habeck.

Foto: La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. (EFE/Mariscal)

Ambos partían de unos preceptos ideológicos similares, en línea con las políticas de descarbonización impulsadas por la Comisión Europea. Sin embargo, la primera no ha matizado esos dogmas lo más mínimo para adaptarse a la situación actual, mientras que el segundo ha dado un giro histórico a las políticas tradicionales de los Verdes, haciendo gala del célebre pragmatismo que tantas veces se ha asociado a su país. Batallas fuera frente a austeridad en casa; frialdad frente a empatía; tecnicismos frente a ejemplaridad. Estas son las razones por las que la ciudadanía valora menos las victorias europeas de Ribera que el estoicismo pregonado por Habeck.

Con los datos en la mano, anunciar sacrificios con el gas se ha demostrado más popular que intentar evitarlos. El colíder de los verdes es el ministro más valorado del Gobierno alemán, según todas las encuestas, mientras que la española se sitúa en la media del Ejecutivo, tanto en conocimiento como en puntuación. De acuerdo con el barómetro de julio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los ciudadanos suspenden a Ribera con un 4, y el 40% de ellos dice no saber quién es.

placeholder Robert Habeck hace una llamada mientras su coche reposta en una estación de servicio. (Reuters/Christian Kraemer)
Robert Habeck hace una llamada mientras su coche reposta en una estación de servicio. (Reuters/Christian Kraemer)

La ministra española ha negado siempre que tengamos que hacer sacrificios para afrontar el impacto de la guerra en Ucrania. Sin ir más lejos, en su entrevista más reciente, en el diario 'El País', no pronunciaba en ningún momento esa palabra, a pesar de que el día anterior el Gobierno había anunciado un paquete de medidas para ahorrar un 7% de gas. De momento, estas no serán obligatorias en los hogares, como tampoco ocurrirá en Alemania, cuyos protocolos en caso de desabastecimiento incluso contemplan la paralización de su potente industria antes que las restricciones a las familias.

Sin embargo, el Gobierno de ese país se ha puesto, desde el principio, en el escenario más desfavorable. Y para ello se ha encomendado a un filósofo de 52 años, con barba de tres días y camisa arremangada, que no ha dudado en predicar con el ejemplo. Habeck ya usaba asiduamente la bicicleta cuando no había empezado la guerra, y afirma que ahora sus duchas son más cortas que antes, para animar al resto de los ciudadanos a que hagan lo mismo. Pero, sobre todo, para anticiparse a lo peor, según destacan los especialistas consultados por este diario.

Las consigna del Gobierno es dar una patada hacia adelante e intentar ganar tiempo para posponer el problema

Santiago Martínez Suárez, profesor de oratoria con una larga experiencia en campañas electorales —la más reciente de ellas con el actual presidente chileno, Gabriel Boric—, considera que Habeck está siguiendo la misma estrategia que la excanciller Angela Merkel durante la crisis del coronavirus: hablar muy claro desde el principio para que nadie pueda decir después que no estaba avisado.

Por su parte, Antonio Sola, presidente de la Fundación Liderar Con Sentido Común y experto en comunicación —ha asesorado a los expresidentes populares José María Aznar y Mariano Rajoy o al actual mandatario mexicano, Andrés Manuel López Obrador—, apunta que la clave puede estar en la mochila que arrastran los Gobiernos: el tripartido alemán, formado por verdes, liberales y socialdemócratas, acaba de llegar, por lo que se puede permitir hablar claro y no acusar el desgaste, mientras que el bipartito español de PSOE y Unidas Podemos ya está muy quemado y tiene unas elecciones generales el próximo año. En este caso la consigna es dar una patada hacia adelante e intentar ganar tiempo para posponer el problema.

Foto: La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. (EFE/Luis Tejido)

Ambos coinciden en un apriorismo: las sociedades española y alemana son muy diferentes, y esto, y no solo el estilo personal de los políticos, ha condicionado la estrategia de Ribera y Habeck. En la cultura política germana, relata Martínez, "están más acostumbrados a que una situación de crisis se acepte desde el principio y se tenga una actitud proactiva, que trate como adultos a los ciudadanos". En cambio, en España "intentamos escurrir el bulto", añade el experto, para quien durante el Gobierno de Pedro Sánchez han abundado este tipo de errores. Algunos durante la propia crisis energética, como cuando se descartaron escenarios que finalmente han ocurrido o se hicieron promesas —como aquella con el recibo de la luz— que se sabían imposibles de cumplir. Otras, durante lo peor de la pandemia del coronavirus, destilaron una gran frialdad, que es algo que ahora se le achaca a Ribera.

La ministra ha conseguido dos logros indiscutibles, opina el profesor de oratoria: la excepción ibérica y la rebaja de los objetivos de reducción de consumo de gas. La situación ventajosa de la que partía España respecto a otros países europeos, como la propia Alemania, ayudaba. Sin embargo, estos éxitos han quedado deslucidos por la apariencia de lejanía hacia los problemas de la calle.

Ribera solo ha abandonado la corrección política una vez, y no ha sido para anunciar sacrificios, sino para mandar un mensaje a los países del centro y el norte de Europa. "Los españoles no hemos vivido por encima de nuestras posibilidades desde el punto de vista energético", dijo hace un par de semanas en pleno debate sobre el mecanismo de solidaridad ante la crisis del gas. Ese día pudo haberse ganado la simpatía de algunos ciudadanos, que hasta ese momento la consideraban distante, pero Martínez cree que la 'boutade' fue un error de comunicación que eclipsó el logro político que se conseguiría unos días después en Bruselas.

Foto: La vicepresidenta y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera. (EFE/Chema Moya)

Habeck también se ha ido más de una vez de la lengua, pero en este caso no para regañar, sino para advertir. El ministro de Energía de Alemania ya vaticinaba en mayo que su país entraría en recesión, y dos meses antes, cuando la guerra no había hecho más que empezar, dejaba entrever que nada sería igual a partir de ese momento. Un discurso que ha mantenido hasta ahora, con mayor intensidad a medida que avanzaba la crisis: "Tenemos que estar preparados para que esta situación se vuelva crítica". La ministra española, en cambio, solo ha empezado a comunicar la gravedad del momento a partir de este verano, aunque siempre evitando el uso de las palabras más contundentes.

Frente a las dificultades de Ribera para reconocer la impotencia del Gobierno —como cualquier otro— para hacer frente a la espiral energética, su homólogo centroeuropeo no ha tenido reparos en presentar informes que alertaban de la necesidad de reducir un 25% el consumo de los hogares o en anunciar a sus conciudadanos que las empresas gasísticas podrán subirles los precios (en España, mientras, el Ejecutivo culpa a las compañías de la situación). Tampoco para anunciar el retorno al carbón. Quizá el mejor retrato lo haya hecho la diputada de los Verdes Jamila Schäfer, en alusión a la formación académica del propio Habeck: "Es filósofo y pragmático al mismo tiempo".

El perfil de Ribera, licenciada en Derecho y funcionaria de carrera, se antoja muy diferente. La situación de España, de momento, también. En los próximos meses se sabrá si la prudencia 'riberiana' se ha demostrado una estrategia realista o, por el contrario, el Gobierno tiene que ir al remolque de la situación y es Alemania quien ha acertado al ponerse el parche antes de la herida. Si las cosas van mal, ¿cuál será la justificación para no haberlo advertido antes? Sola concluye: "Somos una sociedad clientelar, no nos gusta que nos digan las cosas con crudeza". Hasta que, inevitablemente, ocurren.

Hubo un tiempo en que pedir sacrificios salía caro. Que se lo pregunten a José Luis Rodríguez Zapatero, que se fue de Moncloa por la puerta de atrás después de anunciar los recortes económicos más feroces de la historia democrática. Era la época de las vacas gordas, y nadie aceptaba un baño de realidad como el que supuso el de aquel 12 de mayo de 2010. Más de una década, tres crisis, una pandemia y una guerra después, las cosas han cambiado. La gestión cotiza al alza y la frivolidad a la baja, como muestran los resultados de los comicios autonómicos más recientes. Los ciudadanos quieren políticos que los traten como adultos, pero el Gobierno podría estar cometiendo el mismo error que condenó a Zapatero, como apunta Ignacio Varela: no asumir la gravedad de la espiral inflacionista que estamos viviendo.

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