Uranio: la fiesta de Álvaro Guzmán que no celebra Teresa Ribera
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Uranio: la fiesta de Álvaro Guzmán que no celebra Teresa Ribera

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

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Tras mucho predicar en el desierto, el tiempo parece darles la razón. Aquellos que apostaban por un colapso energético (o equivalente) motivado por el tránsito de los combustibles fósiles a las energías renovables están de enhorabuena. Las tesis del aclamado Vaclav Smil ("Vivimos en un sistema irracional"), considerado por 'Science' el mayor experto mundial en energía, o las del más apocalíptico Antonio Turiel, el investigador español del CSIC y autor de 'Petrocalipsis. Crisis energética global y cómo (no) la solucionaremos', han ganado autoridad al calor del principio de crisis provocado por el alza en los precios de la electricidad y la amenaza de desabastecimiento de gas para este invierno.

Aunque nuestro país cuenta con un ministerio concebido para esta causa (Transición Ecológica y Reto Demográfico), ninguno de los escenarios que dan forma al colapso actual estaba contemplado en la primera comparecencia de la ministra Teresa Ribera en el Congreso, en julio de 2018, cuando desgranó ante la comisión de turno las que serían líneas maestras de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética (LCCYTE). Todo lo expuesto entonces respondía a la necesidad de alcanzar como país los objetivos de neutralidad de carbono para 2050 marcados por la Unión Europea y subrayaba que el mayor riesgo era "no pensar, no actuar, mirar hacia otro lado, no acompañar".

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Sin embargo, ya por esas fechas, otros actores con menos sesgo político y más pragmáticos defendían puntos de vista a la contra que han terminado haciéndose realidad. En sus cartas trimestrales de 2018-19, la gestora española de fondos de inversión AzValor desgranaba los argumentos por los que creía acertado invertir en uranio, petróleo, carbón y tanqueros. Ya entonces había indicadores relevantes sobre las previsibles tensiones entre la oferta y la demanda de energía, escenario ante el cual era más que razonable esperar un alza de precios en materias primas fósiles y una recuperación de la energía nuclear a niveles previos al accidente de Fukushima.

Aunque no hace falta irse tan lejos. Este mismo mes de julio, en el evento financiero Iberian Value, el cofundador y consejero delegado, el gestor Álvaro Guzmán, defendía todavía la validez de los mismos argumentos para entender la evolución del sector energético y su apuesta por compañías vinculadas a la energía nuclear. Ya apostaron por el uranio, con el mercado en contra, tras un ciclo negativo entre 2011-19, y volvieron a hacerlo ahora, aunque han hecho caja, pues consideran que esta fiesta no se ha terminado. Y desde este verano, el 'rally' bursátil de la piedra amarilla demuestra la apuesta de los inversores por el papel clave de esta energía para la transición energética.

Ese viraje se acentuó tras el accidente de Japón, con decisiones tan drásticas como las de Alemania (desmantelamiento total). Esas limitaciones a la nuclear (ha pasado de la caída de precios y falta de inversión a consumirse más de lo que se mina) y las reducciones a la producción por fuentes fósiles (carbón, gas, petróleo) han cargado todo el peso del cambio de modelo a las energías renovables (eólica, solar e hidro), dos de las cuales son intermitentes y la tercera es dependiente de un factor variable (pluviosidad). Qué podía salir mal si además el coste de los derechos de emisión de CO₂ vinculados al nuevo impuesto creado se dispara casi un 200% en los últimos 12 meses.

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En España, con el debate politizado como cualquier otro asunto 'tribunero', el foco se ha puesto en el precio de la tarifa eléctrica y en cómo afecta al bolsillo del consumidor, o sea, del votante, cuando este impacto en términos absolutos y anualizado será casi irrelevante en comparación con el ruido partidista existente. Sin embargo, donde no se ha puesto el foco, ni siquiera con el parche legislativo creado para detraer beneficios a las eléctricas con los que aminorar el impacto de la subida de precios, es en las consecuencias en cadena que provocará en todos los agentes económicos, en cómo acelerará el proceso inflacionista y en su potencial impacto final en el consumo.

Mientras tanto, días antes de que Escocia acoja la Cumbre del Clima de Naciones Unidas (COP26), un número destacado de países ha avanzado sus planes para ampliar la potencia nuclear de su 'mix' de producción energética. Entre otros, Francia, Reino Unido, Polonia, Japón, India y, por supuesto, China, ausente en la cita verde, la superpotencia que no se siente concernida por los objetivos comunes de neutralidad de carbono. Todo empieza a ser tan complejo que un abanderado de la transición como Alemania, que cierra sus centrales nucleares y de carbón durante esta década, ha vuelto a quemar combustible fósil (gas natural, biomasa y antracita) para abaratar el precio del 'pool' eléctrico.

Sustituir tierra de cultivo por paneles solares genera ya protestas sociales

Este mismo año, el empresario y multimillonario estadounidense Bill Gates ha vuelto a recordar, esta vez en una entrevista a un medio español, la necesidad de contar con soporte de energía nuclear (generadores de cuarta generación) para complementar la producción de electricidad, cuyo consumo sigue siendo (y será) creciente. El también es una de las voces globales sensibilizada con el cambio climático, pero su análisis carece de dogmatismo. De hecho, considera que ya es demasiado tarde para atajarlo. El reto de almacenar la suficiente energía obtenida por el viento o el sol supone un reto técnico con demasiada incertidumbre aún como para que descartemos el uranio.

Aun así, la economía verde es el eje del discurso oficial, independientemente de su viabilidad y de las derivadas que provoque, bien sea el encarecimiento vertiginoso de otras materias primas o la dificultad de países en vías de desarrollo para asumir esos compromisos sin sacrificar su desarrollo económico. Hasta en suelo occidental, la sustitución de tierra de cultivo por paneles solares comienza a generar las primeras protestas sociales en contra de este modelo de sostenibilidad. La ministra Ribera, angustiada por la escalada del precio de la luz, ha puesto el foco en las eléctricas, el villano más a mano, pero la bola de la transición ecológica puede terminar estallando. Y eso que cerramos nucleares.

Pero mientras nos fijemos en la consecuencia y no en la causa estaremos más lejos de la solución. Este mismo año, un equipo de tres investigadores españoles (Alicia Valero, Antonio Valero y Guiomar Calvo), expertos en Ecología Industrial, Ingeniería Energética y Geología, ha publicado una obra que sí apunta a un origen del problema. En el trabajo titulado 'Thanatia. Límites materiales de la transición energética' explican cómo "cada año que pasa aumenta la cantidad y variedad de recursos minerales que se extraen. Todas las tecnologías requieren grandes cantidades de materias primas, algunas de ellas muy escasas". Si vale para ganar dinero, puede servir para hacer política.

Tras mucho predicar en el desierto, el tiempo parece darles la razón. Aquellos que apostaban por un colapso energético (o equivalente) motivado por el tránsito de los combustibles fósiles a las energías renovables están de enhorabuena. Las tesis del aclamado Vaclav Smil ("Vivimos en un sistema irracional"), considerado por 'Science' el mayor experto mundial en energía, o las del más apocalíptico Antonio Turiel, el investigador español del CSIC y autor de 'Petrocalipsis. Crisis energética global y cómo (no) la solucionaremos', han ganado autoridad al calor del principio de crisis provocado por el alza en los precios de la electricidad y la amenaza de desabastecimiento de gas para este invierno.

Teresa Ribera Iberian Value